Mateo 15:29-39
15:29 Pasó Jesús de allí y vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí.15:30 Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó;
15:31 de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel.
15:32 Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino.
15:33 Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud tan grande?
15:34 Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.
15:35 Y mandó a la multitud que se recostase en tierra.
15:36 Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud.
15:37 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas.
15:38 Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
15:39 Entonces, despedida la gente, entró en la barca, y vino a la región de Magdala.
¿CUÁNTOS PANES TIENES?
Buenos días. Existe una herramienta de análisis conocida en español como FODA, acróstico de Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas, que se utiliza para conocer la situación real en que se encuentra una persona, organización o proyecto, y planear una estrategia a futuro. En este análisis se deben identificar las Fortalezas (factores críticos positivos con los que se cuenta), Oportunidades, (aspectos positivos que podemos aprovechar utilizando nuestras fortalezas), Debilidades, (factores críticos negativos que se deben eliminar o reducir) y Amenazas, (aspectos negativos externos que podrían obstaculizar el logro de nuestros objetivos). Y muchas veces utilizamos parcialmente este tipo de análisis en nuestras vidas para tomar una decisión.
En el pasaje bíblico de hoy vamos a ver cómo Jesús y sus discípulos hicieron un análisis similar en una situación problemática, y cómo los discípulos se enfocaron en las debilidades y amenazas, mientras que Jesús los invitó a enfocarse en las fortalezas y oportunidades. Y el mensaje de hoy también nos invita a reflexionar en las fortalezas y oportunidades que tenemos para servir al Señor de modo que podamos alcanzar la visión de nuestro ministerio que es convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Yo oro para que cada uno de nosotros pueda reflexionar cuántos panes tenemos y que podamos traerlos al Señor para que Él pueda usarlos milagrosamente para Su obra. Amén.
I.- Jesús sana a muchos enfermos (29-31)
Leamos juntos el v.29. En el pasaje bíblico anterior vimos que Jesús estaba en la región de Tiro y Sidón. Y si armonizamos este pasaje con Mar. 7:31 podemos ver que el Señor dejó Tiro, se dirigió hacia el norte, a Sidón, y luego al este atravesando el Jordán, y hacia el sur por la región de Decápolis. Una ruta un poco extraña a través de territorios predominantemente gentiles. La mayoría de los comentaristas creen que esto marca un período único en el ministerio de Jesús, en el que hizo sanidades y obró entre los gentiles, dándoles mucho más que las migajas que caían de la mesa de los judíos. Probablemente Jesús hizo este recorrido para evitar el territorio gobernado por Herodes Antipas por lo sucedido en Mat. 14:1-2; también para evitar las hostilidades de los escribas y los fariseos y las demandas de las multitudes judías. Entonces, debió haber llegado aquí a un monte de Decápolis, junto al Mar de Galilea, y se sentó allí.
¿Para qué se sentó Jesús allí? Alguno podría pensar que estaba cansado después de subir el monte y se sentó a descansar. Podría ser. Pero sabemos que los maestros judíos enseñaban sentados, así que Jesús debió haber subido al monte a sentarse para enseñar a Sus discípulos. Después de todo, esta debió haber sido una de las razones principales por la que Jesús dejó Galilea, para estar a solas con Sus discípulos como aprendimos la semana pasada. Sin embargo, muy pronto comenzó a llegar mucha gente.
Leamos juntos los vv. 30-31 por favor. Vemos que estando aun en territorio gentil Jesús no podía escapar de las multitudes. Cuando la gente oía que Él estaba cerca, dejaban lo que estuviesen haciendo y tomaban a sus enfermos y se los llevaban a Él. Trajeron toda clase de enfermos: cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos. Esto nos da una idea del alto grado de problemas sanitarios y aflicciones de aquella época. Había muchos ciegos por la falta de higiene en los ojos; sordomudos por falta de higiene y como consecuencia de altas fiebres; y cojos y mancos por accidentes o condiciones de nacimiento. Esta gente trajo todos estos enfermos y los pusieron a los pies de Jesús.
