Mateo 16:1-12

16:1 Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.
16:2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.
16:3 Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!
16:4 La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.
16:5 Llegando sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan.
16:6 Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.
16:7 Ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan.
16:8 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan?
16:9 ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis?
16:10 ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?
16:11 ¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?
16:12 Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.

GUARDAOS DE LA LEVADURA DE LOS FARISEOS Y SADUCEOS


Buenos días. Un hombre tenía una granja en la que trabajaba muy arduamente. Tenía que cuidar de ella cada día, incluso los domingos. Un amigo lo invitaba a la iglesia, pero él le decía que no podía ir porque no habría quien cuidase sus gallinas el domingo. Su amigo le insistió en que fuese con él a la iglesia prometiéndole que Dios cuidaría sus gallinas. Entonces el granjero finalmente aceptó la invitación confiando en que Dios estaría en la granja el domingo cuidando sus gallinas. En la iglesia, el predicador dijo: “Hermanos míos, Dios está aquí hoy en medio de nosotros”. Entonces, el granjero muy preocupado, se levantó de su asiento rápidamente gritando: “Mis gallinas”, y salió corriendo de la iglesia en dirección a la granja. Él pensó que como Dios estaba en la iglesia con ellos, había dejado solas a sus gallinas. 

Esta historia nos parece graciosa, pero muchas veces actuamos de la misma manera. Gracias a Dios ninguno de ustedes se ha levantado corriendo y gritando: “Mis gallinas”, pero, ¿cuántas veces no han estado allí sentados pero con sus mentes en otro lado, en sus preocupaciones? ¿Cuántas veces nos hemos preocupado tanto por algo mostrando que no confiamos en que Dios puede ayudarnos? ¿Cuántas veces no entendemos o entendemos mal lo que Dios nos está diciendo porque nuestra cabeza está en nuestras preocupaciones? 

En el pasaje bíblico de hoy vamos a ver cómo los discípulos malinterpretaron la enseñanza de Jesús por tener sus mentes en sus preocupaciones. Preocupaciones que además mostraban su poca fe y cuán rápido se olvidaban de las maravillas que Jesús había hecho delante de sus mismos ojos. Así que el Señor tuvo que regañarlos y recordarles la gracia que habían recibido para reavivar la fe de ellos. Y cuando ellos recordaron la gracia de Dios y se olvidaron de sus preocupaciones, pudieron entender la enseñanza de Jesús. Que Dios nos ayude a tener fe en Dios, a dejar nuestras preocupaciones en sus manos, y que podamos recibir Su Palabra profundamente en nuestros corazones, creciendo en nuestra fe. Que Dios nos ayude a guardarnos de la levadura de los fariseos y saduceos y vivir vidas realmente cristianas que Le glorifican. Amén.

I.- Los fariseos y saduceos piden señal del cielo (1-4)

Leamos juntos el v.1. En el pasaje bíblico anterior vimos que Jesús, después de que despidió a la gente, “entró en la barca, y vino a la región de Magdala.” (15:39). Probablemente allí o en alguna otra ciudad de Galilea, vinieron los fariseos y los saduceos a Jesús para tentarle. Es extraordinario que estos dos grupos hayan venido juntos. Varias veces leemos en los evangelios que venían juntos los fariseos y los escribas, pues, generalmente, los escribas pertenecían a la secta de los fariseos; pero casi nunca leemos que vengan juntos los fariseos y los saduceos, ya que éstas eran dos sectas judías que representaban creencias religiosas y políticas diametralmente opuestas. 

Los fariseos procuraban cumplir hasta el último detalle de la Ley, y por esta razón seguían las tradiciones de los ancianos que supuestamente ayudaban a cumplirla fielmente; y a estas tradiciones se les conocía como la ley oral, que para ellos tenía el mismo rango que las Escrituras. Los saduceos rechazaban totalmente esa ley oral, y no reconocían más autoridad que la ley escrita en el Antiguo Testamento como su única norma de fe y de conducta. Los fariseos creían en los ángeles y en la resurrección del cuerpo, y los saduceos no, cosa que aprovechó Pablo cuando se presentó a juicio ante el sanedrín (Hch. 23:6-10). Los fariseos no eran un partido político, solo les importaba vivir conforme a sus principios religiosos. En cambio, los saduceos eran un partido político, eran los aristócratas ricos que estaban dispuestos a someterse y a colaborar con el gobierno romano para conservar su posición y sus privilegios, aunque eso significara sacrificar algunas de sus prácticas religiosas. Los fariseos esperaban y anhelaban la venida del Mesías, mientras que los saduceos no creían en esas cosas. Los fariseos eran religiosos preocupados por no desagradar a Dios; mientras que los saduceos eran materialistas, más preocupados por mantener su estatus. Sería casi imposible encontrar dos sectas o grupos más diferentes y apartados entre sí; y sin embargo acá los vemos dejando de lado sus diferencias para venir juntos a tentar a Jesús. 

