- INICIO
|- MENSAJES
|- CHILE
|- SANTIAGO
|- JOSUE CHUN
Lucas 17:1-10
17:1 Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen!17:2 Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.
17:3 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
17:4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.
17:5 Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
17:6 Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.
17:7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?
17:8 ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?
17:9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.
17:10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.
SIERVOS INÚTILES SOMOS
SIERVOS INÚTILES SOMOS
Palabra: San Lucas 17:1-10
V, Clave 17:10 “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.”
Doy gracias al Señor por haber guardado nuestra vida y bendecido tanto nuestro Encuentro Bíblico de Invierno 2023. Un buen clima, un lugar maravilloso, palabras y testimonios preciosos, hasta las comidas muy sabrosas nos hicieron sumergir en su abundante gracia. De verdad fue un encuentro con nuestro Dios vivo y tan amoroso.
Después de haber servido mucho o hecho algún esfuerzo, podemos tener un corazón que demanda algo por aquello sacrificio que hicimos para el Señor. Entendemos ese corazón. Ahora la palabra de hoy se deja ver con qué postura servir a Dios y otros. Y nos da a conocer quiénes somos ante él. A su vez, enfoca a un tema de perdonar. Oro que Dios nos dé un corazón del servidor que él quiere que seamos.
Primero, perdonar siete veces al día (1-6) Leamos el verso 1. Aquí Jesús menciona de los ‘tropiezos’. Dice que puede haber tropiezos entre ‘los hermanos’, ya que se lo dijo a sus discípulos. No sabemos por qué Jesús sacó este tema de tropiezo. Lo cierto es que los que siguen a Jesús no deben tratar el tropiezo ligeramente. Según su palabra, atar al cuello una piedra de molino y arrojarse al mar es mejor que hacer tropezar a uno de los pequeñitos (los principiantes en fe o inmaduros espiritualmente según su contexto)
Aquellos días se entiende que una piedra de molino más ligera pesaba 150kg y piedra de molino de asno pesaba una tonelada aproximadamente. Si le ata a uno al cuello una piedra de molino y arrojarlo al mar, este no tiene posibilidad de salvarse del mar. Este castigo se realizaba aquellos días como pena de muerte a los delincuentes más malvados. Así el hacer tropezar a un hermano o a una hermana es el pecado horrible que merece a esa pena de muerte. ¿Quién entre nosotros quiere recibir tal castigo? ¿Quién entre nosotros trata tan serio con el hacer tropezar a otro hermano o hermana? Me da temor por mis defectos.
Pues, ¿A cuál se trata ‘el hacer tropiezo’? Según el verso 3-4, ‘el hacer tropiezo’ quiere decir ‘hacerle caer y permanecer en el pecado’. Los leamos juntos. “Si tu hermano peca contra ti, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. / Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo” Si un hermano peca contra nosotros, tenemos que reprenderlo para no pecar contra Dios. Sin duda, dejarle a pecar en confianza es un pecado también. Sin embargo, aun al reprender, hay que hacerlo con el amor de Dios, ya que el objetivo no es ‘reprender’, sino ‘arrepentirse’. Uno que peca puede arrepentirse no ante una reprensión condenadora, sino de mucho amor.
Lo más importante es que si se arrepiente, hay que perdonarlo. Como la costumbre en Israel, aquellos días se perdonaba a la ofensa dos veces o hasta tres veces en caso especial. A la verdad, es una gran generosidad perdonar repetidamente con los ofendedores. Pero ¿Cuántas veces dice Jesús que perdonemos? “Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo (4)” San Mateo 18:22. “Jesús le dijo: —No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” ‘Siete’ es el numero perfecto. Así que nuestro perdón debe ser sin límite.
Alguien puede decir “no puedo perdonarlo, porque no se arrepintió genuinamente a mi parecer.” Pero cuando Jesús dice ‘si se arrepiente, perdónalo’, esto no quiere decir que el arrepentimiento sea una condición precedente para perdonar, sino hay que perdonar sin condición. Y si se manifiesta su arrepentimiento, aún siete veces al día hay que perdonar. ¿no es un desafío casi imposible para nosotros? En el verso 5, ‘los apóstoles’ también respondieron a Jesús “Auméntanos la fe”. Parece que a los apóstoles perdonar a otros discípulos inmaduros era una cosa imposible y se necesitaría una fe extraordinaria.
Ahora vamos a leer el verso 6. “Entonces el Señor dijo: —Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: “Desarráigate y plántate en el mar”, y os obedecería.” Un sicomoro es un árbol grande que sobrevive hasta 600 años. Este árbol mide de 7 a 15 m. de altura y unos 18 m. de diámetro de copa. Por lo tanto, desarraigarse y plantarse un sicómoro en el mar salado es cosa imposible según la naturaleza del árbol. Es lo que puede hacer solo Dios. sin duda, Jesús no estaría mencionando aquí un sicómoro físico, sino una cosa que se ve imposible. Perdonar siete veces al día a otros ofensores parece trasladar a un sicómoro en el mar.
