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1 Samuel 17:1-58
17:1 Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y se congregaron en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim.17:2 También Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos.
17:3 Y los filisteos estaban sobre un monte a un lado, e Israel estaba sobre otro monte al otro lado, y el valle entre ellos.
17:4 Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo.
17:5 Y traía un casco de bronce en su cabeza, y llevaba una cota de malla; y era el peso de la cota cinco mil siclos de bronce.
17:6 Sobre sus piernas traía grebas de bronce, y jabalina de bronce entre sus hombros.
17:7 El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro; e iba su escudero delante de él.
17:8 Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí.
17:9 Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis.
17:10 Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo.
17:11 Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo.
17:12 Y David era hijo de aquel hombre efrateo de Belén de Judá, cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos; y en el tiempo de Saúl este hombre era viejo y de gran edad entre los hombres.
17:13 Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido para seguir a Saúl a la guerra. Y los nombres de sus tres hijos que habían ido a la guerra eran: Eliab el primogénito, el segundo Abinadab, y el tercero Sama;
17:14 y David era el menor. Siguieron, pues, los tres mayores a Saúl.
17:15 Pero David había ido y vuelto, dejando a Saúl, para apacentar las ovejas de su padre en Belén.
17:16 Venía, pues, aquel filisteo por la mañana y por la tarde, y así lo hizo durante cuarenta días.
17:17 Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo pronto al campamento a tus hermanos.
17:18 Y estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los mil; y mira si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos.
17:19 Y Saúl y ellos y todos los de Israel estaban en el valle de Ela, peleando contra los filisteos.
17:20 Se levantó, pues, David de mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, se fue con su carga como Isaí le había mandado; y llegó al campamento cuando el ejército salía en orden de batalla, y daba el grito de combate.
17:21 Y se pusieron en orden de batalla Israel y los filisteos, ejército frente a ejército.
17:22 Entonces David dejó su carga en mano del que guardaba el bagaje, y corrió al ejército; y cuando llegó, preguntó por sus hermanos, si estaban bien.
17:23 Mientras él hablaba con ellos, he aquí que aquel paladín que se ponía en medio de los dos campamentos, que se llamaba Goliat, el filisteo de Gat, salió de entre las filas de los filisteos y habló las mismas palabras, y las oyó David.
17:24 Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían de su presencia, y tenían gran temor.
17:25 Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? El se adelanta para provocar a Israel. Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en Israel.
17:26 Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?
17:27 Y el pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo: Así se hará al hombre que le venciere.
17:28 Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido.
17:29 David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora? ¿No es esto mero hablar?
17:30 Y apartándose de él hacia otros, preguntó de igual manera; y le dio el pueblo la misma respuesta de antes.
17:31 Fueron oídas las palabras que David había dicho, y las refirieron delante de Saúl; y él lo hizo venir.
17:32 Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo.
17:33 Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud.
17:34 David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada,
17:35 salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba.
17:36 Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente.
17:37 Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.
17:38 Y Saúl vistió a David con sus ropas, y puso sobre su cabeza un casco de bronce, y le armó de coraza.
17:39 Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas.
17:40 Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.
17:41 Y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él.
17:42 Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer.
17:43 Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses.
17:44 Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo.
17:45 Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.
17:46 Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.
17:47 Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.
17:48 Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corrió a la linea de batalla contra el filisteo.
17:49 Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra.
17:50 Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano.
17:51 Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron.
17:52 Levantándose luego los de Israel y los de Judá, gritaron, y siguieron a los filisteos hasta llegar al valle, y hasta las puertas de Ecrón. Y cayeron los heridos de los filisteos por el camino de Saaraim hasta Gat y Ecrón.
17:53 Y volvieron los hijos de Israel de seguir tras los filisteos, y saquearon su campamento.
17:54 Y David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén, pero las armas de él las puso en su tienda.
