Mateo 25:14-46
25:14 Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.25:15 A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.
25:16 Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos
25:17 Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos.
25:18 Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
25:19 Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.
25:20 Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.
25:21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
25:22 Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos.
25:23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
25:24 Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;
25:25 por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.
25:26 Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí.
25:27 Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.
25:28 Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.
25:29 Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
25:30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
25:31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,
25:32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartarálos unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.
25:33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.
25:34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
25:35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;
25:36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.
25:37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?
25:38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?
25:39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
25:40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.
25:41 Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
25:42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
25:43 fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.
25:44 Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?
25:45 Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.
25:46 E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.
BIEN, BUEN SIERVO Y FIEL
Buenos días. En las últimas tres semanas hemos aprendido cómo Jesús ha respondido con el Discurso del Monte de los Olivos a la triple pregunta de los discípulos en el v.3. Primero les respondió la última parte: ¿qué señal habrá del fin del siglo? Luego, la segunda parte, ¿qué señal habrá de Su venida? Y la semana pasada la primera parte de la pregunta: “¿Cuándo serán estas cosas?” La respuesta a esta pregunta es que no se sabe el día ni la hora de la venida del Señor. Así que les dijo que deben velar. Y para ejemplificar lo que significa velar les dio tres parábolas: La parábola del padre de familia y el ladrón, la del siervo fiel y prudente, y la de las diez vírgenes. Así, pudimos ver que velar significa esperar atentos a la venida del Señor, sirviéndole en la misión que nos ha encomendado y estando preparados en todo tiempo porque puede demorar en llegar.
Pero, al responder esta pregunta a través de estas parábolas, surge otra interrogante: ¿Cómo debemos servir al Señor mientras Le esperamos? ¿Qué significa ser un siervo fiel y prudente? Y aunque esto no era parte de la pregunta original de los discípulos, Jesús va a responder esto con las últimas dos parábolas del Discurso que aprenderemos el día de hoy. Yo oro para que podamos aprender lo que significa ser siervos buenos y fieles que sirven al Señor con los dones y las oportunidades de servicio que nos ha dado; y ovejas del Señor que hacen obras de misericordia con sus hermanos, a imagen y semejanza de Su Pastor y Padre Celestial. Y que, haciendo estas cosas, el Señor nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa, un pueblo que sirve a todos con amor y diligencia. Amén.
I.- Parábola de los talentos (14-30)
Leamos juntos el vv. 14-15 por favor. Jesús compara el reino de los cielos con un hombre que se fue lejos y les confió sus bienes a tres de sus siervos para que los hicieran producir. A cada uno de ellos les dio cantidades diferentes de dinero conforme a su capacidad. Un talento no era una moneda específica, sino una medida de peso que equivalía a unos 34 kg. Podríamos suponer que eran talentos de plata porque la palabra que se traduce como dinero en el v.18 significa literalmente “plata”. Así que entendemos que el señor le dio a un siervo 170 kg de plata, al otro 78 kg de plata y al último 34 kg de plata. Esto significa que este señor les dio mucho dinero a todos sus siervos.
Quizá podríamos entenderlo mejor si hacemos la conversión en dinero. Un talento contenía unos 6,000 denarios, es decir, 6,000 días de salario de un jornalero, o sea, unos 16 años de trabajo. Así que, el primer siervo recibió el equivalente al salario de 80 años de trabajo de un jornalero; el segundo, 32 años de salario; y el tercero, 16 años de salario. Si lo multiplicamos por $35, que sería el salario diario promedio de un trabajador en Panamá, el primer siervo habría recibido de su señor $1,022,000; el segundo, $408,800; y el tercero, $204,400. ¡Buco billete! Esto quiere decir que este señor confiaba en sus siervos, incluso al que le dio un talento. Pero, le dio a cada uno conforme a sus capacidades. Él sabía lo que cada uno podía manejar. Nadie recibió ni más ni menos dinero del que podía manejar. En caso de que alguno no cumpliera con la tarea asignada por su señor, no podría excusarse diciendo que estuvo abrumado por lo mucho que recibió. El fracaso solo podría atribuirse a la negligencia y falta de respeto a su señor.