Es interesante que no se menciona nada acerca de la fe de ellos, pero el hecho de que hayan venido guiando o cargando a sus enfermos desde sus ciudades a este lugar desierto cerca del Mar de Galilea muestra que ellos tenían fe de que Jesús pudiese hacer algo por ellos. Y Jesús ciertamente lo hizo. Él sanó todas estas enfermedades, incluso aquellas que eran imposibles de sanar con la medicina de la época. Esto hizo que la multitud se maravillara viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel. Esta última expresión nos da un indicio importante de que Jesús estaba obrando estos milagros en medio de gentiles paganos. Así lo comenta A.B. Bruce: “La expresión sugiere una multitud no israelita y parece dar una pista que, después de todo, nuestro evangelista Jesús está en el lado este y en territorio pagano”.
El hecho de que esta multitud pagana e idólatra glorificase al Dios de Israel y no a Jesús a quien veían haciendo los milagros, también nos dice que el Señor siempre testificaba que era el poder del Padre el que estaba obrando a través de Él, y no el suyo propio. ¿Cuántos ministros hoy en día se promocionan a sí mismos en los mensajes que dan o en las obras que hacen, y le roban la gloria de Dios? ¿Cuántos toman fotos para subirlas a sus redes sociales cuando hacen una obra de caridad para ser alabados por la gente? El Señor nos ayude a tener la humildad de Jesús y a mostrar a todos que todo lo que hacemos es por el poder de Dios y para Su gloria, y no para ser alabados nosotros mismos. Que el Dios de Israel, Jehová de los Ejércitos, sea siempre glorificado por nuestras palabras y obras. Amén.
II.- Jesús alimenta a cuatro mil hombres (32-39)
Leamos juntos el v.32. Esta gente estuvo en este lugar con Jesús durante tres días. Seguramente había largas filas para presentar a los enfermos delante de Jesús. Algunos habrían empacado alguna provisión para el camino, pero la mayoría no habría previsto que demorarían tanto tiempo en este viaje. Así que se les acabó el alimento. El Señor estuvo trabajando en estas sanidades durante tres días, y en lugar de estar agobiado por Su propio cansancio, Él estaba pendiente de las necesidades de la gente. Él sabía que ellos llevaban ya tres días con Él y se les habían acabado las provisiones que llevaban consigo. Así que llamó a Sus discípulos y les comunicó lo que había en Su corazón: “Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino.”
Jesús tenía un corazón compasivo y pastoral para con la gente. Se preocupaba genuinamente por ellos a pesar de Su propio cansancio y Su propia hambre. Él sabía de qué tenían ellos necesidad y Le preocupaba su futuro. No podía simplemente despedirlos con los estómagos vacíos, pensando que algunos de ellos tendrían que caminar por muchas horas y podían desfallecer en el camino. También sabía que muchos de ellos no tendrían los recursos para aprovisionarse en el camino, o quizás no habría lugar para hacerlo en un largo trecho. Este era el corazón compasivo y pastoral del Señor por la gente.
Y Él tiene ese mismo corazón pastoral y compasivo por nosotros. Él conoce muy bien nuestras necesidades. Él tiene cuidado de nosotros y de nuestro futuro. Aunque estemos pasando por alguna necesidad o dificultad en este momento, eso no significa que el Señor se ha olvidado de nosotros. Él está anuente de nuestra necesidad y nos ayudará conforme a Su voluntad. Esto no quiere decir que el Señor suplirá todas nuestras necesidades ahora. O que resolverá todos nuestros problemas hoy. Pero Él quiere que sepamos hoy que Él nos conoce bien y sabe de qué tenemos necesidad. Que Él nos ama y tiene un propósito con nosotros y por eso está permitiendo que pasemos por esta situación. Necesitamos confiar en Su amor y Su buena voluntad para nosotros. Lo único que yo necesito saber y reconocer es que “Jehová es mi pastor y nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.” (Sal 23:1-6)
Jesús quería que Sus discípulos tuviesen el mismo corazón pastoral compasivo por la gente y por eso les comunicó esto. No se los dijo porque necesitara consejo de ellos, sino para despertar esta misma compasión en sus corazones. Pero, ¿cómo respondieron ellos? Leamos juntos el v.33. En lugar de tener el mismo corazón compasivo de Jesús por la multitud, ellos le respondieron al Señor que no tenían los recursos para ayudar a toda esa gente. En lugar de pensar en las fortalezas que tenían (los panes y los peces con los que contaban) y las oportunidades que habían (el poder de Jesús que ya había hecho algo similar recientemente), ellos pensaron en sus debilidades (los pocos panes que habían) y las amenazas (el desierto y el hambre de la multitud). Parece que ya se habían olvidado de que habían alimentado milagrosamente una multitud anteriormente.
