Mateo 21:28-46
21:28 Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña.21:29 Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.
21:30 Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue.
21:31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.
21:32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.
21:33 Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.
21:34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.
21:35 Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon.
21:36 Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera.
21:37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.
21:38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad.
21:39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.
21:40 Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?
21:41 Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.
21:42 Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
21:43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.
21:44 Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.
21:45 Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos.
21:46 Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.
EL REINO DE DIOS SERÁ DADO A LOS QUE PRODUZCAN FRUTOS
Buenos días. Hoy aprenderemos dos parábolas que Jesús refirió a los líderes religiosos judíos después de que estos evadieron responder de dónde venía la autoridad de Juan el Bautista según lo que aprendimos la semana pasada. Con estas parábolas Jesús también está condenando la hipocresía de ellos. Y en Su conclusión, que le da título a este mensaje, les dice que el reino de Dios les sería quitado a ellos, y les sería dado a gente que produzca los frutos de él. Por eso, a través de este mensaje, aprenderemos el significado de estas parábolas de Jesús y cuáles son los frutos que debemos producir para que el reino de Dios nos sea dado. Yo oro para que cada uno de nosotros pueda producir el fruto que Dios espera y que el reino de Dios nos sea dado. Amén.
I.- La parábola de los dos hijos (28-32)
Leamos juntos los vv. 28-30. La primera parábola que Jesús les planteó a los principales sacerdotes y a los ancianos del pueblo es la de los dos hijos. Esta parábola es exclusiva de Mateo. Jesús comenzó Su enseñanza con una excelente forma de atraer la atención: “Pero ¿qué os parece?” (v.28). Les iba a contar una historia y luego pediría su opinión al respecto. Entonces, les plantea una escena cotidiana en Israel que presenta como una parábola. Era normal que un padre de familia, dueño de una viña, enviase a sus hijos a colaborar en el negocio familiar, aun desde muy jóvenes. Ellos heredarían el negocio familiar y tenían que aprender cómo llevarlo.
Entonces, el padre se acerca al primer hijo y le pide que vaya a trabajar hoy en su viña. Pero el muchacho quizá ya tenía sus propios planes y le contestó a su padre: “No quiero” (v.29). Quizás esto no nos parezca muy ofensivo en nuestros días. Los muchachos de hoy ya no respetan a sus mayores e incluso contestan mal. Pero en la época de Jesús la respuesta de este muchacho era muy ofensiva. Con esta respuesta, este muchacho se estaba mostrando como un hijo abiertamente desobediente, contraviniendo el Quinto Mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre” (Exo. 20:12). Esto era una deshonra para su padre. Y pareciese que el padre le daba esa libertad porque no le dice nada ante su negativa. Sin embargo, aquel muchacho se da cuenta de su error, se arrepiente de haberle contestado así a su padre, y finalmente va a la viña a trabajar como se lo pidió su padre.
El padre se acercó también a su otro hijo, y le pidió lo mismo: “Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.” Y aquel hijo se mostró como un muchacho obediente y respetuoso de su padre contestándole: “Sí, señor, voy.” Pero luego agrega Jesús: “Y no fue.” La ofensa de este hijo fue mucho peor que la del otro. No ir después de haber prometido hacerlo era peor que no haberlo prometido; este hijo violó su palabra para con su propio padre. Este muchacho es el colmo de la hipocresía. Se mostró como una persona obediente y respetuosa ante su padre, pero en realidad no le tenía ningún respeto y no le importaba mentirle en su propia cara.
La clave de la interpretación correcta de esta parábola está en que no alaba realmente a ninguno de los dos hijos. Nos presenta el retrato de dos clases de personas muy imperfectas. Ninguno de los dos hijos de la parábola era la clase de hijo que le produce una gran satisfacción y alegría a su padre. Los dos dejaban mucho que desear. El hijo ideal habría sido el que aceptara las órdenes del padre con obediencia y con respeto, y que las cumpliera sin discusión ni demora. Y aunque esta clase de hijo no se presenta en la parábola, el que al final obedeció era incalculablemente mejor que el otro. Y así lo reconocerían los líderes religiosos judíos.
Leamos juntos el v.31a por favor. Aunque ninguno de los dos hijos hizo bien, al menos el primero hizo la voluntad del padre porque fue y trabajó en la viña. Aunque contestó de forma insolente y egoísta a su padre, luego se arrepintió y fue a trabajar en la viña del padre. Y precisamente la clave de la enseñanza de esta parábola está en el arrepentimiento. Aunque ninguno de los dos era buen hijo, el arrepentimiento de uno de ellos, lo llevó a hacer la voluntad del padre. Y esta sería precisamente la enseñanza que Jesús les daría a los líderes religiosos judíos.
