2 Samuel 8:1 - 10:19

8:1 Después de esto, aconteció que David derrotó a los filisteos y los sometió, y tomó David a Meteg-ama de mano de los filisteos.
8:2 Derrotó también a los de Moab, y los midió con cordel, haciéndolos tender por tierra; y midió dos cordeles para hacerlos morir, y un cordel entero para preservarles la vida; y fueron los moabitas siervos de David, y pagaron tributo.
8:3 Asimismo derrotó David a Hadad=ezer hijo de Rehob, rey de Soba, al ir éste a recuperar su territorio al río Éufrates.
8:4 Y tomó David de ellos mil setecientos hombres de a caballo, y veinte mil hombres de a pie; y desjarretó David los caballos de todos los carros, pero dejó suficientes para cien carros.
8:5 Y vinieron los sirios de Damasco para dar ayuda a Hadad-ezer rey de Soba; y David hirió de los sirios a veintidós mil hombres.
8:6 Puso luego David guarnición en Siria de Damasco, y los sirios fueron hechos siervos de David, sujetos a tributo. Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue.
8:7 Y tomó David los escudos de oro que traían los siervos de Hadad-ezer, y los llevó a Jerusalén.
8:8 Asimismo de Beta y de Berotai, ciudades de Hadad-ezer, tomó el rey David gran cantidad de bronce.
8:9 Entonces oyendo Toi rey de Hamat, que David había derrotado a todo el ejército de Hadad-ezer,
8:10 envió Toi a Joram su hijo al rey David, para saludarle pacíficamente y para bendecirle, porque había peleado con Hadad-ezer y lo había vencido; porque Toi era enemigo de Hadad- ezer. Y Joram llevaba en su mano utensilios de plata, de oro y de bronce;
8:11 los cuales el rey David dedicó a Jehová, con la plata y el oro que había dedicado de todas las naciones que había sometido;
8:12 de los sirios, de los moabitas, de los amonitas, de los filisteos, de los amalecitas, y del botín de Hadad=ezer hijo de Rehob, rey de Soba.
8:13 Así ganó David fama. Cuando regresaba de derrotar a los sirios, destrozó a dieciocho mil edomitas en el Valle de la Sal.
8:14 Y puso guarnición en Edom; por todo Edom puso guarnición, y todos los edomitas fueron siervos de David. Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue.
8:15 Y reinó David sobre todo Israel; y David administraba justicia y equidad a todo su pueblo.
8:16 Joab hijo de Sarvia era general de su ejército, y Josafat hijo de Ahilud era cronista;
8:17 Sadoc hijo de Ahitob y Ahimelec hijo de Abiatar eran sacerdotes; Seraías era escriba;
8:18 Benaía hijo de Joiada estaba sobre los cereteos y peleteos; y los hijos de David eran los príncipes.
9:1 Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?
9:2 Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo.
9:3 El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.
9:4 Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar.
9:5 Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar.
9:6 Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo.
9:7 Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.
9:8 Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?
9:9 Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor.
9:10 Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer; pero Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos.
9:11 Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefi-boset, dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey.
9:12 Y tenía Mefi-boset un hijo pequeño, que se llamaba Micaía. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefi-boset.
9:13 Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies.
10:1 Después de esto, aconteció que murió el rey de los hijos de Amón, y reinó en lugar suyo Hanún su hijo.
10:2 Y dijo David: Yo haré misericordia con Hanún hijo de Nahas, como su padre la hizo conmigo. Y envió David sus siervos para consolarlo por su padre. Mas llegados los siervos de David a la tierra de los hijos de Amón,
10:3 los príncipes de los hijos de Amón dijeron a Hanún su señor: ¿Te parece que por honrar David a tu padre te ha enviado consoladores? ¿No ha enviado David sus siervos a ti para reconocer e inspeccionar la ciudad, para destruirla?
10:4 Entonces Hanún tomó los siervos de David, les rapó la mitad de la barba, les cortó los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y los despidió.
10:5 Cuando se le hizo saber esto a David, envió a encontrarles, porque ellos estaban en extremo avergonzados; y el rey mandó que les dijeran: Quedaos en Jericó hasta que os vuelva a nacer la barba, y entonces volved.
10:6 Y viendo los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, enviaron los hijos de Amón y tomaron a sueldo a los sirios de Bet-rehob y a los sirios de Soba, veinte mil hombres de a pie, del rey de Maaca mil hombres, y de Is-tob doce mil hombres.
10:7 Cuando David oyó esto, envió a Joab con todo el ejército de los valientes.
10:8 Y saliendo los hijos de Amón, se pusieron en orden de batalla a la entrada de la puerta; pero los sirios de Soba, de Rehob, de Is-tob y de Maaca estaban aparte en el campo.
10:9 Viendo, pues, Joab que se le presentaba la batalla de frente y a la retaguardia, entresacó de todos los escogidos de Israel, y se puso en orden de batalla contra los sirios.
10:10 Entregó luego el resto del ejército en mano de Abisai su hermano, y lo alineó para encontrar a los amonitas.
10:11 Y dijo: Si los sirios pudieren más que yo, tú me ayudarás; y si los hijos de Amón pudieren más que tú, yo te daré ayuda.
10:12 Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le pareciere.
10:13 Y se acercó Joab, y el pueblo que con él estaba, para pelear contra los sirios; mas ellos huyeron delante de él.
10:14 Entonces los hijos de Amón, viendo que los sirios habían huido, huyeron también ellos delante de Abisai, y se refugiaron en la ciudad. Se volvió, pues, Joab de luchar contra los hijos de Amón, y vino a Jerusalén.
10:15 Pero los sirios, viendo que habían sido derrotados por Israel, se volvieron a reunir.
10:16 Y envió Hadad-ezer e hizo salir a los sirios que estaban al otro lado del Éufrates, los cuales vinieron a Helam, llevando por jefe a Sobac, general del ejército de Hadad-ezer.
10:17 Cuando fue dado aviso a David, reunió a todo Israel, y pasando el Jordán vino a Helam; y los sirios se pusieron en orden de batalla contra David y pelearon contra él.
10:18 Mas los sirios huyeron delante de Israel; y David mató de los sirios a la gente de setecientos carros, y cuarenta mil hombres de a caballo; hirió también a Sobac general del ejército, quien murió allí.
10:19 Viendo, pues, todos los reyes que ayudaban a Hadad-ezer, cómo habían sido derrotados delante de Israel, hicieron paz con Israel y le sirvieron; y de allí en adelante los sirios temieron ayudar más a los hijos de Amón.

