Lucas 17:7-10

17:7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?
17:8 ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?
17:9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.
17:10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

SIERVOS INUTILES SOMOS


SIERVOS INUTILES SOMOS


San Lucas 17:7-10

V, Clave 17:10 “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.”


 ¡¡Gloria a Dios por haber bendecido grandemente la Conferencia del año nuevo 2026 en Chile ‘Amémonos unos a otros’!! Para nosotros era un gran privilegio poder recibir y servir a los siervos de Dios que han venido entregando sus vidas para la obra de salvación en America Latina. Dios derramó su gracia abundante por todo programa hasta el final. Finalizada la Conferencia, ahora estamos aquí otra vez a adorar y agradecerle. Es oportuno cerrar nuestro servir con una palabra que nos direcciona a tomar buena postura espiritual en nuestra carrera de fe.   


En San Lucas 17:1-6, Jesús les enseña a sus discípulos cuántas veces tienen que perdonar las ofensas a los hermanos y cómo pueden hacerlo. Perdonar es un secreto de recuperar la relación con Dios y con los demás. A su vez Jesús nos enseña algo muy importante acerca de una relación fundamente entre el Cristo y nosotros. Y nos enseña qué clase de siervo él busca.   


A menudo, después de mucho trabajo, nuestro corazón busca alguna recompensa o reconocimiento de parte de los hombres. De lo contrario, puede que andemos fatigados hasta medio tristes. En verdad hemos trabajado mucho por servir la Conferencia. Y ¿Qué confesaremos al final? Oro que esta palabra sea una dirección personal y concreta tras este labor arduo.   


Vamos a leer el verso 7-8. “¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: “Pasa, siéntate a la mesa”? / ¿No le dice más bien: “Prepárame la cena, cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido. Después de esto, come y bebe tú”?” Aquellos días se compraban y vendían los esclavos por su situación social o económica. Un siervo pertenecía a su dueño y vivía a su disposición absoluta. Jesús menciona de un siervo sobre la relación entre sí mismo y nosotros. Como dice la palabra, un siervo trabajó en arar o apacentar ganado en el campo. Aunque él trabaja muy duro en el campo, no tiene derecho de descansar al volver de su trabajo. Un siervo ha de permanecer sirviendo a su dueño sin importar su condición física. Este inicio de relato, ¿Qué nos recuerda primero?

 

Primero, siervo y Dueño. Aquí Jesús nos recuerda nuestra condición humana y espiritual ante él. Él compara la relación entre él y nosotros como la de un siervo y su dueño (esclavo y su señor). Hay que entenderse que somos comprados por nuestro Dueño. En el sentido riguroso somos ‘sus esclavos comprados’. En pecado fuimos eslavos de pecado. El pecado era el dueño de nuestra vida. Por ser la paga del pecado la muerte, la muerte gobernaba nuestra vida en toda área. Su sombra marcaba los pensamientos y hechos de vida. Y en pecado teníamos que morir y recibir el juicio de Dios para el infierno. Ningún hombre pudo ser liberado de este poder tan poderoso y moribundo.


 Pero Jesús, siendo el Cordero de Dios, santo y sin mancha ante Dios, se ofreció y murió en la cruz en nuestro lugar. Su sangre satisfizo la demanda del pecado y nos rescató de ese poder de la muerte. En Jesús el pecado y la muerte ya no son dueño de nuestra vida. El dueño de tinieblas perdió por completo su propiedad. En su sangre Jesús compró a todos los que le creen de verdad en arrepentimiento genuino. El dueño de nuestra vida cambió. Del esclavo del pecado al siervo del Hijo de Dios fuimos traspasados. 


 Debemos tener claro que somos esclavos, siervos comprados por Jesús. Vivimos una vida conforme a su voluntad. Sin embargo, Muchos creyentes incluso mi persona vivimos como nos conviene como fuera la vida nueva dada para nosotros mismos y nuestra propia felicidad. Pero si olvidamos que somos comprados por un precio para la disposición del Cristo, perderemos los beneficios que él quiere darnos en verdad. Como Jesús aclara aquí, tengamos identidad fundamental de que fuimos ‘comprados por un precio y somos sus eslavos’. Si lo entendemos, seremos bienaventurados para participar a su mesa al final. Oro que vivamos como siervos comprados para su buena voluntad siempre.   


