2 Reyes 2:1-4

2:1 Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.
2:2 Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el.
2:3 Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el, le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.
2:4 Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó.

ESFUÉRZATE Y SÉ HOMBRE


Buenos días. ¡Feliz Día del Padre! Le doy gracias a Dios por cada uno de los padres que nos acompañan hoy. Es una gran bendición tenerlos aquí y celebrar con ustedes este día. Para nadie es un secreto que el Día del Padre no se celebra con la misma intensidad emocional que el Día de la Madre. Y la razón es que los padres en Latinoamérica generalmente tienen un concepto errado de lo que es la hombría por el concepto machista de la sociedad. Muchos abandonan a sus familias por ir detrás de otras mujeres. O tienen hijos fuera de sus matrimonios que no pueden criar como es debido. O por algún problema conyugal se separan de la madre, y éstas no les permiten ni siquiera ver a sus hijos. O, aunque viven con su familia, dedican mucho tiempo a su trabajo y/o a otras actividades, y sus hijos igual se sienten abandonados emocionalmente. Esta es la triste realidad de nuestra sociedad pecaminosa.

Pero hoy celebraremos con mucha emoción este día aprendiendo la exhortación del rey David en su lecho de muerte para su hijo Salomón, quien le sucedería en el trono: “esfuérzate, y sé hombre”. Aprenderemos lo que significa ser hombre desde el punto de vista bíblico; y cómo podemos llegar a ser los hombres que Dios quiere que seamos. Yo oro para que a través de este mensaje atendamos el consejo divino, y nos esforcemos para llegar a ser los hombres que Dios quiere que seamos. Y que de esta manera podamos ser ejemplo para nuestra sociedad y Dios pueda usarnos para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén. 

I.- Esfuérzate (1-2a)

Leamos juntos el v.1a por favor. 1 y 2 Reyes son anónimos. Cualquier teoría en cuanto a fecha de composición y autor es sólo una conjetura. La tradición dice que Jeremías escribió el libro de Jeremías, el libro de los Reyes y Lamentaciones. La primera parte de 1 Reyes es el tratamiento que el historiador hace del reinado de Salomón, el cual, después del reino de David, fue el más importante del período de unidad política de Israel. La información que nos da sobre David cumple el doble propósito de cerrar el relato de su reino e introducir el relato del reino de Salomón. David es considerado el rey ideal para el pueblo de Dios, y su reinado se extendió aproximadamente desde el 1,005 al 965 a.C. Entonces esta historia ocurriría en torno al 965 a.C., poco antes de la muerte de David, pues Salomón fue constituido rey antes de la muerte de su padre.

Leamos ahora juntos los vv. 1b-2 por favor. Aunque Salomón no era el hijo primogénito de David, heredó su trono porque Jehová así lo había estipulado como se lee en 1Cr. 22:8-10: “Mas vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Tú has derramado mucha sangre, y has hecho grandes guerras; no edificarás casa a mi nombre, porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí. He aquí te nacerá un hijo, el cual será varón de paz, porque yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor; por tanto, su nombre será Salomón, y yo daré paz y reposo sobre Israel en sus días. El edificará casa a mi nombre, y él me será a mí por hijo, y yo le seré por padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre.”

De modo que, cuando David veía que se acercaba el momento de su muerte, llamó a Salomón y le dio el mandamiento que le da título al mensaje de hoy: “esfuérzate, y sé hombre”. Como ya vimos en el subtítulo, vamos a analizar primero el significado de la palabra: “esfuérzate”, y en la segunda parte del mensaje analizaremos el significado del resto de la exhortación. 