MISERICORDIA DE DAVID HACIA MEFI-BOSET


    MISERICORDIA DE DAVID HACIA MEFI-BOSET


Palabra: 2 Samuel 8.1-10.19

V, clave 9:7Luego David añadió: —No tengas temor, porque a la verdad yo tendré misericordia contigo por amor de Jonatán tu padre. Te devolveré todas las tierras de tu padre Saúl, y tú comerás siempre a mi mesa.”


Buenos días. Sentimos que apenas inició el año nuevo. Pero ahora ya estamos en el último domingo del primer mes del año. ¿Cómo ustedes han pasado este mes? Estando reunidos en este lugar para oír la palabra de Dios, estamos pasando el mes como árbol plantado a la orilla del río como compartimos el primer domingo. 


Ahora volveremos a la palabra del libro 2 Samuel. La palabra de hoy relata sobre la máxima gloria del reino de David. Esta palabra nos ayuda a saber cómo David pudo ganar la victoria por dondequiera que fue. Su victoria no era solo en las batallas, sino en su misericordia hacia un lisiado. Su triunfo es nuestro anhelo que queremos tener en nuestra vida. Oro que Dios nos enseñe cómo podemos llevar esa vida victoriosa en batallas y en hacer misericordia.  


I. JEHOVÁ DA VICTORIA A DAVID POR DONDEQUIERA QUE VAYA (CAP. 8)


En el capítulo 8 y 10, se relata la victoria de David en las batallas con sus enemigos, siendo el rey de Israel. David derrotó a los filisteos (8:1), los Moabitas (8:2), los de Soba (8:3), los sirios de Damasco (8:5-6ª), los amalecitas (8:12), los edomitas (8:13-14ª), los amonitas y los sirios (10:1-19). El reino de David iba expandiéndose más y más. La Biblia dice de lo que sucedió en sus batallas.  


Vamos a leer el verso 6b. “Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue.” Esta expresión se repite en el verso 14b también. Desde la pelea con Goliat, en todas las batallas David triunfaba. Como el rey, David por dondequiera que fue ganaba la victoria. La fuente de su victoria era Jehová. Jehová estaba por dondequiera que fue David. Su victoria provenía de Jehová. 


Al mismo momento, nos da curiosidad de por qué Jehová le dio la victoria a David en todas las batallas. ¿Jehová habría hecho algún favoritismo a David? En la palabra misma podemos encontrar las pistas del motivo de esta bendición de Jehová sobre David.  


