Daniel 11:1-45

11:1 Y yo mismo, en el año primero de Darío el medo, estuve para animarlo y fortalecerlo.
11:2 Y ahora yo te mostraré la verdad. He aquí que aún habrá tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos ellos; y al hacerse fuerte con sus riquezas, levantará a todos contra el reino de Grecia.
11:3 Se levantará luego un rey valiente, el cual dominará con gran poder y hará su voluntad.
11:4 Pero cuando se haya levantado, su reino será quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo; no a sus descendientes, ni según el dominio con que él dominó; porque su reino será arrancado, y será para otros fuera de ellos.
11:5 Y se hará fuerte el rey del sur; mas uno de sus príncipes será más fuerte que él, y se hará poderoso; su dominio será grande.
11:6 Al cabo de años harán alianza, y la hija del rey del sur vendrá al rey del norte para hacer la paz. Pero ella no podrá retener la fuerza de su brazo, ni permanecerá él, ni su brazo; porque será entregada ella y los que la habían traído, asimismo su hijo, y los que estaban de parte de ella en aquel tiempo.
11:7 Pero un renuevo de sus raíces se levantará sobre su trono, y vendrá con ejército contra el rey del norte, y entrará en la fortaleza, y hará en ellos a su arbitrio, y predominará.
11:8 Y aun a los dioses de ellos, sus imágenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y de oro, llevará cautivos a Egipto; y por años se mantendrá él contra el rey del norte.
11:9 Así entrará en el reino el rey del sur, y volverá a su tierra.
11:10 Mas los hijos de aquél se airarán, y reunirán multitud de grandes ejércitos; y vendrá apresuradamente e inundará, y pasará adelante; luego volverá y llevará la guerra hasta su fortaleza.
11:11 Por lo cual se enfurecerá el rey del sur, y saldrá y peleará contra el rey del norte; y pondrá en campaña multitud grande, y toda aquella multitud será entregada en su mano.
11:12 Y al llevarse él la multitud, se elevará su corazón, y derribará a muchos millares; mas no prevalecerá.
11:13 Y el rey del norte volverá a poner en campaña una multitud mayor que la primera, y al cabo de algunos años vendrá apresuradamente con gran ejército y con muchas riquezas.
11:14 En aquellos tiempos se levantarán muchos contra el rey del sur; y hombres turbulentos de tu pueblo se levantarán para cumplir la visión, pero ellos caerán.
11:15 Vendrá, pues, el rey del norte, y levantará baluartes, y tomará la ciudad fuerte; y las fuerzas del sur no podrán sostenerse, ni sus tropas escogidas, porque no habrá fuerzas para resistir.
11:16 Y el que vendrá contra él hará su voluntad, y no habrá quien se le pueda enfrentar; y estará en la tierra gloriosa, la cual será consumida en su poder.
11:17 Afirmará luego su rostro para venir con el poder de todo su reino; y hará con aquél convenios, y le dará una hija de mujeres para destruirle; pero no permanecerá, ni tendrá éxito.
11:18 Volverá después su rostro a las costas, y tomará muchas; mas un príncipe hará cesar su afrenta, y aun hará volver sobre él su oprobio.
11:19 Luego volverá su rostro a las fortalezas de su tierra; mas tropezará y caerá, y no será hallado.
11:20 Y se levantará en su lugar uno que hará pasar un cobrador de tributos por la gloria del reino; pero en pocos días será quebrantado, aunque no en ira, ni en batalla.
11:21 Y le sucederá en su lugar un hombre despreciable, al cual no darán la honra del reino; pero vendrá sin aviso y tomará el reino con halagos.
11:22 Las fuerzas enemigas serán barridas delante de él como con inundación de aguas; serán del todo destruidos, junto con el príncipe del pacto.
11:23 Y después del pacto con él, engañará y subirá, y saldrá vencedor con poca gente.
11:24 Estando la provincia en paz y en abundancia, entrará y hará lo que no hicieron sus padres, ni los padres de sus padres; botín, despojos y riquezas repartirá a sus soldados, y contra las fortalezas formará sus designios; y esto por un tiempo.
11:25 Y despertará sus fuerzas y su ardor contra el rey del sur con gran ejército; y el rey del sur se empeñará en la guerra con grande y muy fuerte ejército; mas no prevalecerá, porque le harán traición.
11:26 Aun los que coman de sus manjares le quebrantarán; y su ejército será destruido, y caerán muchos muertos.
11:27 El corazón de estos dos reyes será para hacer mal, y en una misma mesa hablarán mentira; mas no servirá de nada, porque el plazo aún no habrá llegado.
11:28 Y volverá a su tierra con gran riqueza, y su corazón será contra el pacto santo; hará su voluntad, y volverá a su tierra.
11:29 Al tiempo señalado volverá al sur; mas no será la postrera venida como la primera.
11:30 Porque vendrán contra él naves de Quitim, y él se contristará, y volverá, y se enojará contra el pacto santo, y hará según su voluntad; volverá, pues, y se entenderá con los que abandonen el santo pacto.
11:31 Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora.
11:32 Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.
11:33 Y los sabios del pueblo instruirán a muchos; y por algunos días caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo.
11:34 Y en su caída serán ayudados de pequeño socorro; y muchos se juntarán a ellos con lisonjas.
11:35 También algunos de los sabios caerán para ser depurados y limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado; porque aun para esto hay plazo.
11:36 Y el rey hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios; y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y prosperará, hasta que sea consumada la ira; porque lo determinado se cumplirá.
11:37 Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres; ni respetará a dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá.
11:38 Mas honrará en su lugar al dios de las fortalezas, dios que sus padres no conocieron; lo honrará con oro y plata, con piedras preciosas y con cosas de gran precio.
11:39 Con un dios ajeno se hará de las fortalezas más inexpugnables, y colmará de honores a los que le reconozcan, y por precio repartirá la tierra.
11:40 Pero al cabo del tiempo el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará.
11:41 Entrará a la tierra gloriosa, y muchas provincias caerán; mas éstas escaparán de su mano: Edom y Moab, y la mayoría de los hijos de Amón.
11:42 Extenderá su mano contra las tierras, y no escapará el país de Egipto.
11:43 Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto; y los de Libia y de Etiopía le seguirán.
11:44 Pero noticias del oriente y del norte lo atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos.
11:45 Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo; mas llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude.