El significado de los elementos de esta parábola es claro. El señor representa a Jesús que se iría lejos, al cielo, en Su ascensión después de Su muerte y resurrección. Los siervos son los discípulos a quienes Jesús confiaría sus bienes terrenales antes de marcharse, esto es, el evangelio del reino que Él predicaba, los discípulos tanto actuales como futuros, y el Espíritu Santo con el que predicaba el evangelio. Los talentos es quizá lo más difícil de interpretar para algunos. Se ha llegado a relacionar con el significado moderno de “talento” en español. Diciendo que esto los talentos se refieren a las habilidades naturales que el Señor nos ha dado, y que debemos usarlas para Su servicio y multiplicarlos para Su gloria. El Comentario Beacon dice al respecto: “De esta parábola ha pasado al lenguaje moderno, la acepción de ‘aptitudes’ o ‘dones intelectuales’, aunque parece más apropiado el sentido de ‘oportunidades’ o ‘esferas de servicio’.” Si bien Dios nos ha dado talentos y debemos usarlos para Su gloria, parece mejor interpretar estos talentos como oportunidades de servicio que Dios nos da. A algunos, Dios les da más oportunidades o esferas de servicio, a otros menos, pero todos tenemos oportunidades para servir al Señor y debemos aprovecharlas y fructificarlas.
Veamos qué hicieron cada uno de estos siervos con los talentos que recibieron de su señor. Leamos juntos los vv. 16-18 por favor. Tanto el que había recibido cinco talentos como el que recibió dos, duplicaron lo recibido; pero aquel que había recibido uno, fue y cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor. Esto era algo que solía hacerse en esa época, y aún hasta el siglo pasado se practicaba. La gente para no perder su dinero por las invasiones o a manos de ladrones, lo escondían bajo tierra hasta que tuviesen la necesidad de usarlo. Pero sucedía frecuentemente que morían antes de recuperarlo. Así que mucho tiempo después alguien tenía la dicha de descubrirlo accidentalmente al cavar en ese lugar.
Si aplicamos los talentos como oportunidades o esferas de servicio, sucede también con demasiada frecuencia que aquellos a quienes el Señor les da muchas oportunidades de servir, sirven fiel y gozosamente. Pero aquellos a quienes el Señor les da una oportunidad de servicio, que quizá les puede parecer pequeña e insignificante, no la aprovechan, sino que la dejan sin uso. Debemos aprovechar todas las oportunidades de servicio que el Señor nos da. No todos vamos a ser predicadores en la iglesia, no todos van a ser líderes de alabanza, pero todos podemos servir en algo para el Señor. Se necesitan siempre siervos de oración, gente que ayude en la limpieza y el mantenimiento de la iglesia, gente que abra la puerta y ayude a los invitados a acomodarse silenciosamente en los asientos. Esos servicios también son importantes, aunque quizás a muchos no les parezca.
Yo mismo he servido en todas estas cosas. Fui siervo de limpieza en la iglesia en Caracas; serví limpiando los baños durante dos años seguidos como entrenamiento para aprender humildad (y creo que funcionó muy bien); serví presidiendo el Culto Dominical; abriendo la puerta, recibiendo a la gente, y ayudándoles a acomodarse en sus asientos; llevándole agua al predicador y servilletas para secarse las lágrimas al que compartía testimonio; si alguien derramaba un vaso con agua en medio del culto, lo ayudaba lo más silenciosamente posible a limpiar para que no se interrumpiese el mensaje; serví en el Departamento de Pan Diario, ayudando a elaborar los libros de Pan Diario cada trimestre, desde traducir los panes diarios del inglés al español, hasta imprimir y encuadernar los libritos para los hermanos; serví actuando en los duodramas y teatros; canté en alguno que otro coro, y canté reggaetón en varias convivencias; escribí los guiones para los duodramas, y dirigí y escribí el guion de una obra de teatro para una convivencia; además, he danzado música venezolana y panameña; y por supuesto, también compartí testimonio bíblico y de vida en numerosas ocasiones; y prediqué y dirigí estudio bíblico muchas veces; incluso, llegué a dirigir un grupo de interés en la Conferencia Internacional de 2018 acerca de las Iglesias Hogareñas. No hay oportunidad de servicio que no haya aceptado y tratado de cumplir con todo mi corazón. En ese sentido, creo que me puedo identificar con el siervo que recibió los cinco talentos. He recibido muchas oportunidades de servicio de parte de Dios y he tratado de cumplirlas diligentemente y hacerlas fructificar.
