1 Samuel 21:1 - 22:23

21:1 Vino David a Nob, al sacerdote Ahimelec; y se sorprendió Ahimelec de su encuentro, y le dijo: ¿Cómo vienes tú solo, y nadie contigo?
21:2 Y respondió David al sacerdote Ahimelec: El rey me encomendó un asunto, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna del asunto a que te envío, y lo que te he encomendado; y yo les señalé a los criados un cierto lugar.
21:3 Ahora, pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que tengas.
21:4 El sacerdote respondió a David y dijo: No tengo pan común a la mano, solamente tengo pan sagrado; pero lo daré si los criados se han guardado a lo menos de mujeres.
21:5 Y David respondió al sacerdote, y le dijo: En verdad las mujeres han estado lejos de nosotros ayer y anteayer; cuando yo salí, ya los vasos de los jóvenes eran santos, aunque el viaje es profano; ¿cuánto más no serán santos hoy sus vasos?
21:6 Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí no había otro pan sino los panes de la proposición, los cuales habían sido quitados de la presencia de Jehová, para poner panes calientes el día que aquéllos fueron quitados.
21:7 Y estaba allí aquel día detenido delante de Jehová uno de los siervos de Saúl, cuyo nombre era Doeg, edomita, el principal de los pastores de Saúl.
21:8 Y David dijo a Ahimelec: ¿No tienes aquí a mano lanza o espada? Porque no tomé en mi mano mi espada ni mis armas, por cuanto la orden del rey era apremiante.
21:9 Y el sacerdote respondió: La espada de Goliat el filisteo, al que tú venciste en el valle de Ela, está aquí envuelta en un velo detrás del efod; si quieres tomarla, tómala; porque aquí no hay otra sino esa. Y dijo David: Ninguna como ella; dámela.
21:10 Y levantándose David aquel día, huyó de la presencia de Saúl, y se fue a Aquis rey de Gat.
21:11 Y los siervos de Aquis le dijeron: ¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿no es éste de quien cantaban en las danzas, diciendo: Hirió Saúl a sus miles, Y David a sus diez miles?
21:12 Y David puso en su corazón estas palabras, y tuvo gran temor de Aquis rey de Gat.
21:13 Y cambió su manera de comportarse delante de ellos, y se fingió loco entre ellos, y escribía en las portadas de las puertas, y dejaba correr la saliva por su barba.
21:14 Y dijo Aquis a sus siervos: He aquí, veis que este hombre es demente; ¿por qué lo habéis traído a mí?
21:15 ¿Acaso me faltan locos, para que hayáis traído a éste que hiciese de loco delante de mí? ¿Había de entrar éste en mi casa?
22:1 Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él.
22:2 Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.
22:3 Y se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que sepa lo que Dios hará de mí.
22:4 Los trajo, pues, a la presencia del rey de Moab, y habitaron con él todo el tiempo que David estuvo en el lugar fuerte.
22:5 Pero el profeta Gad dijo a David: No te estés en este lugar fuerte; anda y vete a tierra de Judá. Y David se fue, y vino al bosque de Haret.
22:6 Oyó Saúl que se sabía de David y de los que estaban con él. Y Saúl estaba sentado en Gabaa, debajo de un tamarisco sobre un alto; y tenía su lanza en su mano, y todos sus siervos estaban alrededor de él.
22:7 Y dijo Saúl a sus siervos que estaban alrededor de él: Oíd ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará a todos vosotros jefes de millares y jefes de centenas,
22:8 para que todos vosotros hayáis conspirado contra mí, y no haya quien me descubra al oído cómo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para que me aceche, tal como lo hace hoy?
22:9 Entonces Doeg edomita, que era el principal de los siervos de Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que vino a Nob, a Ahimelec hijo de Ahitob,
22:10 el cual consultó por él a Jehová y le dio provisiones, y también le dio la espada de Goliat el filisteo.
22:11 Y el rey envió por el sacerdote Ahimelec hijo de Ahitob, y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob; y todos vinieron al rey.
22:12 Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él dijo: Heme aquí, señor mío.
22:13 Y le dijo Saúl: ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando le diste pan y espada, y consultaste por él a Dios, para que se levantase contra mí y me acechase, como lo hace hoy día?
22:14 Entonces Ahimelec respondió al rey, y dijo: ¿Y quién entre todos tus siervos es tan fiel como David, yerno también del rey, que sirve a tus órdenes y es ilustre en tu casa?
22:15 ¿He comenzado yo desde hoy a consultar por él a Dios? Lejos sea de mí; no culpe el rey de cosa alguna a su siervo, ni a toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa sabe de este asunto, grande ni pequeña.
22:16 Y el rey dijo: Sin duda morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre.
22:17 Entonces dijo el rey a la gente de su guardia que estaba alrededor de él: Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová; porque también la mano de ellos está con David, pues sabiendo ellos que huía, no me lo descubrieron. Pero los siervos del rey no quisieron extender sus manos para matar a los sacerdotes de Jehová.
22:18 Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los sacerdotes, y mató en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino.
22:19 Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada; así a hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada.
22:20 Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se llamaba Abiatar, escapó, y huyó tras David.
22:21 Y Abiatar dio aviso a David de cómo Saúl había dado muerte a los sacerdotes de Jehová.
22:22 Y dijo David a Abiatar: Yo sabía que estando allí aquel día Doeg el edomita, él lo había de hacer saber a Saúl. Yo he ocasionado la muerte a todas las personas de la casa de tu padre.
22:23 Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará también la tuya; pues conmigo estarás a salvo.

