Marcos 16:14-20

16:14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.
16:15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
16:16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
16:17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;
16:18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
16:19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.
16:20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.

ID Y PREDICAD EL EVANGELIO A TODA CRIATURA


Buenos días. La semana pasada tuvimos nuestra Convivencia Bíblica de Panamá 2026: ¡Jesús Ha Resucitado! Celebrada por vez primera en Semana Santa. Así que aprovechamos esos días para meditar profundamente en el juicio injusto, el sufrimiento atroz, la muerte vergonzosa en la cruz y, sobre todo, la gloriosa resurrección de nuestro Señor, tal como lo narra Marcos en los capítulos 15 y 16. 

¡Jesús Ha Resucitado! La historia no terminó en la cruz. En el mensaje dominical en la convivencia vimos cómo el Señor Resucitado se apareció primero a María Magdalena, luego a dos discípulos en el camino a Emaús, y finalmente a los Once, que estaban reunidos, asustados e incrédulos. Ese mensaje concluyó precisamente en el v.14, el primer versículo de nuestro pasaje bíblico de hoy, mostrando cómo Jesús les reprochó su incredulidad y les dio una prueba fehaciente de Su resurrección.

Sin embargo, el Evangelio de Marcos no termina ahí. Hoy vamos a profundizar los últimos versículos de este evangelio, donde Jesús Resucitado les da a Sus discípulos —y a nosotros— la Gran Comisión: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (v.15). Pero retomaremos desde el v.14 para recordar claramente Quién nos envía: Jesús Resucitado, nuestro poderoso Salvador que venció al pecado y la muerte. 

Oro para que el Espíritu Santo abra nuestros corazones y recibamos esta misión no como una carga, sino con gozo, fe y santa obediencia. Que, fortalecidos por el poder de Jesús Resucitado, seamos Sus testigos fieles, yendo a predicar el evangelio de Su muerte y resurrección a toda criatura, comenzando por nuestro campo de misión: la Universidad de Panamá. Y que, al ser obedientes a esta misión, el Señor nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.

Leamos juntos el v.14, por favor. Como vimos la semana pasada, los once apóstoles se negaron a creer el testimonio de María Magdalena y de los dos discípulos que regresaron de Emaús. A pesar de que el Señor les había anunciado Su resurrección, el miedo y la tristeza los había abrumado tanto que no podían recordar ni aceptar Sus promesas. Se supone que ellos, como sus discípulos más cercanos, tuvieran la fe para creer aunque no hubieran visto; sin embargo, sus emociones y su propio pensamiento les impidieron creer el testimonio. 

Fue en ese contexto que Jesús Resucitado se les apareció personalmente, mientras estaban sentados a la mesa, probablemente en el mismo aposento alto donde habían celebrado la última cena. Su aparición disipó toda duda sobre la realidad de Su resurrección. ¡Jesús verdaderamente había resucitado! Pero el Señor no pasó por alto su incredulidad. Les reprochó con amor y firmeza su falta de fe y la dureza de su corazón, porque habían rechazado el testimonio de tres testigos confiables.

Es muy probable que les reprochase con las palabras que aparecen en Luc. 24:44-46: “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día”. Ya Él les había dado la Palabra y la promesa. No una, ni dos, sino ¡tres veces! Ellos solo tenían que recordarla y creerla. Pero se dejaron abrumar por las circunstancias.

Hermanos, esto nos habla también a nosotros hoy: No dejemos que nuestras emociones o nuestro propio pensamiento nos hagan dudar de la voluntad de Dios para nosotros. Aunque las circunstancias no parezcan estar a nuestro favor, o incluso, parezca estar en contra, Jesús Resucitado quiere que Panamá se convierta en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. ¿Lo creen? ¿Hemos recibido nosotros estas palabras y promesas del Señor? Él quiere que tú y yo seamos parte de esto. ¿Nos dejaremos abrumar por nuestras circunstancias, o creeremos y obedeceremos? ¡Creamos, pues, y obedezcamos fielmente al Señor! ¡Amén! 

