Lucas 7:36-50

7:36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.
7:37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;
7:38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.
7:39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
7:40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.
7:41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
7:42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?
7:43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
7:44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.
7:45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
7:46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.
7:47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.
7:48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.
7:49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?
7:50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vé en paz.

TUS PECADOS TE SON PERDONADOS


Saludos mis amados hermanos ¡Dios los bendiga! Hoy vamos a hablar del perdón. Pero no del perdón horizontal (que es entre nosotros), sino del vertical que es el que ofrece Dios al hombre. Este tema me gusta mucho y es tan importante que en los siglos XI al XV por no saberlo bien, hubo una crisis espiritual en la iglesia y muchas personas fueron engañadas y estafadas. ¿Han oído de la venta de indulgencias en la Edad Media? Las indulgencias eran cartas que se vendían en la iglesia para tener supuestamente “la remisión ante Dios de los pecados” y poder alcanzar la vida eterna. Las personas no solo compraban indulgencias por sí mismos, sino también por sus familiares ya muertos. Y muchos adinerados llegaron a vivir desenfrenadamente porque tenían poder adquisitivo para comprar estas cartas. Esto era un gran error.

Sin embargo, en el pasaje de hoy vamos a aprender que el perdón de pecados no viene de nuestro dinero, tampoco lo puede dar la iglesia, ni los pastores, sino que viene de Jesús y por su inmensa gracia. En la historia de esta mañana hay una mujer que era conocida como una pecadora pública, alguien a quien todos condenaban, pero que por la gracia y misericordia de Dios fue perdonada gratuitamente de sus pecados. Aunque vamos a aprender otros aspectos, mi oración principal hoy es que aprendamos que en Jesús podemos hallar el perdón de nuestros pecados y ser libres de las consecuencias que este tiene, es decir, la muerte eterna.

DOS ACTITUDES DIFERENTES

Leamos el v.36 “Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.” La semana pasada aprendíamos de Juan el Bautista, vimos que él estando preso, tuvo una duda de Jesús y para resolverla envió a dos de sus discípulos a preguntarle si él era el Cristo. Pero también aprendimos que después de aclarada la duda, el Señor predicó el evangelio del reino y dijo que aunque Juan era el mayor profeta que jamás haya nacido, aún el más pequeño en el cielo sería más privilegiado que él. Ante este mensaje de Cristo hubo dos respuestas, el pueblo y los publicanos lo acetaron y se arrepintieron, pero los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios (v.30).

Sim embargo, aunque los fariseos rechazaron el mensaje de Jesús, hubo uno en particular -llamado Simón- que le rogó a Cristo para que fuese a comer a su casa. Y aunque esta petición ciertamente era muy extraña, como hemos visto en los versos recién leídos, Jesús aceptó y fue a comer con él. Vamos a comparar -y aprender- de la actitud de dos personas que se acercaron a Jesús:

Primero, la mujer pecadora. Leamos los vv.37,38 “Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.” Una mujer al saber que Jesús estaba en la casa de Simón, irrumpió en el lugar. Ella era particular, pues era una pecadora de público conocimiento. Probablemente se trataba de una prostituta. Estando en la casa, ella postró a los pies de Jesús, y los lavó con sus propias lágrimas y su cabello. Y al mismo tiempo que besaba los pies del Señor derramó en ellos un perfume que trajo en un vaso de alabastro. Sin duda, el accionar de esta chica resulta extraño y hay varios aspectos a resaltar en su conducta.