Algunos opinan que la alimentación de los cinco mil y la de los cuatro mil son versiones diferentes del mismo incidente; es decir, que Mateo y Marcos (los únicos dos evangelios que narran la alimentación de los cuatro mil) registran este segundo milagro por error, confundiendo una versión popular del anterior. Pero estos dos milagros tienen muchas diferencias para considerarlos diferentes versiones del mismo.
Primero, ocurrieron en épocas diferentes del año. La alimentación de los cinco mil debió ocurrir en primavera porque la multitud se recostó sobre la hierba verde (Mat. 14:19; Mar. 6:39); en cambio, este milagro debe haber ocurrido en verano porque ahora la gente se recuesta en la tierra (Mat. 15:35; Mar. 8:6); así que debieron haber pasado unos seis meses entre un milagro y otro. Y lo sabemos también porque después de haber alimentado a los cinco mil y haber discutido con los escribas y los fariseos, Jesús se fue al norte, a la región de Tiro y Sidón, para después cruzar el mar y venir acá a Decápolis. Este no era un viaje corto. De hecho parece que Jesús lo alargó intencionalmente para tener más tiempo a solas con Sus discípulos para preparar Su camino a la Cruz. De modo que podemos pensar que este viaje duró unos seis meses. Resulta un poco sorprendente que no sabemos nada de lo que sucedió en este tiempo, pero podemos estar seguros de que serían los seis meses más importantes de la vida de los discípulos, porque fue entonces cuando Jesús Se dedicó a enseñarles y prepararlos para lo que había de venir.
Segundo, ocurrieron en lugares diferentes. Este milagro ocurrió en Decápolis, territorio gentil (Mar. 7:31); la alimentación de los cinco mil debió ocurrir en alguna ciudad más al norte, o en el lado oeste del Mar de Galilea, a donde los judíos siguieron a Jesús a pie (Mat. 14:13; Mar. 6:32-33). Tercero, el número de alimentados fue diferente. En el primer milagro, cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños (Mat. 14:21), unas veinte mil personas en total; y en este segundo milagro, cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños (Mat. 15:38), unas quince mil personas en total. Cuarto, diferente número de panes y peces al principio de cada milagro. En la alimentación de los cinco mil, partieron de cinco panes y dos peces (Mat. 14:17), y en la alimentación de los cuatro mil iniciaron con siete panes y unos pocos pececillos (Mat. 15:34). Quinto, diferente número de canastas para las sobras, y aun diferentes tipos de canastas. En la alimentación de los cinco mil sobraron doce cestas llenas (Mat. 14:20); y en la alimentación de los cuatro mil, siete canastas llenas (Mat. 15:37). Además de que el número es diferente, las palabras griegas que se usan designan un diferente tipo de canasta o cesta. Las cestas de la alimentación de los cinco mil eran las que generalmente usaban los judíos para transportar las provisiones; las canastas que se mencionan aquí son las que usaban los pescadores para transportar el pescado, y pueden ser de diferentes tamaños, incluso suficientemente grande como para meter a una persona.
Así que estos son dos milagros diferentes. Y a pesar de que habían pasado seis meses entre uno y otro, vemos que los discípulos ya se habían olvidado de aquello tan maravilloso. Otra vez estaban perplejos ante la insinuación de Jesús de que se debía alimentar a la multitud. Como los discípulos, nosotros también olvidamos con frecuencia que si Dios nos cuidó en el pasado, hará lo mismo ahora. Cuando estemos atravesando situaciones difíciles, debemos recordar cuánto nos ama Dios y cuánta gracia hemos recibido de Él hasta ahora, y que Él puede volver a ayudarnos como lo hizo antes. Recordemos cada día la gracia y el amor de Dios por nosotros, y no nos dejemos abatir por las circunstancias y necesidades del momento. Digamos como David cada día: “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.” (Sal. 103:2-5).
Leamos ahora juntos el v.34. Jesús quiso ayudar a sus discípulos a enfocarse en las fortalezas y las oportunidades que tenían, así que les preguntó: “¿Cuántos panes tenéis?” Esto debió haberles ayudado a recordar el milagro anterior, y debieron haber preguntado al Señor: “¿Te los traemos? ¿Recostamos a la gente en grupos de cincuenta como la otra vez?” Pero la pregunta de Jesús no parece haber generado esta respuesta. Ellos solo reportaron la provisión que tenían: Siete panes y unos pocos pececillos. Parece que esto es más de lo que tenían en la ocasión anterior, pero seguía siendo muy poco para alimentar a toda aquella multitud. A pesar de esto el procedimiento fue el mismo que en el milagro anterior.
