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Nehemías 3:1 - 4:23
3:1 Entonces se levantó el sumo sacerdote Eliasib con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos arreglaron y levantaron sus puertas hasta la torre de Hamea, y edificaron hasta la torre de Hananeel.3:2 Junto a ella edificaron los varones de Jericó, y luego edificó Zacur hijo de Imri.
3:3 Los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado; ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos.
3:4 Junto a ellos restauró Meremot hijo de Urías, hijo de Cos, y al lado de ellos restauró Mesulam hijo de Berequías, hijo de Mesezabeel. Junto a ellos restauró Sadoc hijo de Baana.
3:5 E inmediato a ellos restauraron los tecoítas; pero sus grandes no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor.
3:6 La puerta Vieja fue restaurada por Joiada hijo de Paseah y Mesulam hijo de Besodías; ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y cerrojos.
3:7 Junto a ellos restauró Melatías gabaonita y Jadón meronotita, varones de Gabaón y de Mizpa, que estaban bajo el dominio del gobernador del otro lado del río.
3:8 Junto a ellos restauró Uziel hijo de Harhaía, de los plateros; junto al cual restauró también Hananías, hijo de un perfumero. Así dejaron reparada a Jerusalén hasta el muro ancho.
3:9 Junto a ellos restauró también Refaías hijo de Hur, gobernador de la mitad de la región de Jerusalén.
3:10 Asimismo restauró junto a ellos, y frente a su casa, Jedaías hijo de Harumaf; y junto a él restauró Hatús hijo de Hasabnías.
3:11 Malquías hijo de Harim y Hasub hijo de Pahat-moab restauraron otro tramo, y la torre de los Hornos.
3:12 Junto a ellos restauró Salum hijo de Halohes, gobernador de la mitad de la región de Jerusalén, él con sus hijas.
3:13 La puerta del Valle la restauró Hanún con los moradores de Zanoa; ellos la reedificaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos, y mil codos del muro, hasta la puerta del Muladar.
3:14 Reedificó la puerta del Muladar Malquías hijo de Recab, gobernador de la provincia de Bet-haquerem; él la reedificó, y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos.
3:15 Salum hijo de Colhoze, gobernador de la región de Mizpa, restauró la puerta de la Fuente; él la reedificó, la enmaderó y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos, y el muro del estanque de Siloé hacia el huerto del rey, y hasta las gradas que descienden de la ciudad de David.
3:16 Después de él restauró Nehemías hijo de Azbuc, gobernador de la mitad de la región de Bet-sur, hasta delante de los sepulcros de David, y hasta el estanque labrado, y hasta la casa de los Valientes.
3:17 Tras él restauraron los levitas; Rehum hijo de Bani, y junto a él restauró Hasabías, gobernador de la mitad de la región de Keila, por su región.
3:18 Después de él restauraron sus hermanos, Bavai hijo de Henadad, gobernador de la mitad de la región de Keila.
3:19 Junto a él restauró Ezer hijo de Jesúa, gobernador de Mizpa, otro tramo frente a la subida de la armería de la esquina.
3:20 Después de él Baruc hijo de Zabai con todo fervor restauró otro tramo, desde la esquina hasta la puerta de la casa de Eliasib sumo sacerdote.
3:21 Tras él restauró Meremot hijo de Urías hijo de Cos otro tramo, desde la entrada de la casa de Eliasib hasta el extremo de la casa de Eliasib.
3:22 Después de él restauraron los sacerdotes, los varones de la llanura.
3:23 Después de ellos restauraron Benjamín y Hasub, frente a su casa; y después de éstos restauró Azarías hijo de Maasías, hijo de Ananías, cerca de su casa.
3:24 Después de él restauró Binúi hijo de Henadad otro tramo, desde la casa de Azarías hasta el ángulo entrante del muro, y hasta la esquina.
3:25 Palal hijo de Uzai, enfrente de la esquina y la torre alta que sale de la casa del rey, que está en el patio de la cárcel. Después de él, Pedaías hijo de Faros.
3:26 Y los sirvientes del templo que habitaban en Ofel restauraron hasta enfrente de la puerta de las Aguas al oriente, y la torre que sobresalía.
3:27 Después de ellos restauraron los tecoítas otro tramo, enfrente de la gran torre que sobresale, hasta el muro de Ofel.
3:28 Desde la puerta de los Caballos restauraron los sacerdotes, cada uno enfrente de su casa.
3:29 Después de ellos restauró Sadoc hijo de Imer, enfrente de su casa; y después de él restauró Semaías hijo de Secanías, guarda de la puerta Oriental.
3:30 Tras él, Hananías hijo de Selemías y Hanún hijo sexto de Salaf restauraron otro tramo. Después de ellos restauró Mesulam hijo de Berequías, enfrente de su cámara.
