Hechos 2:42-47
2:42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.2:43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
2:44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;
2:45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.
2:46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
2:47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
PERSEVERANDO UNÁNIMES
Buenos días. La semana pasada aprendimos acerca de la condición dual del reino de Dios. El reino de Dios está aquí ya, pero todavía no. El reino de Dios es una realidad en los corazones de todos aquellos que han aceptado a Jesús como su Señor y Salvador, y se someten a la voluntad de Dios. Es una realidad en la comunidad de los creyentes, la iglesia, que vive conforme a la voluntad de Dios. Sin embargo, todavía no se ha manifestado plenamente porque Jesús no ha establecido su reino definitivo y porque no todo el mundo está cumpliendo la voluntad de Dios. Y esto último es lo que hace que muchos sientan que el reino de Dios todavía no ha llegado. No podemos sentirnos en el reino de Dios por el pecado y la maldad que abundan en la Tierra.
No obstante, hoy vamos a aprender cómo el reino de Dios era una realidad para los primeros cristianos. Aunque vivían en el mismo mundo pecaminoso en que nosotros vivimos, ellos podían experimentar el reino de Dios por la forma en la vivían y adoraban a Dios. Mi oración es que nosotros, como iglesia, también podamos experimentar esta vida del reino aquí. Y que cada día podamos expandir el reino de Dios en Panamá, Costa Rica, Venezuela y en todo el mundo. Que vivamos la realidad actual del reino de Dios y que oremos continuamente pidiendo el establecimiento definitivo del reino de Dios, rogándole al Señor: “Venga Tu Reino”. Amén.
I.- Perseverando en la adoración (42)
Miren el v. 42. Aquí podemos ver los cuatro elementos principales que componían la adoración de los primeros cristianos: la doctrina de los apóstoles, la comunión los unos con los otros, el partimiento del pan y las oraciones. Los primeros cristianos perseveraban en cada una de estas actividades que los distinguía como iglesia, como comunidad del reino de Dios. La palabra griega que se utiliza aquí para “perseverar” es proskartereo que es una palabra compuesta por pros, “hacia”, utilizado intensivamente; y kartereo, ser fuerte; así que literalmente significa “ser fuerte hacia”. Pero, su significado es “perseverar en”, “ser continuamente constante” o también se podría traducir como: “asistir continuamente o fielmente”.
Entonces, los primeros cristianos eran constantes en o asistían continuamente a la doctrina de los apóstoles, la comunión los unos con los otros, el partimiento del pan y las oraciones. Veamos con detalles qué significado tienen cada uno de estos elementos de la adoración de los primeros cristianos.
Primero, la doctrina de los apóstoles. Miren el v. 42a. La palabra griega que se usa aquí para doctrina es didaqué, de la que se deriva la palabra española didáctica, y significa enseñanza. Así que otra forma de traducir al español esta primera parte de este versículo es como lo hace la Biblia La Palabra Hispanoamericana: “Todos se mantenían constantes a la hora de escuchar la enseñanza de los apóstoles”. O también podríamos traducir: “todos asistían continuamente a la enseñanza de los apóstoles”.
Los primeros cristianos no tenían la Biblia completa como la tenemos nosotros ahora. Ellos sólo tenían la Biblia Hebrea, o como la conocemos nosotros, el Antiguo Testamento. Los primeros judíos que aceptaron a Jesús como su Señor y Salvador, no conocían bien su vida y sus enseñanzas, ni cómo era el reino de Dios que Él estaba estableciendo. Así que la única forma de llegar a conocer estas cosas era a través de las enseñanzas de los apóstoles. Por lo tanto, ellos asistían continuamente a las enseñanzas de los apóstoles quiénes les contaban lo que ahora nosotros podemos leer en los cuatro evangelios y en el primer capítulo del libro de Hechos.
