Lucas 6:12-19

6:12 En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
6:13 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles:
6:14 a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,
6:15 Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote,
6:16 Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.
6:17 Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que había venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades;
6:18 y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos eran sanados.
6:19 Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos.

JESÚS ESCOGIÓ DOCE APÓSTOLES


Buenos días. El mensaje de hoy contiene la dirección espiritual de UBF para el 2022 que Dios le ha dado a nuestro Director General, el M. Moisés Yoon. Él ha estado predicando un mensaje similar en las Conferencias Continentales de Directores y en las Conferencias de Líderes Nacionales hasta ahora. Yo he querido predicar este pasaje bíblico hoy para que nosotros también estemos alineados con la dirección del ministerio a nivel mundial. Oro para que podamos aprender hoy la vida de oración de Jesús y la dirección que Él tomó para ayudar a su generación y que nosotros podamos tener una vida de oración similar a la de nuestro Señor y que podamos ayudar a nuestra generación por medio de levantar discípulos que continúen expandiendo el reino de Dios hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. Amén. 

El mensaje del M. Moisés Yoon en realidad comienza en Luc. 6:9, incluyendo así la curación del hombre de la mano seca. Además, en la introducción de su mensaje abarcó desde Luc. 6:1. El propósito de esto era mostrar el contexto de la decisión de Jesús de escoger doce apóstoles y sus posibles tópicos de oración también. Nosotros veremos este contexto a manera de introducción en este mensaje.

En Luc. 6:1-5, Jesús y sus discípulos pasan por los sembrados en un día de reposo, y como los discípulos tenían hambre, empezaron a arrancar espigas con las manos y restregándolas se comían los granos de trigo. ¿Pueden imaginar cuánta hambre tendrían ellos? El trigo no es un grano delicioso para comer crudo. No es como pasar por un árbol y arrancar y comer manzanas o mangos. Pero Jesús, para servir la voluntad de Dios, vivió una vida dependiente de Dios, sin un lugar donde recostar su cabeza. Los discípulos que siguieron a Jesús también vivieron el mismo estilo de vida y en ocasiones se saltaron algunas comidas. Así que mientras pasaban por esos sembrados ese día de reposo, sintieron tanta hambre que comenzaron a comerse los granos de trigo, al menos para echarle algo al estómago. Si los viéramos haciendo esto, seguramente sentiríamos pena por ellos. Es un sentimiento humano normal, tener simpatía para servir a las personas hambrientas con una comida caliente. Sin embargo, los fariseos los criticaron duramente diciendo: “¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo?” (v.2). Los fariseos valoraban más guardar la ley del sábado que tener compasión por los que padecen necesidad. Ellos eran legalistas.

En Luc. 6:6-11 vemos lo que sucede en otro día de reposo. Jesús entró en la sinagoga y estaba enseñando, y había allí un hombre cuya mano derecha estaba seca, esto quiere decir que los nervios y músculos de su mano derecha estaban muertos. Él tenía ambas manos, pero no podía usar para nada su mano derecha. Jesús lo vio y tuvo misericordia de él. Esta es la reacción normal de un ser humano, sentir compasión por alguien que sufre. Jesús quería sanarlo. También esta es la reacción normal de cualquier ser humano, si tienes la oportunidad de ayudar a alguien, lo haces. Se suponía que los líderes religiosos eran los pastores del pueblo. Ellos debían tener compasión del pueblo y tratar de ayudarles. Pero, ¿qué hicieron ellos? Los escribas y los fariseos buscaban una razón para acusar a Jesús, así que lo acecharon para ver si sanaba a ese hombre en el día de reposo. Usaron al hombre como un medio para encontrar una razón para acusar a Jesús. No importa cuán débil o vulnerable sea una persona, no se puede usar como medio para lograr un fin. Los seres humanos están hechos a imagen de Dios. Tratar de lograr algo usando a las personas es perverso. 