SERVIR EN HUIDA


SERVIR EN HUIDA


Palabra: 1 Samuel 21:1-22:23

V, Clave 22:2 “Cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, fueron allí a reunirse con él. Además, se le unieron todos los afligidos, todos los que estaban endeudados y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y llegó a ser su jefe. Había con él como cuatrocientos hombres.”


  El reino de David se considera como el reino más glorioso de toda historia de Israel. Ni siquiera el reino de Salomón se puede comparar con el reino de David, porque su reino manifestaba la gloria de Dios por los hombres valientes que estaban junto con David. 


  La palabra de hoy nos enseñará de tales hombres del reino de David. Y póngase su atención y enfoque en los versos 1-5 del capítulo 22. Vamos a la cueva de Adulam y veamos quienes estaban allí y qué hizo David con ellos. Oro que Dios nos ayude a ser un hombre y una mujer que construye el reino de Dios en nuestra época.  

 

Primero, David miente a Ahimelec (21:1-15) Para escaparse de la persecución de Saúl, David huyó de su presencia y vino a Nob. Nob era una ciudad de sacerdotes cerca de Gabaa y Jerusalén. Tal vez David vino a esta ciudad para consultar la voluntad de Jehová y conseguir las provisiones para sus hombres. 


 Cuando llegó David allí, el sacerdote Ahimelec se sorprendió, ya que David estaba solo, siendo un hombre importante en el ejército de Saúl. David hubiera dicho de su huida, pero mintió a Ahimelec como estuviera encomendado de un asunto por el rey. En confianza Ahimelec le dio el pan sagrado el cual estaba permitido comer solo a los sacerdotes. Después le dio la espada de Goliat a quien venció David.


 David mintió al sacerdote para encubrir de su huida. Él nunca habría imaginado lo que iba a suceder a Ahimelec y a la ciudad de Nob. Pero por causa de David, ochenta y cinco sacerdotes perdieron sus vidas por Saúl. Y fueron masacrados hombres, mujeres y niños, hasta los de pecho, y bueyes, asnos y ovejas de la ciudad Nob (22.18-19).  De esta tragedia dijo David. “He ocasionado la muerte a todas las personas de la casa de tu padre” (22:22b) 


 Este hecho nos enseña cómo una mentira del hombre de Dios puede ocasionar la gran tragedia a la vida de otros. Uno puede excusarse de su mentira de una y otra manera, pero al considerar la grave consecuencia a otros, debemos temer de mentir. Sea mentira o exageración, lo que no es la verdad puede dañar a la vida de otros involuntariamente. De todas maneras, por este hecho, la palabra de Dios sobre la casa de Elí fue cumplida, siendo el sacerdote Ahimelec (Ahías) el descendiente de Elí (1 Sam. 2:31; 14:3). David huyó y se fue a Aquís, rey de Gat. Pero David, por el temor de los filisteos, se fingió loco en medio de ellos y huyó de ellos a la cueva de Adulam. (21.10-15)


Segundo, David se hizo jefe de los refugiados (22:1-23) Miren el verso 1 de capítulo 22. David se refugió en la cueva de Adulam. ¿Quiénes vinieron a David? Leamos juntos el verso 2. “Cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, fueron allí a reunirse con él. Además, se le unieron todos los afligidos, todos los que estaban endeudados y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y llegó a ser su jefe. Había con él como cuatrocientos hombres.”