3:31 Después de él restauró Malquías hijo del platero, hasta la casa de los sirvientes del templo y de los comerciantes, enfrente de la puerta del Juicio, y hasta la sala de la esquina.
3:32 Y entre la sala de la esquina y la puerta de las Ovejas, restauraron los plateros y los comerciantes.
4:1 Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos.
4:2 Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas?
4:3 Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará.
4:4 Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y entrégalos por despojo en la tierra de su cautiverio.
4:5 No cubras su iniquidad, ni su pecado sea borrado delante de ti, porque se airaron contra los que edificaban.
4:6 Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar.
4:7 Pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho;
4:8 y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño.
4:9 Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche.
4:10 Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro.
4:11 Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra.
4:12 Pero sucedió que cuando venían los judíos que habitaban entre ellos, nos decían hasta diez veces: De todos los lugares de donde volviereis, ellos caerán sobre vosotros.
4:13 Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos.
4:14 Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas.
4:15 Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea.
4:16 Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos estaban los jefes de toda la casa de Judá.
4:17 Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada.
4:18 Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí.
4:19 Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de otros.
4:20 En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros.
4:21 Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas.
4:22 También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela y de día en la obra.
4:23 Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jóvenes, ni la gente de guardia que me seguía, nos quitamos nuestro vestido; cada uno se desnudaba solamente para bañarse.
UNA MANO EN LA OBRA Y LA OTRA CON ESPADA
UNA MANO EN LA OBRA Y LA OTRA CON ESPADA
Nehemías 3:1-4:23
V, Clave 4:17 “Los que edificaban en el muro, los que acarreaban y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra y con la otra sostenían la espada.”
Buenos Días. La semana pasada aprendimos cómo Dios respondió a la oración de Nehemías y cómo él dio testimonio personal de la mano de su Dios. Este testimonio personal de Nehemías era la base firme con la cual dio la gran influencia espiritual al pueblo para poder dar el inicio a la edificación de muros. “Levantémonos y edifiquemos”.
Sin embargo, ninguna obra grande y extensa se desarrolla sin dificultad. La palabra de hoy se trata de lo sucedido a la mitad de obra. Amenazas de los enemigos y escombros hicieron desfallecer el corazón del pueblo. Pero el liderazgo de Nehemías sostuvo el aliento del pueblo y la obra. Veremos cómo los judíos resistían y superaban los peligros de fuera y dentro en la palabra de hoy. Oro que Dios nos enseñe del liderazgo de Nehemías y acción concreta de los judíos a la mitad de obra.
Primero, amenaza de enemigos (1-9). Antes de entrar el capitulo 4, será necesario observar breve el anterior para ver cómo se desarrolló la edificación. Cuando el pueblo se animó por el testimonio de fe de Nehemías, se levantaron y edificaban los muros derribados. Ellos tomaban su tarea por tramo. Primero desde los sacerdotes (3:1), los levitas (3:17), gentes de varias ciudades cercanas, los plateros y un perfumero (3:8), gobernadores e incluso un gobernador de la región de Jerusalén con sus hijas (3:12). Según la fuerza dada, ellos se esforzaron hasta que algunos reparaban una pequeña parte frente a su casa o cerca de ella (3:23). Las brechas del muro iban cerrándose en muy corto plazo. En verdad Dios les ayudaba en esa obra. Sin embargo, a la mitad de obra tenían que enfrentar las adversidades fuertes.
Ahora observemos 4:1. Cuando oyó Sanbalat el horonita, el jefe de Samaria (2) que los judíos edificaban el muro, se enojó y enfureció mucho tal como la llegada de Nehemías le había disgustado en extremo (2:10). Su furor hacia la obra era la gran amenaza. Él se burló de los judíos, diciendo “¿Qué hacen estos débiles judíos?”. Tobías, el amonita también se sumó a burlarse de los judíos, diciendo “Lo que ellos edifican del muro de piedra, si sube una zorra lo derribará.” (3) Sus burlas no eran como una retórica amenazante, sino realmente manifestaban la realidad de los judíos. Ellos eran pocos. No tenían un ejército tan fuerte como enemigos. Ellos vivían en ruina sin defensa firme. ‘Débiles judíos’ era una expresión entendible humanamente. Sin embargo, Sanbalat y sus aliados no tenían concepto del Dios vivo y temible quien respaldaba esa obra.
