Mateo 2:1-21

2:1 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,
2:2 diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.
2:3 Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.
2:4 Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.
2:5 Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
2:6 Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel.
2:7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;
2:8 y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.
2:9 Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.
2:10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
2:11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.
2:12 Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
2:13 Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.
2:14 Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto,
2:15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.
2:16 Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.
2:17 Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo:
2:18 Voz fue oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron.
2:19 Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto,
2:20 diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño.
2:21 Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel.

DE TÍ SALDRÁ UN GUIADOR


DE TI SALDRÁ UN GUIADOR


Palabra: San Mateo 2:1-12

V, Clave 2:6 “Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel


¡¡Feliz Navidad!! La adoración de hoy es el último servicio dominical del año. Nuestro Dios es tan fiel que nos ha guiado hasta aquí y seguirá guiándonos el nuevo año a la luz de su palabra.  


Como compartimos la semana pasada, Dios nos ha dado un hijo maravilloso para nuestro bien. La palabra de hoy se enfoca sobre ‘nuestro guiador’. A través de la palabra de hoy aprenderemos a quienes se manifiesta su estrella y a quien nos guía esa estrella.  


Primero, la visita de los sabios (1-3) Jesús nació, en Belén de Judea, la ciudad pequeña, pero ciudad del rey David. Jesús nació en el tiempo del reinado del rey Herodes quien se conoce como ‘Herodes el Grande’. Él no era judío, sino de Edom, enemigo de los judíos. Aunque él hizo su gran esfuerzo administrativo en Judea y obras como la reconstrucción del templo de Jerusalén y entre otros, Herodes mostraba muy poco respeto por las costumbres y leyes de la religión judía. Él era un rey que asesinó a su esposa, Mariamme, la nieta del ex sumo sacerdote, Hircano II y a sus propios tres hijos, Alexander, Aristóbulo y Antípater II por la sospecha de intento de traición. Y tenía 10 esposas. Era un personaje tan cruel y violento. Este tiempo no era bueno para nacer el Cristo. Pero Jesús, nació en la época más oscura de Israel. 


Nadie sabía el nacimiento del Cristo. Pero es interesante que vinieron unos sabios del oriente, los extranjeros para dar esa noticia a los judíos. El Oriente se supone ‘la parte que antiguamente era de Imperio Babilonia o Persa’ donde los judíos vivieron su exilio. No se saben exactamente de los sabios. no dice que sean reyes, tampoco dice cuántos eran, de que país precisamente. Los sabios eran hombres dedicados al estudio de las ciencias secretas, en otras palabras, unos científicos dedicados a la astronomía.


Según el verso 2, los sabios vinieron, siguiendo la estrella del rey de los judíos desde el oriente. Nos presenta esta estrella con un carácter sobrenatural. El que los sabios conocieran que aquella estrella anunciaba el nacimiento del “Rey de los judíos”. Además de la ilustración y moción sobrenaturales que había que suponer, ellos tenían expectación que difundieron los judíos en su cautividad de Babilonia y en la Diáspora. (Dispersión de la comunidad del pueblo judío) “Lo veré, mas no ahora; Lo miraré, mas no de cerca; Saldrá ESTRELLA de Jacob, Y se levantará cetro de Israel, Y herirá las sienes de Moab, Y destruirá a todos los hijos de Set” (Números 24:17)


Pero ellos, cuando llegaron en Judea, habrían pensado con seguridad que el rey de los judíos debiera nacer en el palacio de capital de Judea y del linaje del rey. Y entraron a Jerusalén donde vivía el rey actual, Herodes el Grande. Pero, Al oír esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Al enterarse de esta noticia de los sabios, Herodes perdió la paz, pues ese niño pudiera ser un enemigo y rival en el poder. Toda Jerusalén, conociendo y siendo cansados de la crueldad y carácter violento de Herodes, se turbó con él sin saber quién y cuando nació el Mesías. 


Segundo, De ti saldrá un guiador (4-8).Herodes había convocado a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo y les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Es interesante que hasta Herodes consideró que el rey de los judíos fuera el Cristo. 