  Los hermanos y toda la casa de su padre fueron allí a reunirse con David, ya que Saúl pudiera perseguir y matarlos por su parentesco con David. Y ¿Quiénes más se le unieron a David? Como vemos en el verso 2, hubo allí ‘Todos los afligidos’, ‘todos los endeudados’, ‘todos los amargados de espíritu’. Debemos notar que la palabra ‘todos’ se repitió aquí. Ellos eran una clase de personas especifica. Y las palabras ‘afligidos’, ‘endeudados’ y ‘amargura de espíritu’ están asociados con el reinado injusto y corrupto de Saúl. Saúl desobedeció al mandato de Dios y fue desechado por Dios. Él vivía el trastorno espiritual, siendo atormentado por el espíritu malo. (16:14, 19:9) Bajo su gobierno, los que querían vivir una vida justa y pura sufrían como David. Sin duda muchos del pueblo sufrían las aflicciones de injusticia, endeudamiento de corrupción, amargura de espíritu por violencia y desesperación. Ellos necesitaban la consolación de Dios. Necesitaban unirse con alguien que los escuche y consuele. Necesitaban un pastor que ama la justicia de Dios. Pese a saber que David huía de Saúl, ellos confiaron que Dios estaba con David y se le unieron. 


 ¿Cómo reaccionó David ante la llegada a tales hombres? Para David recibir a tantos hombres era exponer su vida al mayor peligro. Fueron como cuatrocientos hombres. Incluyendo a las mujeres y los niños, la cantidad de personas aumentaría mucho más. Con ellos era más fácil ser descubierto por la gente de Saúl. Pero ¿Qué dice la palabra? “llegó a ser su jefe”. David tomó decisión de ser su jefe. ‘ser su jefe’ quiere decir ‘ser pastor de ellos’, porque ellos eran los necesitados de servicio. David quien había sido pastor de ovejas, habría sido un buen pastor de estos hombres que necesitaban la guía de Dios. Con estos hombres, el reino de David estaba dando su inicio. 


  De este escenario podemos aprender los siguientes puntos. 


         Uno, David sirvió aún en su huida. David estaba en la situación muy de apuro. Necesitaba ser servido y ayudado. Recibir a otros necesitados era peligrar más su propia vida. A pesar de que David confiaba en Dios, él mismo tenía que tomar una decisión personal en tal situación. Y David tomó una decisión de no rechazar a otros, sino servirlos. David confió que Jehová es el buen pastor no solo con su propia vida, sino también con otros que confían en él. En tal confianza David recibió toda gente que se le unieron a pesar de que estaba en huida. 


 Dios no quiere que su pueblo lleve una vida de servir solo cuando esté en condición buena o favorable, sino aún en su dificultad. La fe es mirar a Dios y servir a otros en todo momento sin esperar ser servido. Dios considera a tales personas como sus siervos fieles y constantes, ya que cuando sirven a otros en dificultad, ellos son sus servidores de Dios en todo momento. 


 En nuestro mundo hay llenos de los afligidos, los endeudados y los amargados de espíritu. El sistema del mundo, su injusticia y corrupción, los espíritus malos y tantas otras cosas constantemente afligen el corazón de los hombres. Las noticias lamentables y tremendas llegan a nuestros oídos cada día realmente. ¿No estamos viviendo en un mundo así? 


 Moisés sirvió a tanta gente en medio de su limitación hasta reclamar a Dios, diciendo “Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? / ¿Concebí yo a todo este pueblo?” (Num. 11:11-12ª). Apóstol Pablo sirvió toda iglesia, aun estando en la cárcel. Timoteo también sirvió la iglesia de Éfeso aún en medio de su debilidad. Pablo le había dicho en su epístola. “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, / quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,” (2 Ti. 1:8-9)


 El Cristo, aun no teniendo dónde recostar su cabeza (Mt. 8:20), sirvió a todos los que se le acercaban. Sirvió a sus doce discípulos, lavando sus pies en la misma noche de arresto. Finalmente, en la cruz oró por el perdón de los pecadores. En el Cristo, todos los afligidos, endeudados y los de amargura de espíritu pueden hallar el descanso verdadero y la salvación segura. David era una sombra del Cristo. Llegó a ser su jefe y pastor de todos necesitados. Dios quiere que seamos así como David quien sirvió aún en su huida. Oro que seamos un buen pastor y pastora de una oveja afligida o amargada de espíritu para que la gloria del reino de Dios sea manifestada por nuestra vida de servir todo momento.  