Jesús conocía sus pensamientos y sus malvados planes. Para evitar conflictos con los líderes religiosos, Jesús podría haberle dicho al hombre: “Hoy es día de reposo, ¿puedes volver mañana?” O, “Te veré después de la reunión de hoy en tu casa o en un callejón escondido”. Pero, ¿qué hizo Jesús? Le dijo al hombre: “Levántate y ponte en medio”. Con esto, desafió la maldad de los líderes religiosos. Mientras el hombre estaba en medio de la sinagoga, Jesús preguntó a los fariseos: “¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla? ” (v.9). Ellos sólo pensaban en si estaba bien o mal trabajar el sábado. Pero Jesús los desafió con su pregunta y sanó al hombre de la mano seca. Ellos, en lugar de regocijarse por la maravillosa gracia de Dios para este hombre, se llenaron de furor y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús porque les restaba autoridad.

En este contexto servía Jesús a su generación. En medio de líderes religiosos sin compasión que no procuraban ayudar al pueblo a llegar a Dios, sino que buscaban su propio beneficio y la aplicación estricta de la Ley, aun cuando eso significara que los discípulos desmayasen del hambre o que el hombre siguiese sufriendo con su mano seca. ¿Qué hizo Jesús en medio de ese tiempo tan oscuro? A continuación veremos cómo Él oró y escogió doce apóstoles para servir como los líderes espirituales para su generación. Nosotros también estamos viviendo en tiempos oscuros donde el amor de muchos se ha enfriado y donde los líderes tampoco tienen compasión del pueblo sino que buscan su propio beneficio y escalar posiciones religiosas o políticas. Veremos entonces a través de este mensaje qué podemos hacer nosotros.   

I.- Jesús pasó la noche orando a Dios (12)

Miren el v.12. Jesús fue al monte a orar. Jesús vivió siempre una vida de oración. Cuando comenzó su ministerio mesiánico, Jesús fue bautizado por Juan y oró. En ese momento, los cielos se abrieron y el Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma corporal como una paloma (Luc. 3:21-22). Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu Santo al desierto y fue tentado por el diablo mientras ayunaba y oraba durante 40 días. En los evangelios podemos leer que Jesús iba a menudo a un lugar solitario después de servir una gran obra de Dios. Tuvo comunión con Dios Padre y recibió el poder del Espíritu Santo. Sin embargo, esta vez ir a una montaña a orar tenía un significado más especial. Esto se debió a que esta vez la oración de Jesús, fue más que una oración para una comunión íntima con Dios. Fue una oración desesperada para buscar dirección, para resolver los problemas de la época.

Aquí en el v.12 se enfatiza el hecho de que Jesús fue al monte a “orar” y pasó la noche “orando” a Dios. Jesús oró toda la noche en una montaña. ¿Han pasado ustedes la noche una montaña? Muchos no saben lo fría que es una noche en una montaña y lo lento que pasa el tiempo. El M. Moisés Yoon cuenta que hace muchos años, cuando estuvo de guardia durante la noche en un puesto militar, se dio cuenta de lo frías que eran las noches de invierno y de lo lento que pasaba el tiempo. Incluso hoy en día, no puede olvidar la emoción y la alegría de ver la luz del sol y disfrutar del calor cuando el cielo del este iluminaba la noche oscura, mientras el sol se elevaba sobre la montaña. Yo también he pasado noches en montañas un par de veces. Recuerdo una vez que estuvimos en un campamento de la iglesia en unas montañas del estado Aragua en Venezuela. Estuvimos orando buena parte de la noche. Y aunque orábamos y orábamos el tiempo no avanzaba. Y aunque tenía una chaqueta muy gruesa, tenía mucho frío. Y después de varias horas orando y pasando frío, finalmente nos fuimos a dormir. Pero estábamos en un patio donde se secaba café y no podía dormir por el frío, así que me emocioné mucho cuando amaneció y se calentó un poco el lugar.   

Sin embargo, Jesús oró toda la noche en la montaña, a pesar del rocío de la noche y el frío, ¿Por qué oró Jesús? No conocemos los detalles de Su oración. Pero si pensamos en Él, antes y después de su oración, podemos inferir el contenido de su oración. Jesús debió haber orado con respecto a la forma de ayudar a su generación y a las venideras en medio de tiempos tan oscuros. Su corazón estaba quebrantado por los malvados líderes religiosos y porque la gente andaba errante como ovejas sin pastor. Jesús debió haber traído esos problemas a Dios en su oración y debió haber buscado dirección de cómo servir a esa generación. 