¿Cómo le tentaban? Leamos juntos nuevamente el v.1b. Los fariseos y saduceos pedían una señal del cielo. Como ya hemos aprendido antes, los judíos esperaban que un profeta o mensajero de Dios acreditara su misión con alguna señal extraordinaria. Y aunque Jesús había hecho muchas señales milagrosas, sanando enfermedades y echando fuera demonios, ellos pensaban que estas señales podían ser hechas por Satanás también como milagros mentirosos, y de hecho ya vimos en Mat. 12:24 que los fariseos acusaron a Jesús de echar fuera los demonios por Beelzebú, príncipe de los demonios. Pero en el pensamiento judío Satanás no podía hacer ninguna señal del cielo, y por eso le pedían a Jesús este tipo de señal para acreditar su mesiazgo. Ellos querrían, quizás, que Jesús hiciese descender fuego del cielo, preferiblemente contra la legión romana. 

Veamos la respuesta de Jesús a esta demanda. Leamos juntos los vv. 2-3. Jesús aprovechó su petición de una señal del cielo, para señalar las habilidades de ellos en el pronóstico del tiempo por el aspecto del cielo. Cuando ellos veían un cielo de color rojizo al atardecer, predecían que al día siguiente haría buen tiempo. Y sabían que un cielo rojo sombrío por la mañana significaba que aquel día tendrían tempestad. Eran expertos en interpretar las señales del cielo, pero no podían interpretar las señales de los tiempos. Con esta frase Jesús se refiere a las señales de los acontecimientos en el Plan de Salvación de Dios. Ellos no podían entender todas las señales proféticas que se estaban cumpliendo en Jesús. Todas las sanidades y milagros que Jesús hacía Le acreditaban como el Mesías. Podemos verlo en la respuesta de Jesús a los mensajeros de Juan el Bautista: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mat. 11:4-5). El Señor sabía que Juan y sus discípulos entenderían estas señales de los tiempos. Pero los fariseos y los saduceos eran hipócritas porque aunque podían pronosticar el clima por las señales en el cielo, no querían reconocer a Jesús como el Mesías aunque Lo veían cumpliendo las señales mesiánicas. 

Leamos ahora juntos el v.4 por favor. Estas mismas palabras ya Jesús se las había dicho a los fariseos en Mat. 12:39. En aquel mensaje les dije que esta generación era mala porque sus palabras y sus acciones eran malas y venían del mal tesoro de su corazón. Ellos aquí no tienen ninguna intención de creer en Jesús, sino que Le están pidiendo señal del cielo porque pensaban que Jesús no la podía hacer y entonces dirían: “como no puede hacer una señal del cielo no es un profeta ni mucho menos el Mesías”. Su intención era desacreditarlo. Así que su intención era mala. Además, les dice que son una generación adúltera. En aquel mensaje también les expliqué que  no debemos tomar estas palabras literalmente. No quiere decir que todos ellos estuviesen teniendo relaciones extramaritales. Más bien quiere decir que eran apóstatas, es decir, que eran infieles a Dios y por lo tanto adúlteros espiritualmente.

Esta generación mala y adúltera demandaba de Jesús una señal del cielo. Pero el Señor les dijo que tal señal no les sería dada, sino la señal del profeta Jonás. En Mat. 12:40 se explica también cuál es esta señal: Así como Jonás estuvo en el vientre del gran pez tres días y tres noches, Jesús estaría en el corazón de la tierra, muerto, tres días y tres noches, después de los cuales resucitaría. La señal de la muerte y la resurrección de Jesús sería la única que daría para que creyesen en Él como el Mesías. Y sabiendo que nada de lo que dijese o hiciese en ese momento los convencería, dejándolos, se fue.

Hoy en día mucha gente, como estos líderes religiosos, espera que ocurra algún milagro para creer en Jesús. Pero Jesús nos ha dejado Su muerte y resurrección como la señal definitiva para creer en Él como el Mesías, nuestro Señor y Salvador. Además, tenemos una cantidad abrumadora de evidencia para creer: La Biblia, dos mil años de historia de la Iglesia, y el testimonio de millones de personas. Con toda esta evidencia, los que no creen son orgullosos o tercos. Así que si usted está testificando acerca de Cristo a alguien y éste se niega a creer, aprenda del ejemplo del Señor, no invierta mucho tiempo tratando de convencerle, ore por esa persona, y siga adelante hablando a otros. Si es la voluntad de Dios, en Su tiempo, esa persona creerá; y si no, usted habrá invertido mejor su tiempo en algunos que sí llegarán a creer. Amén.