Leamos juntos los vv.31b-32 por favor. La enseñanza de Jesús a partir de esta parábola es por demás escandalosa para los judíos. Les dice a los principales sacerdotes y a los líderes religiosos del pueblo que los publicanos y las rameras van delante de ellos al reino de Dios. Los publicanos eran los recaudadores de impuestos. Estos judíos habían traicionado a los suyos trabajando para el opresor Imperio Romano, y estafando a sus hermanos con los impuestos para llenar sus propios bolsillos. Eran culpables de violar, por lo menos, el Octavo Mandamiento: “No hurtarás.” (Exo. 20:15). Las rameras o prostitutas se acostaban con cualquier hombre que les pagara por ello. Eran culpables de los pecados de fornicación y adulterio. Tanto los publicanos como las rameras eran llamados pecadores públicos y excomulgados de las sinagogas. Desde el punto de vista de los judíos, ellos ya no tenían ninguna oportunidad de entrar en el reino de Dios porque vivían vidas abiertamente pecadoras.
Sin embargo, Jesús les dice que los publicanos y las rameras van delante de ellos al reino de Dios, es decir, que están más cerca de alcanzar el reino de Dios que ellos. ¿Por qué? Porque cuando Juan el Bautista vino llamando al pueblo al arrepentimiento, los publicanos y las rameras se arrepintieron de su estilo de vida pecaminoso y creyeron en Jesús como el Mesías (o como alguien enviado por Dios al menos). Los publicanos y las rameras eran como el primer hijo que cuando el padre los llamó a trabajar en su viña, es decir a cumplir con la misión de Dios y glorificarle, dijeron que no querían. Ellos querían vivir su vida bajo sus propios términos sin tomar en cuenta la voluntad del Padre Celestial. Pero después de haber vivido así, se arrepintieron ante el llamado de Juan y comenzaron a vivir vidas agradables a Dios.
En cambio, los líderes religiosos judíos eran como el segundo hijo que cuando el padre los llamó también a trabajar en la misión y glorificarle, ellos muy hipócritamente dijeron: “Sí, Señor, voy” y no fueron nada. Aunque aparentaban vivir para la gloria de Dios, sirviendo en el Templo y estudiando las Escrituras y enseñándolas al pueblo, en realidad no estaban haciendo la misión de Dios, sino que utilizaban la religión como un medio de ganancia personal y para mantener su estatus en el pueblo. Y cuando Juan el Bautista vino llamando al arrepentimiento, no creyeron genuinamente ni aceptaron a Jesús como el Mesías, ni siquiera como alguien enviado por Dios, sino que más bien procuraban la manera de sacarlo de escena. Por eso estaban más lejos del reino de Dios que los publicanos y rameras arrepentidos, cuyas vidas habían cambiado por el poder del evangelio que estaba siendo anunciado, primeramente, por Juan el Bautista, y ahora por el propio Jesús.
¿Y tú? ¿Eres como el primer hijo o como el segundo hijo? ¿Vienes a la iglesia diciendo: “Sí, Señor, yo creo y te obedezco”, pero después, cuando sales, vas y vives una vida que no agrada a Dios, desobedeciendo Su Palabra? ¿Solamente estás en la iglesia aparentando una vida piadosa? O, ¿realmente te has arrepentido de tu vida que no agradaba a Dios y ahora estás trabajando en la viña del Señor, teniendo comunión con Él por medio de la oración y la lectura de la Palabra, y enseñando a otros la Biblia y llamándolos para seguir a Jesús, mientras vives una vida santa y agradable para Dios? Yo oro para que podamos ser como el primer hijo, y nos arrepintamos de vivir vidas pecaminosas que desobedecen la voluntad del Padre, y que vayamos y trabajemos gozosos en la viña del Señor, dando el fruto espiritual y trayendo a muchos a Cristo para la gloria de Dios. Amén.
