Mateo 10:16-33
10:16 He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.10:17 Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán;
10:18 y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.
10:19 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.
10:20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.
10:21 El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.
10:22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
10:23 Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo de Hombre.
10:24 El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.
10:25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzeb, ¿cuánto más a los de su casa?
10:26 Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.
10:27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.
10:28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
10:29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre.
10:30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados.
10:31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
10:32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.
10:33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
EL QUE PERSEVERE HASTA EL FIN SERÁ SALVO
Buenos días. Ya hemos aprendido que una de las principales características de Mateo es su obsesión con la disposición ordenada de su material. Aprendimos que Mateo solía reunir en un lugar todo el material referente a un tema, aunque Jesús lo hubiera dicho o hecho en diferentes ocasiones. Mateo era un sistematizador. Este pasaje es uno de los ejemplos en que Mateo compila su material de diferentes tiempos. Aquí recoge las cosas que dijo Jesús acerca de la persecución en distintas ocasiones. Podemos verlo por ejemplo en el v.18 donde dice que las persecuciones les llevarían a dar testimonio a reyes, gobernadores y gentiles. Pero sabemos que Jesús instruyó a sus discípulos en esta primera gira misionera: “Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis” (v.5). Así que este discurso definitivamente no se dio al enviar a los discípulos en su primera gira misionera, sino mucho después.
Como sea, este discurso de Jesús nos muestra los peligros que sus discípulos corren al cumplir su comisión. No cabe duda que, hasta cuando Jesús envió a Sus apóstoles por primera vez, les dijo lo que podían esperar. No podemos leer este pasaje sin quedar profundamente impresionados con la honestidad de Jesús. Él nunca rehuyó de decirles a las personas lo que podrían esperar si Le seguían. Es como si dijera: “Tengo una tarea para ustedes —es de lo más horrible y de lo peor— ¿la aceptan?” Ésta definitivamente no es la manera que tiene el mundo de ganar adeptos. El mundo ofrece un sendero de rosas, comodidad, tranquilidad, progreso, el cumplimiento de sus ambiciones mundanas. Jesús les ofreció a los Suyos tribulación y muerte.
Pero también les dio promesas. Una de ellas la que aparece en el versículo clave y que le da el título al mensaje: “mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” Esta promesa podía fortalecer a sus discípulos para pensar que si sufren con paciencia toda aquella tribulación, y hasta el martirio, alcanzarán la salvación. Esto ha fortalecido a muchos creyentes a lo largo de la historia, especialmente en tiempos de gran tribulación y persecución. Un precioso ejemplo de esto es Policarpo, obispo de Esmirna.
El Martirio de Policarpo es una joya de la primitiva literatura cristiana que describe la ejecución de Policarpo en el año 156 d.C. La importancia histórica del texto radica en que se trata del primer testimonio completo de un martirio: narra la persecución y el arresto del mártir, el proceso judicial, la condena y la actitud heroica durante la ejecución de la pena. Antes de su ejecución, el gobernador aconsejó a Policarpo que tuviese piedad de sí mismo por razón de su edad avanzada, y que negase su fe en Cristo de una vez por medio de un juramento en el nombre del emperador. Policarpo le contestó: “He servido a mi Señor Jesucristo durante 86 años y nunca me ha causado daño alguno. ¿Cómo puedo negar a mi Rey, que hasta el momento me ha guardado de todo mal, y además me ha sido fiel en redimirme?”
Al escuchar ese testimonio, el gobernador amenazó con echar a Policarpo al foso de las fieras si continuase firme en su testimonio: “Tengo listas las fieras y te echaré entre ellas, a menos que cambies de pensar.” Policarpo contestó sin temor alguno: “Qué vengan las fieras, porque no cambiaré mi fe. No es razonable cambiarnos del bien al mal por razón de las persecuciones; mejor sería que los hacedores de maldad se convirtiesen del mal al bien.” A esto el gobernador respondió: “Está bien, si no quieres negar tu fe, y a las fieras no les tienes miedo, te vamos a quemar.” Una vez más Policarpo le contestó, diciendo: “Usted me amenaza con el fuego que arderá tal vez una hora y luego se apagará; pero usted no sabe de la llama del juicio de Dios que es preparada para el castigo y tormento eterno de los impíos. Pero, ¿por qué demora? Traiga las fieras, traiga el fuego, o traiga lo que sea; ningún tormento me hará negar a Cristo, mi Señor y Salvador.” Finalmente Policarpo fue quemado vivo en la hoguera y herido con una espada mientras ardía.
