Mateo 8:18-22

8:18 Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado.
8:19 Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.
8:20 Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
8:21 Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.
8:22 Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.

SÍGUEME; DEJA QUE LOS MUERTOS ENTIERREN A SUS MUERTOS


Buenos días. Hoy en día muchos predicadores invitan a la gente a seguir a Jesús prometiéndoles que al hacer esto su vida va a ser más feliz porque Dios los va a bendecir y prosperar. Así, las iglesias están llenas de personas que buscan su felicidad y prosperidad en este mundo, en lugar de la gloria y el propósito de Dios para sus vidas. Y muchos se llaman a sí mismos cristianos porque dicen creer en Dios Padre y en Jesús como el Hijo de Dios, y porque en algún momento quizás hicieron una oración de confesión de fe, pero no obedecen completamente la Palabra de Dios. No buscan la voluntad de Dios sino su propia felicidad. 

Sin embargo, Jesús no invitaba a la gente a seguirle prometiéndoles felicidad y prosperidad en este mundo. Más bien, Él les prometió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción” (Jua. 16:33) y en este pasaje bíblico: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.” (v.20). Él siempre fue claro y directo al decirle a sus discípulos lo que les esperaría. La vida del cristiano puede ser una vida de aflicción y sacrificio. Tenemos que negarnos nuestros deseos carnales; ir en contra de una cultura pecaminosa que puede afligirnos por resistirla; podemos perder nuestras relaciones familiares, amistades, empleos, oportunidades, por seguir a Jesús. Pero la promesa de Jesús en Jua. 16:33 termina diciendo: “pero confiad, yo he vencido al mundo.” Aunque podamos tener aflicción en este mundo por seguir a Jesús, debemos confiar en Él porque ha vencido al mundo.

En los primeros tres siglos de cristianismo, convertirte en cristiano era prácticamente firmar tu sentencia de muerte. Muchos tenían que dejar sus casas, sus negocios, sus familias, y vivir escondidos para que no los fueran a asesinar por su fe. Muchos cristianos vivían en túneles subterráneos llamados catacumbas donde también daban sepultura a los que de ellos morían. Y hoy en día muchos cristianos en China hacen algo similar. Tienen iglesias subterráneas (no necesariamente debajo del suelo) que no son controladas por el gobierno comunista chino, y que si son encontradas, son clausuradas y sus miembros encarcelados. Ser cristiano hoy en día en los países comunistas como China y Corea del Norte, o en los países musulmanes, requiere mucho sacrificio. Puedes perderlo todo, incluso tu vida.

Pero, por la gracia de Dios, nosotros vivimos en una sociedad tolerante al cristianismo. Muy pocos de nosotros va a tener que sacrificar mucho de su vida por seguir a Jesús. Muy pocos perderán su casa, su empleo, su familia o su vida por ser cristiano en nuestra sociedad. Sin embargo, tenemos que sacrificar nuestro propio pensamiento, nuestras emociones, nuestros propios planes, para hacer la voluntad de Dios, si realmente queremos ser discípulos de Jesús. El cristianismo no es para alcanzar nuestra felicidad o para nuestra realización en este mundo, es para que podamos cumplir con el propósito con que Dios nos creó y glorificar Su nombre.

En este pasaje bíblico de hoy, Mateo hace un interludio en los milagros, introduciendo estas enseñanzas del Señor acerca de lo que realmente implica ser un discípulo de Jesús. El Señor aprovecha dos peticiones de dos diferentes personas para enseñarnos lo que realmente implica servirle y dónde deben estar nuestras prioridades como discípulos de Jesús. Yo oro para que a través de este mensaje cada uno de nosotros reflexione si somos verdaderamente cristianos, si realmente somos discípulos de Jesús. Y que podamos negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz cada día y seguir a Jesús (Luc. 9:23). Amén.

I.- Maestro, te seguiré adondequiera que vayas (18-20)

Leamos juntos el v.18 por favor. Como aprendimos la semana pasada, Jesús estuvo sanando a los enfermos y echando fuera demonios porque tenía misericordia de ellos. Pero las multitudes seguían llegando en busca de un milagro. Jesús y sus discípulos no tenían oportunidad de descansar sirviendo estas multitudes y el ministerio de predicación del reino de Dios se vio interrumpido por un ministerio de sanidades. Jesús sabía que esto no era lo que Él había venido a hacer al mundo y que tenía muy poco tiempo para preparar a sus discípulos para suceder Su ministerio también. Además, Él no estaba buscando fama ni estar rodeado de multitudes, así que les pidió a sus discípulos que prepararan una barca para pasar al otro lado del Mar de Galilea.