“Esfuérzate” es una expresión de aliento o ánimo que aparece 17 veces en la Biblia RVR60. Cuatro veces dirigida a Josué (dos de parte de Moisés y dos de parte de Dios mismo) por la gran tarea que tenía delante de introducir a los israelitas en la tierra prometida; cuatro veces a Salomón por parte de David, por la gran labor de reinar sobre el pueblo y de construir el Templo de Jerusalén; otras tres dirigidas cada una a Esdras, Zorobabel y Josué hijo de Josadac para reconstruir la ciudad de Jerusalén y el Templo después del exilio babilónico; aparece dos veces en dos versiones de la misma historia para animar a los soldados israelitas en una batalla prácticamente imposible contra los sirios y los amonitas; dos veces de forma general al pueblo de Dios en Sal. 27:17 e Isa. 41:6; una a Daniel que había desfallecido ante las grandes visiones del cap.10 de su libro; y, la última, la más curiosa de todas, a Timoteo: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” (2Ti. 2:1).

Podemos ver que se utiliza esta expresión para animar a alguien a realizar una labor que es humanamente imposible. Y, contrario a lo que podríamos pensar, no se refiere a hacer todos los esfuerzos humanamente posibles para realizar esa tarea ― pues igualmente no podrían completarla con sus propias fuerzas ― sino a buscar las fuerzas de Dios para poder completar esta tarea. Y esto lo podemos ver particularmente en la última de las instancias en la que aparece donde se le llama a Timoteo a esforzarse en la gracia de Dios, esto quiere decir a buscar sus fuerzas en la gracia de Dios.

¿Cómo podemos esforzarnos en la gracia de Dios? Esforzarse en la gracia significa hacer un esfuerzo consciente para vivir según los principios y enseñanzas cristianas, confiando en la gracia de Dios para guiarnos y fortalecernos en el camino. Para esto necesitamos participar de las disciplinas cristianas que nos ayudan con este fin, como la oración, la lectura de la Biblia, la participación en la comunidad de la iglesia y el servicio a los demás, siempre buscando reflejar el amor y el carácter de Cristo en la vida diaria. Y cuando fallemos, porque vamos a fallar, confesar nuestros pecados y arrepentirnos de todo corazón, resarciendo el daño hecho y dejando de cometer dicho pecado. Esto es imposible por nuestras propias fuerzas. Necesitamos la guía y ayuda del Espíritu Santo para poder vivir de esta manera.

Cada uno de nosotros necesita esforzarse para ser hombre y padre. Ser padres es el único título que te dan cuando estas comenzando la carrera. No es como la carrera universitaria que uno obtiene el título cuando se gradúa, sino que el título de padre lo obtienes desde el nacimiento del bebé. Y es una tarea para la que definitivamente no estamos preparados. Aunque hayamos leído muchos libros, hayamos asistido a escuelas para padres, nada nos prepara realmente para ser padres. Y en cada una de las etapas de las vidas de nuestros hijos, vamos aprendiendo una nueva dimensión de lo que significa ser padre. El rol del padre de un bebé, no es el mismo del padre de un infante de cuatro años; y mucho menos de un adolescente de 13 años, o peor de un adolescente de 17 años. Y, ¿qué significa ser padre de un joven universitario? O, ¿de un hombre ya casado? Eso es algo totalmente diferente, ¿cierto? Tampoco es lo mismo ser padre de un varón o de una niña. Son cosas distintas, y sin embargo todo eso se engloba dentro de la palabra padre.

Pasa lo mismo con la hombría. Nos dan el título de hombre casi al nacimiento. Pues, desde que nacemos varones somos educados para ser hombres. Aunque, aun respecto a esto hay ahora una gran confusión en la sociedad. Ahora hablan de una identidad de género que no tiene nada que ver con las características fisiológicas del individuo. Y ahora, aunque el muchacho tenga un aparato reproductor masculino, puede identificarse como mujer, y hay que tratarle como mujer para no violentarle. Pero no voy a entrar en estos detalles en este mensaje. Nos quedamos con el modelo tradicional donde, si naces varón, te crían para ser un hombre. Sin embargo, esto no quiere decir que realmente estemos criando verdaderos hombres en Dios.

Vamos a ver a continuación lo que significa ser un hombre desde el punto de vista bíblico. 

