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Mateo 5:17-26
5:17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.5:18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.
5:19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.
5:20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
5:21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.
5:22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.
5:23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,
5:24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.
5:25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel.
5:26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.
ANDA, RECONCÍLIATE PRIMERO
ANDA, RECONCILÍATE PRIMERO
Palabra: San Mateo 5:17-26
V, Clave 5:24 “deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”
Buenos Días. Gracias por habernos dado Dios una identidad como sal y luz en este mundo mediante la palabra de la semana pasada. En Jesús iremos avanzando a comprender de esa identidad real día a día.
La palabra de hoy toca el tema del enojo o ira. Cómo controlar este fuego interior puede marcar nuestra vida a la grandeza o a la vergüenza. Jesús nos invita a saber cómo controlarlo y llevar una vida grande delante de él. Oro que Dios nos ayude a llegar a esa altura que Jesús nos quiere que lleguemos.
Primero, Yo he venido a cumplir la ley (17-20)
La predicación de Jesús como el Cristo inició con la palabra “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Jesús les dio palabras de la bienaventuranza y la identidad como sal y luz a sus discípulos. Estas enseñanzas de Jesús sonaban diferentes a la de los lideres religiosos. Por lo tanto, era posible considerarse entre la gente que el Mesías vino a abolir la ley de Moisés.
Pero Jesús menciona en cuanto a la ley de la siguiente manera. Vamos a leer el verso 17. “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” (17) ‘La ley o los profetas’ se refieren a la totalidad del antiguo testamento desde Pentateuco hasta Malaquías. La ley fue dada al pueblo de Israel por medio de Moisés después de ser liberado de la esclavitud de Egipto. Así que la ley no fue dada como una condición para salvarse, sino para que Israel fuera un reino de sacerdotes y gente santa en su salvación de gracia (Éx 19:6). Los profetas incluso salmos fueron dados también con el mismo propósito de la ley. Aunque los hombres no pueden cumplir por su debilidad y flaqueza, la ley de Dios sigue siendo la palabra de Dios vivo que debe ser cumplida. “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.” (Rom 7:12)
Por lo tanto, Jesús declara que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya complido. Jesús vino para cumplirla. ‘Cumplirla’ es la postura de Jesús hacia la ley. Jesús dice “mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos” (29b). Jesús quiere que hagamos las palabras y las enseñemos o sea vivirlas igual que el evangelio. ‘Hacer y enseñar’ es algo que Jesús espera en la vida de los creyentes. “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.” (Mt 7:24) Así que los que aman la ley y toda su palabra y la viven se consideran ‘grandes en el reino de los cielos’
‘hacer y enseñarlos’ no quiere decir lo que hacían los lideres religiosos. Vamos a leer el verso 20. “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.” (20) Hacer y enseñar las leyes no quiere decir ‘legalismo’. Los escribas y los fariseos tomaban su justicia por cumplir la ley ‘religiosamente’, no por practicarla. “Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.” (Lc 18:12)
En relación con la justicia humana, no basta la justicia de los fariseos que cumplían la ley con perfección religiosamente. Antes Dios no hay un justo, ni aun uno (Sal 14:3; Rom 3:10). Ninguno de nosotros humanos puede llegar a la justicia para salvación.
Pero aquí el problema de los fariseos que habla Jesús no era sus actos ceremoniales, sino hipocresía. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.” (Mt 23:23) Lo que Jesús abrogó era la tradición religiosa y el legalismo de ellos, no la ley de gracia. En este sentido nuestra justicia debe ser mayor que los fariseos y los escribas, arrepintiéndonos de toda hipocresía. Es decir, tenemos que vivir el espíritu de la ley sin hipocresía.
Los hombres de fe como Abraham, Isaac y Jacob no eran los hombres perfectos, ni conocían la ley. Pero Dios gustó llamarse ‘Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob’. Aún los profetas no eran perfectos, ellos mismos confesaron que eran impíos (Is 6:5, Jer 1:6). Pero ellos eran los que amaban a Dios y su ley, la hacían y enseñaban. Y según Jesús, ellos están vivos (Mt 22:32).
De hecho, Jesús durante toda su vida, había cumplido la ley. Se observa que se repite la palabra “Escrito está….” en la enseñanza de Jesús. En práctica Jesús pagó aún el impuesto del Templo, siendo el Señor del Templo (Mt 17:27).Y con su muerte la cumplió por completo (Jn 19:30). Por ser cumplido toda la ley en Jesús, él transfiere su justicia a nosotros y llegamos a salvación por gracia. Y en su gracia también llegamos a cumplir toda la ley.
Jesús nos ayuda a hacer y enseñar toda la ley y toda su palabra de la manera eficaz por su sangre preciosa derramada en la cruz. “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; / para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” (Rom 8.3-4) Gracias a Jesús por darnos su justicia y salvación. Gracias a él porque él nos ayuda a hacer y enseñar bien sus palabras por obra eficaz en su sangre. Oro que crezcamos a ser grandes en Cristo por amar y vivir toda su palabra.