Lo primero es que ella se acercó al banquete, aunque nadie la invitó, y no le importó exponerse al escarnio público. En un lenguaje popular podríamos decir que ella se metió en la boca del lobo, porque esa casa era de un fariseo legalista, amigo de los demás líderes religiosos, que podían condenarla a muerte. Y es que acercarse a Jesús no siempre es fácil, a veces debemos sufrir la oposición de los que nos rodean (de la familia, amigos, compañeros, sociedad, etc.) e incluso podría generar peligro a nuestras vidas (países comunistas, musulmanes, etc.) Pero aún así debemos hacer lo mismo que hizo esta chica: no frenarnos, sino acercarnos a Dios confiadamente. Esto es un acto de fe que demuestra confianza en que Dios nos cuida. Gracias a Dios, en nuestro contexto no tenemos una persecución de vida muy explícita, como sí la hay en otros países, pero sí sucede que mucha gente no busca a Dios por el miedo al “qué dirán”. Pero no tiene sentido frenarnos, porque hagamos lo que hagamos, siempre habrá personas que nos critiquen, nos juzguen e incluso que nos condenen. Entonces si de todas formas van a hacernos esto, que sea por hacer lo correcto, buscar a Dios, más que por otras cosas vanas.

Otra cosa que aprendemos de la mujer pecadora es su corazón desprendido, lo que llevó a darle a Cristo lo más valioso que ella tenía. El vaso de alabastro con perfume era un frasco de fragancia que las mujeres atesoraban por muchos años en su juventud, con la intención de usarlo el día de su boda. Esta fragancia podía ser muy cara, según Marcos 14:5 podría costar hasta 300 denarios, eso es el sueldo de más de un año de un obrero (entre 200 y 300 mil pesos), pero aún así esta mujer se lo derramó a Cristo en los pies. Esto no solo tenía implicaciones económicas, sino también sentimentales, porque darlo era como regalarle a Jesús el sueño dorado de toda chica: el matrimonio con su príncipe azul. Cuando nosotros nos acercamos a Jesús deberíamos tener un corazón desprendido, para poder darle lo mejor. Hoy nosotros no guardamos un frasco de perfume como este, pero tenemos otras cosas valiosas, como el tiempo, nuestra profesión, y obviamente dinero. También tenemos sueños humanos como esa chica, y de esto también deberíamos estar dispuestos a desprendernos por causa de Cristo, esto también es un acto de fe. Es confiar que Jesús proveerá.

Lo último que quiero resaltar de la mujer, es su humildad. Ella fue tan humilde que se postró a los pies del Señor, esta era una posición humillante, y que la gente hacía solo ante los reyes u otras eminencias. Además, la mujer le limpió los pies a Jesús, otra muestra de humildad, porque esta labor estaba reservada para los esclavos. Y no bastando con esto, para lavar los pies de Cristo ella usó su propio cabello, que en la cultura judía era sagrado. Las mujeres solo le mostraban la cabellera a sus esposos e hijos. Y en la niñez a padres y hermanos. Esta más que una muestra de humildad, es un acto que denota confianza plena de ella hacia Jesús. Aunque parezca insólito, muchas veces nosotros no somos humildes al acercarnos a Dios, y en ocasiones no confiamos completamente en él. Por ejemplo, cuando nosotros cuestionamos la forma en que Dios trabaja, no estamos siendo humildes, la mismo pasa cuando nos resistimos a hacer las cosas como él quiere, y queremos hacerlo todo a nuestro modo y en nuestro tiempo. Por otra parte, solemos esconderle áreas de nuestra vida a Dios, es decir, que en algunos aspectos puntuales no oramos, ni buscamos su voluntad, sino que hacemos todo como nos parece a nosotros o le parece a otra persona que nos está aconsejando (tal es el caso del matrimonio, las decisiones de negocio, o académicas) eso no es confianza plena y eso no está bien. Deberíamos aprender de la mujer pecadora que si fue humilde y confió plenamente en Cristo Jesús.