II.- Sé hombre (2b-4)

Leamos juntos los vv. 2b-3. La última parte de la exhortación del rey David para Salomón dice: “sé hombre”. En Venezuela usan esta expresión cuando un varón llora, se acobarda o dice algo que no parece muy varonil. Le dicen: “¡Ay vale… sé hombre! O, ¡Ahómbrate! Obviamente, este no es el sentido de las palabras de David para Salomón aquí. Él le está pidiendo a Salomón que se esfuerce y se comporte como un hombre en Dios. ¿Qué significa esto? ¿Qué es ser un hombre en Dios? 

El principio subyacente está en las palabras con las que continúa David su exhortación. Leamos nuevamente el v.3. Hay aquí tres principios fundamentales. Primero, guarda los preceptos de Jehová tu Dios; segundo, anda en Sus caminos; tercero, observa sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios. Vamos a ver cada uno de estos principios con un poco más de detalle.

Primero, guarda los preceptos de Jehová tu Dios. La frase en hebreo tiene la idea de cumplir con las responsabilidades o misión que Dios nos ha mandado. ¿Cuáles son esas responsabilidades o misión que Dios nos ha mandado? Fueron ordenadas en la creación misma del hombre: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” (Gén. 1:28). Esta es la misión de Adán. Debía multiplicarse teniendo hijos, y cuidar de la creación de Dios. Esta misión se expresaría después de la siguiente manera en Gén. 2:15: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.” Entonces, la misión de Adán era cuidar de su familia y de la creación que Dios había hecho. Pero falló estrepitosamente a causa del pecado. 

Así que nuestra misión y responsabilidad en Dios hoy en día es un poco diferente, Jesús Resucitado la expresó de la siguiente manera en Mat. 28:19-20a: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. Seguimos teniendo la responsabilidad de llenar el mundo de gente que glorifique a Dios, pero ahora no solo por medio de tener hijos, sino por medio de hacer discípulos en todas las naciones. Si queremos ser verdaderos hombres en Dios, debemos guiar a nuestras familias en la Palabra de Dios, cuidando de nuestras esposas y de nuestros hijos en el amor del Señor; y debemos hacer discípulos de Dios en todas las naciones, enseñándoles también la Palabra de Dios. Este es el primer principio para ser un hombre en Dios. 

Segundo, anda en Sus caminos. La principal preocupación de David era que Salomón viviera una vida santa y condujera así a Israel en santidad. Andar en el camino del Señor significa vivir una vida en santidad. Está relacionado con el esfuerzo que debemos hacer en la gracia de Dios. Y, por tanto, está relacionado con las disciplinas espirituales. Si queremos ser verdaderos hombres en Dios, debemos orar para pedirle a Dios que nos dé de Su sabiduría para conducirnos cada día; debemos leer la Biblia para aprender lo que Él quiere de nosotros y lo que le agrada. En fin, debemos conducirnos en este mundo como lo hizo Jesús. Debemos vivir como Él vivió. Él es el ejemplo de un hombre en Dios, con la excepción de que no se casó ni tuvo hijos porque eso le impediría cumplir con Su misión en la Tierra. Así que andemos en el camino del Señor, siguiendo el ejemplo de Jesús.

Esto está relacionado con el tercer principio. Tercero, observa sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios. El anciano rey David comprendía bien que el crecimiento moral y espiritual y el desarrollo de una vida santa, sólo eran posibles mediante la obediencia a lo que había sido revelado por Dios en Su Palabra. Esta revelación colocaba a Salomón y al pueblo de Israel bajo la responsabilidad ante Dios de observar: sus estatutos, algo prescrito que luego se convertía en práctica acostumbrada, como lavarse las manos antes de comer, o comer solo alimentos ritualmente limpios (cf. Éxo. 30:21; Lev. 11:1-47); sus mandamientos, designación aplicada primero al Decálogo (los Diez Mandamientos, Éxo. 20:1-17) y también, en su sentido más amplio, a todas las instrucciones de la ley mosaica; sus decretos (En heb. mishpatim, lit. “juicios” u “ordenanzas”); se trataba de decisiones judiciales referentes a casos específicos, las leyes caso que se hallan principalmente en Éxo. 21 – 23 para explicar la aplicación de los Diez Mandamientos; sus testimonios, en un sentido específico, los Diez Mandamientos (Éxo. 31:18), pero en términos generales, cualquier observancia que fuera un testimonio de Dios. En resumen, debían guardar toda la Palabra de Dios.