La visión de Jesús Resucitado y Sus palabras fortalecieron a aquellos discípulos desanimados y atemorizados. Lo que antes era incredulidad y temor, ahora se convirtió en valentía y convicción. ¡El encuentro con el Señor Resucitado los transformó por completo! Aunque Marcos no describe esto explícitamente, lo sabemos por el cambio de actitud de ellos. Y porque Jesús Resucitado, inmediatamente después, les da la Gran Comisión. Leámosla juntos en los vv. 15-18, por favor: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”

Veamos el significado de esta Gran Comisión en detalle. Primero, Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Leamos nuevamente el v.15, por favor. Hasta ese momento, el ministerio terrenal de Jesús se había concentrado principalmente en Israel. Pero ahora, el Señor resucitado amplía dramáticamente el horizonte: ya no es solo para el pueblo judío, sino para todo el mundo y para toda criatura. Este mandato rompe todas las barreras geográficas, culturales y étnicas. Vemos el cumplimiento de esta orden en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Los discípulos, con el poder del Espíritu Santo, comenzaron a predicar en Jerusalén, siguieron por toda Judea y Samaria, y llegaron hasta los confines del imperio romano.

Y es importante destacar algo: este mandamiento no fue dado solamente a los once apóstoles. De hecho, uno de los mayores misioneros de la historia de la Iglesia, el apóstol Pablo, ni siquiera estaba presente cuando fue dado el mandamiento. Esta es la Gran Comisión, también llamada la Misión General de la Iglesia. La misión no es solo una actividad más de la iglesia; es su razón de ser, su propósito principal. Según las palabras del Señor Resucitado, la tarea central de Su Iglesia es evangelizar al mundo. Somos llamados a ir y predicar el evangelio a toda criatura. 

Pero este mandamiento de Jesús no es para cada iglesia en particular. Es decir, no es que cada iglesia tiene que ir por todo el mundo predicándole a los indígenas, militares, políticos, universitarios, enfermos, huérfanos, presos, viudas, drogadictos, alcohólicos, prostitutas, indigentes, etc., etc., etc. Si una iglesia tiene la capacidad y el llamado para llegar a varios de estos grupos, ¡gloria a Dios! Que lo haga con todo el corazón. Sin embargo, la realidad es que ninguna iglesia local puede abarcarlo todo.  

Este mandamiento es para la Iglesia Universal, el Cuerpo de Cristo compuesto por todas las congregaciones, ministerios, organizaciones y creyentes verdaderos del mundo que aceptan a Jesús como Señor y Salvador, y siguen Sus enseñanzas. Cada iglesia o ministerio que forma parte de la Iglesia Universal de Cristo puede tener una misión específica que contribuye al cumplimiento de esta Misión General de la Iglesia. 

Una iglesia local, como la Iglesia Bautista El Dorado, por ejemplo, tiene la misión de predicar el evangelio a todas las personas de la comunidad en la que se encuentra. El propósito de una iglesia local, es que toda la comunidad pueda aceptar a Cristo como su Salvador y tengan un lugar en el cual reunirse para compartir juntos la gracia y el amor de Dios. Aunque esta iglesia no está yendo por todo el mundo, y quizás no le está predicando a toda criatura, está cumpliendo la esencia de la Gran Comisión: predicar el evangelio a las personas que los rodean.

Entonces, la misión fundamental que Jesús nos dejó es clara: predicar el evangelio. Toda iglesia que profese ser cristiana debe predicar el evangelio. Si una iglesia no predica el evangelio, ha perdido su razón de ser y deja de cumplir el mandato del Señor. Sin embargo, a quién y dónde va a predicar el evangelio depende del propósito específico de la iglesia, y de la visión que Dios le dé al líder o a los líderes de la iglesia. 

