1 Samuel 18:1 - 19:24

18:1 Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo.
18:2 Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre.
18:3 E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo.
18:4 Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte.
18:5 Y salía David a dondequiera que Saúl le enviaba, y se portaba prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de guerra, y era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de los siervos de Saúl.
18:6 Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música.
18:7 Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles.
18:8 Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino.
18:9 Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David.
18:10 Aconteció al otro día, que un espíritu malo de parte de Dios tomó a Saúl, y él desvariaba en medio de la casa. David tocaba con su mano como los otros días; y tenía Saúl la lanza en la mano.
18:11 Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré a David a la pared. Pero David lo evadió dos veces.
18:12 Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él, y se había apartado de Saúl;
18:13 por lo cual Saúl lo alejó de sí, y le hizo jefe de mil; y salía y entraba delante del pueblo.
18:14 Y David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él.
18:15 Y viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, tenía temor de él.
18:16 Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y entraba delante de ellos.
18:17 Entonces dijo Saúl a David: He aquí, yo te daré Merab mi hija mayor por mujer, con tal que me seas hombre valiente, y pelees las batallas de Jehová. Mas Saúl decía: No será mi mano contra él, sino que será contra él la mano de los filisteos.
18:18 Pero David respondió a Saúl: ¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para que yo sea yerno del rey?
18:19 Y llegado el tiempo en que Merab hija de Saúl se había de dar a David, fue dada por mujer a Adriel meholatita.
18:20 Pero Mical la otra hija de Saúl amaba a David; y fue dicho a Saúl, y le pareció bien a sus ojos.
18:21 Y Saúl dijo: Yo se la daré, para que le sea por lazo, y para que la mano de los filisteos sea contra él. Dijo, pues, Saúl a David por segunda vez: Tú serás mi yerno hoy.
18:22 Y mandó Saúl a sus siervos: Hablad en secreto a David, diciéndole: He aquí el rey te ama, y todos sus siervos te quieren bien; sé, pues, yerno del rey.
18:23 Los criados de Saúl hablaron estas palabras a los oídos de David. Y David dijo: ¿Os parece a vosotros que es poco ser yerno del rey, siendo yo un hombre pobre y de ninguna estima?
18:24 Y los criados de Saúl le dieron la respuesta, diciendo: Tales palabras ha dicho David.
18:25 Y Saúl dijo: Decid así a David: El rey no desea la dote, sino cien prepucios de filisteos, para que sea tomada venganza de los enemigos del rey. Pero Saúl pensaba hacer caer a David en manos de los filisteos.
18:26 Cuando sus siervos declararon a David estas palabras, pareció bien la cosa a los ojos de David, para ser yerno del rey. Y antes que el plazo se cumpliese,
18:27 se levantó David y se fue con su gente, y mató a doscientos hombres de los filisteos; y trajo David los prepucios de ellos y los entregó todos al rey, a fin de hacerse yerno del rey. Y Saúl le dio su hija Mical por mujer.
18:28 Pero Saúl, viendo y considerando que Jehová estaba con David, y que su hija Mical lo amaba,
18:29 tuvo más temor de David; y fue Saúl enemigo de David todos los días.
18:30 Y salieron a campaña los príncipes de los filisteos; y cada vez que salían, David tenía más éxito que todos los siervos de Saúl, por lo cual se hizo de mucha estima su nombre.
19:1 Habló Saúl a Jonatán su hijo, y a todos sus siervos, para que matasen a David; pero Jonatán hijo de Saúl amaba a David en gran manera,
19:2 y dio aviso a David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte; por tanto cuídate hasta la mañana, y estate en lugar oculto y escóndete.
19:3 Y yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo donde estés; y hablaré de ti a mi padre, y te haré saber lo que haya.
19:4 Y Jonatán habló bien de David a Saúl su padre, y le dijo: No peque el rey contra su siervo David, porque ninguna cosa ha cometido contra ti, y porque sus obras han sido muy buenas para contigo;
19:5 pues él tomó su vida en su mano, y mató al filisteo, y Jehová dio gran salvación a todo Israel. Tú lo viste, y te alegraste; ¿por qué, pues, pecarás contra la sangre inocente, matando a David sin causa?
19:6 Y escuchó Saúl la voz de Jonatán, y juró Saúl: Vive Jehová, que no morirá.
19:7 Y llamó Jonatán a David, y le declaró todas estas palabras; y él mismo trajo a David a Saúl, y estuvo delante de él como antes.
19:8 Después hubo de nuevo guerra; y salió David y peleó contra los filisteos, y los hirió con gran estrago, y huyeron delante de él.
19:9 Y el espíritu malo de parte de Jehová vino sobre Saúl; y estando sentado en su casa tenía una lanza a mano, mientras David estaba tocando.
19:10 Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella noche.
19:11 Saúl envió luego mensajeros a casa de David para que lo vigilasen, y lo matasen a la mañana. Mas Mical su mujer avisó a David, diciendo: Si no salvas tu vida esta noche, mañana serás muerto.
19:12 Y descolgó Mical a David por una ventana; y él se fue y huyó, y escapó.
19:13 Tomó luego Mical una estatua, y la puso sobre la cama, y le acomodó por cabecera una almohada de pelo de cabra y la cubrió con la ropa.
19:14 Y cuando Saúl envió mensajeros para prender a David, ella respondió: Está enfermo.
19:15 Volvió Saúl a enviar mensajeros para que viesen a David, diciendo: Traédmelo en la cama para que lo mate.
19:16 Y cuando los mensajeros entraron, he aquí la estatua estaba en la cama, y una almohada de pelo de cabra a su cabecera.
19:17 Entonces Saúl dijo a Mical: ¿Por qué me has engañado así, y has dejado escapar a mi enemigo? Y Mical respondió a Saúl: Porque él me dijo: Déjame ir; si no, yo te mataré.
19:18 Huyó, pues, David, y escapó, y vino a Samuel en Ramá, y le dijo todo lo que Saúl había hecho con él. Y él y Samuel se fueron y moraron en Naiot.
19:19 Y fue dado aviso a Saúl, diciendo: He aquí que David está en Naiot en Ramá.
19:20 Entonces Saúl envió mensajeros para que trajeran a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y a Samuel que estaba allí y los presidía. Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron.
19:21 Cuando lo supo Saúl, envió otros mensajeros, los cuales también profetizaron. Y Saúl volvió a enviar mensajeros por tercera vez, y ellos también profetizaron.
19:22 Entonces él mismo fue a Ramá; y llegando al gran pozo que está en Secú, preguntó diciendo: ¿Dónde están Samuel y David? Y uno respondió: He aquí están en Naiot en Ramá.
19:23 Y fue a Naiot en Ramá; y también vino sobre él el Espíritu de Dios, y siguió andando y profetizando hasta que llegó a Naiot en Ramá.
19:24 Y él también se despojó de sus vestidos, y profetizó igualmente delante de Samuel, y estuvo desnudo todo aquel día y toda aquella noche. De aquí se dijo: ¿También Saúl entre los profetas?