II.- La parábola de los labradores malvados (33-46)
Leamos juntos los vv. 33-34. Jesús les refiere otra parábola, la parábola de los labradores malvados. Ésta sí se encuentra en los tres sinópticos. Nuevamente, como en todas las parábolas, esta era una situación cotidiana. Un hombre, padre de familia, plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Gran parte del imperio romano estaba controlado por terratenientes ricos, cuyas ganancias de la tierra les permitía vivir en total comodidad. Sus propiedades generalmente eran trabajadas por labradores que alquilaban la tierra (como en esta parábola), o por esclavos. Generalmente, los terratenientes vivían lejos, a menudo en las ciudades, y tenían poco contacto personal con sus trabajadores. Enviaban siervos suyos en tiempos de las cosechas para recibir el precio pactado de los alquileres de la tierra, que se podían pagar de cualquiera de estas tres maneras: Podía ser una cantidad fija de dinero, o una cantidad fija de frutos independientemente de cómo fuera la cosecha, o un porcentaje concertado de la cosecha. En la parábola podemos ver que pagarían con frutos, aunque no sabemos si un porcentaje o una cantidad fija.
Al interpretar una parábola, lo normal es tener en cuenta el punto principal, y no darle mucha importancia a los detalles. Normalmente, al tratar de encontrarle un sentido a cada detalle se comete la equivocación de hacer interpretaciones muy alegóricas, lejos del propósito de la parábola. Pero en este caso es diferente. En esta parábola los detalles tienen un significado, y los principales sacerdotes y los fariseos sabían muy bien lo que Jesús quería decirles con esta parábola. Parece claro que Jesús estaba aludiendo aquí a Isa. 5:1-2, que era familiar para los líderes religiosos judíos. La viña es un símbolo comúnmente utilizado en las Escrituras para la nación de Israel (Isa. 5:7). El dueño de la viña, que representa a Dios, preparó su viña con gran cuidado y luego la arrendó a labradores, que representan a los líderes religiosos judíos.
Todos los detalles de la viña eran muy familiares para los oyentes. El vallado era un seto de espinos muy cerrados para que no entrasen los animales, como las zorrillas o los jabalíes, que estropearían la viña, ni los ladrones que pudiesen robar las uvas. Las viñas grandes tenían su lagar, que consistía en dos surcos, ya fueran hechos en la roca o construidos de ladrillos; uno estaba algo más alto que el otro, y estaba conectado con este por un canal. Las uvas se pisaban en el más alto, y el zumo pasaba al más bajo para ser fermentado en vino. La torre cumplía un doble propósito: Servía como atalaya de vigilancia, para que no entraran ladrones cuando las uvas estaban maduras; y servía también de refugio para los trabajadores.
La nación de Israel era la viña del Señor que Él había dejado muy bien preparada para que diese frutos. Les dio Su Ley como vallado para que evitasen que las pequeñas zorrillas de pecado entrasen en ella y arruinaran sus frutos, y que tampoco entrase el enemigo y le robase sus frutos. Les dejó un lagar de comunión donde ellos podían traer sus frutos y gozarse en el Señor. Y les dejó la torre de Su protección que le anunciaba los peligros y los llamaba a refugiarse en Él. En fin, Dios preparó muy bien Su viña para que pudiese dar muchos frutos para Él, y después se las arrendó a los labradores, es decir, se la dejó a los líderes religiosos judíos para que la cuidasen y trajesen sus frutos en Su tiempo.
Continuemos leyendo la parábola y viendo los otros elementos que aparecen en ella. Leamos ahora juntos los vv. 34-39. Ya hemos establecido que la viña es la nación de Israel, y su propietario es Dios. Los labradores son los líderes religiosos de Israel, que estaban a cargo de mantener el buen estado de la nación. Dios envió a sus siervos, los profetas, para que recibiesen los frutos de los líderes religiosos judíos, pero estos eran rechazados y hasta asesinados por ellos. Así que al final les envía a Su Hijo que no era otro que Jesús mismo. Allí, en una historia verosímil, Jesús presentó al mismo tiempo la historia de Israel, el destino que Le esperaba a Él (la muerte), y la condenación de Israel.
Los líderes religiosos judíos se habían apoderado de la nación de Israel para hacer con ella lo que querían para su ganancia personal sin querer rendir cuentas a Dios. Cuando Dios les enviaba a los profetas, los rechazaban e incluso los asesinaban, en lugar de arrepentirse. Así que Dios envió ahora a Su propio Hijo para llamarlos al arrepentimiento, pero a éste también lo iban a asesinar. A diferencia de la parábola, los líderes religiosos judíos no reconocían la identidad de Jesús como el Hijo de Dios, pero el punto de Jesús con la parábola es mostrar Su identidad y Su conocimiento anticipado del destino que le esperaba.