EL FIN DE LOS TIEMPOS (I): SUFRIMIENTO DEL PUEBLO DE DIOS EN LOS SIGLOS VENIDEROS


Buenos días. Cuando se habla acerca del fin de los tiempos, muchos se atemorizan. Piensan en el Apocalipsis y en el Armagedón, y tiemblan. El propio profeta Daniel se afligió mucho al ver lo que ocurriría en los últimos tiempos como aprendimos en el 10:1-3. Pero el propósito de Dios al dejar la literatura apocalíptica no es atemorizarnos, sino darnos esperanza. El propósito de Dios al mostrarle a Daniel la visión de los últimos tiempos no era afligirlo, sino darle esperanza de que al final el pueblo de Dios vencería. Y al ver la reacción de Daniel, Él envió a Su mensajero para animarlo y fortalecerlo como aprendimos la semana pasada. 

¿Cómo animaría y fortalecería Jehová a Daniel? Primero, tocándole (10:10,16,18); luego, con Su Palabra (10:19); y finalmente, mostrándole la verdad (11:2), la interpretación real de la visión que había tenido. Dios le revelaría a Daniel, con una cantidad impresionante de detalles, lo que ocurriría a su pueblo en los siglos venideros y al final de los tiempos. Hoy aprenderemos acerca de los siglos venideros. Ciertamente, el pueblo de Dios sufriría mucho. Sin embargo, ese tiempo tendría un fin (11:45). Y un tiempo después vendría la Consolación de Israel, Jesús de Nazaret, aunque no se abarca esto en esta visión. No obstante, en el cap. 12 que aprenderemos la próxima semana, Dios Le asegura a Daniel Su victoria al final de los tiempos. Como ya le había mostrado en la visión del cap. 7: “y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán.” (7:27). Amén.