17:55 Y cuando Saúl vio a David que salía a encontrarse con el filisteo, dijo a Abner general del ejército: Abner, ¿de quién es hijo ese joven? Y Abner respondió:
17:56 Vive tu alma, oh rey, que no lo sé. Y el rey dijo: Pregunta de quién es hijo ese joven.
17:57 Y cuando David volvía de matar al filisteo, Abner lo tomó y lo llevó delante de Saúl, teniendo David la cabeza del filisteo en su mano.
17:58 Y le dijo Saúl: Muchacho, ¿de quién eres hijo? Y David respondió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de Belén.
VOY EN EL NOMBRE DE JEHOVÁ DE LOS EJERCITOS
VOY EN EL NOMBRE DE JEHOVÁ DE LOS EJERCITOS
1 Samuel 17:1-58
V, Clave 17:45 “Entonces dijo David al filisteo: —Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina; pero yo voy contra ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.”
La palabra de hoy es la historia famosa de David y Goliat. Aun los que no creen en Dios conocen su historia. Lo que debemos saber que el triunfo de David no era espontaneo, sino un fruto procedido de conjunto de victorias que ya había tenido antes con los enemigos animales salvajes.
Como creyentes nuestra vida diaria es un desafío tanto humanamente como espiritualmente. En especial, a los que quieren vivir por la fe, Goliat aparece y desafía, atemorizándolos. ¿Cómo usted actúa ante ese Goliat que enfrenta cada día? La palabra de hoy será un gran tesoro para nosotros que tenemos que travesar esta batalla espiritual. Oro que Dios nos ayude a aprender cómo David pudo vencer a ese Goliat.
Primero, Goliat atemoriza a Saúl y todo Israel (1-11) Saúl iba sufriendo por el espíritu malo y Samuel lloraba por él. Los filisteos también sabían lo que estaba pasando con el líder de Israel. Los enemigos aprovecharon el buen momento a atacar el pueblo de Dios. Y reunieron sus ejércitos para la guerra en Soco que es de Judá. Los hombres de Israel también se reunieron y se pusieron en orden de batalla contra ellos.
La estrategia de los filisteos en esta batalla era el sembrar el miedo. Salió del campamento de los filisteos un paladín llamado Goliat, oriundo de Gat. En Gat estaban viviendo algunas descendientes de los anaceos gigantes que había destruido Josué (Jos. 11:22). Su altura era de seis codos y un palmo (280 cm aprox.). Llevaba un casco de bronce en su cabeza y vestía una coraza de malla que pesaba cinco mil siclos de bronce (57 kg). También la punta de su lanza que tenía de seiscientos siclos de hierra (7kg). Y solo la apariencia de toda su armadura era suficiente para intimidar y atemorizar al pueblo de Israel.
Además, su hablar era mucho más desafiante, ofensivo y humillante. “Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. / Si él puede pelear conmigo y me vence, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo puedo más que él y lo venzo, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis.” Salía, pues, aquel filisteo por la mañana y por la tarde, y así lo hizo durante cuarenta días (v16). De esta manera humillaba a Israel. Saúl y todo Israel se turbaron y tuvieron mucho miedo (v11). Todos los hombres de Israel que veían a aquel hombre huían de su presencia y sentían gran temor (v24). Saúl como el líder tenía que consolar y animar a su pueblo, pero él, siendo apartado del espíritu de Dios, ni siquiera pudo estar confiado para sí mismo. Aún Jonathan quien había peleado y vencido a muchos filisteos (cap. 14) no se había atrevido a pelear contra este Goliat.
Segundo, el joven David consuela al rey Saúl (12-37) Ahora la Biblia comienza a mencionar a David. David era hijo de Isaí, oriundo de Belén de Judá (v12) dónde iba a nacer el Cristo. ¿Qué estaba haciendo David? David había ido y vuelto, dejando a Saúl, para apacentar las ovejas de su padre en Belén (v15). Los tres hijos mayores de Isaí, Eliab, Abinadab, Sama estaban en el campamento de la guerra. Aquellos días los mayores de 20 años pudieron ir al campo de batalla. Por lo tanto, siendo David el menor entre otros 5 hermanos que no fueron a la batalla, su edad habría sido 15 años aprox.