Leamos ahora juntos los vv. 40-41. Jesús les pregunta a los líderes religiosos judíos que escuchaban Su parábola: “Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?” Éstos, cautivados con la terrible historia y seguramente indignados por las acciones de los labradores malvados, dijeron: “A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.” Realmente sus palabras muestran cuál sería el trato justo que el señor de la viña debía tener con aquellos labradores malvados. Lo que ellos no habían entendido hasta ese momento es que ellos eran los labradores malvados y se estaban condenando a sí mismos. Por eso Jesús le mostrará esto en sus conclusiones de la parábola.
Leamos juntos por favor el v.42. Pero antes de revelarles el propósito de Su parábola, Jesús les recuerda a los líderes religiosos judíos las palabras del Sal. 118:22-23. Superficialmente, esta cita parece irrelevante a la parábola que les acaba de referir. Pero es tomada de un salmo mesiánico. Y antes de ver el propósito por el cual Jesús lo cita, entendamos su significado. Los edificadores examinaban las piedras para escoger las mejores para sus edificaciones. Ellos evaluaban la utilidad de la piedra de acuerdo a su forma, tamaño, textura, dureza, entre otras cualidades. Si una piedra no cumplía con sus criterios, entonces la desechaban. Por otro lado, la cabeza del ángulo era la primera piedra que se coloca en la construcción de un cimiento de mampostería y todas las demás piedras se colocan en referencia a esta piedra, determinando así la posición de toda la estructura. Era la piedra más importante del edificio porque determinaría su posición y estabilidad. Por lo tanto, la cabeza del ángulo debía ser la mejor piedra que los edificadores pudiesen conseguir.
Así que, esta cita quiere decir es que la piedra que los edificadores consideraron inadecuada para ser parte del edificio, Dios la ha puesto como la cabeza del ángulo, es decir como la piedra más importante del edificio. Entonces, Jesús cita este salmo mesiánico para sugerir que el Hijo, quien fue desechado y asesinado fuera de la viña, era también la “cabeza del ángulo” en el plan redentor de Dios. Jesús mismo, que estaba siendo desechado por los líderes religiosos judíos como un Maestro inspirado por Dios siquiera, vendría hacer la piedra fundamental del plan redentor de Dios. Y así también lo proclamaría luego el apóstol Pedro ante los líderes religiosos judíos: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hch. 4:11-12).
Leamos ahora juntos el v.43. Como los líderes religiosos judíos desecharon a Jesús, echándole fuera de la viña y matándole, entonces el reino sería quitado de ellos y dado a la gente que produjese los frutos de él. Los líderes religiosos judíos no querían producir el fruto para Dios, así que el reino sería quitado de ellos y dado a aquellos que sí produjesen fruto. ¿Cuál es el fruto que Dios espera de la gente para que pueda entrar en el reino?
Primero, el fruto digno de arrepentimiento. Esto lo podemos encontrar en Luc. 3:8. Juan el Bautista estaba llamando a la gente a dar los frutos dignos de arrepentimiento. Esto se refiere a que el genuino arrepentimiento tiene que ser evidente en la vida de la persona. Y luego da ejemplos de cuáles son esos frutos dignos de arrepentimiento. En Luc. 3:12-13 vemos que les dice a los publicanos que no exijan más de lo que está ordenado. ¿Cuál era el pecado de los publicanos? Le exigían a la gente más impuesto del que realmente debían pagar para quedarse con el sobrante. Así que el fruto digno de arrepentimiento para ellos era dejar de hacer eso. Así demostraban que realmente estaban arrepentidos.
El apóstol Pablo también nos da un ejemplo de frutos dignos de arrepentimiento en Efe. 4:28: “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.” La persona que hurtaba no solamente no debía hurtar más, sino que debía trabajar y dar a otros de lo que había trabajado. El fruto digno de arrepentimiento implica examinarme a mí mismo, identificar cuál es mi pecado, sentir dolor por haberlo cometido, confesar mi pecado, dejar de cometerlo, resarcir el daño, hacer lo contrario a lo que hacía. Al hacer todo esto, mostramos que nuestro arrepentimiento es genuino y que el Espíritu Santo está trabajando en nuestras vidas verdaderamente.