Mi oración es que a través de este mensaje nosotros podamos tener la misma convicción de Policarpo y estemos dispuestos a sufrir lo que tengamos que sufrir por ser obedientes a la Palabra de Dios. Que cada uno de nosotros pueda perseverar en la obediencia a la Palabra de Dios hasta el fin, a pesar de las tribulaciones y tentaciones que se nos presenten. Amén.
I.- Ovejas en medio de lobos (16-25)
Leamos juntos el v.16 por favor. Jesús comienza este discurso diciendo que envía a sus discípulos como ovejas en medio de lobos. Ya aprendimos la semana pasada lo indefensas que son las ovejas. Si una oveja se enfrenta a un lobo, su oportunidad de escapar o sobrevivir es prácticamente nula. En una condición de peligro similar se encontrarían los discípulos al predicar el evangelio entre los judíos y aún luego con los gentiles. La diferencia es que los discípulos tendrían al Espíritu Santo como pastor con ellos que los podría librar si era la voluntad de Dios. Pero de eso hablaremos un poco más adelante.
Estando en este gran riesgo, Jesús les aconseja a sus discípulos ser: “prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.” La NTV traduce de la siguiente forma: “Por lo tanto, sean astutos como serpientes e inofensivos como palomas.” Quizás así podemos entender mejor el significado de las palabras de Jesús. La serpiente aunque es un formidable depredador, anda siempre sigilosa y camuflada. Solamente ataca cuando la presa es segura o cuando se siente muy amenazada. Si una persona se acerca mucho a una serpiente, antes de atacar, se muestra amenazante para disuadir a la persona de acercarse más. Así ahorra energía en un ataque, y solo la usa cuando intuye que realmente puede alimentarse. Esta es la astucia de la serpiente. De la misma manera, el discípulo de Jesús debe predicar el evangelio astutamente, especialmente cuando está en peligro su vida, para evitar ser capturado o para evitar que la gente se fastidie de escuchar el evangelio y no quiera escuchar más.
Por otro lado, debemos ser inofensivos como palomas. Las palomas no atacan cuando son atrapadas. Se quedan tranquilas. De la misma manera, el discípulo si es capturado u ofendido por otra persona, no debe contraatacar sino que debe ser manso y esperar la venganza del Señor, que ojalá fuese la conversión del agresor. Seamos pues astutos como serpientes e inofensivos como palomas al testificar a Jesucristo.
Leamos ahora los vv. 17-18. La prudencia o astucia que los discípulos debían tener era guardarse de todos aquellos a quienes fuesen a testificar. Jesús no específica: “guardaos de los judíos” o “guardaos de los fariseos”, sino “guardaos de los hombres”. Tenían que predicar el evangelio con valentía, pero con cautela. Porque estas personas los entregarían a los concilios de los judíos para ser juzgados, y los azotarían en las sinagogas para disuadirlos de continuar predicando en el nombre de Jesús como vemos que le hicieron a los apóstoles en Hch. 5:40. Y los llevarían ante los gobernadores y reyes como leemos en Hechos que le sucedió al apóstol Pablo, para testimonio a ellos y a los gentiles.
Uno podría preguntarse por qué Dios permite que los cristianos sufran persecución y hasta martirio si le están sirviendo a Él. Uno podría pensar que el Señor debería guardar a sus hijos de todo mal. Que no debería permitir que nada de esto pasara. Pero la firmeza de los discípulos en todas estas tribulaciones y aún en la muerte, sirve de testimonio a la gente para creer en el nombre de Jesús como pasó con el carcelero de Filipo en Hch. 16:25-34. Dios tiene cuidado de nosotros y todo lo que nos sucede tiene un propósito de Dios. Y esa sería la convicción que Jesús plantaría en sus discípulos también en este discurso.
Leamos ahora juntos los vv. 19-20 por favor. Una de las preocupaciones que podrían tener los discípulos al ser apresados y estar ante los concilios, reyes y gobernadores, era la falta de sabiduría para testificar correctamente el evangelio del reino de Dios. Pero Jesús les dice que no debían preocuparse por eso porque el Espíritu Santo, “el Espíritu de vuestro Padre”, hablaría a través de ellos. A veces podemos sentirnos de la misma manera y pensar: “Cuando vaya a pescar a la universidad, ¿qué les voy a decir a los estudiantes?” O cuando quiera hablarle a otra persona acerca de Jesús, ¿qué le diré? Si bien puede ser útil llevar ya un versículo preparado para compartir, también podemos confiar que el Espíritu Santo que mora en nosotros nos dará la sabiduría para hablar lo que Dios quiere decir al corazón de esa persona.