Primero, David no dependió de la fuerza de caballos (4). Vamos a leer el verso 4. “David les capturó mil setecientos hombres de a caballo y veinte mil hombres de a pie, y mutiló los caballos de todos los carros, pero dejó suficientes para cien carros.” David capturó a muchos enemigos vivos junto con los caballos. Nos impresiona el hecho que hizo David con los caballos. Los carros y la caballería era una fuerza importante para la guerra entre los gentiles. Hay un ejemplo entre los filisteos como lo siguiente. “Se concentraron entonces los filisteos para pelear contra Israel: treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar.” (1 S 13:5) Sin duda, reservar a muchos caballos se le parecería a David una estrategia muy importante para sus batallas posteriores. Pero David no los reservó como una fuente de su fuerza militar, sino mutiló los caballos de todos los carros. Si un caballo queda mutilado (jareteado) en su tendón, este animal ya no puede correr y saltar para la guerra. Un caballo mutilado se convierte en un animal sencillamente solamente de carga. Pero David mutiló los caballos de todos los carros. Era una expresión resuelta de David que dependiera solo de la fuerza de Jehová. 


Esta acción de David se basa en la palabra de Dios. Deuteronomio 17:16Pero él no deberá tener muchos caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de adquirir caballos, pues Jehová os ha dicho: “No volváis nunca por este camino.” En medio de su triunfo, David no olvidó este mandamiento de Dios y lo obedeció. Así en la cosa pequeña David obedeció a su mandamiento y tomó a Jehová por su única fuerza.  


Segundo, David dedicó a Jehová todos los tesoros (10-11). Aparte de los caballos y hombres, David tenía un gran botín de tesoros; Oro, plata y bronce. ¿Qué hizo David con estos tesoros? ¿Construyó un palacio de esplendor como otros reyes paganos? Vamos a leer los versos 10b y 11. “Joram llevaba en su mano utensilios de plata, de oro y de bronce, / los cuales el rey David dedicó a Jehová, junto con la plata y el oro que le había consagrado, provenientes de todas las naciones que había sometido” Cuando tomó David los tesoros, él los consagró y dedicó todos los tesoros a Jehová. Él ni siquiera erigió un monumento para su nombre con los tesoros, sino dio toda gloria a Jehová. Esta dedicación era una expresión de su fe que su victoria se debe solo a Jehová y a él le merece toda la gloria. Esta acción habría agradado a Dios. 


Tercero, David reinó sobre todo Israel con justicia y rectitud (15-18). Siendo ya un rey tan poderoso, era fácil tratar a su pueblo según su conveniencia. Saúl es un buen ejemplo. Antes de ser ungido el rey, Saúl era un hombre muy humilde y diligente (1 Sam 9:21). Pero después de ser el rey, Saúl se convirtió en un rey que hacía mucha injusticia con su pueblo, hasta matar a los sacerdotes fieles de Nob y el pueblo de su ciudad (1 Sam 22:18-19). 


Pero David era un rey diferente a Saúl. Él reinó sobre todo Israel con justicia y rectitud tal como la palabra. David amaba a su pueblo como su pastor. Eso era posible, porque David amaba la justicia y rectitud de Dios, es decir su palabra. En sus salmos, David cantaba. “porque recta es la palabra de Jehová y toda su obra es hecha con fidelidad.” (Sal 33:4) “Los mandamientos de Jehová son rectos: alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro: alumbra los ojos.” (Sal 19:8) La ley de Jehová era el criterio y juicio de David. Y él la vivía en su reinado.  


Cuando David dependía solo de la fuerza de Jehová, le glorificaba con todos tesoros y reinaba sobre su pueblo con justicia y rectitud, Dios le daba la victoria por dondequiera que fue. Cuando David estaba a lado de Dios en todos los asuntos, la victoria de Dios estaba a su lado sin importar la grandeza del poder de los enemigos. Queremos llevar una vida como la de David. Queremos tener la victoria dondequiera que vayamos. Queremos que Dios siempre nos esté a nuestro lado y nos dé la victoria. Pero ¿Realmente dependemos solo de Dios, le glorificamos solo a él y actuamos con justicia y rectitud con otros como David? Nuestro Dios no hace diferencia con nosotros. Si hacemos lo mismo que David, sin duda la victoria será nuestra. ¡¡Levantémonos y vivamos lo mismo que David!! Oro que seamos como David quien amaba a Jehová y su palabra en sus batallas para que dondequiera que vayamos nos dé Jehová la victoria igualmente.

 

II. MISERICORDIA DE DAVID HACIA MEFI-BOSET (CAP. 9)


El triunfo de David no era solo en las batallas, sino en cumplir su pacto con Jonatán. En el momento de su máxima gloria, David se acordaba del pacto que hizo con Jonatán. 1 Samuel 20:15-17. “y nunca apartes tu misericordia de mi casa. Cuando Jehová haya eliminado uno por uno a los enemigos de David de la faz de la tierra, no dejes que el nombre de Jonatán sea quitado de la casa de David. / Así hizo Jonatán un pacto con la casa de David, diciendo: «Demándelo Jehová de manos de los enemigos de David.» / Y Jonatán hizo jurar a David otra vez, porque lo amaba, lo amaba como a sí mismo.” David no solo era fiel con la palabra de Dios, sino también con el pacto de un hombre Jonatán. David se acordó del pacto que había hecho con Jonatán en su tiempo perseguido por Saúl. David buscaba a alguien remanente de la casa de Saúl y preguntó “¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl a quien pueda yo favorecer por amor de Jonatán?” (1) 


