Mateo 28:16-20
28:16 Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.28:17 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.
28:18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
28:20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
ID, Y HACED DISCÍPULOS A TODAS LAS NACIONES
Buenos días. Hoy finalmente culminaremos el Evangelio Según Mateo después de poco más de dos años. Comenzamos en la navidad de 2021 con la Genealogía de Jesucristo. ¡Increíble! Por supuesto, pudimos haberlo culminado antes, pero tuvimos varias lecturas especiales en el medio. Aunque, de hecho, también pudimos haber demorado un poco más, pero en las últimas lecturas intenté abarcar pasajes bíblicos más largos y dejé algunas cosas por fuera. Es más, los últimos mensajes han sido un poco más largos también para avanzar un poco más rápido. No obstante, creo que lo más importante es que hayamos podido aprender tanto acerca de la vida y de las enseñanzas de Jesús en este evangelio. Especialmente, con el Sermón del Monte. Doy gracias a Dios por permitirnos culminar hoy esta maravillosa aventura en este evangelio. Y oro que cada uno de nosotros haya crecido mucho en su relación con Dios a través de estos mensajes. Amén.
Mateo finaliza su evangelio con un encuentro de los discípulos con Jesús Resucitado en Galilea y con lo que se conoce como “la Gran Comisión”. Hoy aprenderemos acerca de estos temas y veremos cuál es la voluntad de Jesús Resucitado para Su iglesia. Yo oro para que cada uno de nosotros podamos tener un encuentro personal con Jesús Resucitado y que podamos oír Su llamado para la misión a través del pasaje bíblico de hoy, e ir y hacer discípulos a nuestro campo de misión, la Universidad de Panamá. Y que haciendo esto, Dios nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
I.- El encuentro con Jesús Resucitado (16-17)
Leamos juntos el v.16 por favor. En la narración de Mateo pareciera que las mujeres fueron y contaron a los discípulos que habían visto la tumba vacía y a Jesús Resucitado, y les refirieron las palabras del ángel y de Jesús para que fuesen a Galilea y allá Le encontrarían (vv. 7-10), y que ellos inmediatamente fueron. Entonces, pareciera que este encuentro con Jesús Resucitado en Galilea fuese el primero de los discípulos con Él. Sin embargo, sabemos por los otros evangelios que hubo otras apariciones de Jesús en Jerusalén y Galilea antes de esta. Pareciera que el interés de Mateo es demostrar simplemente que Jesús cumplió la promesa que le hizo a Sus discípulos en Mat. 26:32: “Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.”
Antes de avanzar con el pasaje bíblico que nos concierne, me gustaría hacer una pequeña armonización del orden en que probablemente sucedieron las apariciones de Jesús Resucitado para que podamos entender esto un poco mejor.
Primero, la aparición a María Magdalena. Un grupo de mujeres, entre ellas María Magdalena, se acercan al sepulcro muy de mañana para embalsamar el cuerpo de Jesús (Mat. 28:1; Mar. 16:1; Jua. 20:1). Las mujeres se alarman al ver el sepulcro abierto, y María Magdalena corre a contarles a Pedro y Juan la angustiosa noticia de posibles ladrones de tumbas (Jua. 20:2). Entonces, las mujeres que permanecen en el sepulcro se encuentran con dos ángeles, aunque solo uno de ellos habla y les declara que Jesús ha resucitado y que deben decírselo a los discípulos (Mar. 16:5; Luc. 24:4; Mat. 28:5). Las mujeres se asustan y huyen del sepulcro con miedo a hablar (Mar. 16:8). Mientras tanto, Pedro y Juan corren a la tumba para investigar la afirmación de María Magdalena, quien va detrás de ellos. Juan llegó primero, pero no entró al sepulcro; luego, llegó Pedro y entró al sepulcro y lo halló vacío y salió. Juan se anima a entrar al sepulcro y cree en la resurrección. Pedro parece haber salido a meditar todo aquel asunto. (Luc. 24:12; Jua. 20:3-8). María Magdalena, detenida junto al sepulcro, llora y tiene miedo. Mirando dentro de la tumba, ve esta vez a los dos ángeles que le preguntan por qué llora. Entonces Jesús se le acerca por detrás. Ella supone que es el jardinero. Cuando la llama por su nombre, María reconoce su voz, se vuelve y Lo ve. Es la primera aparición (Mar. 16:9-10; Jua. 20:11-16).
