Mateo 22:23-33
22:23 Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron,22:24 diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano.
22:25 Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano.
22:26 De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo.
22:27 Y después de todos murió también la mujer.
22:28 En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?
22:29 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.
22:30 Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.
22:31 Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo:
22:32 Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.
22:33 Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina.
DIOS DE VIVOS
Buenos días. En el pasaje bíblico de hoy veremos cómo Jesús sigue maravillando a Su audiencia con Su gran sabiduría. La semana pasada vimos cómo salió airosamente de la trampa que los herodianos y los fariseos astutamente le tendieron con la pregunta: “¿Es lícito dar tributo a César, o no?” Respondiéndoles: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.” Allí aprendimos que debemos cumplir tanto con nuestras responsabilidades civiles como con las religiosas. Debemos ser buenos ciudadanos cumpliendo las leyes de nuestro país, y también buenos cristianos dedicando nuestro tiempo y nuestros recursos materiales para la obra de Dios.
En el pasaje bíblico de hoy veremos una nueva pregunta capciosa que se le hace a Jesús para probar Su sabiduría y tratar de desacreditarle delante de la gente otra vez, pero esta vez, la pregunta la hacen los saduceos. Esta secta de los judíos no creía en la resurrección y querían ridiculizar a Jesús y demostrar que esta enseñanza era falsa. Sin embargo, Jesús les respondió con una revelación acerca de la resurrección y demostrándoles a través de la Escrituras que es real. Con esta enseñanza, Jesús nos da una valiosa lección sobre la vida después de la muerte y nos muestra la importancia de creer en la resurrección.
Oro para que través de este mensaje aprendamos la importancia de creer en la resurrección y de vivir con la esperanza de la resurrección en nuestros corazones. Que entendamos que Jehová no es Dios de muertos, sino de vivos. Y que todo aquel que cree en Jesús y vive de acuerdo a Sus mandamientos, aunque esté muerto vivirá. Oro para que cada uno de nosotros pueda creer en la resurrección y que vivamos cada día con la esperanza de la resurrección en nuestros corazones. Y que seamos poderosos testigos de la resurrección, predicando el evangelio de la muerte y resurrección en los campus universitarios de Panamá, de modo que Dios nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
I.- La macabra pregunta de los saduceos (23-28)
Leamos juntos v.23 por favor. Después de que los herodianos y los fariseos fallasen en su intento de entrampar a Jesús, los saduceos vinieron aquel mismo día a tratar de ridiculizarlo y demostrar que la enseñanza de la resurrección era falsa. Los saduceos no eran muy numerosos, pero eran la clase rica, aristocrática y gobernante. Los principales sacerdotes, por ejemplo, eran saduceos. En política eran colaboracionistas; totalmente dispuestos a cooperar con el gobierno romano si así podían conservar su posición y privilegios. En lo referente a sus creencias judías, eran tradicionalistas. Rechazaban la ley oral de los escribas, que para los fariseos tenía tanta importancia como la Ley escrita. Pero llegaban más lejos todavía: solo aceptaban como Escritura la Torá, el Pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. No aceptaban como Escritura ni los Profetas ni los Libros Poéticos.
Como podemos ver en Hch. 23:8: “los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu” porque, según ellos, nada de eso se encuentra en la Torá. Por tanto, eran materialistas y no aceptaban las cosas sobrenaturales. Y lo podemos ver en su estilo de vida. Ellos procuraban las riquezas en este mundo. Controlaban todo el negocio en torno al Templo de Jerusalén, la venta de los animales para el sacrificio, los cambios de moneda, etc. Vivían en las mejores casas de Jerusalén, cerca del Templo; y vestían con ropas espléndidas. Ocupaban importantes cargos políticos y religiosos, como el de sumo sacerdote, y como parte del Sanedrín. Sostenían que Dios premiaba en vida a los hombres buenos, por lo que ellos, al ser ricos, tenían Su favor.
Particularmente se oponían a los fariseos porque negaban completamente cualquier vida después de la muerte, uno de los puntos en los que insistían los fariseos. Pero, los saduceos decían que esta doctrina de la vida después de la muerte no se podía demostrar con la Torá. E inventaron una macabra historia que creían que reducía al absurdo la doctrina de la resurrección. Y que había dejado mudos a los maestros de los fariseos. Ahora le plantean esta historia a Jesús, esperando dejarlo en ridículo.