Segundo, Señor primero. De esta manera la razón de existir los esclavos es vivir por su dueño y servirlo. Jesús preguntó. El verso 8 dice “¿No le dice más bien: “Prepárame la cena, cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido. Después de esto, come y bebe tú”?” Aunque el siervo trabaja mucho, su servicio debe ser hasta darle un agrado a su dueño. Los siervos no pueden disfrutar el deleite de los frutos antes que su dueño. ‘Sírveme hasta que haya comido y bebido’. Con todo trabajo, el siervo debe servir a su dueño hasta que él se agrade y sea honrado por completo por su siervo. El Cristo como el dueño de nuestra vida espera que vivamos hasta que sea agradado y honrado por nuestra vida servicial. 


¿Hasta cuándo servimos? ‘Hasta que él dice ‘come y bebe tú’’. ‘Hasta que él dice ‘come y bebe tu’ significa también que habrá un momento de descanso de parte del Cristo por nuestro labor acabado. El Cristo no trata a sus siervos como maquinas, sino los comprende y considera su sudor. Y al momento propicio, él otorga un descanso merecido junto con la recompensa inapreciable. La Biblia nos dice ‘será pagado conforme a su obra’. “el cual pagará a cada uno conforme a sus obras” (Rom. 2:6) “¡Vengo pronto!, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” (Apoc. 22:12) Seguramente él nos pagará y dirá ‘come y bebe tú’ a su mesa conforme a nuestros labores en esta tierra. Oro que sea la honra y gloria al Cristo la prioridad de nuestro vivir. Amén. 


Tercero, siervo dispuesto siempre. Jesús dijo “Prepárame la cena, cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido.” Un siervo esperado por el Cristo es un siervo ceñido y preparado siempre. Sin importar su condición física, el tiempo y circunstancias, el dueño de un siervo le pide su disposición fiel. Sea en el campo o en la casa, el dueño espera que sus siervos estén dispuestos de todo momento para llevar a cabo su deseo. 


Dios nos da descanso oportuno, gozo y premios necesarios para nuestro aliento. Pero esto no es para olvidarnos de nuestra ubicación. Aunque estemos desconectados de todas las cosas seculares, debemos estar conectados con él y en todo momento dispuestos a su orden, incluso los momentos de vacaciones o paseos o reposos. Cuando él nos ordena algo, debemos responder de inmediato con la postura ceñida y preparada a su llamado. Si hacemos así siempre, somos siervos aprobados del Cristo.  


Cuarto, siervos inútiles. Cuando un siervo hace mucho trabajo y sacrificio, puede sentir que es un siervo útil, digno y muy merecido de cierto elogio del dueño. Después de mucho trabajo y sacrificio, ¿Cuál debe ser la confesión del siervo? Vamos a leer el verso 10. “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.”” 


Jesús quiere que los siervos trabajados digan “siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”. Sea mucho o poco su trabajo, un siervo es inútil porque es su deber. ‘inútil’ no significa ‘inservible como basura’, sino ‘inmerecido’. El trabajo de un siervo no contribuye nada a ser posesión de su señor, sino él ya pagó todo por gracia.


Escuchemos la palabra de Jesús. “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” Jesús quiere que confesemos ‘siervos inútiles somos’. Nuestro mucho trabajo no contribuye para el perdón de nuestros pecados, la salvación y nuestra justicia que disfrutamos ahora. Todo fue hecho por el Cristo y vivimos y hacemos todo por gracia. Dios no necesita nuestra ayuda para hacer su obra. Dios puede hacerla con nosotros o sin nosotros. Y a menudo nuestra insensibilidad espiritual y pecaminosidad estorba su obra. Pero Dios en su gran misericordia nos invita a servirla continuamente con una postura del siervo para que participemos a su mesa. 