Segundo, la aparición a las mujeres. Jesús Resucitado luego se les aparece a las aterradas mujeres y las anima para ir a testificar la resurrección a los apóstoles, y ellas y María Magdalena llegan a los otros apóstoles (Juan y Pedro no habían regresado todavía) y les dan la grandiosa noticia, pero ellos no les creen (Mat. 28:9-10; Luc. 24:9-11).
Tercero, la aparición a Pedro. Aunque no aparece narrado en los evangelios explícitamente, en algún momento después de que Pedro salió del sepulcro, Jesús resucitado se le apareció estando solo para que creyese en la resurrección. Juan ya había creído al ver el sepulcro vacío (Luc. 24:34; 1Co. 15:5).
Cuarto, la aparición a los dos discípulos en el camino a Emaús. Más tarde ese mismo día, iban dos discípulos a la aldea de Emaús y discutían lo que había acontecido, probablemente la muerte de Jesús. Entonces Cristo se les une, pero no lo reconocen. Primero, Jesús les explica las Escrituras; luego se sienta a comer el pan con ellos, allí se les abren los ojos y lo reconocen cuando parte el pan. (Mar. 16:12; Luc. 24:13-31). Y ellos volvieron a Jerusalén y testificaron a los once, quienes ya habían recibido también el testimonio de Pedro (Luc. 24:33-35).
Quinto, la aparición a los diez discípulos, excepto Tomás. Inmediatamente después de escuchar el testimonio de los dos que iban camino a Emaús, Jesús Resucitado aparece a todos los que estaban allí reunidos, de los once solo faltaba Tomás; y comió con ellos y les enseñó. (Mar. 16:14; Luc. 24:36-49; Jua. 20:19-23).
Sexto, la aparición a los once. Ocho días después, Jesús Resucitado aparece nuevamente a los once, ahora Tomás sí está presente. El Señor invita a Tomás a tocar sus heridas y a creer, y Tomás Le confiesa como Señor y Dios. (Jua. 20:24-29).
Séptimo, la aparición junto al Mar de Galilea. Un tiempo indeterminado después, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias, que es el Mar de Galilea. Allí estaban pescando Simón Pedro, Tomás, Natanael, Juan y Jacobo hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Allí el Señor restauró a Pedro haciéndole confesar tres veces que le amaba. (Jua. 21:1-24).
Octavo, la aparición en el monte de Galilea. Finalmente, llegamos a nuestro pasaje bíblico. Es la octava aparición de Jesús Resucitado. Los discípulos habían ido a Galilea como se les había ordenado. Ya vimos que algunos de ellos volvieron a su oficio anterior de pescadores, y allá Jesús los fue a buscar. Ahora estaban en el monte donde Jesús les había ordenado.
Leamos ahora juntos el v.17. Cuando los discípulos vieron a Jesús Resucitado, Le adoraron. En este punto, los once ya Le habían visto por lo menos tres veces, y Le reconocían como el Hijo de Dios digno de adoración. Las mujeres también cuando se encontraron con Jesús Resucitado, Le adoraron (v.9). Jesús no rechazó la adoración de ninguno de ellos porque Él es Dios. Él sabía que solo se debía adorar a Dios, como Le citó a Satanás cuando le tentaba en el desierto: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.” (Mat. 4:10). Así que, si Él estaba aceptando la adoración de ellos, es porque Él es Dios Todopoderoso. Cuando nos encontramos con Jesús Resucitado no podemos hacer otra cosa que adorarle. Él es quien venció el pecado y la muerte para darnos vida eterna. ¡Aleluya!
