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NO ES LO QUE TU PIENSES, SINO LO QUE YO PIENSO

Isaías 55:9 “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”

Redactado por: Jaime Delgado - Pastor capítulo Mérida.

Doy primeramente la gloria a Dios por permitirme un año más de vida para escribir una vez más reporte de misión para su obra acá en Venezuela Capítulo Mérida. 

Ha sido para mí un privilegio el estar sirviendo la obra del Señor ya durante ya casi 10 años, y de todos los años que tengo aquí, este 2020 ha sido uno de los más fuertes e inesperados por diversas circunstancias, tanto políticas, económicas y sociales.

Nuestro país Venezuela como es bien sabido por todos, atraviesa por una gravísima crisis económica, un panorama de hiperinflación, escasez de alimentos, medicinas, problemas políticos para tomar el poder y/o mantenerse en él, una profunda división social y como si fuera poco, la aparición del Covid-19 que ha sido y es una situación de incertidumbre, ya que se han dicho muchas cosas que no son ciertas y se han escondido otras que ha traído confusión, desespero, resignación y muertes innecesarias.

En nuestro capítulo estuvimos orando al Señor por disponer de un centro para obra de UBF. Durante 9 años estuvimos haciendo servicios dominicales en 6 lugares diferentes, realizando una serie de gastos por concepto de alquiler que aunado a la situación económica del país ya era imposible continuar pagando, por lo que en última instancia se tomó decisión de hacer todas las actividades de la iglesia en la sala de la casa donde actualmente vivo con mi esposa e hijos.

En este lugar hemos estado haciendo los servicios durante los últimos 3 años, sin embargo, el espacio es muy reducido, pues se trata de una sala pequeña en la que caben máximo 15 personas sentadas. Esto resultaba una dificultad ya que el lugar se llenaba por completo. En ocasiones quedaba gente de pie para escuchar el mensaje, pero nos impedía invitar nuevas personas porque el lugar ya era pequeño y también implicaba mezclar la privacidad del hogar con el recibir a todas esas personas y realizar las actividades. 

Al principio de este año 2020 estábamos en esta condición, y orábamos a Dios para conseguir otro lugar o poder remodelar piso superior que estaba sólo con media pared y sin techo. Pero viendo que la crisis económica cada día era más fuerte, la condición económica de algunos hermanos era y es actualmente grave, y la aparición de pandemia de Covid-19 hizo que nuestros pensamientos fuesen poco esperanzadores, en mi caso personal me desanimé mucho porque veía cada día más lejos la posibilidad de tener un lugar para nuestro centro de UBF y pensaba que la obra se iba a detener, muy especialmente por las restricciones que implica las medidas de seguridad y distanciamiento de la pandemia y también el pensar que podíamos recibir alguna sanción por reunirnos en ese lugar tan pequeño.

Pero en este momento es donde vimos la mano de Dios reflejada en el versículo de Isaías que cito arriba: “así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” Una cosa era lo que yo y mis hermanos pensábamos, pero otra muy diferente era lo que Dios estaba pensando y en lo que ya estaba trabajando.

A principios de 2020 por la misericordia de Dios puesta en el corazón de sus siervos de UBF de otros países, recibimos una ofrenda con la cual comenzamos a adquirir los materiales necesarios para elevar la pared, colocación de techo, instalación de agua y electricidad, y posterior acondicionamiento del lugar para iglesia. Las primeras remodelaciones se comenzaron en el mes de febrero de 2020, pero en marzo al llegar la pandemia se detuvo la remodelación, no había ningún local abierto de ferretería y no podíamos comprar ningún material. 

En esos días tomamos la decisión de hacer los servicios dominicales cada familia en su casa. Este cambio ciertamente trajo bendición a nuestros hermanos, ya que tenían que preparar mensaje y adoración en cada familia y fue buen tiempo de entrenamiento para ellos, pero sin quererlo, el desánimo y el distanciamiento poco a poco fue haciendo su efecto. Había un ambiente de enfriamiento, aunque nos reuníamos para conversar temas de ovejas y cómo haríamos los servicios y actividades de la iglesia, se sentía la ausencia de ese calor de hogar que antes teníamos. Veíamos que, aunque se había comenzado la obra de remodelación, no sabíamos si se podría culminar, ya que al momento de comenzar los arreglos nos dimos cuenta que el presupuesto del que disponíamos era muy poco para terminar lo que se había comenzado. Por segunda vez volvió a mi mente pensamiento de desánimo, sentía que posiblemente había tomado decisión emocional y alejada de la voluntad de Dios, y todo esto se reflejó en la congregación.

A mediados del año 2020 nuestra congregación tuvo un episodio de desánimo bastante desagradable, hubo de parte de todos quejas y pensamientos incorrectos para con nuestros hermanos. Caímos en fuertes discusiones, insultos, críticas, etc. Yo por un momento sentí que la congregación estaba a punto de derrumbarse y que cada quien se iría por su lado. Esta situación también afectó a mi matrimonio, el cual también tuvo una situación de desánimo muy fuerte, pues también a principios de pandemia había nacido nuestro segundo hijo Moisés Daniel y pues había una mezcla de gastos en él que no podían esperar, mucho polvo en la casa, sumado a los problemas ya mencionados.

Sinceramente llegué a pensar en entregar el ministerio y pedir que otra persona se encargara de esto, esta situación ya se hacía insoportable, pues había una obra de remodelación a medias, todo estaba lleno de polvo y escombros, una congregación desanimada y dividida, una familia que vivía allí y que también se sentía desanimada, mucha incertidumbre de cuándo volveríamos a retomar la vida normal y poder intentar todo de nuevo. 

Pero por segunda vez Dios nos mostró a todos que sus pensamientos están muy, pero muy por encima de los nuestros, así como el cielo está bien alto de la tierra. En los últimos 4 meses del año 2020 nuevamente la mano de Dios se manifestó en nuestro ministerio. Ya que comenzó en Venezuela una etapa de flexibilización en la que los negocios podían abrir de nuevo (incluyendo mi pequeño negocio de papelería), poco a poco se pudo comprar los materiales faltantes, también recibimos ofrenda especial y en período de tres meses se pudo culminar los trabajos de remodelación, pero lo más importante es que Dios no sólo trabajó en el templo físico sino también en la congregación, ya que poco a poco también entendimos que era necesario sacar de nuestro corazón las cosas que no nos agradaban, esa situación sirvió para conocernos más, para establecer compromisos entre todos, que no sirve de nada tener un centro de UBF con una congregación desunida y desanimada, tuvimos un avivamiento en el Señor quien nos enseñó que todo está bajo su control y mando, y que no hay nada que este fuera de su alcance. No hay pandemia, ni hiperinflación, ni escasez, ni amenazas, ni ninguna otra cosa creada que nos aparte del amor de Cristo y que todo lo que nos ocurre es para nuestro bien, esto siempre y cuando nos mantengamos en Dios a pesar de los momentos en los que sentimos que ya no vale la pena seguir.

Doy la gloria a Dios porque nos hizo entender que para Él no hay nada que no pueda realizarse, le doy gracias por todos los momentos difíciles y amargos de este año, los cuales nos hicieron más fuertes y comprender claramente que en realidad era nuestra congregación la que necesitaba remodelarse para poder así tener un centro de UBF también remodelado y listo para recibir las nuevas ovejas. Oro para que el 2021 sea un año de grandes bendiciones, que seamos pasados por el fuego del Espíritu Santo y entendamos siempre que el pensamiento de Dios siempre estará por encima del nuestro. Amén.

PD: Fotos adjuntas en presentación de Power Point.

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