Aunque nosotros tenemos la Biblia completa hoy en día, muchas veces es muy difícil entender lo que en ella se nos dice, porque no fue escrita en nuestro idioma y porque los hechos y lugares que aparecen allí están muy lejos de nosotros. Así que también necesitamos ser enseñados constantemente acerca de lo que Dios nos dice en las Escrituras. Necesitamos asistir continuamente a la enseñanza de las Escrituras impartida por aquellos que han sido instruidos en ellas también. Los apóstoles habían aprendido de Jesús y del Espíritu Santo todo lo que los cristianos necesitaban saber acerca del reino de Dios. Yo también he aprendido del Espíritu Santo, de mi pastor y de otros siervos de Dios, acerca del reino de Dios, para enseñarles a ustedes.
De la misma manera, La M. María, Darío, Karen, Sharon asisten continua y fielmente a los estudios bíblicos conmigo, cada semana; y aprenden bien las Escrituras para enseñarles al resto de ustedes. Si queremos vivir el aquí y ahora del reino de Dios, necesitamos perseverar en la doctrina de los apóstoles como lo hacían los primeros cristianos. Necesitamos asistir continua y fielmente a nuestros estudios bíblicos 1:1 con nuestros pastores, a los estudios bíblicos grupales, y, preeminentemente, al Culto Dominical para escuchar el mensaje dominical.
Los primeros cristianos escuchaban todos los días las enseñanzas de los apóstoles. Cada día querían aprender más de Jesús y sus enseñanzas y su reino. Nosotros debemos tener ese mismo deseo por la Palabra de Dios. Debemos buscarla cada día a través del Pan Diario, leer la Biblia personalmente, escuchar constantemente las enseñanzas de los siervos de Dios, y como les dije antes, asistir fielmente a nuestros estudios bíblicos y al Culto Dominical. Así, viviremos el reino de Dios en esta Tierra.
Segundo, la comunión los unos con los otros. Miren el v.42b. Los primeros cristianos también perseveraban en la comunión los unos con los otros, y esto era, quizás, lo que hacía experimentar más vívidamente el reino de Dios aquí en la Tierra. La palabra griega que se traduce aquí como comunión es koinonía, que significa tener compañerismo. Los primeros cristianos pasaban juntos mucho tiempo. Estaban todos los días juntos escuchando las enseñanzas de los apóstoles; compartiendo comidas, como veremos en el siguiente punto; y orando, que también veremos un poco más adelante. Así que conversaban mucho; compartían sus pensamientos, sentimientos, alegrías, tristezas; compartían sus alimentos y bienes, como aprenderemos más adelante; se conocían muy bien. Se preocupaban y se alegraban genuinamente los unos por los otros. El Espíritu Santo fortalecía el vínculo de amistad entre ellos, llegando a ser como una gran familia.
Los cristianos nos llamamos “hermanos” unos a otros porque ahora todos somos hijos del Padre Celestial. Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador todos pasamos a formar parte de la familia de Dios. Así que ustedes son mis hermanos preciosos y amados en el Señor. Y por eso me preocupo por ustedes, así como me preocupo por mi familia. No deseo más que su bienestar. Y esa es la comunión que debemos tener los unos con los otros.
Pero la comunión se fortalece al pasar tiempo juntos y conocernos mejor. Y lamentablemente esa es una de las cosas que nos ha robado esta pandemia. Nosotros en UBF tenemos un tiempo precioso de comunión después del Culto Dominical y que está bastante relacionado con lo que practicaban lo primeros cristianos, le llamamos: “compartir”. Cuando termina el Culto Dominical, nos sentamos juntos a compartir alimentos y a compartir lo que hemos aprendido a través del mensaje dominical. Muchos no entienden este tiempo y lo desestiman, incluso se van apenas termina el Culto Dominical porque tienen otras cosas qué hacer, o quizás porque quieren comer otra cosa mejor. Pero el tiempo de compartir hace que nos conozcamos mejor unos a otros, dándonos comunión. A través de lo que compartimos, podemos saber qué aprendieron los otros de la Palabra, qué les tocó más, qué preocupaciones, necesidades o alegrías hay en su vida. Y de esa manera podemos animarnos y consolarnos unos a otros. Así que estamos orando para poder conseguir un Centro Bíblico donde podamos reunirnos y fortalecer nuestra comunión los unos con los otros que se ha visto bastante debilitada por esta distancia.