En el caso de nuestro ministerio UBF, Dios dio una visión clara a nuestros fundadores, el Dr. Samuel Lee y la Madre Sarah Barry: predicar el evangelio en los campus universitarios de todo el mundo. Ese ha sido el propósito con el cual Dios ha usado a UBF por más de sesenta años. Nosotros no somos una iglesia local enfocada en la comunidad en la que nos asentamos, sino un ministerio enfocado en los jóvenes universitarios. Esto no significa que no recibamos con gusto a personas que no son estudiantes; al contrario, nuestra visión es ganar estudiantes para Cristo y, a través de ellos, transformar toda nuestra sociedad y convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios.

Como parte de la Iglesia Universal de Cristo, nuestra misión es predicar el evangelio. Pero, ¿qué es el evangelio? 1Co. 15:3-4: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. Este es el evangelio: la buena noticia de que Jesús murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día cumpliendo las Escrituras. Esta es la noticia que debemos proclamar. 

¿Y a quién debemos predicarlo? Marcos 16:15 responde: “a toda criatura”. A toda persona con quien nos encontremos. Sin embargo, en el caso específico de nuestro ministerio, el campo de misión que Dios nos ha encomendado es la universidad. Debemos ir al campus y predicar el evangelio. Nuestro campo de misión actual es la Universidad de Panamá y hacia allá debemos estar enfocados. Eso no quiere decir que no les vamos a predicar a los estudiantes de la UTP, la USMA, la Latina, la UIP, la UAM, la UMECIT, etc. Debemos predicarles a todos los universitarios. Pero, por ahora, nuestro trabajo está enfocado en la Universidad de Panamá, pues la mies es mucha, pero los obreros pocos. Vayamos, pues, a la Universidad Nacional y prediquemos el evangelio.

Amados hermanos, la predicación del evangelio debe ser la prioridad absoluta de nuestro ministerio. Este Centro Bíblico no es un club social donde venimos a pasar un rato agradable con Dios y con los hermanos para luego regresar a nuestra rutina diaria. Este lugar debe ser el centro de oración y estrategia para salir a cumplir la Gran Comisión en el campus conforme a la misión que se nos ha encomendado. Aunque todavía somos pequeños, nunca debe faltar en medio de nosotros la predicación fiel del evangelio. Yo lo hago cada domingo desde este púlpito, pero lo más importante es que cada uno de nosotros lo haga diariamente en la Universidad de Panamá. Si dejamos de predicar el evangelio en nuestro campo de misión, hemos perdido nuestra razón de ser como ministerio. Oro para que el Señor nos impulse a ir con valentía a predicar el evangelio a la Universidad de Panamá y nos conceda ovejas entre los estudiantes que puedan ser las semillas para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.

Segundo, El que creyere y fuere bautizado, será salvo. Leamos juntos nuevamente el v.16. El que crea de corazón que Jesús murió por sus pecados y que resucitó para darle vida eterna, y sea bautizado como testimonio público de su fe, será salvo. Sin embargo, el que no crea será condenado, porque rechazó al Hijo de Dios, el único Salvador. 

Es común pensar que si predicamos el evangelio y nadie responde o se convierte, entonces fallamos o lo hicimos mal. Por eso muchas veces nos desanimamos y dejamos de predicar. Pero debemos recordar algo muy importante: nuestra responsabilidad es predicar fielmente el evangelio. El resultado de la predicación —que las personas crean o no— no depende de nosotros, sino del Espíritu Santo. Nosotros debemos predicar con pasión, con oración y llenos del Espíritu Santo, anhelando de todo corazón que las personas crean. Pero si alguien escucha nuestra predicación y decide no creer, no podemos obligarlo. Nuestra tarea es dar testimonio; la convicción y la conversión son obra soberana de Dios. Por eso, vayamos confiados a la Universidad de Panamá a predicar el evangelio, orando para que muchos estudiantes crean, sean salvos y se bauticen como testimonio público de su nueva vida en Cristo. Amén.