Pero algunos dudaban. Esto sugiere que allí no estaban solamente los once, sino que esta es la aparición de la que habla el apóstol Pablo en 1Co. 15:6: “Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.” Parece ser que, por el testimonio de los discípulos y de las mujeres, en aquel monte se reunieron más de quinientos seguidores de Jesús para verle resucitado. Entre ellos habría varios que no lo podían creer. ¿Y quién puede culparlos? Aquellos era algo demasiado increíble. Seguramente la apariencia de Jesús no era la misma. Sus padecimientos ya habían pasado para siempre. Se presentó a ellos en Su cuerpo glorificado (aunque no en todo el esplendor de Su gloria como podemos verlo en Apo. 1:12-16). Así que aquella visión sería verdaderamente increíble. En sus cabezas estaba la interrogante: “¿Será este verdaderamente Jesús?” Y el Señor los sacaría de su incredulidad con las palabras que les hablaría a continuación.
II.- La Gran Comisión (18-20)
Leamos juntos el v.18 por favor. Jesús no condenó la incredulidad de algunos de ellos. Él entendía perfectamente que los que antes no lo habían visto resucitado, tendrían dudas como Tomás. En lugar de regañarlos, les afirmó algo que era un gran consuelo para todos: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” Hace unos días atrás parecía que Jesús había perdido la batalla contra los líderes religiosos judíos y contra los romanos. En la cruz parecía que no tenía ningún poder. Pero ahora les dice a Sus discípulos que Él tiene todo poder y autoridad en el cielo y en la tierra. Como Él había obedecido hasta la muerte, y muerte de cruz, Dios lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Flp. 2:8-11). Ahora Él tiene todo poder y autoridad. Así que nada les sucedería a Sus discípulos porque Él iba a estar con ellos hasta el fin del mundo.
Pero estas palabras también implican que la comisión que les daría a continuación no es una sugerencia, sino un mandato. Venía de Su autoridad plenipotenciaria en el cielo y en la tierra. Es como si un oficial le recordara a un soldado su rango antes de darle la orden. Como Él tiene esta autoridad, puede enviar a quien quiera a hacer lo que Él quiera. Y esta es la orden para Sus discípulos.
Leamos juntos los vv. 19-20. “Por tanto, id”. Como Jesús tiene esta autoridad plenipotenciaria en el cielo y en la tierra, por tanto, estamos obligados a ir. No es una sugerencia, es la orden de nuestro Señor. Es Su autoridad la que nos envía, Su autoridad la que nos guía, y Su autoridad la que nos fortalece. Su obra y Su mensaje continuarán en el mundo a través de Sus discípulos fieles que cumplen con la misión que Él les encomendó.
Y, ¿cuál es esa misión? “haced discípulos a todas las naciones”. La frase “haced discípulos” nos recuerda que los discípulos se hacen, no se crean espontáneamente en la conversión; son el producto de un proceso que involucra la colaboración de un maestro bíblico con el trabajo del Espíritu Santo. Y, ¿cómo se hacen los discípulos? Pensemos en el ejemplo de cómo Jesús hizo Sus discípulos. Él llamó a ciertos hombres y les enseñó Su Palabra y los disciplinó durante los tres años y medio de Su ministerio público. De ahí podemos tomar el ejemplo de discipulado.
Primeramente, debemos ir y predicar el evangelio. Cuando anunciamos el evangelio, la gente puede creer la buena noticia de la muerte vicaria de Cristo y de Su resurrección. Entonces, podemos invitarlos a estudiar la Biblia 1:1 y que puedan aprender la voluntad de Dios para sus vidas. Es útil comenzar con los estudios bíblicos de las 12 Etapas. A través de estos estudios bíblicos, la oveja podrá ver cómo Dios creó al hombre a Su imagen y para Su gloria, y cómo la humanidad pecó y se apartó de su Creador. Y aprenderá también diferentes ejemplos de vidas pecaminosas, llegando a identificarse como pecador también y arrepintiéndose de sus pecados. Y al final de las 12 Etapas, confesará a Jesús como el Cristo, como su Señor y Salvador. Este es un buen punto para comenzar el camino del discípulo.