Los lideres religiosos respondieron muy bien. Leamos el verso 5-6. “Ellos le respondieron: En Belén de Judea, porque así fue escrito por el profeta: / “Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel.”” Esta palabra se citó de Miqueas 5:2. “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. Ellos sabían muy bien en dónde iba a nacer el Cristo, pero no del tiempo de su nacimiento. Ellos eran doctores de la ley de Dios, pero no eran los adoradores verdaderos como los sabios, extranjeros. Herodes llamó en secreto a los sabios y se cercioró del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Y enviándolos a Belén, dijo: —Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño y, cuando lo halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarlo. Al ver la matanza a los niños posteriormente, su intención no era para adorar al rey de los judíos, sino asesinarlo. 


Tercero, la estrella sobre el Niño (9-12). Cuando ellos se alejaron de Jerusalén y se dirigieron a Belén, la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Cuando ellos se dirigieron a Jerusalén, habían perdido gozo. Pero al ver la estrella, pudieron regocijarse con muy grande gozo. La estrella misma les devuelve el gozo muy grande. 


Miren el verso 11. Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron. Para su adoración, ellos vinieron no con manos vacíos. Abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. El Oro representa ‘el reinado(rey) eterno’, incienso ‘su sacerdocio que intermedia entre Dios y los hombres’, y mirra ‘su muerte mesiánica’. En fin, estos regalos representan ‘el rey eterno que intermedia a su pueblo con Dios santo mediante su muerte’. ¡Qué maravillosos son estos regalos¡ Eran regalos proféticos. Ellos, siendo avisados por revelación en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. 


De esta palabra podemos aprender los siguientes puntos. 


Uno, la estrella del Cristo. Los sabios dijeron “su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo”. No sabemos científicamente qué tipo de estrella era. Sin duda debería haber sido una estrella sobrenatural que destaca ser la estrella del Cristo. Los sabios, por su fenómeno extraordinario y sobrenatural, llegaron a entender que era la estrella del rey de los judíos. Dios se manifiesta a sí mismo de la manera de alcance de toda clase de personas. 


 La estrella es el medio que guía Dios a los que la buscan. Dios guía a su pueblo no abstractamente, sino concreta y también visiblemente. Cuando Dios sacó a los israelitas de la esclavitud de Egipto, él los había guiado en el desierto por una columna de la nube de día y del fuego de noche. “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.” (Ex.13:21) 


 Principalmente Dios guía a su pueblo mediante la estrella de su palabra. “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.” (Salmo 119:105) y guía mediante el Espíritu Santo también. “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (San Juan 16:13) el Espíritu Santo y la palabra son la estrella por la cual Dios nos guía al Cristo. 


 No debemos seguir la filosofía humana, ni la religiosidad, ni depender de mi propio pensamiento, sino la estrella de Dios que nos guía día a día. Si desviamos, esto nos puede exponer al peligro no pequeño. Solo cuando seguimos su estrella con constancia, podemos llegar a nuestro Belén donde hay el Cristo. Oro que podamos seguir constantemente la estrella de Dios día a día para poder llegar al lugar donde hay nuestro salvador. 


Dos, la estrella del Cristo y los sabios. Es impresionante que el nacimiento del Cristo fue avisado a los judíos por los extranjeros. Dios había manifestado su estrella a estos sabios, no a los judíos. Mucho conocimiento bíblico no garantiza la aparición de estrella en su corazón. Dios muestra su estrella solo a los adoradores verdaderos. 


No todos los sabios vinieron a Belén, sino unos sabios. Ellos eran los adoradores verdaderos. Ellos decidieron a marchar el largo viaje de más 900 km. Se expusieron a todo peligro; ladrón, frio de noche, calor de día y cansancio, etc. Pero, ellos prepararon y ofrecieron hasta los regalos de alto valor. Ellos adoraron y después regresaron a su tierra con muy grande gozo. Ellos no ganaron nada humanamente de esta adoración. Pero ellos pudieron ver con sus propios ojos al Cristo tan esperado siglo tras siglo. Ellos vieron la gloria del Mesías. Y sin duda, ganaron su salvación por creerlo. 