Pero en Jesús esto se hace posible. Y Jesús dice que aún fe como grano de mostaza puede hacer posible cosa imposible. No es necesario hasta tener una fe grande, aumentada y extraordinaria. Es necesario solo tener fe como un grano de mostaza. A la vista de Jesús, todos los que inician a creer en Jesús, tienen fe como grano de mostaza. Quiere decir que todos pueden perdonar siete veces al día en él, ya que el perdón no es cuestión de aumentar fe, sino es cuestión de obedecer.
Básicamente uno debe tener un corazón de los padres hacia otro hermano ofensor. Un padre o una madre ve a su hijo o hija rebeldes con los ojos de amor siempre. Al reprender o castigarlos, lo hace con amor indecible. Aunque repiten el mismo error, lo comprende y ama. Por lo tanto, Jesús dice en el verso 2b “a uno de estos pequeñitos” Jesús ve a cualquier hermano como su pequeñito. Él tiene el corazón y los ojos del padre hacia uno que cree en él.
Cuando creemos en Jesús con fe sencilla, él nos hace perdonar siete veces al día hasta setenta veces siete. Es cosa que Jesús está haciendo en nuestra vida, venimos perdonando y siendo perdonados por otros infinitamente. “Jesús decía: —Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (San Lucas 23:34ª) “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Rom 5:8) Siempre nos gozamos de este perdón y queremos que Dios nos ama y perdone así infinitamente. Si es así con nosotros, no debemos reclamar más contra un hermano o hermana, diciendo ‘Auméntanos la fe’. Ya tenemos fe suficiente para perdonar. Oro que podamos tener el corazón y los ojos de Jesús, cuando miramos y tratamos con otros hermanos y hermanas que nos puedan ofender contra nosotros. Oro que podamos estar consciente todo momento del gran amor de Jesús, para que su amor domine nuestro hablar y actuar en perdón.
Segundo, Siervos inútiles (7-10). Lo que quiere hablar Jesús es lo siguiente. En el tiempo de Jesús un siervo era una propiedad de su dueño. El siervo no tenía ningún derecho de sí mismo. El siervo tenía que hacer lo que su dueño ordenaba. Aunque el siervo trabaja duro, su dueño no le da gracias, ya que es solo su deber.
Jesús dice que un siervo que ara o apacienta, al volver del campo con cansancio por trabajo, igual debe seguir sirviendo a su señor. El dueño no le da gracias a su siervo por su trabajo. Vamos a leer el verso 10. “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.” ‘inútiles’ significa ‘indigno, bueno para nada’. (Transliterated: achreioi Root: ἀχρεῖος - inútil, indigno, bueno para nada) En nueva traducción viviente se dice “Somos siervos indignos que simplemente cumplimos con nuestro deber”.
Los discípulos de Jesús, cuando hayan hecho todo lo que ha sido ordenado por el Señor, deben decir “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”. Cuando perdonamos a otros incondicionalmente, debemos decir “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” Somos comprados por Jesús y somos sus siervos inútiles e indignos, ya que no lo merecíamos.
Esta postura debe ser la de los que siguen a Jesús no solo en perdonar, sino también en servir la obra de Dios. Los que piensan o dejan considerar que son siervos capaces y dignos pronto caen en su propio tropiezo, obstruyendo su obra y dejando todo su esfuerzo a nada. Hay tantos siervos de Dios que han cometido ese mismo error dentro de la iglesia y terminan su carrera de fe con vergüenza. Un siervo que Dios usa fielmente es un siervo que confiesa “soy siervo indigno e inmerecido” todo momento. Apóstol pablo, después de haber servido mucho, confiesa como lo siguiente. “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.” (1 Co 15:10)
Después del encuentro bíblico, podremos pensar también “he servido mucho” “Servi el mensaje”, “Servi mi testimonio, teatro, comida, estudio bíblico, Aseo, etc.” y puede que busquemos algún reconocimiento de otros hermanos o de pastores o misioneros. O sencillamente buscamos un merecido descanso, como que hiciéramos un gran sacrificio. Pero Jesús nos enseña que cuando hagamos todo lo que nos ha sido ordenado, debemos decir “tu siervo inútil soy, pues lo que debía hacer, hice”. Cuando tengamos esta postura y actitud delante de Dios, podemos sentirnos un gran descanso, libertad y más fuerza en amor, paciencia y sabiduría. Y estaremos fuertes en perdonar, amar y servir. Su gracia nos hace vivir una vida que se veía imposible. Y nuestro Señor jamás ignora a tales siervos que obedecen a su palabra. San lucas 12:37 dice “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá y hará que se sienten a la mesa y vendrá a servirles.”
Conclusión, Perdonar siete veces al día a algún hermano o hermana es nuestro deber, no es algo de alabanza. Todos nosotros podemos hacerlo, ya que estamos viviendo en ese perdón. Y habiendo obedecido en todo servir, debemos confesar “Siervo inútil soy”.
Jesús, siendo el Hijo de Dios, por su sangre nos compró y nos hicimos sus siervos en gracia. Su gracia nos hace posible perdonar siete veces al día y nos hace servir y amar a otros, aún a los ofensores. Es una vida que Jesús nos espera en tanto amor. Oro que Dios nos haga sus siervos maduros y fuertes en amor. Leamos el verso 10 y oramos.
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[23.Jul.2023]_Dominical-UBF-Chile_(LUC_17..1-10)-Mensaje.pdf
|
|
C, San Lucas 17.1-10.docx
|
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...