Era fácil responderles emocionalmente Nehemías como copero del rey. Pero su reacción no fue la misma manera de enemigos, sino ante Dios. Nehemías oró ante Dios por esas ofensas amenazantes. La verdad que Nehemías oró puede parecer que Nehemías es un varón super manso y sin emoción humana. Pero al observar su oración, notamos que Nehemías también era un hombre de carácter fuerte. “Haz que su ofensa caiga sobre su cabeza y entrégalos por despojo en la tierra de su cautiverio” (4). Él sintió la gran ofensa y enojo en su interior como cualquier hombre. Pero él no lo descargó ante hombres, sino se desahogó ante Dios. Llevó toda su emoción y conflictos mentales a oración. Él oró y lloró ante Dios. Nehemías era un varón de fuerte carácter, pero también de propio dominio sobre sí mismo. Su desahogo en oración era una clave importante para un gran triunfo posterior.
Segundo, Dios grande y temible (10-14). Pero otra amenaza más grande estaba dentro de comunidad. Como dice el verso 10, decía Judá “Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado y el escombro es mucho; no podremos reconstruir el muro” Y según el verso 12, los judíos vivían entre los enemigos venían a Jerusalén y les nos decían una y otra vez: “De todos los lugares donde habitan, ellos caerán sobre vosotros.” Las manos de los remanentes judíos iban debilitándose. ‘el escombro es mucho y no podremos’. El pueblo se desesperaba. Por fuera y por dentro, el pueblo estaba a punto de caer. Parecía que iniciaron la obra imposible.
¿Qué hizo Nehemías este momento tan critico? Nehemías vio que la amenaza más grande estaba en el corazón del mismo pueblo y no retrocedió, sino enfrentó a sus miedos y frustraciones. Nehemías puso al pueblo por familias con las armas por todos los lados por la amenaza de fuera (13). Y se dirigió a los lideres y al resto del pueblo. Leamos el verso 14. “Después miré, me levanté y dije a los nobles, a los oficiales y al resto del pueblo: —No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas.”
Uno, no temáis. Nehemías les ordenó que se detuviera de temer de los hombres. Ante los enemigos poderosos y fuertes, ‘temer de ellos’ parecía ‘algo natural’. Pero este temor pánico era lo que esperaban los enemigos. Este temor no era lo que produciría algo bueno para el pueblo y su obra. Nehemías ordenó cortar el temor a los enemigos. ‘No temáis’. No temer de ‘los hombres’ con una postura firme es lo que debe hacer el pueblo de Dios.
Dos, acordaos del Señor grande y temible. Solo ‘no temer’ no es una solución central. Nehemías habla de por qué no temer. Él les recuerda a quién temer. ‘Acordaos del Señor, grande y temible’. El secreto de no temer a los hombres consiste en temer de Dios. El pueblo de Dios siempre debe acordarse del Dios grande y temible. Aunque no se ve por vista, ha de entender que Dios es muy encima de los hombres; muy encina de todos los enemigos humanos y espirituales. Dios es a quien debemos temer en verdad.
Dios es quien protege y guarda a quienes viven y obran conforme a su voluntad. Dios es quien da favor y gracia a su pueblo que realmente lucha para su honra y gloria. Por lo tanto, Dios hace prueba a su pueblo para poder andar en su temor. Dios puede traer castigo a todos los que se levantan en su contra; así fue contra el faraón de Egipto y los enemigos como también contra su propio pueblo Israel cuando ellos se olvidaron de su Dios y lo abandonaron. Dios no hace diferencia entre los hombres por su apariencia, sino manifiesta su mano poderosa sobre todos los que le honran y obedecen. Nehemías lo aprendió por su vida de cautiverio. Nehemías confesaba que él y la casa de sus padres pecaron (1:6). Pero también experimentó su misericordia que le llevó a ser hasta el copero del rey. Nehemías tuvo un corazón humilde y temeroso de Dios. De esta manera confesó con mucho temor ‘Acordaos del Señor, grande y temible’.
Tres, pelead por vuestros hermanos. Nehemias les alentó a tomar acción por un propósito claro; ‘pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas’. Por supuesto, ellos tenían que pelear por su pueblo, sus familias y casas. Nehemías les exhortó a pelear la buena batalla. Esta batalla no era para destruir y matar, sino construir y vivificar. A los enemigos no les gusta jamás la obra de Dios. Los enemigos de Dios vienen a destruir y hacer daño al pueblo de Dios. Pero no hay que dejar destruir a los enemigos, ni comprometernos con ellos, sino hay que pelear una buena batalla en protección y construcción en resistencia de fe. Solo los que temen a Dios pueden pelear una pelea divina que trae la obra de edificación y salvación.
Pues, ¿Cómo se llevó a cabo esta pelea?