Y nosotros también, para poder ser verdaderos hombres en Dios, debemos guardar Su Palabra. Pero alguno de ustedes puede protestar diciendo: “Lo que me queda de vida no me alcanzaría para aprenderme toda esta Biblia y ponerla por obra en mi vida”. Y tendría razón. Pero Jesús nos resumió todos los mandamientos en solo dos: “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (Mat 22:37-40). Si amamos a Dios por encima de todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, estaríamos cumpliendo con toda la Palabra de Dios. Pero todavía es necesario estudiar la Biblia para entender todo lo que esto implica.

Entonces, en resumen, Dios creó al hombre para que le glorificara, ese es el propósito del hombre. Y, ¿cómo le podemos glorificar? Esforzándonos y siendo hombres. Echando mano de las disciplinas espirituales para conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas y obedeciendo toda Su Palabra que se resume en amar a Dios por encima de todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos. Pero esto no lo podemos hacer por nosotros mismos. Nuestro deseo continuamente es pecar y desobedecer a Dios. Solamente aceptando a Jesús como nuestro Señor y Salvador y recibiendo el don del Espíritu Santo podemos empezar a hacer estas cosas. 

¿Has aceptado tú a Jesús como tu Salvador? ¿Estás glorificando a Dios en tu vida? ¿Estás viviendo de acuerdo a lo que dice la Palabra de Dios? Si la respuesta es negativa, hoy puedes recibir el mejor regalo del Día del Padre con la salvación de tu alma. Solo debes inclinar tu cabeza y orar diciendo: “Señor, reconozco que soy un pecador. No he sido el hombre que Tú me creaste para ser. Pero acepto que Jesús murió por mis pecados en la cruz para perdonarme y darme una nueva vida. Recibo a Jesús como mi Señor y Salvador y te pido que me des el don del Espíritu Santo para glorificarte con mi vida”. Amén.

Si has hecho esta oración, ya has empezado a esforzarte para ser un verdadero hombre en Dios. Y vendrán sobre ti las bendiciones que David mencionó a Salomón en los vv. 3b-4. Leámoslo juntos por favor. Si obedecemos la Palabra de Dios, Él nos prosperará en todo lo que hagamos y emprendamos, siempre y cuando lo hagamos para Su gloria y conforme a Su voluntad. Y no estoy hablando solo de prosperidad económica, que Dios también lo puede hacer, sino de prosperidad espiritual que es mucho más importante. 

Además, en el caso de David y Salomón, les bendeciría con el trono perpetuo en Israel. Lamentablemente, Salomón y sus descendientes no fueron verdaderos hombres en Dios y el trono fue quitado de Israel. Salomón no guardó los preceptos de Jehová ni anduvo en Su camino por un período de su vida. Sin embargo, después reconoció su error y escribió en Ecl. 12:13: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.” Al final de una vida pecaminosa de placeres, Salomón supo por experiencia propia que lo único que puede satisfacer al hombre es respetar a Dios y obedecer Su Palabra.

Y aunque después del reinado de Salomón, el reino de Israel fue dividido y eventualmente fueron conquistados por Asiria y Babilonia, la promesa de Dios ha persistido y se ha cumplido en Jesús, Hijo de David, quien reinará perpetuamente en el reino de Dios. Y si tú le has aceptado como Señor y Salvador serás parte de ese reino también por la gracia de Dios.

Yo oro para que cada uno de nosotros nos esforcemos en la gracia de Dios y seamos verdaderos hombres que cumplen sus responsabilidades con Dios y con su familia. Que seamos buenos padres para nuestros hijos, guiándolos en el camino de la verdad. Y que seamos padres espirituales para nuestra nación también. Yendo al campus de la Universidad de Panamá e invitando a los estudiantes universitarios a estudiar la Biblia y a guardar todas las cosas que Jesús nos ha mandado. Y que de esta manera Dios nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.

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