Con esto no estoy tratando de recibir su admiración, sino que intento mostrarles que deben aprovechar toda oportunidad de servicio que el Señor les da. Él les ha dado talentos y dones espirituales para servirle, así que úsenlos para el Señor. Y a medida que vayan siendo fieles, el Señor les irá dando más oportunidades de servicio. Amén.
Leamos ahora juntos los vv. 19-23. Fíjense cómo el Señor dio pistas a Sus discípulos de que demoraría en llegar en el v.19: “Después de mucho tiempo vino el señor”. Y cuando finalmente vino, arregló cuentas con ellos. Tanto el que había recibido cinco talentos como el que recibió dos duplicaron lo que habían recibido. Pero, obviamente, el que había recibido cinco talentos le dio mucha más ganancia a su señor. Sin embargo, pueden ver que la felicitación de ambos fue exactamente la misma en los vv. 21 y 23. El señor no felicitó más al que trajo más, sino que felicitó a ambos de la misma manera: “Bien, buen siervo y fiel”. ¡Cuánto anhelo escuchar estas palabras del Señor! Nuestra meta en la vida tiene que ser glorificar a Dios y agradarle en todo lo que hagamos, de modo que podamos escuchar de Él aquel día: “Bien, buen siervo y fiel”.
En esta frase podemos ver, primero, la evaluación del Señor del trabajo de Su siervo: “Bien”. Esto que quiere decir que el Señor estima beneficioso y valioso el trabajo que el siervo hizo. Y no tiene que ser un gran trabajo, sino un trabajo bien hecho y de todo corazón. En la próxima parábola veremos que puede ser hasta dar un vaso de agua a un hermano sediento. Si lo hacemos con un corazón de amor y servicio, entonces lo haremos bien. Si lo hacemos para esperar la felicitación de alguien o la retribución de la persona, entonces ya no lo estamos haciendo bien.
Luego vemos dos cualidades que el Señor espera en sus siervos: “buen siervo y fiel”. Un buen siervo es aquel que no solamente hace lo que se le pide, sino que va más allá. Cuando hacemos solamente lo que el Señor nos pide, entonces llegamos a ser apenas siervos inútiles como refiere Jesús en Luc. 17:10: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.” Pero si hacemos lo que el Señor nos ha ordenado con humildad y de todo corazón, yendo aún más allá de lo que se nos pide, entonces, quizá, llegaremos a ser buenos siervos.
Tomemos el ejemplo de José, el hijo de Jacob. Siempre servía de todo corazón y más allá de las expectativas de sus señores. Así cuando estuvo en la casa de Potifar dice que “vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía.” (Gén. 39:3-4). Luego, estando en la cárcel, ayudó José al carcelero sirviendo a los otros presos, “y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.” (Gén. 39:22-23). Esto es ser un buen siervo.
Pero no basta con ser un buen siervo, hay que ser fiel también. Y obviamente las dos cosas van de la mano. No se puede ser buen siervo sin ser fiel. ¿Y qué implica ser fiel? La fidelidad implica diligencia, responsabilidad y compromiso. No se trata de resultados espectaculares o grandes logros, sino de cómo utilizamos lo que se nos ha dado, incluso si es “poco”. Dios no mide el éxito humano, sino la fidelidad. Charles Spurgeon comenta al respecto: “Es mejor ser fiel en la escuela para infantes que ser infiel en una clase noble de hombres jóvenes. Mejor ser fiel en una aldea con dos o tres personas, que ser infiel en la parroquia de una gran ciudad, con miles muriendo como consecuencia. Mejor ser fiel en una reunión en una casa, hablando de Cristo crucificado a cincuenta aldeanos, que ser infiel en un edificio grande donde se congregan miles”. Debemos ser fieles donde el Señor nos ponga a servir.