Para Jesús y sus discípulos sería una tarea prácticamente imposible evadir esas multitudes andando por tierra, por esta razón Jesús mandó a preparar una barca para pasar al otro lado del mar, esto es a la región de los gadarenos como podemos leer en el v.28. Gadara era una ciudad de Decápolis en el extremo opuesto a Capernaum. Sería muy difícil que las multitudes los siguieran hasta allá. Pero Jesús tenía también otras razones para subir a esta barca e ir específicamente a esa región y no a otra, que aprenderemos las próximas semanas. Por ahora podemos decir que el propósito era alejarse de las multitudes para descansar y seguir enseñando a sus discípulos. 

Leamos ahora el v.19. Los que no están familiarizados con la cultura de la época de Jesús, quizás no pueden notar lo extraordinario de este versículo. Mateo nos está diciendo aquí que ¡un escriba quería ser discípulo de Jesús! Los escribas eran conocidos también como doctores de la ley. Como en aquella época no existían las imprentas, ni mucho menos las fotocopiadoras, los escribas eran los encargados de copiar los rollos de la ley para su conservación, reproducción y divulgación. La mayoría de ellos se sabían de memoria los libros de Moisés (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Y no había judío que los interpretase mejor que ellos. Así que ellos se sentaban en la Cátedra de Moisés a enseñar la ley al pueblo, y lo que ellos enseñaban debía ser observado. 

Generalmente encontramos a los escribas junto con los fariseos oponiéndose a Jesús y a sus enseñanzas y hasta procurando su muerte (Mat. 26:3-4). Pero, este escriba en particular, parecía tener un gran deseo de ser discípulo de Jesús diciéndole: “Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.” Fíjense que le llama “Maestro”, que es el título más alto de honor que ellos usaban en esa época. La palabra griega aquí es didáskalos, que es la traducción normal de la palabra hebrea rabbí. Para él, Jesús era el más grande maestro que él había escuchado y visto nunca. Pero, debemos contrastar esto con la forma en la que llamaron a Jesús el leproso y el centurión, diciéndole “Señor” (vv. 2,6,8). Hay una relación diferente. Y por la respuesta de Jesús podemos decir que este escriba quizá no era muy sincero en su deseo de ser discípulo del Señor o hablaba en un arrebato emocional.

Leamos ahora juntos el v.20. Algunos comentaristas, como David Guzik, por ejemplo, interpretan que el escriba pensaba que por la gran popularidad de Jesús entre la gente, el poder que operaba a través de Él y las grandes enseñanzas que daba, su ministerio sería muy grande y sus discípulos muy respetados. Él pensaría que ser discípulo de Jesús le daría mucho prestigio y que con sus conocimientos seguramente sería el sucesor de este ministerio. El gran predicador Charles Spurgeon comenta al respecto: “Me imagino si este hombre pensó: ‘Bueno, ahora, soy un escriba. Si me uno a esa compañía, seré un líder. Percibo que son solo pescadores, la mayoría de ellos; y si entro entre ellos, seré una gran adquisición para esa pequeña banda. Sin duda seré el secretario’. Quizás haya pensado que había algo que sacar de esa posición”. Pero, Jesús le responde que no hay nada de glamoroso en ser su discípulo, en cambio la vida de ser discípulo de Jesús es una vida de mucho sacrificio. Ni siquiera tenía un lugar para recostar su cabeza.

La mayoría de los comentaristas, sin embargo, interpretan aquí que este escriba habló en un arrebato emocional. Fue deslumbrado por los milagros y enseñanzas de Jesús, y tenía un gran deseo de ser su discípulo, pero no meditaba en lo que le costaría serlo. La respuesta de Jesús le invitaba a reflexionar en el sacrificio que implicaba ser un discípulo suyo. Jesús no le dijo al hombre: “No, no puedes seguirme”. Pero le dijo la verdad, sin pintar una versión glamorosa de lo que era seguirle. Esto es lo opuesto de las técnicas usadas por muchos predicadores hoy, pero Jesús quería que el hombre supiera cómo sería realmente.

Leamos nuevamente el v.20. El Señor le responde al escriba que aún los animales más pequeños del campo tienen un lugar para dormir, pero Jesús no tenía tal lugar. El discípulo de Jesús no estaba entrando a una escuela donde tuviera su propio dormitorio o un compañero de habitación. Jesús había dejado su hogar en Nazaret y vivía en Capernaum, probablemente en la casa de Simón Pedro. Pero siendo un predicador itinerante, pasaba mucho tiempo recorriendo diferentes aldeas sin tener los recursos tampoco para pagar posadas para Él y sus discípulos. Así que dependía de la hospitalidad de los lugareños. Habrá habido ocasiones en que Él y sus discípulos habrán acampado a la intemperie, sin tener un lugar donde recostar su cabeza. Si el escriba quería ser su discípulo, tenía que estar dispuesto a sufrir esto. 