         Dos, el reino de Dios se construye por los servidos. Esta multitud era los necesitados y parecía despreciable humanamente. Pero no era así. Ellos sufrieron junto con David y se hizo la base del reino de David. La Biblia dice de ellos en más adelante “Estos son los que vinieron a David en Siclag, estando él aún encerrado por causa de Saúl hijo de Cis, y eran de los valientes que le ayudaron en la guerra” (1 Cr. 12:1) Cuando David los sirvió, ellos formaron una base muy sólida y poderosa de su reino. Los afligidos, endeudados y amargados de espíritu se convirtieron en los valientes en la guerra. Un hombre resistió contra cientos personas en batalla. Por estos valientes el reino de David fue construido en poder.  


 El reino de Dios se construye por el pueblo que sufre juntos. Cuando luchan y sufren juntos, compartiendo la misma fe en Dios, este grupo forma una comunidad muy poderosa. Sobre todo, los que aman a Dios y su justicia se convierten en los valientes extraordinarios. El reino de Dios no es un reino de una persona talentosa, sino de la colaboración de comunidad que ama a Dios. En Cristo la iglesia se construye siempre en colaboración en medio de aflicciones de los que aman a Dios verdaderamente. Debemos saber que somos solo un colaborador en el reino de Dios y él nos hace participar en construir su reino en su gracia. 


 Fuimos afligidos, endeudados y amargados de espíritu por nuestros propios pecados. Pero en Cristo, Dios está fortaleciéndonos a ser muy valientes para su reino. Dios nos ve así con su visión. La visión de Dios a cada miembro de nuestra iglesia debe ser nuestra visión. Cuando tuve predicación en la Universidad con el hermano Julián el viernes pasado, estuve animado por su valentía. Humanamente él no tiene una estabilidad en este país. Pero aún así, él se hizo valiente a predicar y servir a los jóvenes universitarios con la palabra de Dios. Esto me hizo ver a Julián valiente en Cristo. Es maravilloso ver la obra de Dios en cada persona. oro que Dios nos haga construir su reino tan glorioso, haciéndonos valientes a servir y amar.   


Tres, David siguió la guía de Dios (22:3-5). David se fue a Mizpa de Moab. La bisabuela de David era Rut moabita (Rut 4:17-22). Por lo tanto, David habría podido tener algún vínculo con los de Moab y aprovechó esa condición humana para escaparse a Moab. David pudo quedarse en un lugar fuerte de Moab. Pero el profeta Gad dijo a David: “No te quedes en este lugar fuerte; anda y vete a tierra de Judá.” El lugar fuerte le parecía a David como una seguridad inmejorable. Pero Dios le dice “anda y vete a tierra de Judá”. La tierra de Juda era el lugar del peligro para David. Pero David escuchó la guía de Dios y partió y entró en el bosque de Haret de Judá.  


 David siguió no la conveniencia humana, sino la guía de Dios. él confió más en su palabra que el lugar fuerte del mundo. Para él el lugar fuerte de Moab parecía un lugar ideal para su seguridad. Pero la voluntad de Dios no estaba en ese lugar, sino en la tierra de su pueblo. Dios no quiso que David fuera un fugitivo seguro, sino un rey sufrido en su tierra de misión.  


 La voluntad principal de Dios no está en enriquecernos o brindar la comodidad del mundo o alguna satisfacción humana o éxito, sino hacernos como el rey sacerdotal. Dios quiere que seamos un rey o una reina sufridos con su pueblo. Por este propósito tan grande, Dios nos entrena y guía minuciosamente. Los que son guiados por Dios en sufrimiento y servicio se hacen preparados como los instrumentos de Dios como David.  


         Conclusión, Dios quiere que seamos un servidor como David aún en los momentos contrarios. Dios construye su reino mediante la colaboración de una comunidad valiente. Dios nos guía a hacernos como el rey y reina en su reino. Oro que Dios nos entrene y use nuestra vida para construir su reino tan glorioso. Amén. 


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