Y envió Isaí a David al campo de batalla, encargándole a traer la noticia de sus tres hijos mayores. Le hizo llevar un efa de grano tostado, diez panes y diez quesos de leche para al jefe de los mil. Se levantó David de mañana y se fue con su carga como su papá le había mandado.
Cuando llegó allí, preguntó por sus hermanos, si estaban bien. En ese momento, David oyó hablar a aquel paladín las mismas palabras que ultrajaban a Israel. Ya hubo la promesa del rey Saúl para quien pudiera vencer: grandes riquezas, su hija y eximirse de tributos a la casa de su padre. David, al oír la palabra de Goliat, se encendió a ira. Y habló con los que estaban junto a él. “¿Quién es este filisteo incircunciso para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?”
Su hermano mayor, Eliab, se encendió en ira contra David y le regaño fuertemente. “¿Para qué has descendido acá? ¿A quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón; has venido para ver la batalla.” Eliab como hermano mayor, quería devolver a su hermanito menor a su casa para que no les sucediera nada a David y su padre. Pero la llama de fuego de ira santa ya estaba encendida en el corazón de David. Eliab no pudo apagarla, ya que fue de Dios. David no fue intimidado por Goliat, tampoco por su hermano mayor.
Finalmente, David fue traído a la presencia de Saúl. Ante Saúl, David, siendo un muchacho, le consoló al rey. El verso 32 dice así. “Que nadie se desanime a causa de ése; tu siervo irá y peleará contra este filisteo.” Saúl apreció su valentía, pero trató de disuadir a David, dándole a conocer la realidad. Entonces, David inició a darle su testimonio ante Saúl. Vamos a leer los versos 34-37ª juntos con atención de su testimonio. “David respondió a Saúl: —Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre. Cuando venía un león o un oso, y se llevaba algún cordero de la manada, / salía yo tras él, lo hería y se lo arrancaba de la boca; y si se revolvía contra mí, le echaba mano a la quijada, lo hería y lo mataba. / Ya fuera león o fuera oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. / Jehová —añadió David—, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de manos de este filisteo.” Su testimonio era de la salvación de Jehová contra los animales salvajes. El león y el oso eran más que ese Goliat para el muchacho David. Pero él dio testimonio de que Jehová le había librado de las garras de estos animales salvajes. Su testimonio era suficiente para convencer a Saúl y la gente.
Tercero, Voy en el nombre de Jehová (38-58) Dijo Saúl a David: —Ve, y que Jehová sea contigo. Saúl vistió a David con sus ropas, puso sobre su cabeza un casco de bronce y lo cubrió con una coraza. Ciñó David la espada sobre sus vestidos y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Entonces David se quitó aquellas cosas. Luego tomó en la mano su cayado y escogió cinco piedras lisas del arroyo, las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y con su honda en la mano se acercó al filisteo.
Cuando el filisteo miró y vio a David, no lo tomó en serio, porque era apenas un muchacho, rubio y de hermoso parecer. El filisteo dijo a David: “¿Soy yo un perro, para que vengas contra mí con palos?” Y maldijo a David invocando a sus dioses. Vamos a leer los versos 45-47. “Entonces dijo David al filisteo: —Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina; pero yo voy contra ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. / Jehová te entregará hoy en mis manos, yo te venceré y te cortaré la cabeza. Y hoy mismo entregaré tu cuerpo y los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y sabrá toda la tierra que hay Dios en Israel. / Y toda esta congregación sabrá que Jehová no salva con espada ni con lanza, porque de Jehová es la batalla y él os entregará en nuestras manos.”
Cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa y corrió a la línea de batalla contra el filisteo. Metió David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, la tiró con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayó a tierra sobre su rostro. Así venció David al filisteo con honda y piedra. Hirió al filisteo y lo mató, sin tener David una espada en sus manos. Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; tomó su espada, la sacó de la vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza. Cuando los filisteos vieron muerto a su paladín, huyeron.
¿Qué podemos aprender del triunfo de David contra Goliat?
Uno, David había sido fiel a las tareas pequeñas (16:11; 17:15). Aunque David fue ungido por Samuel (16:13), él no se hizo rey de inmediato. Dios lo entrenaba por las tareas pequeñas. David siguió siendo solo un pastor de las ovejas. El cuidar a las ovejas era una tarea muy pequeña humanamente. Nadie ponía atención a tal trabajo. Pero David fue fiel a su oficio pequeño. Según oímos de su testimonio (v34-36), él daba su vida por una oveja. David había sido fiel hasta dar su vida en su tarea pequeña. Cuando su padre le encargó traer la noticia de sus hermanos, él también fue fiel a su oficio, levantándose de mañana. Dios vio su corazón fiel de David. Su fidelidad a las cosas pequeñas era el fundamento para ser fiel a las cosas grandes.
Cuando uno llega a creer en Dios, este puede entusiasmarse, diciendo “¡encárgame, Señor, un papel grande! Yo le serviré con todo”. Y es fácil tomar en poco las cosas pequeñas como limpieza, cocinar, orar, leer la palabra y escribir, cuidar a una oveja, etc. Pero Dios ve cuán fiel somos a las cosas pequeñas en nuestro diario vivir, ya que esa fidelidad para pequeña tarea es la verdadera para todas las cosas. Los fieles verdaderos dan su vida a una tarea tan pequeña.
José también fue fiel a su tarea pequeña en Egipto pese que era un esclavo. Sea en la casa de Potifar o en la cárcel él había sido fiel y daba su vida a tales cosas. Dios vio su fidelidad y corazón, a su tiempo lo levantó a ser ministro en todo Egipto y salvar a toda su familia. Dios vio la fidelidad de David y le hizo ser el rey de Israel posteriormente.
Dos, Testimonio contra las garras (34-37ª). El triunfo de David no era espontaneo, sino era un fruto de conjunto de triunfos acumulados. David había experimentado la salvación de Dios en su vida práctica. “Jehová —añadió David—, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de manos de este filisteo.” Las garras del león y de oso son mortales. Sus garras provocan la muerte o las heridas mortales a sus presas. David no huía de las garras de león y de oso, sino peleó con ellos para rescatar a sus ovejas. Con esto, David experimentaba la salvación de Dios a su vida y las vidas de sus ovejas una y otras veces. Al paso del tiempo, se fortalecía su testimonio de que Jehová había sido su salvación.
Cuando tenía ese testimonio en su corazón, ante Goliat, ante su hermano Eliab y ante el rey, David mantuvo la misma fe y además consoló a Saúl y el pueblo atemorizado. En el momento de pruebas, dificultades y tentaciones, solo el testimonio personal de salvación preserva y mantiene la fe firme para el triunfo.
Dia a día enfrentaremos ante situaciones de pruebas como Goliat. Ese Goliat nos va a intimidar, desilusionar de nosotros mismos, humillarnos, para que no hagamos ningún intento de fe. ¿Qué le va a permitir a pelear la buena batalla? Solo el testimonio de salvación en Jehová. Ninguna otra cosa nos va a servir a levantarnos. Dios nos dio una salvación tan grande que nos libró de toda desesperación del pecado y de la muerte. Guardemos el testimonio de esta salvación en Jesús y levantémonos a pelear la buena batalla contra nuestro Goliat. Sin duda, Jehová quien nos salvó va a dar el gran triunfo en todo momento. Amén.
