- INICIO
|- MENSAJES
|- CHILE
|- SANTIAGO
|- JOSUE CHUN
Mateo 2:1-12
2:1 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,2:2 diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.
2:3 Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.
2:4 Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.
2:5 Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
2:6 Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel.
2:7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;
2:8 y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.
2:9 Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.
2:10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
2:11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.
2:12 Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
LA ESTRELLA DEL CRISTO
LA ESTRELLA DEL CRISTO
Palabra: San Mateo 2:1-12
V, Clave 2:9-10 “Ellos, habiendo oído al rey, se fueron. Y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. 10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.”
La semana pasada escuchamos de la navidad a José. El anuncio del nacimiento de Jesús era una nueva de salvación para el pueblo de Dios. Y su pueblo no cuenta solo con los judíos, sino con todos los gentiles. La palabra de hoy es de la navidad a los gentiles, los sabios. Dios les dejó ver la estrella del Cristo en su maravilloso plan de salvación. ¿Quiénes eran estos sabios que vieron la estrella del Cristo? ¿Qué dice la profecía de este Cristo? ¿Cómo podemos ver esa estrella?
Viviendo en este mundo afanoso, fácilmente quedamos perdidos sin la estrella del Cristo. Cada día necesitamos la guía de esa estrella y reencontrar su estrella repetidamente. Oro que la palabra de hoy nos enseñe cómo podemos llevar una vida guiada por esa estrella del Cristo para ser adoradores verdaderos como los sabios del oriente en esta Navidad.
Primero, la estrella a los sabios (1-3). Según lo había señalado el ángel de Dios (1:20-21), Jesús el Salvador nació en Belén de Judea. Jesús nació en los días del rey Herodes. Es Herodes I el Grande. Él no era judío, sino edomita de Idumea. De él la Biblia da a saber que él era quien mató a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores (2:16). Y los datos históricos denuncian que Herodes por solo el temor de conspiración mató a su esposa Mariamne y sus dos hijos; Alejandro y Aristóbulo. También poco antes de su propia muerte, mató a su hijo primogénito, Antípatro por posible intriga. Era un rey tan cruel y sumamente obsesionado a su poder. El emperador Augusto habló de su crueldad, diciendo “mejor sería ser el perro de Herodes que su propio hijo”. El tiempo era tan injusto, violento y oscuro para venir a esta tierra el Cristo como un niño. Pero cuando era más oscuro el mundo, la estrella del Cristo iluminó esa tierra. Nuestro Creador todo poderoso vino a esta tierra con forma del hombre y visitó a su pueblo conforme a su promesa (Lc 1:68). El Cristo tan esperado no vino con ruidos, sino en silencio y secreto sin saberlo aún su pueblo de Israel.
Sin embargo, Dios hizo saber del nacimiento del Cristo a unos cuantos hombres despertados. ¿Quiénes eran? Como el verso 1 dice, ‘llegaron del oriente a Jerusalén unos sabios’. Ellos no eran judíos, sino gentiles. En la Biblia, no se especifica cuántos eran estos sabios, pero se dice que son "sabios (Magoi, gr) de Oriente". ‘sabios’ eran los que tenían vasto conocimiento del astronomía y astrología. Se supone que eran de Babilonia dónde muchos judíos exiliados habían vivido y entre ellos hubo Daniel quien fue el ministro y el jefe de todos los sabios (Dan 2:48; 4:9).
Lo importante era que la distancia del Oriente hasta Judea era más de 1500 km aprox. El viaje desde el Oriente (Persia) hasta Belén era extremadamente largo; se estima que tomó alrededor de 3 meses para ese recorrido, incluyendo preparativos, marcha y descanso, demostrando que un trayecto tan extenso era posible con camellos y buena organización. A pesar de todo, ellos tomaron acción y marcharon en viaje para ver el Cristo de quien hablaba la estrella extraordinaria.