Hoy en día tenemos meteorólogos, entre cuyas funciones está el pronóstico del tiempo. ¿Cómo podemos confiar en su pronóstico? Porque hemos visto cómo han acertado en el pasado. Esto es particularmente cierto en el hemisferio norte. Si el servicio de meteorología de E.E.U.U. dice que va a llover entre las 11:00 am y las 11:45 am, la lluvia cae en ese espacio de tiempo como si hubiese sido planeada por ellos. En el trópico es mucho más difícil pronosticar el tiempo porque los vientos y las condiciones meteorológicas cambian muy súbitamente. Sin embargo, hay un alto porcentaje de acierto también.

En el mensaje de hoy aprenderemos la increíble cantidad de detalle con la que el mensajero celestial reveló a Daniel lo que ocurriría en los siglos venideros. Especialmente, entre el año 336 a.C., con el ascenso de Alejandro Magno, y el 164 a.C., a la muerte de Antíoco IV Epífanes. Y al ver cómo se cumplió todo esto tal cual en la historia, podemos tener esperanza que se cumplirá igualmente lo que se describe en el cap. 12 acerca del fin de los tiempos.

Yo oro para que a través de este mensaje podamos ver a Dios como el Soberano de la historia. Quien ha estado ejecutando Su plan de salvación preciosamente para nosotros. Y que al ver cómo se cumplieron todas estas profecías con una precisión pasmosa, podamos confiar en las promesas de Dios. Y aunque estemos pasando por algún sufrimiento o tribulación en este momento, recordemos que todas ellas tienen un fin. Y que al final el plan de Dios prevalecerá y viviremos gozosos con Él en su reino, si perseveramos en nuestra fe hasta el fin. Amén. 

I.- La caída de los persas (1-4)

Leamos juntos el v.1 por favor. Este versículo está relacionado con el 10:45. Así como el Arcángel Miguel ayuda a este mensajero contra el principado demoníaco de Persia, el mensajero estuvo animando y fortaleciendo a Miguel desde el principio del reinado medopersa, desde el año primero de Darío el medo, para que el Imperio Medopersa cumpliese el propósito de Dios de castigar a Babilonia y de propiciar el regreso de los judíos a Jerusalén para reconstruir el Templo y la ciudad. Aquí podemos ver la preciosa obra de colaboración angelical para cumplir con la misión Divina. 

Así mismo, Dios nos llama a colaborar para hacer Su misión. Debemos animarnos y fortalecernos mutuamente para hacer la obra de Dios. ¿Cómo podemos animarnos y fortalecernos unos a otros? Col. 3:16: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” Debemos llenarnos de la Palabra de Dios y enseñarnos mutuamente la Biblia con toda sabiduría, cantando juntos con gracia en nuestros corazones al Señor. También, Heb. 10:25 nos amonesta: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” Tenemos que congregarnos para poder cantar juntos y animarnos unos a otros por medio de la Palabra y la oración. ¿No es esto lo que hacemos cada domingo? Entonces no dejen de congregarse, vengan para ser animados y fortalecidos espiritualmente, y para animar y fortalecer a otros a seguir cumpliendo con la Misión de Dios.

Leamos ahora juntos el v.2a por favor. Ahora el mensajero celestial animaría y fortalecería aún más a Daniel, mostrándole la verdad de las cosas que acontecerían en los siglos venideros y al final de los tiempos, conforme a la visión que él había tenido en el 10:1. El mensajero celestial le daría a Daniel una cantidad impresionante de detalles históricos que pareciera que estuviese haciendo un recuento de algo que ya había sucedido. De hecho, esto hace pensar a los académicos de la Alta Crítica que el libro de Daniel, o por lo menos estos últimos capítulos, fueron escritos en el 160 a.C., después de que todo esto ya había sucedido.

Leamos juntos el v.2b por favor. Recuerden que estas cosas sucedieron en el año tercero de Ciro rey de Persia (10:1). Ahora el mensajero celestial le está revelando a Daniel que todavía habrá tres reyes más en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas. En realidad, hubo un total de 12 reyes en el Imperio Medopersa después de Ciro II. Los tres siguientes fueron Cambises (530-522 a.C.), Esmerdis (522 a.C.) y Darío I Histaspes (522-486 a.C.). El cuarto fue Jerjes I (486-465 a.C.), llamado Asuero en Ester (Est. 1:1). Éste fue el más rico de los reyes persas y comandó un ejército de más de cinco millones de soldados contra los griegos, pero fue derrotado por ellos. Esto marcó el comienzo del fin para el Imperio Persa que cayó alrededor del 331 a.C. y quedó bajo el dominio de Alejandro Magno, descrito en el v.3 como “un rey valiente, el cual dominará con gran poder y hará su voluntad.”