JEHOVÁ ESTABA CON DAVID


JEHOVÁ ESTABA CON DAVID


Palabra: 1 Samuel 18:1-19:24

V, Clave 18:14 “David se conducía prudentemente en todos sus asuntos y Jehová estaba con él.”


 David derrotó a Goliat solo con su honda y piedras sin espada o lanza. Fue un gran triunfo dado por Jehová Dios. Se esperaba que David disfrutara una vida prestigiosa del vencedor desde entonces. Pero en vez de una vida de comodidad, le llegó una vida sufrida. Humanamente su sufrimiento se veía muy injusto e insoportable. Pero Dios estaba formando a David como un rey conforme a su corazón. 


 De vez en cuando nos preguntamos “¿Por qué mi vida de fe es tan sufrida?” “¿Dios está conmigo?” A estas preguntas, la palabra de hoy nos da una respuesta clara. Si queremos ser como David, también debemos pasar la disciplina que él recibió de Dios. Oro que Dios nos ayude a aprender lo más precioso que debemos ganar en nuestra vida de fe. 

  

Primero, Jonatán ama a David como a sí mismo (1-5). Cuando David acabó de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David. Como dice esta palabra ‘ligada’ (kasuar – ‘atar’, ‘unir’, ‘tejer’), su alma fue unida estrechamente con el de David. Jonatán vio cómo David puso su vida al peligro de muerte hasta pelear con Goliat. Jonatán vio cómo Dios le dio la victoria solo con honda y piedra contra espada y lanza. Recordamos que Jonatán también había peleado contra los filisteos y ganó la victoria por su fe. Jonatán había dicho ante sus enemigos. “Quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos” (1Sam. 14:6b) La fe en Jonatán y la de David eran de mismo espíritu en Jehová. Y su alma quedó ligada con la de David cuando él venció a Goliat solo con honda y piedra. 