Leamos juntos los vv. 35-38. Nuevamente se mandó a la gente a recostarse, esta vez en la tierra. Y Jesús tomó lo poco que tenían los discípulos; dio gracias, es decir oró con agradecimiento al Padre por los alimentos, quizás con la misma oración del milagro anterior; partió los panes y los pececillos, y los dio a Sus discípulos para que ellos lo repartieran entre la multitud. ¡Qué preciosa obra de colaboración entre Jesús y Sus discípulos! Jesús les da el pan a Sus discípulos para que ellos alimenten a las multitudes necesitadas. Esto mismo sigue pasando hoy en día. Jesús provee de lo necesario a Sus discípulos para que ellos puedan dar también a los que tienen necesidad. Dios nos da un trabajo y la salud para llevarlo a cabo, para que nosotros podamos tener los recursos necesarios para nuestro sustento, para el sustento de la iglesia y para dar aquellos que están en necesidad. Y nosotros debemos aprender a ser buenos administradores de la gracia de Dios. Si estamos gastando lo que Dios nos da solo en nosotros, estamos siendo egoístas y por eso Dios no nos bendice con más. Pero al siervo fiel y generoso que ayuda a sostener la iglesia y que ayuda a aquellos que están en necesidad, Dios le bendice con más para que tenga más para ayudar.
También podemos verlo en el sentido espiritual. Dios nos da Su Palabra para que nosotros vayamos a predicarla a otros. Dios me ha dado las palabras de este mensaje, no solamente para mi propio beneficio, sino para que yo, con corazón pastoral, los alimente espiritualmente. De la misma manera, ustedes reciben la Palabra de Dios no solamente para su propio beneficio, sino para que ustedes tomen de ese pan espiritual y lo repartan entre las multitudes hambrientas de Dios y de Su Palabra allá afuera. Especialmente, entre los jóvenes universitarios a los cuales Dios nos ha llamado a alimentar en UBF. Usted está siendo egoísta, si no está repartiendo este pan espiritual a otros. Si usted recibe estudio bíblico, y no da ese estudio bíblico a otra persona, usted está siendo egoísta con la Palabra de Dios. Vayamos, pues, a llevar la Palabra de Dios a los jóvenes universitarios que mueren en sus pecados y no tienen cómo alimentarse espiritualmente. Amén.
Algunos de ustedes quizás pensará: “Pero yo no tengo tiempo para ir a la universidad.” O, “yo no conozco suficientemente bien la Palabra de Dios como para pescar o dar estudio bíblico”. Esto es lo mismo que dijeron los discípulos sin compasión ni corazón pastoral: “¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud tan grande?” A ustedes les hace Jesús la misma pregunta que les hizo a ellos: “¿Cuántos panes tenéis?” ¿Cuántos panes tienes? ¿Qué tienes para servir al Señor? ¿Tienes solo una hora a la semana para ir a la universidad? Trae ese poco tiempo al Señor y vé a la universidad. Él lo va a multiplicar, dándote una oveja en ese poco tiempo. ¿Solamente tienes lo poco que entendiste del estudio bíblico que acabas de recibir? Trae eso al Señor en oración, y vé y da ese estudio bíblico a un estudiante. ¿Piensas que no eres muy bueno para dar estudio bíblico o que no estás preparado? Vé a invitar a alguien para que estudie la Biblia con tu pastor entonces; o invítalo al Culto Dominical. No importa cuán pocos sean tus panes, si lo pones a la disposición de Jesús, Él puede alimentar a multitudes con ellos.
Aunque en UBF Panamá somos muy pocos y tenemos recursos limitados, si traemos nuestros pocos panes y pececillos a Jesús, Él sin duda puede usarnos para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. ¿Crees esto? Entonces, trae tus panes y tus peces a Jesús y colabora con el Espíritu Santo en esta obra preciosa. Vayamos a la Universidad de Panamá e invitemos a los estudiantes a estudiar la Biblia. Y antes de que nos demos cuenta estaremos alimentando a una gran multitud con la Palabra de Dios para Su gloria. Amén.
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M. Marcos Kim (AR)
( 20 de noviembre de 2020 )
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