Leamos juntos el v.4 por favor. Pueden ver que esta visión es una ampliación de la tercera bestia del cap. 7 y del macho cabrío del cap. 8. Alejandro Magno moriría sin descendientes y su gran imperio sería repartido en cuatro reinos entre sus generales: Casandro, que se hizo del control de Macedonia y Grecia; Lisímaco, gobernó Tracia y parte de Asia Menor; Seleuco I Nicátor que tomó Babilonia, pero luego expandió su dominio a Siria y Asia Menor; y Ptolomeo I Sóter, que gobernó Egipto, Libia, Israel y los territorios árabes cercanos. Esto inició el período helenístico.

II.- Los conflictos del período helenístico (5-20)

Los vv. 5-20 describen una serie de conflictos y alianzas entre los reinos del norte y del sur, que históricamente se identifican con los seléucidas (norte) y los ptolomeos (sur). Estos versículos abarcan unos doscientos años de historia, la mayor parte del período conocido como helenístico que comprende desde la muerte de Alejandro Magno en el 323 a.C. hasta la conquista romana del último reino helenístico en el 31 a.C. Este período se caracteriza por la difusión de la cultura griega en una vasta área que incluye el Mediterráneo oriental, Asia Menor, Egipto y partes de Asia Central. 

Leamos juntos los vv. 5-6. Lo primero que menciona el v.5 es que el rey del sur se hará fuerte. Esto quiere decir que los ptolomeos tendrían el control de Israel inicialmente. Históricamente, cuando alguno se hacía fuerte, se hacía del dominio de la Tierra Santa. Luego, el v.6 habla de una alianza matrimonial para sellar la paz. Esto se cumplió cuando Berenice, hija de Ptolomeo II Filadelfo, se casó con Antíoco II Teos, rey seléucida. Sin embargo, esta alianza terminó en traición y conflicto, ya que Antíoco II, Berenice, y su hijo, fueron envenenados por la exesposa del rey seleúcida. Y ella colocó en el trono del norte a su hijo, Seleuco II Calínico. 

Los vv. 7-20 describen una serie de guerras y conflictos entre los dos reinos. Ptolomeo III Evérgetes, hermano de Berenice, vengó la muerte de su hermana invadiendo el territorio seléucida y logrando victorias significativas. Sin embargo, los seléucidas, bajo Antíoco III el Grande, eventualmente recuperaron territorio y continuaron las hostilidades. Y en medio de todo este conflicto se encontraba Israel. Cuando el sur se hacía fuerte, Israel quedaba bajo los ptolomeos; y cuando el norte se hacía fuerte, quedaban bajo los seleúcidas.

Leamos juntos el v.14. Cuando Antíoco III vino contra Ptolomeo IV para conquistar Egipto, algunos judíos apoyaron a los seleúcidas tratando de librarse del dominio ptolemaico. Ellos estaban descontentos por los impuestos de los ptolomeos y por el intento de helenización de la nación. Pensaban que si apoyaban a los seleúcidas serían finalmente libres. Pero cayeron de sus aspiraciones, pues al final los seleúcidas los mantuvieron bajo su dominio y la tierra gloriosa fue consumida por su poder (v.16). 

Leamos juntos el v.17. Antíoco III intentó consolidar su dominio sobre Egipto, pero fue derrotado en la batalla de Rafia por Ptolomeo IV Filopátor. Más tarde, Antíoco III logró victorias en otras campañas, pero al no poder conquistar Egipto, finalmente estableció una alianza matrimonial. Entonces le dio a su hija Cleopatra I como esposa a Ptolomeo V Epífanes, con el fin de conseguir el control sobre Egipto. Pero no lo logró, porque Cleopatra, en lugar de ser leal a su padre, decidió serlo a su marido y a su nuevo país. Así que Antíoco III no tuvo éxito.