Tres, Adiestrado en el manejo de honda (39-40). David era solo un muchacho. Ni siquiera tenía la experiencia de uso de armas como espada y lanza. Pero no era que él no llevó ninguna arma contra Goliat. En vez de espada y lanza, él tomó su propia arma acostumbrado en sus manos. Cuando David cuidaba a sus ovejas, él no estaba ocioso, sino practicaba su honda con piedras. ¿Cuántas veces él habría practicado el manejo de su honda? Tal vez hasta poder dar golpe fuerte solo con un tiro a los animales salvajes que venían a devorar a sus ovejas.
¿Usted tiene este tipo de honda y piedras practicadas en su vida de fe? Algunos son excelentes en enseñar, otros en orar y otros en cantar, cocinar, programar, etc. Una cosa que hacen bien puede ser su honda para el bien de su vida y para Dios. Honda y piedra son las cosas sencillas y comunes. Todos tienen su vida y corazón como su honda. Y Dios nos dio sus palabras como piedras para lanzarlas. Si practicamos una palabra en nuestra vida, tendremos una honda más poderosa para tirar su palabra en la batalla espiritual. Cuando practicamos las palabras repetidamente, seremos diestros en el manejo de nuestra honda y piedras de palabra. Oro que Dios nos haga ser diestros en el manejo de nuestra propia honda, para que cada palabra sea un arma tan poderosa para derrotar a nuestros enemigos en la batalla.
Cuatro, David miró a Goliat con los ojos de Jehová (45-47). Saúl y todo Israel se turbaron y tuvieron gran temor ante Goliat, ya que su apariencia era demasiado aterradora y formidable. Ellos vieron a Goliat con los ojos humanos. Pero David miró a Goliat con los ojos de Jehová. Leamos juntos el verso 45. “Entonces dijo David al filisteo: —Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina; pero yo voy contra ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.” David vio la espada, lanza y jabalina grandes y coraza de malla tan pesada de Goliat. Pero los miró con los ojos de Jehová. ‘Yo voy contra ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.’ Al mirar a Goliat con los ojos de Jehová, Goliat no era un enemigo grande y invencible, sino era su pan comido. Por su porte de tamaño y su altura, Goliat era un blanco más fácil que oso y león para su tiro de piedra. Su frente se veía más espacioso que el de un hombre común.
Las miradas de Jehová se adquieren cuando oramos. En oración podemos alinear nuestra mirada a la de Jehová. En oración podemos mirar a Goliat con la óptica correcta de Dios. Goliat no era más que un blanco para conquistarlo. Esta visión ya había estado en el corazón de David y se habla en sus salmos. “Jehová, roca mía y castillo mío, mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré.” (Salmo 18: 2ª) “Jehová es mi luz y mi salvación, ¿de quién temeré?” (Salmo 27: 1ª) “Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro?” (Salmo 121:1) Solo y cuando miramos a nuestros enemigos con los ojos de Jehová, nuestra mirada será la correcta. Su mirada y visión nos eleva a su trono y nos conduce al triunfo confiado.
En Jesús somos más que vencedores (Rom. 8:37), ya que él quebrantó la cabeza del diablo en la cruz y nos dio el triunfo definitivo contra el pecado y la muerte. Nuestra batalla es una batalla garantizada para el triunfo. Oro que Dios nos dé su visión en nuestro corazón para que no temamos ninguna cosa, sino peleemos la buena batalla de fe en Cristo.
Conclusión, el triunfo de David contra Goliat no era espontaneo, sino era el fruto de su vida practicada de fe en Jehová. él era fiel a su tarea pequeña, tuvo testimonio claro en su corazón, adiestrado en el manejo de su propio honda y hombre de oración. A diario, enfrentamos nuestro Goliat fuera y dentro de nosotros. ¿Cuál es su Goliat? ¿Cómo actuaremos? Oro que Dios ayude a experimentar el triunfo en nuestro diario vivir contra cada Goliat en Cristo Jesús.
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M. Marcos Kim (AR)
( 20 de noviembre de 2020 )
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