Tercero, el partimiento del pan. Miren el v. 42c. El partimiento del pan se refiere a dos prácticas importantes de los primeros cristianos. Una era la comida comunal que se conocía como ágape; y la otra, el sacramento de la Cena del Señor. El ágape es mencionado por Judas (Jud. 12) y se refiere a la comida comunal que hacían los cristianos. En un principio se reunían a comer todos los días, y después comenzaron a reunirse sólo los domingos. El nombre de la reunión es interesante, porque la palabra griega ágape, se refiere al amor incondicional de Dios que invita a todos los pecadores a recibir su gracia a través de Jesucristo. De la misma manera, los ágapes eran comidas que ofrecían los cristianos para todos los que quisiesen participar, incluso a los que no eran cristianos, poniendo sus casas y sus comidas para servir a la gente. Estas comidas eran importantes para muchos pobres que no tenían qué comer y allí hallaban el alimento necesario. Pero en los ágapes no se alimentaban solamente sus cuerpos, sino también sus almas, pues se compartían las enseñanzas de Jesús también.
Por otro lado, en estas comidas también se impartía el sacramento de la Cena del Señor. En algún punto de la reunión, el dueño de la casa partía el pan y compartía el vino como lo hizo Jesús en la última cena con sus discípulos, recordando que el pan representaba el cuerpo del Señor que por nosotros fue partido; y el vino, la sangre que por nosotros fue derramada. Y en algún momento de la historia cristiana, la Cena del Señor se institucionalizó, dejando de practicar el ágape y participando sólo de la Cena del Señor como se practica ahora.
Partir el pan fortalecía la comunión de los cristianos, mostraba su servicio de amor para otros, servía como recordatorio del sacrificio de Jesús, propiciaba la oportunidad para impartir la enseñanza y era un muy efectivo método de evangelismo. Así que estos ágapes eran las reuniones de adoración de los primeros cristianos como nuestro Culto Dominical. Como les dije, en un principio se practicaba todos los días, pero después solamente el domingo para celebrar la resurrección de Jesús. Los primeros cristianos perseveraban en el partimiento el pan, nosotros también debemos perseverar en guardar el Culto Dominical. Doy gracias a Dios por cada uno de ustedes que asiste cada domingo a través de este medio, y oro para que también puedan participar físicamente cuando estemos en nuestro Centro Bíblico, de modo que podamos tener comunión los unos con los otros, compartiendo alimentos y lo que aprendamos del mensaje dominical.
Cuarto, las oraciones. Miren el v. 42d. Los primeros cristianos perseveraban en las oraciones juntos. Esto no se refiere a las oraciones individuales que cada uno de nosotros debe hacer como hemos aprendido en otros mensajes dominicales, sino que son las oraciones colectivas, juntos como iglesia. Estas oraciones también fortalecen la comunión los unos con los otros. Allí podemos escuchar los tópicos de oración de nuestros hermanos y orar por ellos, y orar también por los tópicos de la iglesia. Los ciento veinte discípulos de Jesús estaban orando juntos en el aposento alto cuando vino el Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Luego, cuando estaban sufriendo persecución también oraban juntos, como podemos ver que oraron cuando Pedro fue encarcelado después de la muerte de Jacobo (Hch. 12:5).
Muchas iglesias en la actualidad tienen cultos de oración, y eso es bueno. En UBF no tenemos cultos de oración, porque nuestro modelo de servicio es diferente, pero sí existen reuniones de oración que deberíamos practicar. Por ejemplo, en Venezuela, los miembros de la iglesia nos reuníamos los sábados en la tarde para ir a limpiar y ordenar el Centro Bíblico, y dejarlo listo para el Culto Dominical. Y antes de ponernos a limpiar todos juntos, nos reuníamos a orar por el Culto Dominical: por el grupo de adoración, por el que presidía, el mensajero, por las personas que servirían la oración representativa, por los que estábamos invitando para que pudiesen ir sin tropiezo y conociesen a Jesús como su Salvador, etc.; y también por los tópicos de la iglesia. Es necesario que hagamos esto. En un tiempo lo hacíamos aquí también, y orábamos los unos por los otros, por los que estábamos invitando, pero esta comunión también se ha perdido. Necesitamos recuperarla, y perseverar en todas estas cosas que hemos aprendido para vivir unánimes en la vida del reino.