En los vv. 18-20 se narra el fin del reinado de Antíoco III El Grande. Se fijó la meta de conquistar a Grecia a lo largo de los territorios costeros del Mediterráneo, pero esto lo puso en conflicto con Roma. Así que un líder romano, Lucio Cornelio Escipión el Asiático, lo detuvo y lo hizo retroceder. Los romanos impusieron unas condiciones extremadamente duras a Antíoco que incluían fuertes sumas de dinero por varios años, ceder todos sus elefantes y navíos, entregar casi todo el territorio de Asia Menor al norte y las montañas de Tarso al occidente, y el envío a Roma de veinte rehenes como garantía de este tratado de rendición, entre los cuales estaba su hijo Antíoco IV. Y así se cumplió con total exactitud la profecía: “y aun hará volver sobre él su oprobio.” (v. 18b). Con el fin de pagar el tributo acordado con Roma, Antíoco III trató de robar un templo en Elimaida, pero fue muerto en el año 187 a.C. Con esto se cumplió lo dicho por el profeta: “Luego volverá su rostro a las fortalezas de su tierra; mas tropezará y caerá, y no será hallado.” (v. 19).

A la muerte de Antíoco III le sucedió en el trono su hijo Seleuco IV Filopátor (187-175 a.C.). Este gravó al pueblo con onerosos tributos para pagar a Roma los mil talentos anuales por un período de nueve años. Envió a Jerusalén a uno de sus principales funcionarios, Heliodoro, para apropiarse de fondos del Templo para pagar estos tributos, pero fue asesinado en una conspiración liderada por éste, con la presunta complicidad de Antíoco IV. Con esto se cumplió la profecía: “será quebrantado, aunque no en ira, ni en batalla.” (v. 20b).

III.- El reinado de un hombre despreciable (21-45)

Leamos juntos el v. 21. El hombre despreciable del que se habla aquí es Antíoco IV Epífanes, quien había estado en Roma como preso político, pero iba en camino de regreso cuando se produjo el asesinato de su hermano Seleuco IV, aparentemente orquestado por él. Su título “Epífanes” significa “dios manifiesto”, pero la gente lo despreciaba y prefería llamarlo “Epímanes” (“loco”). Aunque era un miembro de la descendencia real, el trono le correspondía al hijo de Seleuco, Demetrio, quien, en cambio, fue enviado a ocupar el lugar de Antíoco IV como prisionero en Roma. Aprovechó el vacío de poder para ser corregente con su sobrino, porque todavía éste era menor de edad. Pero pocos años después el muchacho fue asesinado y Antíoco IV Epífanes se quedó con el trono. Vino sin aviso y tomó el reino con halagos.

Podemos notar que el profeta Daniel dedica a este personaje tanto espacio como al resto de los gobernantes anteriores juntos. Esto se debe a que, aunque el pueblo de Israel había sufrido mucho por las luchas entre los reyes del norte y del sur, lo peor iba a llegar de la mano de Antíoco IV Epífanes. Tal iba a ser el sufrimiento que traería al pueblo de Israel, que Antíoco IV prefigura al Anticristo, que en otras partes del libro de Daniel ya hemos mencionado como el “cuerno pequeño” (8:9-12; 23-25). De hecho, esta porción bíblica entera parecer tener un doble cumplimiento, primero con Antíoco IV Epífanes y después en el futuro con el Anticristo. Veamos por ahora el cumplimiento en Antíoco IV.

Entre sus objetivos como rey estaba convertir a Jerusalén en un centro para la cultura griega y ayudar a los judíos a convertirse en ciudadanos griegos con un estilo de vida griego. Las intrigas en que se vio envuelto fueron muchas, pero ciertamente la principal con respecto a Jerusalén fue la manera en que manejó las cosas con los sumos sacerdotes. Arrestó al Sumo Sacerdote piadoso Onías III, quien se oponía a la helenización, y nombró en su lugar a Jasón, hermano de Onías, porque le pagó una suma considerable como soborno y le ofreció su cooperación en la helenización de Judea. Tres años después Menelao, pagó una suma mayor y logró que se le adjudicara el cargo de Sumo Sacerdote en lugar de Jasón, mandando también a asesinar a Onías III.