II.- La levadura de los fariseos y de los saduceos (5-12)

Leamos juntos el v.5. Después de haber dejado a los fariseos y saduceos, Jesús cruzó al otro lado del Mar de Galilea, muy probablemente a territorio gentil nuevamente para evitar que estos judíos Le siguiesen. Pareciese que el Señor se fue sin sus discípulos, y aquí están llegando ellos al otro lado a encontrarse con Él. Pero se habían olvidado de traer pan y parecían estar muy preocupados por eso. Quizás porque estando en territorio gentil sería muy difícil para ellos encontrar pan ceremonialmente limpio. El Dr. William Barclay comenta: “Ningún judío que fuera estrictamente ortodoxo podía comer el pan cocido o manipulado por los gentiles.” Así que ellos estarían muy preocupados porque no sabían cuánto tiempo estarían de aquel lado del mar y  sería una tarea casi imposible conseguir pan limpio allá. 

Leamos ahora juntos los vv.6-7. Justo en medio de su preocupación, Jesús les dice: “Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.” Como la levadura se usa para preparar el pan, ellos pensaban que Jesús les había dicho estas palabras porque se habían olvidado de llevar pan. Pensaron que Jesús les estaba advirtiendo que no fueran a comprar pan de aquel lado del mar. Parece que en ese momento, ellos solo podían pensar en el pan material. Pero en el pensamiento judío, la levadura tiene un segundo significado, no literal ni físico, sino figurado y alegórico. Era la manera corriente de los judíos para referirse a una mala influencia. Los judíos identificaban la fermentación con la putrefacción; por tanto, la levadura representaba todo lo malo y corrompido. La levadura tiene la propiedad de extenderse por una masa en la que se introduce; por tanto, la levadura representaba cualquier mala influencia capaz de invadir la vida y corromperla. No obstante, los discípulos no podían pensar en ese significado en ese momento porque no dejaban de pensar en su preocupación por no haber traído pan.

Leamos ahora juntos los vv. 8-10 por favor. Jesús entendió que Sus discípulos pensaban que Él les hacía esta advertencia porque no habían traído pan y los regañó fuertemente: “¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan?” Jesús les llamó “hombres de poca fe”. Su fe se mostraba muy pequeña por su excesiva preocupación por el pan. Parece que ellos no confiaban en la provisión de Dios, sino en lo que ellos podían tener y preparar. La preocupación excesiva por cualquier asunto es una evidencia de poca fe porque muestra que no consideramos que Dios pueda ayudarnos en ese asunto, sino que necesitamos buscar la forma de resolver nosotros mismos. No dejemos que nuestra poca fe nos haga preocuparnos en exceso, confiemos en Dios, en Su amor y en Su buena voluntad para nosotros, y recordemos cómo el Señor nos ha ayudado en el pasado en situaciones similares.  

Y precisamente Jesús no solo los regañaría, sino que les recordaría la gracia de Dios. Leamos nuevamente los vv. 9-10. Resulta increíble que los discípulos estuviesen tan preocupados por el pan habiendo experimentado dos alimentaciones milagrosas recientemente. Y el Señor se las recuerda con mucha precisión, aunque les deja un detalle para que ellos recuerden: “¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis?” ¿Cuántas cestas recogisteis? ¿Cuán abundantemente bendijo Dios? ¿Cuánto tiempo disfrutamos de esa bendición de Dios después? Y luego, “¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?” Nuevamente, ¿cuántas canastas recogisteis? ¿Cuán abundantemente bendijo Dios? ¿Cuánto tiempo disfrutamos de esa bendición de Dios después?

Algunos podrían pensar: “Oye, sí, esos discípulos se pasan. ¿Cómo van a estar preocupados por pan, si ya habían experimentado la provisión milagrosa de Dios dos veces?” Pero es que nosotros muchas veces nos comportamos de la misma manera que ellos. ¿Cuántas veces nos preocupamos en exceso por las necesidades o por las situaciones que estamos pasando, olvidándonos de lo que Dios ha hecho en el pasado? Y aunque Dios nos habla a través de Su Palabra y a través de nuestras situaciones cotidianas, no podemos entender lo que nos dice porque estamos enfocados en nuestras preocupaciones. ¡Hombre de poca fe! Dios te ama y tiene cuidado de ti. Él sabe de qué tienes necesidad. Él conoce el deseo de tu corazón. ¡Deja de preocuparte! Confía en Su amor y en Su buena voluntad para ti. ¿No te acuerdas de cuánto te ha bendecido hasta ahora? ¿No te acuerdas de cómo te sacó de esa situación imposible? ¿No crees que Él es más grande que tus problemas? ¿Entonces por qué te preocupas tanto? ¡Deja de preocuparte y ten fe en Dios!