En el verso 1 dice que Jonatán lo amó como a sí mismo. Aquí ‘lo amaba como a sí mismo’ se repitió dos veces (1, 3). Su amor con David no era un favoritismo humano, sino el amor de Dios. Su amor hacia con David no era momentáneo, ni emocional, sino duradero y cuerdo. Concretamente Jonatán hizo un pacto con David. No sabemos qué contenido tenía este pacto. Según 20:14-16, podemos suponer que Jonatan y David hicieron un pacto de brindar una bondad perpetua entre sus familias y descendencia delante de Jehová. Como una garantía, Jonatán se quitó el manto que llevaba y se lo dio a David, así como otras ropas suyas, su espada, su arco y su cinturón. ‘El manto’ que llevaba Jonatán era lo del príncipe y ‘sus armas’ eran el de ‘los vencedores’. Jonatán le dio a David todo suyo de máximo valor. Jonatán consideró que David era digno de suceder el rey de Israel y tomar el reino en su lugar. Así, su amor hacia con David era puro, verdadero y centrado en Jehová. A este amor noble y sublime, cuando Jonatán murió en la batalla junto con Saúl, David le tributó un cántico de lamentación por su amor. “Angustia tengo por ti, Jonatán, hermano mío, cuán dulce fuiste conmigo. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres.” (2 Sam. 1:26)


¿Cómo pudo haber amado Jonatán a David así? De Jonatán aprendemos cuál es el amor genuino hacia con los hermanos. Tal vez Jonatán le habría podido amar a David según le habría convenido: darle grandes recompensas, pero no hacer pacto con él, ni darle el manto y otros del príncipe. Pero Jonatán no pensó en sí mismo, ni su posición humana, sino amó a David como a sí mismo, porque vio que David puso su vida al peligro de muerte por amor a Dios.  


Si amamos a Dios con todo nuestro corazón, llegamos a amar a nuestros hermanos con el amor puro, verdadero y centrado en Jehová. Si vemos algún triunfo de nuestro hermano o hermana, nos gozamos junto con él o ella. Si vemos alguna obra de Dios en tal hermano o hermana, lo amamos como a nosotros mismos. Jesús dijo “El segundo es semejante: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo.’ ” (Mc. 12:31ª) Jonatán sin haber escuchado la palabra de Jesús, ya lo hizo conforme al corazón de Dios. ¿Amamos a nuestros hermanos a quienes Dios ama como Jonatán amó a David? Oro que Dios nos dé este corazón para poder amar a nuestros hermanos así en Cristo Jesús. 


 Y como dice el verso 5, salía David a dondequiera que Saúl lo enviaba, y se portaba prudentemente. Entonces lo puso Saúl al frente de su gente de guerra, y era bien visto por todo el pueblo, y también por los siervos de Saúl. Por su prudencia David fue amado por todos los hombres. A pesar de su edad tan joven, David pudo haber sido tan prudente, ya que Jehová estaba con él.  


Segundo, Saúl envidia y teme a David (6-16). El gozo y la alegría del pueblo eran grandes por haber vencido David a Goliat. Salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel a recibir al rey Saúl cantando y danzando con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música. Mientras danzaban, las mujeres cantaban diciendo: “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles.” Todas ellas manifestaron su gran alegría por la salvación de Dios. 


Al principio Saúl también alegraba con David (19:5). Pero al oír el cántico de las mujeres, Saúl se enojó mucho, porque David fue elogiado más que Saúl en aquello cántico. Saúl se hubiera gozado junto con el pueblo. Pero, en contraste a Jonatán y el pueblo, Saúl tuvo celo (envidia) con David. ‘Envidia’ es ‘Sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee’. Cuando Saúl le envidiaba a David, este corazón le quitó la alegría. Delante de Dios, ‘el corazón envidioso’ es un sentimiento de que debe arrepentirse, porque es un corazón que no quiere reconocer la soberanía de Dios. En romanos 9:20b el apóstol Pablo dijo “¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? «¿Acaso le dirá la olla de barro al que la modeló: “¿Por qué me hiciste así?”?»” 


Saúl no tuvo interés en el reino de Dios sino solo en sí mismo y su reino terrenal. Cuando Saúl envidió a David, no glorificó a Dios. cuando no glorificó a Dios, un espíritu malo de parte de Dios se apoderó de él. La envidia iba destruyendo a Saúl mismo. Él intentaba a matar a David como fuera él su enemigo. 


Debemos pensar en Dios y su reino en vez de pensar mi reino y mi propia gloria. En vez de pensar cómo mi nombre sea enaltecido y reconocido, debemos pensar cómo el nombre de Dios sea exaltado plenamente. Si tenemos celo o envidia por algún hermano o hermana, no debemos dejarlo conducirnos, sino de inmediato hay que arrepentirnos de aquel sentimiento hasta que podemos amarlo. Si no nos arrepentimos, el espíritu de Dios va a resistirnos. Es terrible. Oro que nuestro corazón esté en la mira del reino de Dios. Amén. 