Leamos ahora juntos el v.22 por favor. Los ejércitos de Egipto fueron destruidos por las fuerzas invasoras de Antíoco como por una inundación. Algunos opinan que Onías III era el príncipe del pacto mencionado aquí y que se está prediciendo su muerte en el 171 a.C. Sin embargo, parece más probable interpretar que este príncipe del pacto sea Ptolomeo VI Filómeter quien hizo pacto con Antíoco para deshacerse de Ptolomeo VIII Evérgetes II, su hermano. Con este pacto, Antíoco intrigó con engaños para adquirir un gran poder en Egipto, y “con poca gente” conquistó Menfis y el resto de Egipto hasta Alejandría. Bajo el disfraz de una falsa amistad, saqueó los lugares de mayor riqueza en Egipto, y para obtener respaldo popular entregaba obsequios lujosos con sus propios despojos de guerra, haciendo ni lo que sus padres pudieron hacer (v.24).

Leamos juntos los vv. 25-28. Antíoco IV organizó sus fuerzas para atacar a Egipto, llegando hasta su frontera en Pelusio cerca del delta del Nilo en el año 170 a.C. Esto se debió a que Antíoco IV escuchó los planes de su sobrino Ptolomeo VI Filométer de tomar el control de Israel. Ptolomeo VI fue con un gran ejército a esta batalla, pero fue vencido por Antíoco IV, en gran medida porque le traicionaron varios de sus generales. Una vez que Antíoco logró derrotar al ejército egipcio, ocupó las fortalezas fronterizas de Pelusio y Menfis, además de apoderarse de grandes zonas de Egipto. Pero el gobierno de Roma, considerando el peligro que suponía para sus intereses la caída de Egipto en manos de Antíoco IV, le obligó a renunciar a cambio de concesiones en Siria. Sin embargo, no regresó con las manos vacías, sino que logró llevarse de Egipto un gran botín de guerra. (“Y volverá a su tierra con gran riqueza”, v.28).

Pero, a Antíoco IV no le había gustado que Roma le impidiera tomar posesión de Egipto, así que, en su viaje de regreso, frustrado como estaba, decidió desquitarse con los judíos, pues los éstos habían tratado de rebelarse contra su autoridad, intentando quitar a Jasón, a quien él mismo había nombrado sumo sacerdote. Así que Antíoco IV aprovechó que los judíos estaban adorando durante el día de reposo y ordenó la muerte indiscriminada de hombres, mujeres y niños. En total dio muerte a 80,000 judíos, tomó 40,000 para su ejército, y vendió a otros 40,000 como esclavos. También profanó el templo y lo saqueó, llevándose gran parte de sus utensilios, y prohibió a los judíos practicar las actividades religiosas del sábado, tener copias de la Ley y practicar la circuncisión. Todo esto lo hizo con la colaboración de Menelao, a quien muchos en Israel se oponían porque había usado los tesoros del templo para pagar el soborno a Antíoco IV, y por sus continuas iniciativas para helenizar al pueblo de Israel.

Leamos ahora juntos los vv. 29-30a. Dos años después, en el 168 a.C., los hermanos Ptolomeo VII y VIII decidieron poner de lado sus rivalidades y unir sus fuerzas contra su tío Antíoco IV, pero éste se dispuso inmediatamente contra ellos. Pero mientras Antíoco IV atacaba Alejandría, recibió la visita del cónsul romano Gayo Popilio Laenas, quien llegó en naves desde el Mediterráneo, y le entregó una carta del senado en la que se le mandaba retirarse de Egipto. Antíoco IV tuvo que aceptar con un gran disgusto las órdenes de Roma, porque de otro modo habría significado entrar en guerra con ellos. Esto fue muy humillante para él.

