1 Samuel 23:1-29

23:1 Dieron aviso a David, diciendo: He aquí que los filisteos combaten a Keila, y roban las eras.
23:2 Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a atacar a estos filisteos? Y Jehová respondió a David: Ve, ataca a los filisteos, y libra a Keila.
23:3 Pero los que estaban con David le dijeron: He aquí que nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si fuéremos a Keila contra el ejército de los filisteos?
23:4 Entonces David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová le respondió y dijo: Levántate, desciende a Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos.
23:5 Fue, pues, David con sus hombres a Keila, y peleó contra los filisteos, se llevó sus ganados, y les causó una gran derrota; y libró David a los de Keila.
23:6 Y aconteció que cuando Abiatar hijo de Ahimelec huyó siguiendo a David a Keila, descendió con el efod en su mano.
23:7 Y fue dado aviso a Saúl que David había venido a Keila. Entonces dijo Saúl: Dios lo ha entregado en mi mano, pues se ha encerrado entrando en ciudad con puertas y cerraduras.
23:8 Y convocó Saúl a todo el pueblo a la batalla para descender a Keila, y poner sitio a David y a sus hombres.
23:9 Mas entendiendo David que Saúl ideaba el mal contra él, dijo a Abiatar sacerdote: Trae el efod.
23:10 Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa mía.
23:11 ¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá Saúl, como ha oído tu siervo? Jehová Dios de Israel, te ruego que lo declares a tu siervo. Y Jehová dijo: Sí, descenderá.
23:12 Dijo luego David: ¿Me entregarán los vecinos de Keila a mí y a mis hombres en manos de Saúl? Y Jehová respondió: Os entregarán.
23:13 David entonces se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos, y salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y vino a Saúl la nueva de que David se había escapado de Keila, y desistió de salir.
23:14 Y David se quedó en el desierto en lugares fuertes, y habitaba en un monte en el desierto de Zif; y lo buscaba Saúl todos los días, pero Dios no lo entregó en sus manos.
23:15 Viendo, pues, David que Saúl había salido en busca de su vida, se estuvo en Hores, en el desierto de Zif.
23:16 Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl y vino a David a Hores, y fortaleció su mano en Dios.
23:17 Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe.
23:18 Y ambos hicieron pacto delante de Jehová; y David se quedó en Hores, y Jonatán se volvió a su casa.
23:19 Después subieron los de Zif para decirle a Saúl en Gabaa: ¿No está David escondido en nuestra tierra en las peñas de Hores, en el collado de Haquila, que está al sur del desierto?
23:20 Por tanto, rey, desciende pronto ahora, conforme a tu deseo, y nosotros lo entregaremos en la mano del rey.
23:21 Y Saúl dijo: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis tenido compasión de mí.
23:22 Id, pues, ahora, aseguraos más, conoced y ved el lugar de su escondite, y quién lo haya visto allí; porque se me ha dicho que él es astuto en gran manera.
23:23 Observad, pues, e informaos de todos los escondrijos donde se oculta, y volved a mí con información segura, y yo iré con vosotros; y si él estuviere en la tierra, yo le buscaré entre todos los millares de Judá.
23:24 Y ellos se levantaron, y se fueron a Zif delante de Saúl. Pero David y su gente estaban en el desierto de Maón, en el Arabá al sur del desierto.
23:25 Y se fue Saúl con su gente a buscarlo; pero fue dado aviso a David, y descendió a la peña, y se quedó en el desierto de Maón. Cuando Saúl oyó esto, siguió a David al desierto de Maón.
23:26 Y Saúl iba por un lado del monte, y David con sus hombres por el otro lado del monte, y se daba prisa David para escapar de Saúl; mas Saúl y sus hombres habían encerrado a David y a su gente para capturarlos.
23:27 Entonces vino un mensajero a Saúl, diciendo: Ven luego, porque los filisteos han hecho una irrupción en el país.
23:28 Volvió, por tanto, Saúl de perseguir a David, y partió contra los filisteos. Por esta causa pusieron a aquel lugar por nombre Sela-hama-lecot.
23:29 Entonces David subió de allí y habitó en los lugares fuertes de En-gadi.

DAVID LIBERA A KEILA


DAVID LIBERA A KEILA


Palabra: 1 Samuel 23:1-29

V, Clave 23:4 “David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová le respondió: —Levántate, desciende a Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos”


La palabra de hoy es de un acto valiente de David por una ciudad desesperada. Jehová le manda a David librar a esa ciudad Keila aún en su vida errante. Esta palabra nos enseña cómo fue la disciplina de Jehová y su consolación con David en ese hecho. Oro que Dios nos ayude a hacer como David por nuestro Keila que él nos manda a servir.  


Primero, David consulta a Jehová (1-6). David se refugiaba él con sus hombres en la cueva de Adulam. David tenía que andar con miedo con sus hombres por la constante amenaza del Saúl (3,14). A este David fue dado un aviso. “Los filisteos están combatiendo contra Keila y roban las eras.” Keila era una ciudad de Judá (Jos. 15:44) y se encontraba en la distancia de 5 km de la cueva de Adulam (aprox.). Ellos desesperadamente necesitaban la ayuda para salvarse. Lo interesante es que este aviso no fue dado a Saúl quien era el rey, sino a David y a sus hombres. 