II.- Unánimes en la vida del reino (43-47)
Miren ahora el v.43. El estilo de vida de los cristianos hizo que el temor de Dios viniese al corazón de la toda la gente alrededor. También el poder de los apóstoles que hacían milagros y señales delante de ellos. Aquí la palabra temor no quiere decir que le tuviesen miedo a Dios o a los cristianos, sino que sentían un respeto por Dios y por el estilo de vida de ellos, al punto de que ellos querían vivir ese estilo de vida también. Cuando nosotros vivimos el reino de Dios en esta Tierra, la gente nos respeta por nuestras creencias y también les gustaría vivirlas. ¿Nunca les han dicho: “me encanta tu fe en Dios, desearía tenerla también”? Este era el temor que sobrevenía sobre todas las personas.
Aquí podemos ver que los apóstoles hacían maravillas y señales por el poder del Espíritu Santo, y quizás alguno de ustedes se esté preguntando por qué yo no hago alguna señal o milagro si estoy lleno del Espíritu Santo. Pues, porque eso tenía un propósito en aquella época como nos explica el autor de Hebreos: “testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.” (He. 2:4). Como les mencioné antes, en aquel momento los cristianos no tenían la Biblia completa, sino solo la Biblia Hebrea. Pero lo que los discípulos enseñaban era algo totalmente nuevo. ¿Cómo podían saber los que escuchaban que ellos estaban hablando nueva revelación por el Espíritu Santo? Por las maravillas y señales que hacían. Dios estaba testificando con esos milagros y prodigios que los apóstoles estaban predicando verdaderamente Su Palabra, aunque no pudiesen leerla claramente en el Antiguo Testamento.
Pero hoy ya tenemos la revelación completa de las Escrituras. Tenemos la Biblia completa en nuestras manos. Así que si yo predico algo aquí, ustedes pueden ver en las Escrituras si lo que yo digo es cierto o no. Y si lo que yo digo contradice las Escrituras, entonces yo no estoy hablando por el Espíritu Santo. Pero sí lo que yo digo concuerda con las Escrituras, entonces el reino de Dios está en medio de nosotros. Y aunque ustedes no me vean sanando un enfermo o resucitando muertos por el poder del Espíritu Santo, pueden ver cómo sus heridas emocionales son sanadas por la Palabra de Dios a través de los estudios bíblicos y los mensajes dominicales, como han pasado de muerte a vida al aceptar a Jesús como su Salvador. ¿No es esta una gran maravilla? ¿No son señales de que el Espíritu Santo está obrando entre nosotros? ¡Ustedes son testimonios de la obra que el Espíritu Santo está haciendo en medio de nosotros!
Miren ahora los vv. 44-45 por favor. Aquí uno podría interpretar erróneamente que todos los cristianos vivían juntos. Que todos habían vendido sus casas y todas sus cosas para mudarse juntos. Pero esto no es prácticamente posible, ya que estamos hablando acá de más de tres mil personas. ¿Cómo vivirían juntos unas tres mil personas en Jerusalén? Pero lo que se explica acá es que la gente no tenía apego a sus cosas materiales. Ellos entendían claramente que todo lo que tenían era de Dios y ellos sólo eran administradores de esos bienes. Por eso, al ver que algunos estaban en necesidad, vendían sus propiedades o bienes para repartirlos entre aquellos menos favorecidos. ¡Ellos se preocupaban verdaderamente los unos por los otros! Esto venía de la comunión que tenían los unos con los otros.