Dios va a felicitar de la misma manera al pastor que ha sido fiel en guiar una iglesia de diez mil creyentes, que el que haya sido fiel en guiar y alimentar una iglesia de cien, o de cincuenta, o de veinte. Él sabe las capacidades y la fidelidad de cada uno. Cuando somos fieles en las pequeñas cosas, estamos demostrando nuestra obediencia y amor hacia Dios. Y como resultado, Él nos confiará más. La recompensa no es solo material, sino también espiritual: “entra en el gozo de tu señor”. Es la alegría de compartir en la obra de Dios y experimentar Su satisfacción. ¿Quiénes quieren entrar en el gozo del Señor? Entonces, seamos buenos siervos y fieles que no solamente hacen las cosas por hacerlas, sino que buscan servir aún más allá, y que están comprometidos con la obra del Señor, sirviendo con diligencia y responsabilidad. Amén.
Pero, ¿qué pasa con el que no aprovecha las oportunidades de servicio? Leamos juntos los vv. 24-30. El que recibió un talento vino con excusas vacías delante de su señor. Supuestamente tuvo miedo de su señor porque pensaba que era hombre duro y astuto. Si de verdad ésta hubiese sido la razón de su temor, hubiese sabido que su señor no iba a aceptar simplemente lo suyo de vuelta, sino que iba a esperar más. Así que habría sabido que debía esforzarse para hacer algo al respecto, por lo menos dar el dinero a los banqueros para generar intereses, como le dice su señor. Pero los franceses tienen un proverbio que bien puede aplicarse a la actitud de ese hombre: “Qui s’excuse s’accuse” (el que se excusa se acusa a sí mismo). Él estaba demostrando que no era sino un siervo holgazán y negligente que quería disfrutar de los beneficios de su señor sin hacer nada para él. Y eso fue precisamente lo que le dijo su señor: “Siervo malo y negligente”. Estos son los adjetivos antónimos de los que les dijo a los otros siervos. Él era malo porque no hizo lo que se le ordenó; y negligente porque simplemente no hizo ningún esfuerzo. Así que por eso lo condenó.
¿Cuántos no hay así en la iglesia? Dicen que no se les da la oportunidad de servir porque no se les da la oportunidad de predicar un mensaje o de pasar aquí al púlpito a hacer cualquier cosa. Pero se les dan oportunidades de servicio en otras áreas y no las aprovechan, o las hacen de mala gana, o simplemente por cumplir, no siendo siervos buenos y diligentes. A éstos el Señor les dirá: “Siervo malo y negligente”. Y les quitará la oportunidad de servicio que les ha dado y se la dará a otro, y pondrá su parte con los infieles en el castigo eterno. Al no cumplir con la misión encomendada, estos siervos demuestran que realmente no son siervos del Señor, que no han nacido de nuevo y que, aunque se hacen llamar creyentes o siervos, no son más que hipócritas que quieren disfrutar de los beneficios, pero no servir al Señor. Dios nos guarde de ser siervos malos y negligentes.
El v. 29 tiene una declaración que parece injusta a simple vista, pero que en realidad refleja la realidad del ministerio cristiano. Quien no quiere servir, aun la poca oportunidad de servicio que se le da, le es quitada, y la terminará haciendo el que realmente tiene deseo de servir y ya está sirviendo en muchas otras áreas. Así que no esperen a que las oportunidades de servicio les sean quitadas, sino sean siervos buenos y fieles en lo poco, y el Señor les irá dando más oportunidades de servicio. Amén.