¿Qué hizo David en este momento? Vamos a leer el verso 2. “Entonces David consultó a Jehová: —¿Iré a atacar a estos filisteos? Jehová respondió a David: —Ve, ataca a los filisteos y libra a Keila.” David hubiera podido desinteresarse al asunto de Keila, ya que para ayudarles él no tenía una condición apropiada. Pero, David no pudo dejar abandonado a Keila. David consultó a Jehová. Cuando él consultó a Jehová, esto quiere decir que David quiso ayudar a los de Keila. Antes de tomar una decisión importante, David buscó la dirección de Jehová. David no tomó una decisión por su emoción o por su condición humana o por la opinión de la multitud. 


Ahora, ¿Cuál era la respuesta de Jehová? Jehová respondió a David que fuera y atacara a los filisteos y librara a Keila. La voluntad de Jehová es siempre rescatar las vidas de su pueblo. Jehová libera a su pueblo sufrido. Sin embargo, los hombres de David le dijeron. “Mira, nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si vamos a Keila contra el ejército de los filisteos?” Ellos no eran cobardes, sino estaban viviendo tal realidad cruda y peligrosa. Ellos eran pocos y estaban perseguidos por Saúl. No tenían que exponerse al descubierto a él. Además, los filisteos era un ejército más numeroso y fuerte que Saúl. Humanamente ir a Keila parecía una locura como un acto de suicidio.  


¿Qué hizo David ante la reacción de sus hombres? Vamos a leer el verso 4. “David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová le respondió: —Levántate, desciende a Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos” Siendo perseguido por Saúl, David también habría tenido el miedo de exponerse al descubierto. David necesitaba una decisión definitiva tanto para él mismo como para sus hombres. Volvió a consultar a Jehová. El volver a consultar a Jehová era una expresión de fe que buscaba a obedecerle a Dios.  


 Ahora Jehová le responde. Vamos a leer el verso 4 juntos. “Levántate, desciende a Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos.” (4b) Jehová despierta a David y a sus hombres a levantarse de su miedo e ir a Keila dónde necesitaba su ayuda desesperadamente. Jehová le promete diciendo “yo entregaré en tus manos a los filisteos”. A pesar de que ellos eran pocos, recibieron la promesa de apoyo y compañía de Jehová. David obedeció a Jehová y fue con sus hombres a Keila y peleó contra los filisteos, arriesgando su vida. ¿Qué se le sucedió? Jehová estuvo con ellos, David pudo causarle una gran derrota al ejército de los filisteos, se llevó sus ganados y libró a Keila. 


Aquí, se debe pensar en David que consultaba y volvió a consultar a Jehová. David mismo había tenido una lección dolorosa cuando quería refugiarse a Aquis rey de Gat sin consultar a Dios (21:10-15). Sin haber consultado a Jehová, David apenas pudo escaparse de la presencia de Aquis rey de Gat. Sea pequeño o grande un asunto, tenemos que acostumbrarnos a consultar y volver a consultar a nuestro Dios hasta recibir su respuesta clara. 


 Es importante que nuestra consulta y oración sean para agradar a Dios, no satisfacer nuestro fin egoísta. David quería servir su voluntad y quería liberar a los de Keila. Por lo tanto, Dios le respondió con toda claridad. “Ve, libra a Keila”, “Levántate, desciende a Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos.” Como David, cuando vivimos una comunión con Dios, siempre él responde a nuestra consulta de la manera contundente. Jesús dijo. “Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho” (Juan 15:7). 


Consultar y volver a consultar a Jehová le agrada. Es necesario repetirlo hasta que nos acostumbremos en ello. Ante un asunto importante, ¿Qué hace usted? ¿Estamos llevando el asunto a Dios o tomamos decisión por nuestra emocionalidad? O ¿No estamos diciendo como los hombres David “aún con la carga de mi vida y mi familia sufro, ¿cuánto más servir a otros?” Oro que Dios nos haga consultar y volver a consultarle en todo momento. Sobre todo, Dios nos haga ser los hombres y las mujeres que siempre nos levantemos y vayamos a librar a los que buscan la salvación de Jehová desesperadamente.   


Segundo, David anda errante (7-13). Cuando Saúl supo que David libró a Keila, él como el rey hubiera alabado la valentía de David. Pero él dijo. “Dios lo ha entregado en mis manos, pues él mismo se ha encerrado al entrar en una ciudad con puertas y cerraduras.” En vez de salvar a Keila, Saúl quiso destruir a Keila por capturar a David. Saúl ninguna vez consulta a Jehová en su asunto importante. Él aprovechaba el nombre de Jehová para saciar su ambición política y egoísta. Saúl convocó a todo el pueblo a la batalla para descender a Keila y poner sitio a David y a sus hombres. Él no tuvo temor de Jehová quien pudiera dar el poder y quitarlo.  