Tercero, las señales que seguirán a los que creen. Leamos juntos los vv. 17-18. Jesús menciona aquí varias señales poderosas que acompañarían a los verdaderos creyentes: “En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” Y efectivamente, en el libro de los Hechos de los Apóstoles vemos cómo muchas de estas señales se manifestaron en los primeros años de la Iglesia. Estas señales fueron muy importantes en aquella época inicial para confirmar el mensaje del evangelio ante personas que nunca antes lo habían oído. Sin embargo, hoy tenemos la Biblia completa, la Palabra de Dios escrita y suficiente. La Escritura es ahora la regla perfecta para discernir si alguien es un verdadero discípulo de Jesús.

Por eso, no debemos obsesionarnos ni convertirnos en buscadores de señales espectaculares. No es necesario salir a agarrar serpientes, beber venenos, ni montar espectáculos de sanidad para demostrar que somos cristianos. El verdadero discípulo de Jesús es reconocido principalmente por su obediencia a la Palabra de Dios, por su amor a Cristo y por el fruto de una vida santa.

Leamos ahora juntos los vv. 19-20. Después de darles estas palabras y permanecer con ellos unos días más, Jesús ascendió al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Desde allí espera el momento en que el Padre le enviará a recoger el fruto de Su sacrificio. Mientras tanto, la Iglesia en la Tierra continúa la misión que Él nos encomendó. Los discípulos hemos estado cumpliendo con el mandamiento que Él nos ordenó y el evangelio se ha esparcido por todo el mundo. Sin embargo, aún falta muchos lugares geográficos y pueblos por alcanzar con el evangelio. 

Según The Joshua Project [El Proyecto Josué], hay aproximadamente 16,409 pueblos o grupos étnicos en el mundo. De ellos, unos 7,148 (43.6%) todavía se consideran no alcanzados (menos del 2% evangélicos y menos del 5% cristianos). ¡Aún queda mucho trabajo por hacer!

Con este sentido de urgencia, UBF está preparando el Congreso de la Misión Mundial en Corea el próximo 17 de mayo y la Conferencia de Misioneros y Pastores, del 17 -20 de mayo. El propósito es renovar la visión y orar para que Dios levante 1,000 misioneros que conquisten los campus universitarios de las naciones que todavía no hemos alcanzado. Actualmente, UBF tiene capítulos en 96 naciones alrededor del mundo. Sin embargo, todavía hay más de 100 países sin explorar. Faltan muchas universidades por evangelizar. En Latinoamérica estamos orando por 16 naciones. Oremos para que Dios levante más de 1,000 misioneros en Corea para continuar con esta labor de evangelización del campus universitario.

Oremos también para que nosotros obedezcamos fielmente la Gran Comisión aquí en Panamá, predicando el evangelio a estudiantes, profesores y toda la comunidad educativa de la Universidad Nacional. Que podamos establecer estudios bíblicos 1:1 y grupales en el campus, y que Dios levante muchos discípulos de Jesús que puedan convertir a nuestro país en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.

ARCHIVOS PARA DESCARGAR



FOROS UBF ESPAÑOL

SUGERIMOS LEER

MÚSICA QUE EDIFICA

SÍGUENOS EN LAS REDES SOCIALES

ACERCA DE UBF

La Fraternidad Bíblica Universitaria (UBF) es una organización cristiana evangélica internacional sin fines de lucro, enfocada a levantar discípulos de Jesucristo que prediquen el evangelio a los estudiantes universitarios.

UBF MUNDIAL

Puede visitar el sitio de UBF en el mundo haciendo clic en el siguiente enlace (en inglés):

SUSCRIPCIÓN BOLETÍN

Ingrese su dirección e-mail para recibir noticias
e invitaciones a nuestras actividades