Por otro lado, los discípulos podían preocuparse también porque su falta de sabiduría los llevase a la muerte, diciendo las palabras incorrectas en ese momento. Pero el Espíritu Santo hablaría a través de ellos, y si de todos modos fuesen martirizados, debían confiar en qué esa es la buena voluntad de Dios para ellos. No debían temer a la muerte en sí. Pero este es un tema del que hablaremos más adelante.
Leamos ahora juntos los vv. 21-22a por favor. Los discípulos no podían confiar ni siquiera en los de su propia familia. Aún las personas más cercanas a ellos podrían entregarlos o darles muerte ellos mismos. Jesús sabía que en algunos casos el evangelio dividiría a familias, y que algunas de las persecuciones más amargas se llevarían a cabo dentro de la familia. Si bien, por la gracia de Dios, nosotros no experimentamos esta dolorosa realidad de que nuestros familiares nos encarcelen o asesinen por nuestra fe, muchos familiares persiguen a aquellos que se convierten al evangelio y tratan de impedir que se congreguen o vivan conforme a los principios bíblicos. No debemos extrañarnos a causa de esto porque ya Jesús aquí lo advirtió, y debemos continuar firmes en la profesión de nuestra fe.
Leamos juntos el v.22b. Esto es a la vez una advertencia y una promesa de Jesús. Advertencia, porque si no perseveras hasta el fin, no serás salvo; y promesa, porque nos da la certeza de que si sufrimos con valentía la persecución e incluso la muerte, alcanzaremos nuestra salvación. Algunos piensan que por hacer una oración o confesión de fe ya son salvos. Y que no importa si continúan viviendo sus vidas como ellos quieren, ya son salvos. Pero la realidad es que la confesión de fe es apenas el primer paso hacia la salvación. Reconocer que Jesús murió por nuestros pecados y que puede perdonarnos es apenas el comienzo. Lo siguiente es aceptar Su señorío sobre nuestras vidas viviendo conforme a la Palabra de Dios. Vivir obedeciendo la Palabra y la voluntad de nuestro Dios hasta nuestro último aliento sobre la Tierra es perseverar hasta el fin.
La vida cristiana es una carrera de fondo, como un maratón con obstáculos. La carrera comienza cuando confesamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador y se prolonga hasta el fin de nuestras vidas. Cada día es un nuevo tramo de la carrera con sus propios obstáculos que debemos ir sorteando por la fe, mientras obedecemos la Palabra de Dios. Y la meta es la salvación en el reino de Dios. Si bien creemos que somos salvos hoy por la fe, no alcanzaremos la salvación definitivamente hasta que no estemos en el reino de Dios con Jesús. Por eso dice el apóstol Pablo: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Flp. 3:13-14). No podemos pretender que ya somos salvos y sentarnos a descansar. La vida cristiana es una carrera y tenemos que seguir corriendo cada día hacia la meta. Si dejamos de correr, no llegaremos a la salvación.
Ahora, tampoco quiero que piensen que entonces la salvación es algo que alcanzamos por nosotros mismos, o que lo que Jesús hizo en la cruz no fue suficiente y nosotros debemos aportar nuestra parte. No es eso lo que estoy diciendo. Jesús pagó por completo el precio de nuestros pecados en la cruz, y Su muerte es la que nos da la salvación. Pero la salvación es un proceso en nuestras vidas que comienza con la regeneración o el nuevo nacimiento que ocurre cuando recibimos a Jesús como nuestro Señor y Salvador; y continúa con la santificación progresiva, el perfeccionamiento de los santos que viene por la obra del Espíritu Santo en nosotros al obedecer la Palabra de Dios. Esta obra de perfeccionamiento del Espíritu Santo se conoce también en teología como la perseverancia de los santos. Y esta es la perseverancia que debemos tener hasta el fin. Es decir, debemos dejar que el Espíritu Santo nos vaya perfeccionando por medio de arrepentirnos cada día de nuestros pecados ante la Palabra de Dios, y siendo fieles a Dios y a su voluntad a pesar de las tribulaciones que podamos enfrentar por esto.
Leamos ahora juntos el v.23. Esta es parte de la prudencia y astucia que los discípulos debían tener. Aunque ellos no debían temerle a la muerte, tampoco debían buscarla de forma imprudente. Cuando los persiguiesen en una ciudad, ellos debían huir a otra, hasta que Dios les impidiese la huida y les llevase a Su reino. Esta estrategia hizo que el evangelio se propagase durante la primera gran persecución de la iglesia como se puede leer en Hch. 8:4.