Como saben, en nuestra iglesia tenemos también un programa de discipulado todavía incipiente. En el programa la oveja que realmente quiera ser discípulo de Jesús, debe ser disciplinada en la Palabra de Dios y en la vida cristiana. ¿Cuáles son las disciplinas espirituales que aplicamos en el discipulado? El estudio bíblico 1:1 semanal, escribir y compartir testimonio bíblico cada semana, asistir fielmente al Culto Dominical, y el Pan Diario. A través de estas disciplinas, la oveja crecerá en Su comunión con Dios y en el conocimiento de la Palabra, igualmente debería crecer en santidad por medio del arrepentimiento continuo. Así podrá llegar a ser un verdadero discípulo de Jesús.
Leamos nuevamente el v. 19a. ¿A dónde tenemos que ir a hacer discípulos? ¡A todas las naciones! Esto no significa que cada uno de nosotros tiene que hacer un tour mundial de discipulado. Esta es la Gran Comisión de la Iglesia, a la cual cada uno de nosotros aportamos desde nuestro rincón del mundo. En el caso de UBF, hemos recibido un campo de misión, ¿cuál es? Las universidades. Por eso el ministerio se llama University Bible Fellowsip, Fraternidad Bíblica Universitaria. Y en el caso de UBF Panamá, ¿cuál es el campo de misión? La Universidad de Panamá. Entonces para nosotros el mandato de Jesús es “Id, y haced discípulos a la Universidad de Panamá”. Aunque podríamos ir a cualquier otra universidad del país según Dios nos dé la oportunidad, pero por ahora este es nuestro campo de misión.
¿Qué señal externa identificaría a los discípulos de Jesús? Leamos juntos el v.19b. Así como en el Antiguo Testamento la circuncisión era la señal externa del Pueblo de Dios, en el Nuevo Testamento, el bautismo era la señal externa del Pueblo de Dios. Es decir, si alguien quiere pertenecer al Pueblo de Dios debería obedecer el mandato del bautismo en agua. Esto no significa que el bautismo en agua sea un requisito para la salvación. El malhechor junto a la cruz de Jesús que fue salvado por el Señor no fue bautizado y sin embargo se le prometió el paraíso. Tampoco significa que hay que bautizar a todo aquel que manifieste el deseo de ser un creyente porque el bautismo tampoco asegura la salvación. Sino que el bautismo en agua es una señal de que el creyente quiere ser verdaderamente un discípulo de Jesús y quiere vivir de acuerdo a la Palabra de Dios. Con respecto a esto comenta David Guzik: “Las palabras y el contexto ciertamente indican que son los discípulos que son bautizados, los que tienen edad para poder ser enseñados y que puedan guardar las cosas que Jesús ordenó.”
En nuestro ministerio en Panamá, salvo contadas excepciones, bautizamos en agua a los hermanos que han completado el programa de discipulado y han mostrado así un genuino interés de pertenecer a nuestra comunidad de fe. Victoria me pregunta frecuentemente cuándo la vamos a bautizar, y siempre le respondo que debemos esperar un poco más para que madure y tome su decisión más conscientemente. Aunque por la fe creemos que ella ya es una discípula de Jesús.
Leamos ahora nuevamente el v.20. Ser un discípulo de Jesús implica guardar todas las cosas que Él nos ha mandado, es decir obedecer la Palabra de Dios. Si quieres ser verdaderamente un discípulo de Jesús, debes obedecer Su Palabra cada día. Incluyendo, por supuesto, este mandato de ir a hacer discípulos. Cuando somos discípulos tenemos que ir a hacer más discípulos. Así es que el reino de Dios se expande en el mundo.
También podemos ver aquí que Jesús siempre está con Sus discípulos. Él estará presente con su pueblo hasta que el trabajo de hacer discípulos esté terminado, hasta el fin del mundo. Esta es también una gran promesa para nosotros cuando nos encontramos en angustia o persecución. ¡Jesús está con nosotros en todo tiempo! Jesús va con nosotros cuando vamos a predicar. Jesús está con nosotros en medio de nuestra pobreza, enfermedad y persecución. ¡Jesús está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo! Así que con esta confianza vayamos y hagamos discípulos de Jesús en la Universidad de Panamá, en toda Panamá, en Latinoamérica y hasta lo último de la Tierra. Amén.
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