Mientras Jesús oraba profundamente, descubrió cuál era el problema fundamental de su tiempo. Reformar el sacerdocio o erradicar a los líderes religiosos no era la solución. Jesús no se centró en luchar contra los fariseos y eliminarlos. La raíz del problema no era pelear con la gente o el sistema social, sino pelear con el diablo. El diablo que Jesús había derrotado en el desierto, todavía estaba trabajando detrás de los líderes religiosos. El diablo incitó el orgullo de los líderes y cegó sus ojos espirituales. El diablo cegó sus mentes para que no pudieran ver a Cristo, sino que se opusieran a Él (2Co. 4:4). Su lucha no era contra sangre ni carne, sino contra los espíritus malignos que gobiernan este mundo y su líder, el diablo (Ef. 6:12). Entonces, a través de sus oraciones, Jesús peleó la batalla espiritual para obtener discernimiento y poder de Dios. Se quedó despierto toda la noche orando con todo su corazón, hasta que finalmente llegó el amanecer y salió el sol de la mañana. La luz entró en el corazón de Jesús y se le dio una clara dirección espiritual de Dios. ¿Qué hizo Jesús?

II.- Jesús escogió doce apóstoles para servir al pueblo (13-19)

Miren el v.13. Jesús llamó a los discípulos que estaban junto con él. Como podemos ver en el v.17, a Jesús lo seguía siempre una gran multitud. Entre la multitud había los que se reunían a escuchar a Jesús o para ser sanados, y después regresaban a sus hogares o a sus labores; y había otros que seguían a Jesús a todas partes para aprender sus enseñanzas, estos eran sus discípulos. No se sabe cuántos discípulos estaban con Jesús en la montaña, pero probablemente fueron alrededor de 70 (Luc. 10:1). Jesús escogió a doce entre ellos. 

¿Cuál fue el criterio con el cual Jesús eligió a los doce? Mar. 3:13 dice: “Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él.” “llamó a sí a los que él quiso”. Esto no significa que los llamó según su estado de ánimo. Más bien, significa que Jesús, habiendo estado con ellos, los observó y llamó a aquellos a quienes Él consideraba dignos de un cuidado especial como sus discípulos. Ese llamado fue enteramente de acuerdo con la voluntad soberana de Jesús. No tuvo nada que ver con características peculiares que ellos tuviesen. No llamó a los más capacitados, a los mejor parecidos, a los más fuertes, a los más preparados, ni siquiera podemos aventurarnos a afirmar que llamó a los más dispuestos. Jesús simplemente escogió a los doce que Él quiso en Su soberana voluntad. A aquellos que a Él les pareció mejor llamar.

¿Qué hizo con esos doce que escogió? Miren nuevamente el v.13b. Los llamó “apóstoles”. La palabra “apóstol” significa “enviado”. Se refiere a los enviados directamente por Jesús para predicar el evangelio. La vida de Jesús en la Tierra fue limitada. En el futuro, Jesús tendría que completar la misión del evangelio con Su muerte en la cruz y Su resurrección, y luego regresar a Dios. Se necesitaban obreros que predicaran el evangelio. Jesús llamó a los doce a ser misioneros de la evangelización. Por supuesto, todavía no estaban al nivel de apóstol. Jesús simplemente los llamó con la visión de levantarlos como discípulos destacados y capacitarlos para cumplir el oficio de apóstoles en el futuro. Jesús sabía que la obra de evangelización era una guerra espiritual. Sabía que era una batalla espiritual contra el diablo, no contra líderes religiosos establecidos, estructuras o instituciones sociales. Los guerreros son importantes en la guerra. Los apóstoles eran líderes que conocían el corazón de Jesús y recibirían el poder de Su Espíritu Santo para liderar la batalla espiritual de la predicación del evangelio. Jesús quería levantar a los doce como generales espirituales. Él estableció una dirección para capacitarlos y levantarlos como apóstoles que soportarían cualquier tipo de dificultad y predicarían el evangelio con valentía. 