Leamos juntos los vv. 30b-31. Por segunda vez Antíoco IV descargó su frustración contra los judíos, la ciudad de Jerusalén, su templo y su pacto santo (la Ley). Con esto comenzó una intensa época de persecución para el pueblo de Dios. Apolonio, general de Antíoco IV, entró en Jerusalén con un ejército de 22,000 hombres y esperó hasta el día de reposo para comenzar a saquear, quemar la ciudad y tomar cautivos. Para ello Antíoco se unió con los judíos que habían abrazado la cultura griega y habían abandonado el santo pacto. En su deseo de exterminar el judaísmo, profanó el santuario y abolió el continuo sacrificio. Pero por si esto no fuera suficiente, erigió una estatua del dios Zeus sobre el altar del holocausto y ofreció en él un cerdo a esta divinidad pagana. Esta fue la abominación desoladora.

Como aprendimos en Mat. 24:15ss, Jesús usó esta profecía de Daniel para hablar también de lo que sucederá en los últimos tiempos. En ese mensaje aprendimos que la abominación desoladora tenía un doble cumplimiento, uno en Antíoco IV Epífanes en el 168 a.C.; y el otro, al final de los tiempos, con el Anticristo. Antíoco IV Epífanes es una figura del Anticristo que vendrá. Los sufrimientos del pueblo de Israel bajo el reinado de Antíoco IV prefiguran también los sufrimientos de la Iglesia bajo el Anticristo. Así que debemos estar preparados porque este tiempo puede venir pronto. “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.” (Mat. 24:22). Confiemos, pues, en el amor del Señor para nosotros. Amén.

En los vv. 32-35 se describe cómo Antíoco IV lograría que los judíos apóstatas se unieran a su causa por medio de lisonjas, esto incluía recompensas. Quienes hicieron esto se unieron al sumo sacerdote Menelao, que estaba a las órdenes de Antíoco IV. Sin duda, estos eran judíos que no tenían auténtico temor de Dios. Aun así, no logró doblegar a los judíos fieles que se unieron para luchar contra Antíoco IV. Bajo el sacerdote Matatías se comenzó lo que se conoce como “la revuelta de los Macabeos”. A esto se refería Daniel en el v.32: “mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará”. En esos tiempos en que Antíoco IV intentaba helenizar a los judíos, surgieron hombres fieles que instruían al pueblo en la Ley de Moisés y en la Palabra de Dios. Pero estos judíos fieles que rehusaron someterse al sistema religioso que Antíoco IV quería introducir en el pueblo de Dios, fueron perseguidos y martirizados por causa de su fe. Pero esto tenía un tiempo determinado para acabar (v.35).

Al parecer los judíos eran ayudados de forma limitada desde diferentes lugares, esto contribuyó al fortalecimiento de los Macabeos. Finalmente, un hijo del sacerdote Matatías llamado Judas Macabeo, después de siete años de lucha contra los sirios, logró vencerlos y purificó el Templo y lo rededicó en diciembre del 165 a.C., lo que es la moderna celebración judía conocida como Janucá, o el festival de las luces, en la que se conmemora la limpieza del templo. Los Macabeos reinaron sobre Israel del 142 hasta el 63 a.C., cuando el Imperio Romano los conquistó.

Jerónimo interpretaba toda la sección de los vv. 21-45, como una doble referencia, primero a Antíoco IV Epífanes, y segundo al Anticristo. Pero muchos comentaristas conservadores sostienen que mientras los versículos vv. 21-35 se refieren muy adecuadamente a Antíoco, y secundariamente al Anticristo, los vv. 36-45 deben referirse a uno mayor, más profano y más enemigo de Dios aún que Antíoco IV, es decir, al Anticristo. Así que todo lo narrado en estos versículos ocurrirá en el futuro, en la Gran Tribulación. 

Pero ya nosotros sabemos cuál será el fin de estas cosas: Jesús vencerá y establecerá el Reino de Dios sobre toda la Tierra y sus santos vivirán para siempre con Él en gloria. Y veremos esto en el cap. 12 la próxima semana. Yo oro para que cada uno de nosotros crea que la Palabra de Dios es veraz y que Dios pudo dar a Daniel un vistazo detallado de la historia futura porque ya conoce todo lo que ha de acontecer. Y aunque no sabemos lo que nos depara el futuro, sabemos que ya Dios está allí esperándonos, y que nos ama y nos dará siempre lo que es mejor para nosotros. Confiemos en el Señor, en Su Palabra y en Sus promesas siempre, aun cuando pensemos que estamos en lo más oscuro de nuestras vidas. Amén.

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