Siba, quien fue el siervo de la casa de Saúl, dijo a David que aún quedó un hijo de Jonatán. Él se llamaba Mefi-boset. Y él era lisiado de los pies. 2 Samuel 4:4 dice “Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán; su nodriza lo tomó y huyó, pero mientras huía apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefi-boset.” Humanamente Mefi-boset era un hombre inútil para la guerra, ni para el trabajo. No tenía dignidad de un varón normal. Y era un objeto de ser eliminado por el nuevo rey. Él habría sido lisiado no solo por su deficiencia física, sino también por su gran temor.  


¿Qué dijo David a él? Vamos a leer el verso 7. “Luego David añadió: —No tengas temor, porque a la verdad yo tendré misericordia contigo por amor de Jonatán tu padre. Te devolveré todas las tierras de tu padre Saúl, y tú comerás siempre a mi mesa.” David le dijo que no temiera. El llamado de David no era para castigar o maltratarlo, sino para para tener misericordia con él. 


¿Cuál misericordia recibió Mefi-boset?


Primero, Mefi-boset recibió todas las tierras de su padre Saúl. Mefi-boset ya no era un príncipe, sino un hombre miserable y de bajo perfil. Toda posesión de Saúl fue quitada y trasladada al poder de David, el nuevo rey. Mefi-boset era un hombre totalmente inútil para nada. Solo conservarse su vida era lo que él tenía que anhelar. Pero David le devolvió toda posesión de Saúl. Le restauró el derecho del príncipe. 


Segundo, Mefi-boset fue invitado a comer a la mesa del rey. Los que pueden comer a la mesa del rey son sus propios hijos o sus nobles solamente. Sin embargo, Mefi-boset llegó a tomar un puesto a la mesa del rey. Siendo indigno, él fue invitado a comer a esa mesa con un privilegio extraordinario. ¡¡A Mefi-boset esta misericordia habría sido cosa difícil de entender y creer!! Pero increíblemente el cambio de su estatus era realidad para él. 


Esto no porque él lo merecía, sino por amor de Jonatán. Solo por el pacto hecho entre David y Jonatán, el beneficio tan grande fue devuelto a Mefi-boset, el hombre lisiado. Solo por ese pacto con Jonatán, Mefi-boset fue restaurado como uno de los príncipes del reino tan glorioso de David. 


Mefi-boset representa nuestra persona espiritual. Fuimos lisiados espiritualmente por nuestros pecados. Habíamos perdido la imagen hermosa de Dios por pecado. Fuimos destituido del puesto de hijo e hija de Dios. Teníamos que vivir lisiado toda la vida en mente, emoción y espíritu. Pero Dios tuvo misericordia de nosotros en Cristo. Solo por amor del Cristo, Dios nos devolvió su imagen y nos hizo su hijo e hija. Y ahora lo llamamos ‘Padre’. Romanos 8:16-17 “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. / Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”


¿Qué tan privilegiados sentimos cuando seamos invitados a un restaurante reconocido? Quiero que alguien me invite a la mesa de un restaurante bueno cada día. Pero no va a suceder eso conmigo. Sin embargo, el Cristo nos invita a su mesa. Ya ahora tenemos comunión con Dios y cada día disfrutamos esa comunión. Y en su reino glorioso comeremos en la mesa del Cristo eternamente para saciar nuestro corazón y cuerpo. 


Frecuentemente me siento que soy un lisiado cuando enfrento a mis pecaminosidades y deficiencias espirituales. Por mi deficiencia en personalidad, desde mi boca sale un gemido indecible en temor. Pero Dios nunca me ha tratado según mi deficiencia, sino por amor y misericordia. A veces su bondad me hace preguntar cómo yo, siendo un pecador, puedo recibir tanta gracia de Dios. Solo por el amor del Cristo, Dios me ha mostrado su perdón y compasión como a su hijo. Oro que pueda llevar una vida agradecida por toda mi vida, viviendo el evangelio del Cristo.    

  

Conclusión, Jehová da la victoria por dondequiera que vaya a quien vive su palabra. David nos demostró esa verdad con su vida. Fuimos lisiados de la multitud de nuestros pecados. Pero en Cristo, Dios nos muestra su gran misericordia hacia nuestra vida, haciendo comer a su mesa. Oro que podamos vivir su palabra en todas nuestras batallas tanto como en hacer misericordia para que Dios nos dé victoria por dondequiera que vayamos. Amén.    

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