            Tercero, Jehová estaba con David (18:17-19:24). Vamos a leer el verso 12. “Temía Saúl a David, por cuanto Jehová estaba con él, y de Saúl se había apartado” Saúl tuvo celo a David, pero le temió. Su temor no vino de Dios, sino desde la condenación del espíritu malo. Vamos a leer el verso 14. “David se conducía prudentemente en todos sus asuntos y Jehová estaba con él.” David se conducía prudentemente (5, 14). Aunque David era un muchacho, él era un varón prudente. ¿De dónde él habría adquirido esa prudencia concretamente? Tal vez él, mientras pastoreaba las ovejas en le campo, pudo haber sido disciplinado a comportarse en prudencia.  


Pero, aunque un hombre se conduce prudentemente, si Jehová no está con él, las cosas pueden ir en su contra o sin logros significativos delante de Dios. David se conducía prudentemente en todos sus asuntos y Jehová estaba con él. ‘Jehová estaba con él’ se repite tres veces en el pasaje (v12,14,28). Cuando Jehová estaba con él, la compañía de Dios se manifestaba en su conducta y fue amado por todos los hombres.  


Saúl no tenía esta prudencia procedente de Dios. Saúl intentaba a matar a David por las manos de los enemigos. Esto era una rebelión contra Dios. Él prometió a dar a David por mujer su hija mayor Merab por la condición de ir a batallar contra los filisteos, pero no lo cumplió. Y después le propuso dar a su hija menor a David en condición de traer cien prepucios de filisteos. Saúl ninguna vez cumplió con David lo que había prometido para el vencedor a Goliat (17:25). David, antes que el plazo se cumpliera, trajo el doble que lo pedía Saúl. Y Saúl le dio a su hija Mical por mujer. Al ver esto Saúl, comprendió que Jehová estaba con David, y que su hija Mical lo amaba. Por eso tuvo más temor de David, y fue enemigo de David todos los días de su vida. 


Después, abiertamente Saúl habló a Jonatán, su hijo y a todos sus siervos para que mataran a David. Pero Dios salvó la vida de David por medio de Jonatán (1-7) y Mical (8-17). Después, David huyó adonde estaba Samuel en Ramá y ellos se fueron a habitar en Naiot (escuela de los profetas). Saúl persiguió a David a matarlo, enviando sus mensajeros tres veces. Pero fracasó porque el espíritu de Dios les hizo profetizar. Entonces Saúl mismo salió a perseguir a David, pero el espíritu de Dios se apoderó de él y él profetizó delante de Samuel todo el día desnudo. 


David, después de haber matado a Goliat, inició a sufrir. Su vida se hizo más sufrida que antes. Pero ‘Dios estaba con él’. Así esta frase se repitió 3 veces en el pasaje. El propósito de Dios con David no era hacerle el rey en corto plazo, sino hacerle tener una relación íntima con Dios. Dios quiso que David tuviera un corazón que reconociera que Dios es el rey verdadero que pueda dar poder, salvación y protección a cada hombre y todo su pueblo. Durante su sufrimiento nacieron varios salmos tan hermosos que recitamos. Y David iba formándose un rey que sabe servir la voluntad de Dios. Hechos 13: 36ª. “Y a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió


Cuando iniciamos una vida de fe, esperamos una vida victoriosa sin sufrimiento para siempre. Pero a todos los que ama Dios les da un tiempo de disciplina. No hay nadie que no tenga esa disciplina entre los amados de Dios. Si alguien dice “Dios es bueno, porque no he tenido ningún problema en mi vida”, esta persona no va a entender bien la vida de David. Si uno quiere ser un buen instrumento de Dios, debe luchar a tomar alguna pequeña cruz de Jesús. La cruz tiene peso, pero ese peso nos hace crecer y ganar la compañía de Dios con mayor intimidad. Y a su tiempo Dios enaltece a tal persona de gran manera. La compañía de Dios es el tesoro más grande en nuestra vida. 


Conclusión, el amor genuino es el amar a los hermanos como a nosotros mismos. Si los envidiamos por cualquier motivo, tenemos que arrepentirnos de inmediato. y Dios nos dará su espíritu y estará con nosotros, dándonos salvación, prudencia y toda protección en medio de todo peligro. Oro que Dios nos haga tener ese amor genuino, prudencia y su compañía que David tenía en su vida. Amén. 


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