Leamos juntos los vv. 24-28 por favor. Antes de narrar su tétrica historia, comienzan citando la ley del levirato que se encuentra en Deu. 25:5-10 J. Se le conoce como ley del levirato por el latín levir que significa “cuñado”. Según esta ley, si un hombre moría sin hijos, el hermano tenía que casarse con la viuda para darle un heredero. El primogénito de esta unión se consideraba legalmente hijo del difunto y por lo tanto su heredero. Así se mantenía la propiedad dentro de la familia y se garantizaba que la viuda no quedara desamparada. Según MacArthur: “Estos no eran matrimonios obligatorios en Israel, pero eran aplicados como fuertes opciones para los hermanos que compartían la misma propiedad. Obviamente, esto requería que el hermano fuera soltero y deseara mantener la propiedad en la familia al dársela en heredad a un hijo. […] Aunque no era obligatoria, esta práctica reflejaba afecto fraternal, y si un hermano soltero se rehusaba a conformarse con esta práctica, él era confrontado con menosprecio y humillación por parte de los ancianos.” Así que era de cumplimiento más o menos obligatorio, sino se quería ser humillado.
Vemos que esta práctica es anterior a la Ley en Gén. 38 con la historia de Judá y Tamar. El primogénito de Judá, Er, se casó con una mujer llamada Tamar. Pero Er “fue malo ante los ojos de Jehová, y le quitó Jehová la vida.” (Gén. 38:7). Entonces, Judá, le dio a su segundo hijo, Onán, por marido para que le levantase descendencia a Er (Gén. 38:8). Pero Onán actuó mal delante de los ojos de Jehová y Dios también le quitó la vida. Así que Judá debía darle su tercer hijo, Sela, por marido, pero se preocupó porque pensaba que esta mujer era como una viuda negra, por lo que la envió a la casa de su padre con la excusa de que Sela era muy joven todavía (Gén. 38:11). Pasó mucho tiempo, y Tamar se dio cuenta que Judá no le iba a dar por marido a Sela, así que ella fue a mostrarse a Judá a ver si se acordaba de ella, pero él pensó que era una ramera y se llegó a ella. Ella quedó embarazada de Judá y él se la llevó a su casa, aunque no estuvo más con ella. Y así nació Fares quién sería uno de los antepasados de Jesús según Mat. 1:3.
Los saduceos pudieron haber usado esa historia y preguntarle a Jesús de quién sería mujer Tamar en la resurrección. Pero en lugar de eso, se inventaron una historia aún más trágica, en la que siete hermanos fueron muriendo sucesivamente sin dejar descendencia, todos habiéndose casado con la misma mujer, y finalmente murió también la mujer sin hijos, y entonces preguntaron: “En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?” Esta pregunta era muy difícil de responder porque cualquier respuesta era insatisfactoria. Si Jesús decía que sería mujer del primero porque fue el primer marido, entonces discutirían que igualmente todos la tuvieron y que no tenía sentido; si decía que del último, porque fue el último que la tuvo por mujer, entonces dirían que no era lógico porque todos la conocieron como mujer. Así que no había manera de dar una respuesta satisfactoria a esta pregunta. Según los saduceos, esto demostraba que no había resurrección.
Los fariseos también cuando discutían acerca de la resurrección entre ellos, discutían detalles rebuscados, tales como si se resucitaría vestido o desnudo; si vestido, ¿resucitaría uno con la ropa que tenía puesta cuando murió, o con otra? De la misma manera, algunos cristianos cuando piensan hoy en día en la resurrección se hacen preguntas de este tipo: “¿Voy a resucitar con este cuerpo?” “¿Seré más alto, más delgado?” “¿Seré todavía calvo o me volverá a crecer el pelo?” “Si un bebé muere, ¿resucitará bebé o adulto? Y si bebé, ¿será bebé para siempre?”. ¡Son el mismo tipo de preguntas necias! No hay una respuesta clara al respecto en la Biblia. Así que no tiene sentido discutir este tipo de preguntas.
Veamos la respuesta de Jesús para los saduceos a continuación.
II.- La maravillosa respuesta de Jesús (29-33)
Leamos juntos el v.29. Jesús les informa a los saduceos que su pregunta es errada en dos sentidos. Primero, ignoran las Escrituras; y segundo, ignoran el poder de Dios.
Primero, ignoran las Escrituras. Los saduceos hacían este tipo de preguntas porque no entendían bien la Biblia. Ellos citaron un pasaje bíblico, pero no entendían bien cómo ese pasaje bíblico se conectaba con el resto de las Escrituras. Muchos hacen lo mismo hoy en día. Sacan un versículo o un pasaje bíblico de su contexto y dan una enseñanza de lo que ese versículo o pasaje bíblico parece decir. Pero cuando estudias el versículo o el pasaje en su contexto, y lo conectas con el resto de la Biblia, puedes entender que realmente no es eso lo que está diciendo, sino otra cosa totalmente distinta. Por eso es importante estudiar siempre el pasaje bíblico en su contexto tanto escritural como histórico, geográfico, político y socioeconómico. ¿Qué tipo de libro es este, histórico, poético, profético, apocalíptico? ¿Quién lo escribió? ¿Cuándo y dónde lo escribió? ¿Qué llevó al autor a escribirlo? ¿Qué estaba pasando en ese momento en la vida del autor? Si no somos capaces de responder estas preguntas antes de interpretar un versículo o un pasaje bíblico, probablemente no lo interpretaremos correctamente.