Dios quisiera que nosotros pudiésemos tener este corazón. Vender todo lo que tenemos y comprar un edificio o varias casas en una barriada, y vivir todos juntos allí. Tener nuestro Centro Bíblico allá, atender a los estudiantes universitarios, reunirnos juntos todos los días para comer Pan Diario en la mañana, para orar, para compartir los alimentos, para ayudarnos los unos a los otros. Vivir como una comunidad del reino de Dios. Pero, lamentablemente, nuestro corazón pecaminoso nos impide hacer eso. Cada quien vela por lo suyo propio. “Yo tengo mi casa grande, ¿por qué la voy a vender para mudarme a una casa más pequeña?” “Allá hace mucho calor”. “Mi casa vale más que la de fulano, ¿Por qué me voy a sacrificar para mejorar la calidad de vida de él?” Y si vivimos juntos, entonces también empezarían las quejas los unos contra los otros. “¿Por qué tengo que fregar yo otra vez?” “Este hermano entró con los zapatos sucios e hizo un desastre.” En fin, la lista de quejas sería interminable.
Aunque sería maravilloso vivir así como los primeros cristianos, aún ellos mismos perdieron esa comunión poco tiempo después y empezaron a quejarse. Somos seres humanos pecadores, egoístas, orgullosos y avaros, así que sería muy complicado alcanzar esta hermosa comunidad. Sin embargo, debemos hacer nuestro máximo esfuerzo para construir una iglesia dirigida por los valores del reino, y preocuparnos genuinamente los unos por los otros, ayudándonos los unos a los otros.
¿Cómo podríamos hacer esto? El secreto está en el v.46 y en el título del mensaje de hoy. Miren por favor el v.46. Perseverando unánimes. Tenemos que asistir constantemente a la enseñanza de la Palabra, al compartir y a la oración de forma unánime, es decir, con un mismo ánimo. Ellos podían vivir de esa manera el reino de Dios aquí en la Tierra porque todos tenían un mismo ánimo y un mismo sentir.
¿Cuál ánimo o sentir era ese? El apóstol Pablo se los recuerda a los hermanos en Filipos: “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Flp. 2:1-8).
Debemos tener el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, despojarnos a nosotros mismos y convertirnos en siervos de los demás. Si todos y cada uno de nosotros hacemos esto, ¿cuán preciosamente viviríamos el reino de Dios en esta Tierra? Oremos, pues, para que cada uno de nosotros tenga humildad y estime a su hermano como superior a sí mismo, y le sirva con amor con su tiempo y con sus bienes, de manera tal que no haya ningún necesitado en medio de nosotros.
Miren nuevamente los vv. 46-47a. Los primeros cristianos perseveran unánimes cada día en el templo, es decir, orando y adorando a Dios; cada día en las casas compartían el pan, recordaban el significado del sacrificio de Jesús y escuchaban la enseñanza de los apóstoles; y todo esto lo hacían con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios. Recuerdo que así eran los días previos y posteriores a las convivencias en Venezuela. Todos íbamos a la iglesia casi a diario para preparar nuestros programas, orar por los invitados y los programas, estudiar la Biblia, comer Pan Diario, y estábamos en la iglesia hasta muy tarde en la noche. Y estábamos todos juntos con alegría, incluso compartiendo los alimentos. Eran tiempos muy hermosos.
Mi oración es que también podamos alcanzar este nivel de comunión en UBF Panamá para que el reino de Dios sea manifiesto en medio de nosotros. Que tengamos una excelente relación con la comunidad de la Universidad de Panamá, que es nuestro campo de misión, y que de esta manera el Señor añada cada día a la iglesia los que han de ser salvos. Lo único que necesitamos hacer es perseverar unánimes, asistiendo fielmente a nuestros estudios bíblicos y al Culto Dominical; compartir los unos con los otros; y orar juntos para que Dios convierta a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Y rogar también con todo nuestro corazón, como el título de nuestra convivencia: “Venga Tu Reino”. Amén.
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