Vamos a leer el verso 2. “preguntando: —¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo” Ellos llegaron a Jerusalén y preguntaron. “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?” ‘el rey de los judíos’ significa ‘el Cristo’ (4). Desde el exilio babilónico, la profecía acerca del Cristo fue conocida entre los gentiles por los judíos exiliados. “Lo veo, mas no ahora; lo contemplo, mas no de cerca: Saldrá estrella de Jacob, se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab
y destruirá a todos los hijos de Set.” (Num 24:17) Y entre muchas otras profecías (Dan 2:44; 7:14; 9:26). Por lo tanto, algunos extranjeros piadosos creían esa profecía y esperaban al Cristo.
Indudablemente estos sabios tenían un conocimiento extenso sobre las estrellas, sabiendo la mapa de las estrellas observables. Y ellos encontraron una estrella inusual que nunca hasta que se dieron cuenta de que esta estrella no era otro sino la estrella del Rey de los judíos, el Cristo. Su extraordinaria esplendor y su mover hacia la tierra de Israel les hablaban de que era perteneciente al Cristo sin lugar a duda. Y valientemente tomaron un viaje en deseos de adorar al Cristo del mundo. Dios busca a tales adoradores hoy en día (Jn 4:23). Dios deja ver su estrella esplendorosa a quienes creen y aguardan su promesa sin importar su condición humana.
Mientras viajaban un largo camino los sabios, ¿cómo se encontraban el pueblo de Israel y el rey Herodes? A la noticia de ellos, ellos se habrían gozado. Pero se turbaron Herodes y toda Jerusalén con él. Herodes cruel se turbó por el posible rival como una amenaza a su trono y toda Jerusalén tampoco quisieron perder su bienestar junto con Herodes. Lamentablemente su propio pueblo no estaba preparado a recibir al Cristo tan esperado.
Segundo, la estrella de un guiador (4-8). Herodes, un tirano cruel se turbó y convocó a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo y les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le respondieron. “En Belén de Judea”. Los lideres religiosos sabían dónde iba a nacer el Cristo, pero no sabían cuándo, ni creían su venida. Sin embargo, nos es necesario reflexionar bien de esta profecía en cuanto al Cristo.
Leamos juntos el verso 6. “Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel.” Esta palabra se basa en Miqueas 5:2. ¿Qué clase del rey es ‘el Rey de los judíos’?
Uno, el Rey humilde. El Rey de los judíos no nace en Jerusalén, una ciudad grande dónde hay toda clase de afanes del mundo. Más bien él nació en Belén que era una ciudad pequeña. Pero era una ciudad de promesa dónde nació David. David, siendo el más pequeño entre 8 hermanos se hizo el rey de Israel. David apacentaba a su pueblo no como un jefe, sino como un pastor con toda mansedumbre, amor y poder. Él era una sombra del Cristo.
Según su promesa Miqueas 5:2, el Cristo nació en Belén. Nación en una familia humilde entre José, el carpintero y varón justo y María. Nació en un pesebre. Así se vio de manifiesto su gran humildad. Este Cristo viene en el corazón humilde que ama y vive la promesa de Dios. Él siempre permanece en tales personas, los ama y nace en sus corazones. Anhelemos a humillarnos para tener un corazón humilde ante él para que el Cristo nazca y se entrone permanentemente en nuestros corazones. Amén.
Dos, el Rey guiador. Aunque él nace en una ciudad pequeña, la familia humilde y en pesebre, el Rey humilde tiene toda verdad que guía a su pueblo a la salvación. Él guía a su pueblo a toda verdad que les hace llegar a la santidad de Dios. “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” (Jn 8:12) Cualquier persona que sea guiado por él llega todo momento a toda verdad, vida y a Dios el Padre. Y diremos ‘Tú eres el guiador cada momento de mi vida’.
Tres, el Rey pastor. El Cristo es el Rey de los judíos, pero no es un jefe como Herodes, sino el Rey pastor que apacienta a su pueblo en amor, toda mansedumbre y justicia. Los reyes, gobernantes y jefes gobiernan y administran con su poder y capacidad, pero sin interesarse de persona. Pero el Cristo es el Rey pastor. Él se interesa en nuestro ser mismo. Él no es quien critica, condena y castiga, sino cuida a su pueblo a dar vida. En vez de ordenar, él da ejemplo con amor, mansedumbre y paciencia. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” (Jn 10:11)
Este Rey será nuestro Rey eterno. Las personas que siguen a este Rey pastor verdaderamente llevan esa imagen de pastor. ¡Qué gran noticia es su nacer! ¡Qué gran bendición es su nacimiento para su pueblo! Doy gracias a Dios eternamente por ser el Cristo mi Rey eterno. Oro que durante toda nuestra vida sea guiada por nuestro Rey pastor eterno. Amén.