Los saduceos no creían en la resurrección de los muertos porque solamente aceptaban una parte de las Escrituras nada más y les parecía que en esa parte no se hablaba de la resurrección. Pero Jesús les demostraría más adelante con un ejemplo que sí había referencias a la resurrección en la Torá, aunque ellos no quisiesen aceptar las claras referencias en los Profetas. Entonces, uno de los principales problemas de los saduceos es que ignoraban las Escrituras, y esto también los había llevado a no aceptar los libros proféticos ni poéticos como Escritura inspirada por Dios y que les podía ayudar a entender mejor el tema de la resurrección.
Segundo, ignoran el poder de Dios. También ignoraban era el poder de Dios. Esta era la razón por la que los saduceos no creían en cosas sobrenaturales como ángeles, espíritus y en la resurrección del cuerpo. También es cierto que los fariseos estaban equivocados en su interpretación de cómo sería la resurrección del cuerpo. Ellos pensaban que la resurrección y el reino de Dios serían una continuación de la vida en este mundo. Sería como si la persona muriese y después cuando resucitase se levantase a continuar la vida que tenía aquí. Pero Dios tiene el poder de hacer nuevas todas las cosas. Un nuevo cuerpo en la resurrección y un nuevo orden en el Reino de Dios.
El teólogo inglés Matthew Poole interpreta magistralmente la respuesta de Jesús en el v.29 de la siguiente manera: “Si ustedes conocieran el poder de Dios, sabrían que Dios es capaz de resucitar a los muertos… si ustedes conocieran las Escrituras, sabrían que Dios resucitará a los muertos”. Estudiemos profunda e inductivamente la Biblia para no caer en el mismo error de los saduceos y recordemos cada día que Dios es Todopoderoso. Amén.
Leamos ahora juntos el v.30. Después de señalarles su error, Jesús les hace una fascinante revelación a los saduceos. Y digo que es una revelación porque no hay un pasaje bíblico en el Antiguo Testamento que afirme tal cual esto: La resurrección no será una continuación de la vida en este mundo. En la resurrección ya no habrá matrimonios, seremos como los ángeles de Dios en el cielo que no se casan. Y es de esperarse. Dios nos creó varón y hembra para fructificar y multiplicarnos. La función principal del matrimonio es la reproducción y la satisfacción de nuestras necesidades emocionales e íntimas. Pero en el reino de Dios ya no habrá necesidad de multiplicarse. Creo que seremos más que suficientes para llenar el reino de Dios. Además, no habrá muerte que merme la población. Así que parece más que lógico que no haya la necesidad del matrimonio.
Esto implica también que nuestros cuerpos serán fundamentalmente diferentes. Creo que nuestro cuerpo no estará sujeto a las necesidades fisiológicas que tenemos hoy en día. No habrá necesidad de comer, de beber, de dormir, ni de tener relaciones íntimas. Tampoco tendremos las necesidades emocionales que nos ayuda a satisfacer la vida en pareja. Tendremos una comunión íntima perfecta con Dios. Estaremos casados con Dios para siempre. Así que el matrimonio no será necesario. Estaremos plenamente satisfechos, realizados y felices en nuestra comunión con Dios.
Esto quizá puede generar otras preguntas. Entonces, ¿no reconoceré a mi cónyuge en el reino de Dios? ¿Sabré quiénes son mi padre, mi madre y mis hermanos? ¿Recordaré la vida aquí en la Tierra? ¿Viviremos en la Tierra o en el cielo? No existe una respuesta clara en la Biblia para estas preguntas. Y tampoco hay una interpretación única hoy en día en los círculos cristianos. Pero estas no son las preguntas importantes. La pregunta importante que debes hacerte es: ¿Seré yo parte de esa resurrección? ¿Estaré yo en el reino de Dios? Y para responder esa pregunta, debes responder esta primero: ¿Es Jesús tu Señor y Salvador? ¿Has nacido de nuevo? ¿Estás viviendo conforme a los mandamientos de Dios? Si la respuesta a estas preguntas es positiva, nos veremos entonces en el reino de Dios. Aunque no sé si los reconoceré o no.