Ahora, hay un detalle importante en el título que Jesús usa para referirse a sí mismo en esta repuesta: “el Hijo del Hombre”. Este era el nombre que Jesús usaba para sí mismo más que ningún otro, aunque es la primera vez que aparece en el Evangelio de Mateo. Es usado ochenta y tres veces en los Evangelios, siempre por Jesús mismo. Es una obvia referencia a la humanidad y humildad de Cristo. Además, es también un título mesiánico que refiere a su eterna gloria, como aparece en la visión del profeta Daniel en Dan. 7:13-14. Esto nos da claramente una enseñanza espiritual: Este mundo no es el lugar para el reposo y la felicidad, sino el mundo venidero. Así que no debemos buscar los tesoros terrenales, sino los celestiales.

Además, con esta respuesta al escriba, Jesús nos enseña que seguirle implica pagar un alto costo y sacrificio, quizás sin recompensa terrena ni seguridad. Jesús no tuvo un lugar que pudiera haber llamado hogar en esta Tierra. Quizás no pasamos las mismas dificultades que los primeros cristianos o aquellos que están en países comunistas o musulmanes. Pero seguir a Cristo, probablemente, nos hará perder popularidad, amistades, tiempo de descanso o nos obligue a abandonar hábitos o actividades. Pero si bien el costo de seguir a Cristo puede ser alto, el valor de ser discípulo de Jesús es eterno y rinde increíbles recompensas.

Cerca del final del ministerio terrenal de Jesús, Pedro le expone al Señor lo que han dejado para seguirle y pregunta acerca de la recompensa que recibirán: “Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.” (Mat 19:27-29). ¡Aunque tengamos que dejarlo todo para seguir a Jesús, bien vale la pena el sacrificio porque recibiremos la vida eterna!

Como ustedes saben, en el año 2011 mi familia y yo dejamos nuestras vidas en Venezuela. Aunque no teníamos muchas cosas materiales allá, estábamos dejando atrás nuestra iglesia, nuestra familia y nuestra cultura para empezar aquí desde cero. Hemos tenido que hacer muchos sacrificios aquí para el servir al Señor. En Caracas yo era alimentado con la Palabra de Dios cada semana por el M. Juan Seo. Pero ahora aquí tengo que apartar varias horas a la semana para preparar y dar estudios bíblicos, y para preparar y predicar los mensajes dominicales. Además, tengo que atender los asuntos de la iglesia, la familia y el trabajo. Hemos hecho muchos sacrificios y a veces ni siquiera se ven los frutos del mismo. Pero sé que esta es la vida del discípulo de Jesús y que estoy haciendo lo que debo hacer. 

Y veo también que el Señor está recompensando nuestro trabajo con la obra que está haciendo en cada uno de ustedes, con las bendiciones espirituales y materiales que nos ha dado aquí, y con la confianza de la vida eterna que nos ha dado. Así que creo que todo lo que hago y todo lo que sufro por Cristo vale completamente la pena y le doy gracias a Dios por tenerme por digno para sufrir penalidades como buen soldado de Jesucristo. Le pido al Señor que siga teniendo misericordia de nosotros y levante a muchos más con el deseo de ser verdaderos discípulos de Jesús que quieran abandonar completamente su vida pecaminosa y hacer cualquier sacrificio que sea necesario para servir con amor y agradecimiento a Jesús. Amén. 

II.- Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre (21-22)

Leamos juntos el v.21. Al parecer la respuesta de Jesús al escriba, desanimó a uno de sus discípulos. Obviamente, no estamos hablando aquí de uno de los doce, sino del grupo más grande de gente que estaba siguiendo a Jesús con cierta constancia y que en algún punto llegan a ser unos setenta (Luc. 10:1). Éste se quiso excusar con Jesús que aunque quería seguirle, necesitaba primero ir a enterrar a su padre. No estamos hablando aquí de alguien a quien se le acaba de morir su padre y necesita ir a arreglar su funeral, sino de la costumbre en medio oriente de velar por los padres hasta darles una digna sepultura. 

Esta costumbre todavía está vigente en el medio oriente. Un misionero (no de UBF) tenía un amigo turco, rico e inteligente. Le aconsejó que viajara por Europa cuando acabara sus estudios para completar su educación y ampliar sus perspectivas. El turco le contestó: “Antes de eso tengo que enterrar a mi padre”. El misionero le dio el pésame y le expresó su condolencia, creyendo que el padre de su amigo acababa de morir; pero el joven turco le explicó que su padre estaba vivo y perfectamente de salud, y que lo que había querido decir era que tenía que cumplir sus obligaciones con sus padres y familiares antes de poder marcharse en el viaje sugerido; que, de hecho, no podía marcharse de casa hasta después que muriera su padre, que podría ser después de muchos años. Eso era sin duda lo que quería decir este discípulo: “Te seguiré algún día, cuando haya muerto mi padre”. Lo que estaba haciendo era aplazar su decisión indefinidamente. Quizás esperando hasta que seguir a Jesús no fuese tan sacrificial, o porque no estaba seguro. Así podemos entender, entonces, la respuesta de Jesús. 