Al saberlo David de mal idea de Saúl, ¿Qué hizo? Otra vez él consultó a Jehová. “¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá Saúl, como ha oído tu siervo?” Jehová dijo “Sí, descenderá.” Consultó luego David de nuevo “¿Me entregarán los vecinos de Keila a mí y a mis hombres en manos de Saúl?” Jehová respondió “Os entregarán”. Esta respuesta habría sido fuerte y dolorosa a David, porque los de Keila iba a pagar mal por bien. Era decepcionante respuesta para David quien dio su vida por librarlos.  


 Pero David no se enojó con ellos, considerando la fragilidad de los humanos, sino partió con sus hombres, salieron de Keila y anduvieron de un lugar a otro. David no obtuvo alguna recompensa humana por los de Keila. Además, tenía que andar errante en el desierto continuamente. David expresó su corazón triste y amargado por este momento en Salmos 54. “porque extraños se han levantado contra mí y hombres violentos buscan mi vida; no han puesto a Dios delante de sí. / Dios es el que me ayuda; el Señor está con los que sostienen mi vida.” (Sal. 54:3-4) David aprendió a no poner su mirada en una recompensa humana, sino a la de Jehová.  


 Sin embargo, es fuerte y triste ver a David quien arriesgó su vida para salvar a otros y ser rechazado por ellos mismos. Esto puede ocurrir en nuestra vida también. Servimos y amamos a los necesitados, pero ellos pueden volver un corazón malagradecido o rechazo a nosotros. Si nos caemos en esa situación, es fácil decir ‘no volveré a servir más a tales que mal agradece’.  


Pero un siervo o una sierva de Dios debe pasar y superar una semejante experiencia. Nuestro acto no debe basarse en la recompensa human, sino tenemos que madurar a contentarnos por hacer la buena voluntad de Dios. 


 Al parecer, David sufría sin sentido. Pero él que bendice a uno es Dios. Jehová Dios lo estaba entrenando a madurar en él. Dios quiso que David pudiera ser un varón que librara a otros sin esperar recompensa humana. La recompensa verdadera está en Jehová. Invisiblemente Dios estaba bendiciendo a David. En la cueva de Adulam había 400 personas (22:2). Pero al retirar de Keila, este número aumentó a 600 hombres. Dios le estaba enviando a los hombres valientes y el reino de David estaba consolidando en poder. Así, una recompensa importante de Jehová es otorgar a los hombres valientes y piadosos en nuestra vida. Dios estaba disciplinando a David, para que fuera un rey maduro en él. Oro que Dios nos discipline también para ser maduros espiritualmente como David ante nuestra Keila.    


Tercero, Jehová fortalece las manos de David (14-29). Una vida errante era una realidad constante de la vida de David. Pero esa vida no era el destino final de David. Cuando llevaba una vida errante, a pesar de hacer bien, él habría podido sentir un vacío y tristeza, ya que él era el humano. ¿Cómo Jehová le consoló a este David? Vamos a leer los versos 16. “Jonatán hijo de Saúl se levantó y vino adonde estaba David, en Hores, y lo reconfortó en Dios” Maravillosamente Jonatán hijo de Saúl se levantó y vino adonde estaba David, en Hores. Jonatán, si hubiera querido, él habría podido matar a David. Pero Jonatán, antes de haber sido el príncipe de Saúl, era el príncipe de Dios. En vez de apoyar a Saúl su padre, reconfortó en Dios a David. Jonatán se puso a lado de Jehová y de David. Le dijo. “No temas, pues no te hallará la mano de Saúl, mi padre; tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo. Hasta mi padre Saúl lo sabe.” ¡Wau, qué consolación fuera la palabra de Jonatán a David! Jonatán era el mensajero de Jehová quien vino a consolar y fortalecerle. Además, Ambos hicieron un pacto delante de Jehová nuevamente. 


Además, leamos el verso 14b. “Lo buscaba Saúl todos los días, pero Dios no lo entregó en sus manos.” Los versos 26-27 “Saúl iba por un lado del monte, y David con sus hombres por el otro lado del monte. Se daba prisa David para escapar de Saúl, pero Saúl y sus hombres habían rodeado a David y a su gente para capturarlos. / Entonces llegó un mensajero y dijo a Saúl: «Ven en seguida, porque los filisteos han hecho una incursión en el país».” La mano invisible de Dios había sido muy minuciosa sobre David. Jehová es quien sabe cómo proteger a sus hijos y reconfortarlos. Aunque se ve que nuestra vida sea errante a veces, si andamos en su guía, siempre su mano invisible nos rodea, protege y reconforta hasta poder llegar a nuestro destino final con seguridad. 


Conclusión, Consultar y volver a consultar debe ser nuestro hábito natural en Jehová. Jehová también nos deja pasar por nuestra Keila hasta que seamos los hombres que se contente con la recompensa de Dios. Jehová cuida, protege, y reconforta a tales hombres que hacen su voluntad. Oro que Dios nos ayude a crecer como David en madurez quien consultó y liberó a Keila. Amén.   

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