¿Cómo levantó Jesús a sus discípulos? Cuando escuchamos las palabras “Jesús levantó y entrenó a sus discípulos” o “Los levantó como generales”, tendemos a pensar en entrenar a las personas como en el ejército o en un negocio. Por eso hacemos programas de discipulado y cursos de formación especiales. Creamos varios cursos y les damos un certificado de finalización o un diploma. Tal formación o plan de estudios es muy útil. Sin embargo, completar cierto programa o curso no significa convertirse en discípulo de Jesús. Para convertirse en discípulo de Jesús, el conocimiento es importante, pero sobretodo, el carácter y la fe de uno son cruciales. Mar. 3:14 dice: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar.” El primer propósito del nombramiento de los doce por Jesús era “para que estuviesen con él”. Esto significaba que los doce estarían siempre con Jesús para que aprendiesen sus palabras y sobre todo, su vida. 

También nosotros debemos estar con Jesús y aprender no sólo sus palabras de verdad, sino también imitar su amor y humildad, su servicio y sacrificio, su mansedumbre y sabiduría, su fe y vida de oración. Esta es una verdadera relación entre un maestro y un discípulo. Si damos un cierto título, sólo por haber adquirido conocimiento, fácilmente terminaremos produciendo un grupo de élites espirituales. Estas personas pueden convertirse en los fariseos de hoy en día. Como discípulos de Jesús, primero debemos aprender de Jesús mismo. El apóstol Pablo quiso conocer y aprender de Jesús a lo largo de su vida y, por lo tanto, pudo convertirse en un buen discípulo de Jesús (Flp. 3:10). Esto es también cierto cuando levantamos discípulos. Debemos ayudar a los discípulos a aprender de Jesús y que nos imiten en las formas en que nos esforzamos por aprender de Jesús (Flp. 3:17). 

Las universidades de hoy han sido durante mucho tiempo simplemente lugares de transferencia de conocimientos. La gente va a la universidad para conseguir buenos trabajos y carreras. Una verdadera relación maestro-discípulo es rara en los campus. En los últimos dos años de la pandemia del Coronavirus, las personas se han vuelto más individualistas y se han distanciado de los demás. En lugar de reunirse en el campus, los estudiantes se reúnen cada vez más en el llamado metaverso para hablar y vivir. La existencia física del propio campus, que ocupa el terreno y los edificios, se cuestiona cada vez más. Los estudiantes universitarios de hoy son como ovejas errantes sin pastor. Además, los movimientos anticristianos están ganando fuerza, en nombre de la protección de las minorías sociales. Aquellos que se han preocupado por el marco de proteger a las minorías están librando una guerra política en sus campos.

Pero, como ya les mencioné antes “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efe. 6:12). Nuestra lucha no es contra la gente. Tampoco es en contra de un sistema social. Es el diablo contra quien luchamos en la guerra espiritual que ha continuado ferozmente desde la caída de Adán y continuará hasta la segunda venida del Señor. La estrategia de Satanás es actuar en secreto como si no existiera. Él tienta a las personas a estar tan ocupadas con otras cosas, que tal vez no les interesen las cosas espirituales. Pone a la gente en luchas políticas y económicas. A través de esto, el diablo ciega el corazón de las personas, de modo que la luz gloriosa del evangelio de Cristo no puede brillar sobre ellas (2Co. 4:4). Jesús luchó contra el diablo a través de sus oraciones. También decidió levantar discípulos destacados que continuaran tales batallas espirituales. 

Nosotros también necesitamos conocer la existencia del diablo y sus astutos planes. Por lo tanto, debemos esforzarnos por orar para obtener poder y discernimiento espiritual. La guerra requiere generales sabios y valientes. Si los generales son fuertes, ganan. Entonces, ¿cuál es el camino para que podamos servir no sólo a esta generación, sino a todas las generaciones venideras? Es levantar generales espirituales, es decir, discípulos destacados de Jesús. Oro para que aceptemos esto y, en este año, hagamos nuestro mejor esfuerzo para orar con todo nuestro corazón y levantar excelentes discípulos de Jesús.