Dios usa a siervos humildes que conocen que son siervos inútiles, porque conocen la grandeza de su gracia en Cristo. Todos los siervos usados preciosamente en la obra de Dios tenían esa postura ante Dios. Apóstol Pedro dijo “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1P 5:6) Apóstol Pablo dijo “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.” (1Co 15:10). Todos ellos trabajaron más que otros, pero no olvidaron que fue por la gracia de Dios. 


Sirviendo esta conferencia del año nuevo 2026 en Chile, sentía varias veces que me encontraba en medio de tormenta de servicios. Muchas cosas y peticiones sucedían a la vez. M Luis casi vivía en Aeropuerto para recibir huéspedes y los otros también colaboraban en recibirlos en el recinto en preparación. Desde el segundo día Internet no funcionaba y había más demandas de traducciones, impresiones y otra coordinación. M Daniel y Ester cho trabajaban hasta las 3:00 de la madrugada. Las madres luchaban a servir la conferencia junto con la tarea de cuidar a los niños. 


Dios tuvo misericordia y bendijo la Conferencia con mensajes; cómo amar la lectura, cómo amar unos a otros y cómo amar orar. Tal como venimos orando, todos los siervos de Dios encontraron un descanso merecido, refuerzo y dirección espiritual. Gloria a Dios. Y ahora estamos sintiendo cansancio físico. El cuerpo está protestando por un descanso merecido. Y puede sentirnos que somos merecedores de elogios de otros. Y ahora ¿Qué diremos? ¿Pediremos un merecido reconocimiento de Dios o del comité de iglesia? O ¿Alguna recompensa? Leamos otra vez el verso 10. “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.” ” Tomemos esta postura que Jesús quiere que tengamos. ‘Siervos inútiles somos’. Jesús pagó un precio inapreciable para nuestra salvación y para eterna gloria en el reino de Dios. Somos inmerecidos. Aunque trabajamos muy duro durante toda nuestra vida, al llegar a su reino tan gloriosa, no diremos sino ‘no hicimos nada’. Esta identidad ‘siervo inútil’ es la verdad para todos los que trabajan para él. Quien trabaja así con esta identidad, Dios lo toma como su siervo confiable y fiel para manifestar su gloria tan sublime. 


Cuando misionero José Ahn visitó a nuestra iglesia, dio su testimonio breve. Después de 10 años de trabajo de diplomacia, él renunció su puesto diplomático voluntariamente para servir la obra de Dios con el tiempo completo. El ministro exterior le llamó y dijo. “Estas loco. Yo soy también cristiano. ¿Por qué quieres renunciar este buen trabajo deseado por todo el mundo?” sin embargo, finalmente él apreció la decisión de misionero José Ahn y dijo “Dios te bendiga y encamine para la gloria de su reino”. Su trabajo era voluntario, pero trabajaba mucho más que un asalariado para la obra de Dios. A él Dios amó y lo usó muy preciosamente para evangelizar los campos universitarios del continente latinoamericano. Él confiesa siempre “Soy siervo inútil, Señor” Somos los frutos de su labor directa e indirectamente.     


Siendo el Hijo de Dios, Jesús mismo vivió como un siervo así. Frente a su cruz tan dolorosa, él obedeció completamente a la voluntad del Padre como un siervo sin buscar algún reconocimiento humano. Jesús siempre se ceñía y servía tanto a sus discípulos como a las ovejas del Padre. Y así Dios lo recibió y ratificó la obra acabada de salvación y lo resucitó en gloria. Jesús es más que un ejemplo y modelo de nuestra vida de servicio. Oro que sus vidas y la mía sean así como la de Jesús hasta que diga el Padre Dios ‘Ahora come y bebe tú’.


Concluyendo, el Cristo nos compró con el precio de su sangre. Ningún trabajo excelente merece a ese precio y esa salvación. Somos siervos inútiles frente a esa gracia tan sublime. Jesús quiere que lo conozcamos y seamos sus siervos preparados y maduros todo momento. Oro que su gracia abunde en nuestro corazón para que sirvamos al Cristo hasta acabar el trabajo encomendado y confesar al final “Soy siervo inútil, pues lo que debíamos hacer, hicimos” Amén.  

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