Dios busca y manifiesta su estrella a tales adoradores hoy en día también. Siempre Dios busca a los que adoran en espíritu y verdad. (Jn. 4:23) Somos los sabios de nuestro tiempo, si buscamos al Cristo con ese corazón de los sabios del oriente. ¿Tenemos la fe de marchar ese viaje para adorarle? ¿Cuál es la recompensa de esta vida? Este camino de fe demanda los sacrificios de muchas cosas personales de comodidad, pero los que buscan a adorar al Cristo llegan a la luz y la gloria del Cristo al igual que la salvación. Oro que seamos los sabios de nuestro tiempo para ver la gloria del Cristo cada día en nuestra vida y así reflejar su gloria al mundo.     


Tres, Jesús es nuestro guiador. Vamos a leer el verso 6 nuevamente. “Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel.” Belén era una ciudad muy pequeña aquel momento. Pero Jesús nació en Belén según la promesa. Jesús nace en el lugar humilde. Aunque paremos una persona deficiente y desesperanzada, Dios puede llamarnos ‘tú, Belén, no eres la más pequeña”, si amamos al Cristo en nuestro corazón.  


El verso 6 llama al Cristo como ‘un guiador’. ‘Guiador (Transliterado: hēgoumenos Raíz: ἡγέομαι)’ significa ‘gobernador, príncipe, comandante’. Es quien tenga la autoridad gobernadora. Jesús tiene la autoridad gobernadora de todo universo en su origen. “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.” (Col. 1:16) en este sentido, Jesús es ‘El guiador’ verdadero para toda vida humana. 


 La guía de Jesús no se ejerce con la fuerza como Herodes, sino como el amor de un pastor. Él es el pastor rey. David era el símbolo del pastor rey. David gobernaba a Israel con justicia y amor de Dios. Él amaba a su pueblo y lo sirvió. Cuando vino Jesús a esta tierra, sirvió a todos los hombres con su justicia y amor tan grande. Finalmente, por su muerte se hizo un guiador a la salvación eterna que es el gobernador eterno de su pueblo.  


Jesús mismo dijo. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” (Jn.10:11) Es un guiador que ama, guía y sacrifica por las ovejas de todas las naciones por la eternidad. Y él nos hace imitarlo, guiándonos amar a sus ovejas. Él finalmente nos guiará a la gloria incorruptible y eterna. “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1Pe.5:4) 


Personalmente experimento que Jesús me guía mediante su cruz. Cuando la palabra no me da una respuesta para las cosas y problemas muy personales y particulares, su cruz me hace tomar una decisión. La cruz de Jesús me enseña de qué arrepentirme, a qué mirar y pensar, y qué decisión tomar. En muchas ocasiones, la cruz de Jesús me deja perder las cosas del mundo, pero siempre me guía al camino de paz y triunfo final. Con este guiador, mi vida siempre es segura y va con muy grande gozo. ¡¡Alabo a mi Jesús por ser mi guiador en todo momento y en todas las cosas!! 


 La estrella del Cristo conduce a los seguidores al Cristo. A pesar de que la estrella es sobrenatural y muy preciosa, la estrella misma no es el Cristo, sino existe para iluminar al Cristo. Jesús es ese guiador nuestro. En Jesús siempre seremos guiados a toda verdad y cómo vivir en este mundo para unirnos a su gloria eterna. Y en Jesús automáticamente seremos guiadores para los que buscan la guía verdadera.   


Conclusión, Nuestro Dios es quien manifiesta su estrella a los adoradores verdaderos en todo tiempo. La estrella de Dios en nuestro tiempo es más evidente y brillante que aquellos días, ya que nuestro guiador es no solo nacido, sino muerto y resucitado por nosotros. Oro que Dios nos haga tomar ese viaje de los sabios a la luz de esa estrella hasta llegar al Cristo siempre. Amén.  



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