Leamos ahora juntos el v.22. Jesús no estaba siendo insensible al fallecimiento del padre de este discípulo. Él le estaba enseñando cuál debía ser la prioridad en su vida. Aunque para los judíos era obligación velar por sus padres hasta el día de su muerte, seguir a Jesús era prioritario sobre ello. Así que le dijo: “Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.” Este discípulo no debía aplazar su decisión de seguir a Jesús por seguir una costumbre de su sociedad. Jesús le dice que tenía que seguirle en ese momento y dejar que los que están muertos espiritualmente, entierren a los muertos espirituales cuando mueran físicamente. A causa del pecado, todos los que no son discípulos de Jesús están muertos espiritualmente. No pueden acceder a la vida eterna. Pero aquellos que aceptan a Jesús como su Señor y Salvador y se convierten en sus discípulos, aquellos que oyen la Palabra de Dios y la obedecen, han pasado de muerte a vida (Jua. 5:24).    

Muchos cristianos quieren seguir a Jesús, pero tienen como prioridad otras cosas en su vida. Su familia, su trabajo, algunas otras actividades, sus hábitos pecaminosos, sus propios planes o metas, les impiden seguir a Jesús con toda prioridad. Quieren ser cristianos, pero al mismo tiempo ponen otras cosas como prioridad en lugar de servir a Cristo. Si quieres saber qué tiene prioridad en tu vida, mira cuánto tiempo y esfuerzo dedicas a ello. 

¿Es Jesús realmente nuestra prioridad? ¿Cuánto tiempo y esfuerzo dedicamos a su servicio? La mayoría de los cristianos dedican apenas unas horas los domingos para ir a la iglesia y quizás alguna que otra hora en la semana. Pero casi siempre para su propio beneficio, y no para servir a otros. Si queremos ser verdaderamente discípulos de Jesús, debemos sacrificar de nuestro tiempo y esfuerzo para servirle. Debemos convertirlo a Él en la máxima prioridad de nuestras vidas.

Jesús no quiere una iglesia llena de gente que se llamen a sí mismos cristianos, pero que no lo tengan a Él ni su reino como prioridad; ni le tengan a Él verdaderamente como Señor de sus vidas. A Él no le sirve de nada que tú vengas a la iglesia todos los domingos, pero que sigas viviendo una vida pecaminosa, o que simplemente no te quieras comprometer con Él y Su obra. Fíjense que Él no tenía miedo de desanimar a discípulos potenciales. Él quería verdaderos discípulos entregados a la obra de la expansión del reino de Dios, y no una multitud de gente que le siguiera. 

En UBF nosotros tampoco queremos una iglesia llena de gente viviendo en pecado y que no quiera comprometerse con Jesús. Queremos una iglesia llena de discípulos de Jesús que se nieguen a sí mismos, que tomen su cruz de misión cada día y sigan a Jesús. Gente que abandone su vida pecaminosa, viva constantemente arrepintiéndose de sus pecados, y se esfuercen con todo su corazón por obedecer la voluntad de Dios. Gente que tenga el deseo de servir a Dios, predicando el evangelio en la universidad, sacrificando de su tiempo para recibir y dar estudios bíblicos, y que tengan la visión de vivir en santidad para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. 

Si usted quiere poner a Jesús como prioridad en su vida y vivir una vida como un verdadero discípulo de Jesús, es más que bienvenido y me tiene a su servicio para ayudarle a crecer como un discípulo de Jesús. Si usted es como este otro discípulo de Jesús y no quiere poner a Jesús como prioridad en su vida, arrepiéntase, siga a Jesús, y póngalo como prioridad, de lo contrario terminará como un muerto espiritual enterrando a sus muertos físicos.

Yo oro para que cada uno de nosotros esté dispuesto a negarse a sí mismo, negando sus deseos pecaminosos y sus propios pensamientos; a tomar su cruz de misión cada día, yendo a predicar a la Universidad de Panamá y dando estudio bíblico a las ovejas; y que podamos seguir a Jesús, manteniendo una estrecha comunión con Él en oración, y obedeciendo cada día Su Palabra. Que hagamos cualquier sacrificio necesario para seguir a Jesús y que Dios y su reino puedan ser nuestra prioridad cada día. Amén.

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