¿Quiénes fueron los doce elegidos por Jesús? Miren los vv.14-16. Simón Pedro, su hermano Andrés, Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, Felipe, Bartolomé (Natanael), Mateo (Leví), Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote, Judas hijo de Jacobo (Tadeo), y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor. Podemos encontrar algunas características resaltantes de los doce: Primero, eran personas comunes y corrientes que eran fieles en su trabajo; segundo, cuando fueron llamados por Jesús, tomaron la decisión de seguirle voluntariamente, dejando todo atrás. Tercero, tenían deseo de aprender; cuarto, eran de todos los ámbitos de la vida y de diversas profesiones, pero ninguno de ellos eran líderes religiosos. En otras palabras, eran personas enseñables como odres nuevos. ¿Cumples tú con estas características? ¿Eres una persona común y corriente? ¿Sigues voluntariamente a Jesús? ¿Has dejado tu vida pecaminosa atrás? ¿Tienes deseo de aprender de Jesús? Entonces, ¡tú también puedes ser uno de los discípulos escogidos de Jesús! 

¿Por qué Jesús escogió solo a doce? Quizás porque doce personas era el número máximo al que Jesús podía ayudar personalmente mientras permanecían juntos. Más allá de ese número, sería difícil formar una relación personal. Pero lo más probable es porque los doce simbolizan las doce tribus de Israel, y Jesús estaba formando el Nuevo Israel, que no se conformaría solamente por los hijos de Jacob o Israel según la carne, sino por los discípulos de todo el mundo. ¡Jesús nombró a doce apóstoles para predicar el evangelio a todo el mundo! 

Miren los vv. 17-19. Jesús bajó de la montaña con ellos y se detuvo en un lugar llano. Allí había una gran multitud de sus discípulos y de mucha gente de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera alrededor de Tiro y Sidón, que habían llegado para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades. Jesús no llevó a los doce a lo profundo de una montaña y les transmitió Su conocimiento durante tres años. En cambio, bajó a las llanuras donde vivía la gente y había muchos problemas. Allí Jesús enfrentó los problemas prácticos de las personas y enseñó a sus doce discípulos cómo servir a las personas. Constantemente, alrededor de Jesús, había una gran multitud de personas hambrientas de la Palabra de Dios y con mucha necesidad espiritual. Entre ellos, los que sufrían de espíritus inmundos fueron sanados, mostrando que Jesús tenía poder para expulsar demonios y curar enfermedades.

Los discípulos de Jesús deben tener dos cosas. Primero, conocimiento espiritual y discernimiento basado en la verdad del evangelio. Con este fin, Jesús siempre estuvo con los doce, enseñándoles el evangelio y llenándolos de la verdad. Pedro, que era un simple pescador, llegó a tener una comprensión tan profunda de la Biblia porque escuchó y aprendió la verdad mientras caminaba con Jesús. Lo que Pedro aprendió de Jesús se convirtió en el fundamento, y cuando fue lleno del Espíritu Santo, pudo testificar de la verdad con valentía y autoridad. Segundo, poder espiritual. Posteriormente, los discípulos de Jesús fueron llenos del Espíritu Santo y se les dio el poder de echar fuera demonios y sanar enfermedades. Un discípulo de Jesús debe tener la palabra de verdad y poder espiritual. Sólo entonces podrá servir al pueblo de Dios como un líder.

En conclusión, cuando vemos nuestro tiempo, aparentemente hay muchos problemas políticos, económicos y sociales, pero sólo hay un problema fundamental. Es la batalla espiritual contra el diablo. Jesús nos ha llamado a ser guerreros y discípulos. ¿Cómo podemos ganar la batalla? Como lo hizo Jesús, debemos orar con todo nuestro corazón y recibir el poder del Espíritu. Jesús levantó a un pequeño número de discípulos como apóstoles y estableció la comunidad del nuevo pacto de Dios. Esto es lo que haría Jesús si estuviera aquí en el mundo hoy.

En cuanto a mí, oro para que este año pueda servirles con la Palabra de Dios y serles de ejemplo, de forma tal que ustedes puedan ser levantados como discípulos destacados de Jesús. Por esto, oro para que primero que todo me dedique a la oración y a aprender el carácter y la fe de Jesús. Oro sinceramente para que Dios nos bendiga este año como una comunidad de guerreros espirituales que luchan contra el diablo en el campus de la Universidad de Panamá. Que en este 2022 Dios nos bendiga para ser una comunidad hacedora de discípulos que ora por Panamá para que sea levantada como un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. ¡Amén!

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