Segundo, el fruto del Espíritu. Esto lo podemos encontrar en Gál 5:22-23. Si realmente hemos aceptado a Jesús como nuestro Señor y Salvador, el Espíritu Santo de Dios mora en nosotros y va transformando nuestras vidas pecaminosas en vidas santas. Entonces el fruto del Espíritu se manifiesta en nuestras vidas. Amamos a nuestros hermanos como Dios los ama. Tenemos gozo y paz en nuestros corazones sin importar las circunstancias que estemos pasando. Tenemos paciencia con otros como Dios la ha tenido con nosotros. Tratamos a los demás con bondad y benignidad. Tenemos fe en Dios en toda circunstancia. Somos mansos y humildes con los demás, como lo fue Jesús. Y tenemos templanza o dominio propio ante las tentaciones del maligno. Si estos frutos se están reflejando en nuestras vidas, el reino de Dios ha llegado a nosotros.
Tercero, el fruto externo del discipulado. Podemos encontrar una referencia en Mat. 28:19-20. Si realmente hemos aceptado a Jesús como nuestro Señor y Salvador, si estamos dando los frutos dignos de arrepentimiento y el fruto del Espíritu, entonces vamos a servir a Dios en la Gran Comisión. Vamos a invitar a otros a estudiar la Biblia y a venir a la iglesia. Vamos a empezar a tener ovejas y a ayudarlas a crecer como discípulos. Si un hermano lleva mucho tiempo en la iglesia y no está cumpliendo la Gran Comisión; no está yendo a pescar a la universidad; no está invitando a sus familiares, amigos, vecinos, o compañeros de trabajo, a estudiar la Biblia o a venir a la iglesia, entonces, algo está pasando en la vida de esa persona. ¿Cómo puede decir que tiene el reino de Dios si no está viviendo como un ciudadano o embajador de ese reino? Para que el reino de Dios nos sea dado, debemos producir este fruto del reino también.
Ahora, con esto no quiere decir que nos vamos a ganar la entrada en el reino de Dios por hacer estas cosas. La salvación es por gracia por medio de la fe; y esto no viene de nosotros, sino que es un regalo de Dios; no por obras para que nadie se gloríe. (Efe. 2:8-9). Estos frutos en realidad son la evidencia de que hemos aceptado a Jesús como nuestro Señor y Salvador y, por tanto, somos salvos. Nadie puede dar los frutos dignos de arrepentimiento sin haber aceptado a Jesús como Su Señor y Salvador. Nadie puede dar el fruto del Espíritu sin haber aceptado a Jesús como Su Señor y Salvador. Y nadie puede dar el fruto externo del discipulado sin los anteriores tampoco. Así que los frutos se dan cuando recibimos a Jesús como la piedra del ángulo, como el Mesías y Salvador.
Leamos ahora juntos el v.44. El P. John MacArthur comenta con respecto a este versículo: “Cristo es ‘piedra de tropiezo y roca de defensa’ para los incrédulos (Isa. 8:14; 1Pe. 2:9). El profeta Daniel lo describió como una gran piedra que fue cortada sin manos, que cae sobre los reinos del mundo y los aplasta (Dan. 2:44-45). Si un vaso de cerámica ‘cae sobre’ una piedra, o la piedra ‘cae’ sobre el vaso, el resultado es el mismo. El dicho sugiere que tanto la enemistad como la apatía son respuestas incorrectas a Cristo, y todos aquellos que son culpables de ambas están en peligro de juicio.” Si alguno tropieza con Cristo, rechazando sus enseñanzas, será quebrado; y si alguno vive en apatía, Cristo llegará repentinamente y caerá sobre él y lo desmenuzará. Es mejor que Cristo sea la cabeza del ángulo para nosotros en quien alcancemos la salvación. Amén.
En los vv. 45-46 los líderes religiosos judíos entendieron que Jesús hablaba de ellos con Sus parábolas. Seguramente no las entendieron completamente como las hemos entendido nosotros hoy, pero con lo poco que entendieron, se enojaron y buscaban cómo aprehender a Jesús, aunque no querían hacerlo en público porque temían al pueblo.
En conclusión, produzcamos los frutos del reino de Dios como son: Los frutos dignos del arrepentimiento, el fruto del Espíritu y el fruto externo del discipulado. Y de esta manera, estaremos evidenciando que hemos recibido el reino de Dios. Y cuando Cristo venga nos llevara a reinar junto con Él. Vayamos, pues, a pescar en la Universidad de Panamá y a invitar a la gente a estudiar la Biblia y a crecer como discípulos de Jesús para que Dios pueda convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
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( 23 de julio de 2021 )
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