Como vemos en este pasaje bíblico, una de las mejores maneras de reavivar y hacer crecer nuestra fe es recordar lo que el Señor ha hecho en nosotros y a través de nosotros.  Y una de las herramientas que ofrece nuestro ministerio para hacer esto es el Testimonio de Vida. Sería bueno que cada uno de nosotros pudiese escribir su Testimonio de Vida de vez en cuando. Quizás una vez por año. Aunque escribimos testimonio bíblico cada semana luchando espiritualmente, cuando meditamos en nuestra vida entera, podemos ver más claramente la gracia de Dios a lo largo de toda nuestra vida. Cómo el Señor nos ha guardado, guiado y usado hasta ahora. De esta manera nuestra fe es fortalecida y crece. Es más, cada mañana deberíamos recordar y dar gracias a Dios por la gracia de salvación, y la gracia del llamado a la Misión que nos ha dado. Deberíamos recordar el privilegio maravilloso que es estar en Su camino y servir Su obra. Así podemos ser fortalecidos cada día contra toda tentación. Recuerda cada día la gracia y el amor de Dios por ti, y que sin importar qué necesidad tengas o por cuál dificultad estés pasando, Él te ama y tiene el poder para ayudarte. Amén.

Leamos ahora los vv. 11-12. Después del regaño del Señor y del recordatorio de la gracia de Dios para ellos, los discípulos pudieron quitar la preocupación de sus corazones y entendieron que Jesús no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos. Aunque Jesús les está hablando en conjunto de la levadura de los fariseos y de los saduceos, en realidad sus levaduras o doctrinas son diferentes, y es de ambas doctrinas que ellos tenían que guardarse.

Los fariseos entendían por religión un conjunto de leyes, mandamientos, reglas y normas. Veían la religión en términos de pureza y ritual externos. Así que Jesús quería decir: “Guárdense de no hacer de su religión una serie de reglas como hacen los fariseos. Tengan cuidado de no identificar la religión con una serie de acciones externas, olvidando que lo que realmente importa es el estado del corazón”. Ésta era una advertencia contra una actitud legalista que invadiera el campo de la religión; contra una religión que no se fija más que en las acciones externas olvidando el estado interior del corazón. Nuestra religión tiene que estar basada en tener una comunión con Dios y limpiar nuestros corazones del pecado para que todos nuestros pensamientos, todas nuestras palabras, todas nuestras actitudes y todas nuestras acciones sean puras y santas, y glorifiquen a Dios.

Los saduceos, por su parte, tenían dos características íntimamente entrelazadas. Eran ricos y aristócratas, y estaban involucrados totalmente en la política, así es que Jesús puede que quisiera decir: “Guárdense de identificar el Reino del Cielo con los bienes materiales, y de poner sus esperanzas en las cosas de este mundo”. Esta es una advertencia contra el materialismo, y contra la idea de que el cambio en este mundo se puede llevar a cabo mediante la acción política. Puede que Jesús estuviera recordando a Sus discípulos que la prosperidad material está muy lejos de ser el sumo bien, y la acción política de producir los resultados más importantes. Las verdaderas bendiciones son las del corazón, y el verdadero cambio no es el de las circunstancias sino el del corazón. El reino de Dios en este mundo no es un sistema político que pueda ser implantado, sino una influencia espiritual en el corazón de las personas que cambia a la sociedad por cambiar las interacciones entre los individuos. 

Muchos de nosotros todavía tenemos restos de la levadura de los fariseos y de los saduceos en nuestros corazones. Podemos pensar que cumplir con ciertas normas o rituales de la iglesia es suficiente para tener una correcta relación con Dios. Podemos pensar que estamos bien con Dios en la medida que Él nos bendice con cosas materiales, y que podemos tener una buena relación con Él ofrendando y diezmando. Podemos pensar que lo importante es que aparentemos ser santos en la iglesia, aunque estemos en pecado en la casa o en la calle. O aunque pensemos o deseemos mal a otros. Pero esta es la levadura de la que debemos guardarnos.

Guardarnos de la levadura de los fariseos y de los saduceos implica cuidarnos de no ver la religión como un conjunto de reglas externas o como un sistema político, sino entender que la religión consiste en amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Y para poder alcanzar este nivel de amor, primero debemos limpiar nuestros corazones con la Palabra de Dios y entregar el control de nuestras acciones y palabras al Espíritu Santo. Esta es la única manera en que podemos practicar la religión verdadera. ¡Guardémonos, pues, de la levadura de los fariseos y de los saduceos, y vivamos vidas verdaderamente santas y agradables a Dios que puedan ser buena influencia y lleguen a convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios! Amén.

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