Entonces, en síntesis, son cuatro las actitudes de la mujer que debemos aprender: (1) no preocuparnos por qué dirán los demás cuando buscamos a Jesús, sino por el que dirá Dios (2) tener un corazón desprendido para darle las cosas valiosas de nuestra vida (3) ser humildes (4) confiar plenamente en Cristo. Ahora veamos la actitud de la segunda persona que buscó a Jesús en esta historia

Segundo, Simón el fariseo. Leamos el v.39 “Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.” Aunque mencioné primero a este hombre, antes que a la mujer, quise hablar de él después porque su conducta no es tan clara en un principio, sino que su actitud se muestra después que la mujer pecadora busca a Jesús. Quizá al principio podríamos tener dudas, si realmente este fariseo era diferente a los que rechazaron a Cristo, o si efectivamente su invitación tenía alguna doble intención. Los versos que acabamos de leer nos dan una idea más clara. Fíjese que, aunque la mujer fue la que actuó, irrumpiendo en su casa y ungiendo al Señor, el fariseo no solo la critica a ella, sino que primero cuestiona a Jesús, diciendo: si este realmente fuera profeta, sabría quién es esta mujer que le toca. ¿esta actitud no les parece sospechosa? ¡Si! De hecho es evidencia que él no estaba convencido de la autoridad de Cristo, que no lo asumía como el Señor, sino que sospechaba que fuese un profeta nada más. Aparentemente la intención de su invitación no era servir con amor al Señor, sino investigarlo y tratar de “capturarlo” en algún error.

Pero esto es más claro en los siguientes. Leamos los vv.44-46 “Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.” Los judíos tenían algunas costumbres específicas con respecto a la atención de los invitados. Cuando alguien llegaba a una casa, lo normal y mínimo que hacía un buen anfitrión, era lavar los pies del invitado con agua (o pedirle a un siervo que lo hiciera), porque como ellos usaban sandalias y los caminos eran de tierra, sus pies se ensuciaban mucho. También, al invitado se le daba un beso de bienvenida y se le untaba la cabellera con aceite de oliva, como una especie de perfume. Si la intención de Simón el fariseo hubiese sido servir con amor a Cristo, él al menos habría hecho esto, pero ninguna de las tres cosas hizo. El fariseo no sirvió a Jesús.

Vemos que efectivamente Simón tenía intenciones ocultas con respecto a Jesús, y esta es una mala actitud que aunque sabemos que debemos imitar, muchas veces hasta los cristianos la imitamos. Por ejemplo, hay gente que solo busca a Cristo cuando tiene un favor que pedirle, de resto lo tiene abandonado, eso es una intención oculta. Otros se acercan al Señor, no para seguirle como su discípulo, sino por otra causa, como una moda, interés económico, por conocer buenos amigos o para casarse. Pero es evidente que no tiene sentido este tipo de hipocresías, porque Jesús conoce nuestros corazones, y todos los que se acerquen a él con intenciones ocultas algún día serán expuestos y humillados.

A veces pensamos que solo basta con acercarnos a Jesús, pero también es importante el por qué lo hago y cómo. Aquí tenemos el ejemplo de este fariseo, que si bien se acercó a Cristo, lo hizo con intenciones ocultas de juzgarlo y no para servirle. Pero por otro lado está una mujer, que aunque tenía una mala reputación, se acercó a Jesús sin importar lo que fuesen a decir de ella, lo hizo desprendidamente, también con humildad y plena confianza en él. Aún no hemos visto el desenlace de esta historia, pero ya debemos empezar a pensar ¿como quién estamos siendo? ¿y como quién queremos ser? Oro a Dios que seamos sinceros en esta respuesta y muy responsables en las correcciones respectivas que debamos tomar. Es bueno que recordemos que quizá a la gente la podamos engañar. Esto incluye a los hermanos en Cristo, al pastor, los misioneros, etc. pero a Dios nadie lo puede engañar. No perdamos el tiempo intentándolo. Aprovechemos ese tiempo y energías en mejorar la forma en que buscamos al Señor. ¡Amén!