Leamos los vv. 24-25. Todas estas cosas sucederían porque los discípulos sufrirían el mismo destino de su maestro. A Jesús también le persiguieron y eventualmente le mataron. Y los discípulos no podían esperar un trato diferente a los que continuaran propagando el mensaje del Señor. El mayor privilegio que podían tener era ser como su Maestro y Señor. Dios nos ayude a crecer cada día en la imagen de Jesús y que la gente pueda reconocernos como cristianos al ver que vivimos como Jesús vivió, obedeciendo la Palabra de Dios. Amén.
II.- No temáis (26-33)
Leamos juntos el v.26. En este párrafo Jesús quiere quitar el temor del corazón de los discípulos. Sus palabras podrían poner a temblar las piernas de los discípulos y hacerles dudar de aceptar la misión que el Maestro les estaba encomendando. Pero Jesús les dice en tres ocasiones que no teman (vv. 26,28,31). Cada una de estas instancias aborda un temor diferente que ellos pudiesen tener. Primero, temor a que el mensaje se perdiese. Leamos juntos los vv. 26-27. Jesús les asegura que al final la verdad triunfará. Todo saldrá a la luz. Así que ellos no debían tener temor de proclamar este mensaje que se probará verdadero después de la muerte y resurrección de Jesús. Los discípulos debían proclamar con valentía el mensaje del evangelio.
Segundo, temor a la muerte. Leamos juntos el v.28. Éste quizás era el mayor temor que los discípulos podían tener por estas palabras de Jesús. Pero el Señor les dice que los hombres solamente pueden matar el cuerpo. Si ellos permanecían firmes en su fe y los hombres le asesinaban, lo único que matarían sería su cuerpo, y su alma iría a morar para siempre con Dios. Es por esto que el apóstol Pablo pudo decir con toda confianza: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Flp. 1:21). En cambio, si ellos no perseveraban, dejando de obedecer la Palabra y la voluntad de Dios para complacer a los hombres, Dios podía destruir no solo el cuerpo, sino también el alma en el infierno. ¡No tengamos pues temor a la muerte y continuemos obedeciendo la Palabra de Dios con valentía y fidelidad! Amén.
Tercero, temor a que Dios no tuviese cuidado de ellos. Leamos juntos los vv. 29-31. Los discípulos podrían tener temor de que Dios los abandonase en algún momento y entonces fuesen castigados o muertos por la negligencia divina. Pero Jesús les pone como ejemplo los pajaritos. Dios cuida y alimenta de los pajaritos que no siembran ni tienen graneros, y sin embargo éstos son fácilmente capturados y vendidos muy económicos. Pero nada de eso pasaba sin el conocimiento de Dios. Ni un pajarito caía en la tierra y era capturado sin que Dios lo supiese y tuviese Su voluntad en ello. De la misma manera, ni siquiera uno de nuestros cabellos cae de nuestra cabeza sin que Dios lo sepa. Él tiene todos nuestros cabellos contados. Así que los discípulos no debían preocuparse pensando que cualquier sufrimiento que pasasen fuese por el descuido o abandono de Dios. Ellos eran más valiosos que los pajarillos de los que Dios cuida individualmente, y hace su voluntad con cada uno de ellos. Así, podían tener la absoluta confianza de que todo lo que les sucediese a ellos estaría dentro del marco de la voluntad de Dios, y de que ellos eran muy valiosos para el Señor.
Nunca, pues, pensemos que cualquier cosa mala que nos pase haya sido porque Dios nos ha descuidado o abandonado. Dios tiene cuidado de cada uno de nosotros y todo lo que nos sucede es, o por Su voluntad, si estamos obedeciendo Su Palabra; o porque Él lo permite, si andamos en pecado. En cuanto a esto último, lo que debemos hacer es arrepentirnos y buscar la voluntad de Dios en nuestras vidas.
Leamos finalmente los vv. 32-33. El temor no debe ser excusa para negar el nombre de Jesús. Así como Policarpo, debemos tener la valentía y la confianza de que Dios premiará nuestra fidelidad con la salvación de nuestras almas. Testifiquemos a Jesús delante de las personas, predicando el evangelio y viviendo vidas que glorifican el nombre de Dios. No neguemos nunca el nombre de Jesús, viviendo delante de la gente como ellos viven. Viviendo en pecado conforme a la corriente de este mundo. Si negamos el nombre de Jesús así, Él también negará nuestra pertenencia a Su reino delante del Padre y no podremos alcanzar la salvación. Perseveremos, pues, hasta el fin, obedeciendo la Palabra de Dios cada día de nuestras vidas, y testificando el nombre de Jesús para que podamos convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén.
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