La resurrección de los muertos es una de las doctrinas fundamentales del cristianismo. Si no creemos que exista la resurrección, entonces Jesucristo no resucitó, y el cristianismo está basado en una mentira. Y esto lo trata el apóstol Pablo en 1Co. 15:12-17: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.” Pero, Cristo resucitó para perdonar nuestros pecados y darnos vida eterna. Jesús es la resurrección y la vida; y el que cree en Él, aunque esté muerto, vivirá. (Jua. 11:25) ¿Crees esto? Entonces, también serás resucitado para vida en el reino de Dios.
Debemos vivir cada día con la esperanza de la resurrección en nuestros corazones. Los saduceos tenían toda su esperanza en este mundo y por eso vivían solamente para acumular riquezas. Pero hemos aprendido en el Sermón del Monte que Jesús enseñó: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mat. 6:19-21). Pongamos nuestra esperanza en el reino de Dios y hagamos tesoros en el cielo usando nuestro tiempo y recursos materiales para servir al reino de Dios mientras estamos en este mundo.
Una mujer fue diagnosticada con una enfermedad terminal. Mientras organizaba sus cosas, contactó a su pastor y le pidió que fuera a su casa para discutir algunos de sus deseos finales. Le dijo las canciones que quería que se cantaran en su servicio fúnebre, las Escrituras que quería que se leyeran, y la ropa con que quería ser enterrada. También pidió que la enterraran con su Biblia favorita. Cuando el pastor se preparaba para irse, la mujer recordó algo más. “Hay una cosa más”, dijo emocionada. “¿Qué cosa?” dijo el pastor. “Quiero ser enterrada con un tenedor en mi mano derecha”. El pastor se quedó mirando a la mujer, sin saber qué decir. La mujer explicó: “En todos mis años de asistir a las cenas de la iglesia donde cada quien llevaba comida para compartir, cuando se terminaba el plato principal, alguien siempre decía: ‘Mantén tu tenedor’. Era mi parte favorita de la comida porque sabía que algo mejor estaba por venir, como un pastel de chocolate o un pay de manzana. Así que cuando la gente me vea en ese ataúd con un tenedor en la mano y pregunte: ‘¿Por qué el tenedor?’ Quiero que le diga: ‘Mantén tu tenedor. ¡Lo mejor está por venir!’”.
Leamos ahora juntos los vv. 31-32. Finalmente, Jesús les va a mostrar en la Torá, la única parte de la Biblia que ellos aceptaban, un argumento a favor de la resurrección. Y para esto les cita Exo. 3:6 donde Jehová se presenta a Moisés en la zarza ardiente diciendo: “Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob.” Para el momento en que Jehová llamó a Moisés, Abraham, Isaac y Jacob ya llevaban mucho tiempo muertos. Pero Dios se presenta como el Dios de ellos en tiempo presente. Dios no diría: “Yo soy el Dios de tus padres”, si pensara que Abraham, Isaac y Jacob estaban muertos. Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Según las palabras de Dios, ellos todavía vivían. Ya no en este mundo, pero sí en la eternidad con Él. Las almas de Abraham, Isaac y Jacob, habitaban con Dios esperando la resurrección. Así que hay una vida más allá de la muerte. Aunque nuestro cuerpo mortal perezca en este mundo, nuestra alma vivirá eternamente con Dios y le será dada un nuevo cuerpo glorioso e incorruptible en la resurrección.
Esta respuesta de Jesús fue totalmente inesperada y fascinante para los saduceos. Su argumento en contra de la resurrección quedó hecho pedazos. Jesús había hecho lo que no habían conseguido hacer los rabinos fariseos más sabios. Refutó a los saduceos con textos de la misma Escritura, y les demostró que hay una vida después de la muerte que no se puede concebir en términos terrenales. En el v.33 vemos que la gente se admiró de Su doctrina. Hasta los mismos fariseos debieron haberse contenido para no vitorearle. Esta es la sabiduría de Dios en acción.
Yo oro para que cada uno de nosotros viva cada día con la esperanza de la resurrección en sus corazones. Que no vivamos en este mundo como si esta vida fuese todo lo que hay. Sino que tengamos puestos siempre los ojos en la eternidad. Y mantengamos nuestros tenedores esperando lo mejor: La segunda venida de Jesús y el establecimiento definitivo del Reino de Dios. Que podamos ser testigos de la resurrección, predicando el evangelio en todo lugar a donde vayamos a tiempo y fuera de tiempo. Especialmente, que vayamos a nuestro campo de misión, la Universidad de Panamá, y ayudemos a los estudiantes a llenarse de la esperanza de la resurrección, convirtiendo así a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén.
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