En las siguientes palabras, Jesús amablemente toma un ejemplo cómo cumplir la ley.
Segundo, Anda y reconcíliate primero (21-26).
Vamos a leer el verso 21. “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio”. Como sabemos, en el sexto del Diez Mandamiento, se dice “No matarás”. No matar es un mandamiento solemne de Dios. Los que matan a un ser humano llegan a recibir la misma pena. En éxodo 21:12 se dice “El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá.” Levítico 24:17 dice “Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquiera persona, que sufra la muerte.” Estas leyes se entienden aún entre los gentiles, porque el asesinato es el crimen condenado por toda humanidad.
Pero la siguiente palabra despierta nuestra alma. Vamos a leer el verso 22. “Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.” Aquí Jesús condena el enojo al igual que matar. “cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio”. Podemos encontrar que el matar y el enojarse contra su hermano tienen la misma pena en Jesús.
Además decir ‘Necio’ a su hermano será culpable ante el concilio y ‘Fatuo (insensato)’ quedará expuesto al infierno de fuego. ¿Qué palabra tan temible y seria es este verso para nosotros? Esta palabra nos enseña cuanto seriamente Jesús considera nuestro enojo e ira contra algún hermano o hermana. Jesús lo toma con mucha seriedad, ya que el enojo es la raíz de matar. Como sabemos, Abel mató a su hermano Caín por su ira contra él. Moisés, el transmisor de la ley, por su enojo contra su pueblo no fue admitido entrar en la tierra de promesa por Dios.
El enojo es la raíz de toda tragedia. El enojo puede expresarse como ‘asesinato verbal o emocional o espiritual’. Se escucha que por enojo un hombre noble pierde todo su honor y valor. ¿Cuántas veces nos enojamos contra cónyuge, hijos o hermanos? ¿Cuántas veces fallamos en controlar nuestro enojo e ira y fuimos destruidos con gran daño a nosotros mismos? Por supuesto tenemos los motivos justificados por enojarnos. Pero ante Jesús por ningún motivo se justifica el enojarse contra un hermano, ya que Jesús no da ninguna excepción para nuestra excusa.
Como una salida, buscamos a Dios con una ofrenda, pensando ‘¡¡Al menos no tengo problema con Dios!!’. Pero, vamos a leer el verso 23-24. “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, / deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” Dios no recibe nuestra ofrenda y adoración si no tenemos reconciliación con nuestro hermano ofendido. Sin reconciliación con hermanos, Dios no acepta nuestra ofrenda y no nos brinda su paz y gozo por su santidad. ¿Qué palabra tan despertador y dolorosa es? ‘Anda, reconcíliate primero’. ‘Primero’ esta palabra revela que ‘reconciliación con nuestro hermano’ es apremiante y más importante que nuestra ofrenda y adoración.
Aquellos días los interesados (el acusador y el acusado) tenían que caminar juntos para presentarse al tribunal. El tiempo que camina junto era la última oportunidad de reconciliarse. Si pierde esa oportunidad de arreglar las cosas con hermano, el acusado ya no podía solucionar el problema en el tribunal si se destina a una pena. ‘De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante’ Esta palabra quiere decir que ‘no hay posibilidad de salir de esa cárcel de condenación’.
La oportunidad de reconciliación y amar no siempre nos espera. Cuando servía a mi padre en Hospital por su cáncer de colon, había otros pacientes en la misma habitación. Entre ellos había un señor muy enfermo. Un familiar de él vino a hospital y estaba dándole varias preguntas con cariño. “papa, ¿comiste algo?”. Respondió él “Si”. Pregunto de nuevo “¿te sientes bien?”. Respondió “Sí”. Preguntó “¿Quién soy?” Responde “Sí” …… Al parecer ese familiar perdió la oportunidad de comunicarse con su padre y reconciliarse con él en amor. Esa escena me enseñó que debo reconciliarme primero con otros entre tanto que estoy en camino antes de perder la oportunidad.
Jesús sabe que uno puede enojarse con su hermano. Pero lo que nos desea Jesús es que reconciliemos primero con nuestro hermano o hermana. Tal vez no lo hacemos por nuestra debilidad. Pero es cuestión de obedecer a Jesús. “Anda y reconcíliate primero con tu hermano”. Aunque no odiamos, si no tenemos reconciliación con uno ofendido o ofendida, nuestro adversario puede llevarnos a condenación seria y nos puede meter en la cárcel de amargura y gran dolor. La adoración agradable a Dios es el corazón arrepentido, agradecido y reconciliado con los hermanos. Oro que Dios nos ayude a crecer a los hombres que controlan el enojo, obedeciendo a la voz de Jesús quien nos reconcilió con nuestro Dios.
Conclusión, La ley o los profetas o el evangelio fue dado por Dios. Jesús es el dador de la ley y la cumplió por completo. Ahora vivimos en su gracia. Jesús quiere que hagamos y enseñemos sus palabra, especialmente reconciliando con otros hermanos en su amor. Esta vida será la adoración que agrada a Dios. Oro que Jesús nos ayude a cumplir la ley de amor en obediencia. Amén.
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