II.- Parábola de las ovejas y los cabritos (31-46)
Leamos juntos los vv. 31-33. Esta es la séptima y última parábola del Discurso del Monte de los Olivos. Aquí el Señor habla acerca del juicio final que ocurrirá en Su Segunda Venida. Y lo compara con la costumbre de los pastores de separar las ovejas de los cabritos. Aunque las ovejas y las cabras pastaban juntas durante el día, se dice que los pastores palestinos separaban a las ovejas y las cabras por la noche, porque las cabras necesitan estar abrigadas de noche y las ovejas prefieren estar al aire libre. Las ovejas eran más valiosas que las cabras por los beneficios que producían (lana, leche, carne, y sacrificio), y esto pudo haber influido en la manera en que estos términos se interpretaran en un uso figurado. Así, las ovejas estaban asociadas con el bien, en tanto que las cabras estaban asociadas con problemas.
Cuando Jesús venga nuevamente, será un juez que separará a los verdaderos creyentes de los incrédulos, y a cada uno enviará a su destino eterno. Y hay algunos dentro de la iglesia que realmente no son verdaderos creyentes, no son ovejas del Señor; sino que son incrédulos, cabras que van por donde quieren sin escuchar la voz del Pastor. Veamos a continuación qué hará el Señor con unos y con otros.
Leamos juntos por favor los vv. 34-46. Carr, citado por el Comentario Beacon, dice que estos versículos están ideados según las reglas de la poesía hebrea. Hay aquí dos grandes divisiones paralelas: la primera abarca los vv. 34-40; y la segunda, los vv. 41-46. Fíjense que el v.34 es paralelo al v.41; los vv. 35-36 lo son a los vv. 42-43; los vv. 37-39 con el v.44; y el v.40 responde al v.45. Y en esta parábola poética se presenta la forma para reconocer quiénes son ovejas o verdaderos creyentes, y quiénes cabritos o falsos creyentes. Las ovejas, los verdaderos creyentes, son los que hacen obras de misericordia a otros. Dan de comer al hambriento, de beber al sediento, acogen a los forasteros, visten al desnudo, y visitan a los enfermos y a los presos. En cambio, los cabritos, los que nos son verdaderos creyentes, cuando ven a alguien en necesidad no le sirven de ninguna manera, sino que los dejan solos en sus penas. Y al hacer eso demuestran que realmente no son hijos de Dios, porque no se comportan como el Padre Celestial que es misericordioso con los que sufren. Y, según el v.46, estos dos grupos serán separados eternamente. Los falsos creyentes irán al castigo eterno, y los verdaderos creyentes a la vida eterna en el reino de Dios.
Quizás algunos de ustedes puedan estar pensando que nuestra iglesia no hace estas obras de misericordia. Nosotros no vamos a visitar a los enfermos a los hospitales, ni vamos a visitar a los presos en la cárcel. No vamos a llevar alimentos a los hambrientos, ni ropa a los necesitados. Pero hay iglesias que hacen esto, ¿cierto? Hay muchas iglesias que tienen estos ministerios, gracias a Dios y que Dios las continúe bendiciendo. ¿Y cuál es nuestro ministerio? ¿No son los jóvenes universitarios? ¿Cuántas iglesias tienen este ministerio? ¿Cuántos están ayudando a los jóvenes universitarios? ¿Quién ha ido a dar un plato de comida a un estudiante hambriento que apenas tiene para el pasaje? ¿Quién le ayudado con una fotocopia, un libro, acceso a internet, o incluso dándole el bote a una estación del metro o del Metrobus? ¿No son éstas también obras de misericordia? No digo que sea más importante ayudar a un joven universitario que a un enfermo en un hospital o a alguien que está preso, pero digo que debemos cumplir primeramente con el ministerio que nos ha encomendado el Señor. Cuando cumplamos fielmente nuestro ministerio, podemos expandirnos a otras oportunidades de servicio. Pero primero seamos siervos buenos y fieles en lo que el Señor nos ha encomendado.
Yo oro para que seamos siervos buenos y fieles que cumplen con la misión que Dios nos ha encomendado con los jóvenes universitarios. Que seamos ovejas del Señor que hacen obras de misericordia entre los jóvenes universitarios panameños. Y que Dios nos ayude a tener suficientes obreros y oportunidades también para expandirnos a otras áreas de servicio, si es Su voluntad. Y que así nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
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