Tercero, una mano en obra y la otra con espada. Su oración a Dios y consejo al pueblo no quedaron en palabras, sino se llevaron a cabo en acción. Los planes de asechanzas de los enemigos fueron desbaratados, pero seguían igual. Desde aquel día, Nehemías junto con su pueblo tomó acción concreta. La mitad de sus siervos trabajaba en la obra y la otra mitad se mantenía armada con diversas armas. Y leamos el verso 17. “Los que edificaban en el muro, los que acarreaban y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra y con la otra sostenían la espada.” Aquí encontramos que todos hacían dos tareas a la vez. La mitad de los siervos de Nehemías en la obra y la otra mitad con armas. Y una mano en la obra y la otra con espada entre los que edificaban. Cada tarea era pesada y difícil de ejercer. Y hacer las dos a la vez era una carga todavía más difícil de llevar. Pero ellos obedecieron y se esforzaron a hacer así una mano en la obra y la otra con espada. Aunque dedicaban a la edificación, tenían que estar bien preparados a la batalla al sonido de la trompeta (20). Nehemías dijo al pueblo. “Dios peleará por nosotros”. Dios quien pelea por el pueblo que pelea por su nombre. Nehemías creyó en su Dios quien ha peleado por él y por su pueblo en la historia de Israel.
Dios pelea por quien pelea buena batalla por él. El rey de siria no podía conquistar a Israel por predicción de Eliseo sobre el plan de los sirios (2R 6:8-12). Por lo tanto, el rey de Siria decidió a apresar a Eliseo y al final sitió su casa. El siervo de Eliseo, Giezi se desesperaba en temor de morir y clamaba a Eliseo. Pero Eliseo le ayudó a ver quien estaba en pelea contra el ejercito de Siria. 2 reyes 6:17 “Y oró Eliseo, diciendo: «Te ruego, Jehová, que abras sus ojos para que vea.» Jehová abrió entonces los ojos del criado, y éste vio que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo.” Dios es quien respalda a quienes pelean buena batalla como Eliseo.
Una mano en la obra y la otra con espada es la tarea requerida a todos los siervos que viven hoy por la fe. Solo la tarea de alimentar la casa es pesada y agotadora. Pero junto con esa tarea los siervos de Dios tienen que tomar la espada de palabra a pelear una buena batalla contra el corriente tan fuerte que lleva a todos hacia una vida sin Dios. Los enemigos engañan que estamos en paz y disfrutemos toda comodidad y dejemos nuestras armas de lado en relajos. Pero al momento menos esperado o no bien preparado, sigilosamente las tentaciones invaden y hacen grave daño a la vida de cada creyente, hogar y comunidad. Hay que acordarnos de la exhortación de apóstol Pablo en efesios 6:13 “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes.” Una mano en la obra y la otra con espada de Dios son necesarios a todos nosotros que vivimos en el mundo caído.
Ninguna obra grande y extenso se logra en comodidad o a esfuerzo mediano. La obra grande requiere mucho sudor y lágrimas hasta la entrega de vida. La obra de Dios requiere la gente que trabaja con dos tareas; una mano en la obra y la otra con espada de Dios. Esta obra requiere una decisión de morir hacia su propia vida. Esta obra requiere una colaboración de entre los hermanos. Además la obra de Dios se va construyendo por la colaboración de no solo una generación, sino de varias generaciones. Nuestra pelea y lucha corresponde solo un pequeño tramo de la obra tan grande de Dios. Si luchamos con una mano en la obra y la otra con espada, podemos participar en la gloria de Dios que viene de su santidad.
En esta obra de reedificación, hay que notar del liderazgo de Nehemìas. Él no era un sumo sacerdote, ni profeta, ni rey, sino era un funcionario. Era un hombre trabajador. Sin embargo, él manifestó su liderazgo poderoso en Dios. Su liderazgo era un liderazgo en oración. Su liderazgo era lo que reúne al pueblo; un liderazgo de conexión con el pueblo. Y él mismo trabajaba en buena colaboración con todo pueblo. Y su liderazgo era liderar en primera fila o sea dando un ejemplo. Él mismo junto con su gente trabajaba duramente sin quitarse sus vestidos salvo para bañarse. Este liderazgo corporativo y modelador hizo al pueblo bien unido a la obra de Dios. Dios usa a tales lideres que oran, colaboran humilde y modelan en frente. Oro que Dios nos haga aprender de tal liderazgo humilde, corporativo y modelador para que podamos servir a Dios y servir su obra en área dónde Dios nos asigne.
Concluyendo, cuando la obra de Dios marcha y alcanza la mitad, la oposición enemiga se intensifica hasta desesperarnos. Al ver que el escombro es mucho, nuestro corazón humano quiere decir ‘no podremos terminar’. Pero es necesario no temer, acordarnos del Señor grande y temible, pelear por nuestros hermanos y familias. Es necesario poner una mano en la obra y la otra con espada de Dios. Trabajando así como la iglesia despierta en su palabra, edificaremos los muros derribados hasta acabarlo. Oro Dios nos haga un pueblo despierto que trabaja y pelea para sean reedificados los muros derribados. Amén.
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