Tercero, la estrella reaparecida a los sabios (9-12). Los sabios del oriente, siendo informado de la Escritura, se fueron. Cuando ellos creyeron en la palabra y marcharon hacia Belén, la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos. En verdad esta estrella iba a Belén. Pero por confiar más en sus propios pensamientos, se lo habían perdido. Pero la estrella les reapareció cuando ellos volvieron a la promesa de Dios. La fe de los sabios era subjetiva en alguna manera, pero en la palara de Dios su fe se hizo objetiva. Y la estrella se detuvo sobre donde estaba el niño.
¿Cómo fue el corazón de los sabios al ver la estrella nuevamente? “Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.” (10) ‘Muy grande gozo’ llegó a sus corazones. La luz de Dios les iluminó nuevamente sus interiores. Aquí podemos notar que la estrella reaparece a los que siguen la palabra de Dios. Cuando ellos entraron en Jerusalén, pensando que el rey de los judíos debería nacer en Jerusalén, ellos se la perdieron. Quedaron perdidos, invalidando todo su viaje tan largo y peligroso.
Esta perdición puede suceder en nuestra vida. Hay veces que perdemos la estrella del Cristo y su guía, quedamos varados espiritualmente, haciéndonos pregunta “¿Por dónde estoy, y qué estoy haciendo?” Sin embargo, la estrella del Cristo reaparece de manifiesto cuando volvemos a la palabra de Dios. La estrella del Cristo simboliza ‘el Espíritu Santo’. La guía del Espíritu siempre se manifiesta a quienes siguen y obedecen la palabra de Dios. Pero cuando sumergimos demasiado en afanes del mundo y afanes religiosos, quedamos perdidos durante corto o largo periodo.
Si sentimos perdidos, tenemos que acudir y volver a la palabra de Dios. Cuando nos arrepentimos de nuestros afanes seculares y religiosas y volvemos a amar y vivir la palabra de Dios, el Espíritu se nos manifiesta y nos guía nuevamente. La estrella del Cristo reaparece a tales que vuelven a la promesa. Solo y cuando seamos guiados por su Espíritu, podemos tener ese ‘muy grande gozo’ que tuvieron los sabios en el camino a Belén. ¿No ha sido así su estrella?
Observemos el verso 11. Al entrar en la casa, los sabios vieron al niño con María cara a cara. Tuvieron un gran honor y privilegio de ver al Cristo encarnado personalmente. Los sabios, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: Oro, incienso, mirra. Oro significa ‘el Rey eterno’, Incienso ‘Sacerdocio’, Mirra ‘Muerte de sacrificio’.
Esta adoración simboliza que van a venir la gente extranjera para adorar a Dios de todas partes del mundo. Dios recibe la adoración de quienes lo aguardan y anhelan con todo corazón sin importar su raza, lengua y nación. Los adoradores verdaderos no son quienes buscan a adquirir algunos beneficios seculares o bienestar, sino son quienes se gozan del Cristo mismo y ofrecen lo mejor de su vida a él como presentes de adoración. Oro que Dios nos haga tal clase de sabios para poder encontrar al Cristo personalmente en muy grande gozo.
Concluyendo, La estrella del Cristo aparece a quienes anhelan y guardan la promesa de Dios. Su estrella guía al Cristo quien es nuestro Rey humilde, guiador y pastor. A veces nos lo perdemos por nuestros afanes del mundo y entre otros. Pero cuando volvemos a su palabra y la vivimos, su estrella, el Espíritu de Dios nos reaparece y nos guía hasta la gloria del Cristo encarnado. Oro que seamos sabios de nuestra época quienes vieron su estrella y adoraron al Cristo en muy grande gozo. Amén.
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[14.Dic.2025]_Dominical-UBF-Chile_(MAT_2..1-12)-Mensaje.pdf
|
|
C. San Mateo 2.1-12 'La estrella del Cristo'.docx
|
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...