LA PARÁBOLA DE LOS DEUDORES

Leamos los vv.41-43 “Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado”. Esta fue la respuesta de Jesús al fariseo cuando él le cuestiono diciendo si este realmente fuera profeta, sabría quién es esta mujer que le toca. La parábola es fácil de comprender, un prestamista tenía dos deudores, uno debía 10 veces más que el otro y los perdonó a ambos, lo lógico es que el que debía más plata estuviera más agradecido y por ende amara más al acreedor. ¿Pero qué quería mostrar Jesús con esta parábola? Algunos creen erróneamente que esta historia significa que hay una diferencia -en cuanto a la cantidad o gravedad- entre los pecados, pero esto no es correcto, porque pecado es pecado, aunque las consecuencias sean distintas, todos los pecados tienen la misma consecuencia: la muerte. Entonces ¿qué quiere decir esta parábola? Que el amor que el deudor manifiesta a su acreedor, es proporcional a la deuda que él reconoce que tiene. Por lo cual el problema no es quién haya cometido más pecados o pecados más vistosos, sino lo que reconozcamos.

Por esto la mujer que era pecadora amaba muy profundamente a Jesús, porque ella se reconocía como pecadora, ella sabía que podía morir a causa de sus maldades y por eso era que lloraba, de arrepentimiento. Pero también por eso le entregó todo a Jesús muy sinceramente. Cosa que no hizo Simón el fariseo ¿por qué? porque él no se reconocía como pecador, al contrario, se creía tan justo como para juzgar a esta mujer y al mismo Jesús. Por lo cual, hermanas(os), si nosotros estamos teniendo una actitud como la del fariseo (de orgullo, juicio, hipocresía o de no servicio a Dios) es porque no estamos reconociendo el tamaño de la deuda de pecado que tenemos y por eso no somos agradecidos. En otras palabras, nos creemos equivocadamente que somos justos. ¿Y cuál es el problema de esto?

Leamos los versos v.47,48 “Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.” Aunque Jesús estaba en un mismo lugar tanto con Simón, como con la mujer pecadora, él solamente perdonó a la mujer. ¿por qué? porque ella fue la única que reconoció su pecado, se arrepintió y dio frutos de ese arrepentimiento (fe, servicio a Dios, humildad, sinceridad). Entonces el problema de no reconocer nuestros pecados es mucho más grave de lo que pensamos, porque tiene implicaciones de vida eterna.

La verdad es que el perdón que recibió esta mujer, y que también recibimos nosotros, no lo merecemos. Solo es por la gracia de Jesús que podemos ser perdonados. Porque Jesús pagó en la cruz la deuda que nosotros debíamos pagar. Al principio les hablaba de la venta de indulgencias del medievo, y ahora podemos ver por qué no tiene sentido que nosotros tratemos comprar la salvación, porque el perdón solo lo puede dar Jesús y proviene de su inigualable gracia. Sin embargo, el v.50 nos habla de un aspecto ligado a esto, muy importante, veamos cuál es “Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz” Se trata de la fe. Aunque ciertamente no hay nada que podamos hacer para forjar nuestra salvación, hay una decisión que debemos tomar y que Dios ha dejado en nuestras manos como parte del libre albedrio. Debemos aceptar o rechazar. Pero esto es un acto de fe. Por eso Jesús le dijo a la mujer: tu fe te ha salvado. No es que la fe sea billete de cambio para tener la salvación, más bien es un medio. Efesios 2:8 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”

De esta manera, el pasaje de hoy nos posiciona en una encrucijada de vida o muerte. Hoy hemos aprendido que en el sentido que reconozcamos nuestros pecados y nos arrepintamos de los mismos con la fe puesta en que Dios nos salvará, podremos ser beneficiarios de esa maravillosa gracia. Si bien la salvación es por gracia, debido a la cruz y resurrección de Jesús, debemos aceptarla. Sé que muchos acá ya hemos tomado esta decisión de fe, pero la palabra de hoy nos traza la siguiente pregunta ¿realmente estamos dando frutos de esa decisión? la clave de la respuesta está en compararnos con Simón el Fariseo o con la mujer que era pecadora. Mi oración es que todos seamos como esta mujer y seamos objeto de la gracia de Dios. No importa cuán grande sea nuestro pecado hermano. No importa cuánto tiempo lo hemos estado practicando. Jesús hoy nos dice: tus pecados te son perdonados. La gracia de Dios cubre la multitud de nuestras faltas.

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