Juan 15:1-17

15:1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
15:2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
15:3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
15:4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
15:6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
15:7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
15:8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
15:9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
15:10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
15:11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
15:12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.
15:13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.
15:14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
15:15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.
15:16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.
15:17 Esto os mando: Que os améis unos a otros.

PERMANECED EN MÍ


PERMANECED EN MÍ


Palabra: San Juan 15:1-17

V, Clave 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”


Se supone que la palabra de hoy fue dada a sus discípulos en el camino hacia Getsemaní. Otra vez Jesús declara de sí mismo metafóricamente. Es maravillosa la descripción de Jesús de sí mismo aún en los momentos turbados. Desde la palabra de Jesús encontramos de la relación vital entre Jesús y nosotros y cómo poder llevar muchos y mejores frutos. Oro que Dios nos bendiga con esta palabra para llevar una vida fructífera verdaderamente. 


Primero, Yo soy la vid verdadera (1-3). Vamos a leer el verso 1. “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.” Jesús dice que él es ‘la vid verdadera’. ‘La vid verdadera’ es la vid única y perfecta para dar la vida. La palabra de Jesús afirma que fuera de Jesús no hay otra vid que pueda dar la vida, ya que solo Jesús es la vid plantada por el Padre. 


Puede haber las vides buenas aparentemente como filosofía humana, riqueza del mundo, poder, incluso la religiosidad. Pero son las vides falsas, ya que no pueden dar la salvación a uno del poder del pecado y la muerte. Hubo ciertos maestros que tenían una enseñanza buena. Pero todos ellos no pueden ser aprobados como la vid verdadera, ya que todos murieron. Ellos no tenían la vida en sí mismo. Aún la religiosidad judía y sus rituales habían podido dar el perdón permanente y la salvación a su pueblo. Pero Jesús puede dar la vida, Jesús es el único que resucitó, venciendo la muerte. Este Jesús fue aprobado como la vid verdadera por el Padre.    


El Padre es el labrador. El Padre es quien hizo el huerto de Edén. Es quien dio promesa de salvación al momento de la caída del hombre. El Padre formó al pueblo Israel y plantó la vid verdadera allí que es el Cristo. Mediante el sacrificio del Cristo, el Padre Dios inició a dar los frutos en la vid y la cuida para hacerle llevar ‘más fruto’. Por este motivo, el labrador quita pámpano que no lleva fruto y limpia todo aquel que lleva fruto. El enfoque de esta palabra no es ‘cortar’, sino es ‘limpiar’. 


El labrador limpia pámpanos. La limpieza conlleva el dolor. Cortar una ramita duele. A veces puede haber una limpieza profunda. El labrador lo limpia sin vacilar, ya que esta ramita enferma desnutre a otras ramitas que llevan frutos. En este sentido, la limpieza del labrador es una expresión del amor. El labrador sabe cómo cortar y cuándo cortarlo perfectamente. Su labor de limpieza es tan sutil que un pámpano se limpia perfectamente bajo su cuidado. Esta limpieza se realiza durante toda la vida del pámpano. 


Dios, el labrador examina el corazón y el pensamiento de nuestro interior. Y si encuentra una ramita que impide la nutrición, la limpia de la manera más adecuada. Así Dios limpia nuestro egocentrismo, nuestra incredulidad y mundanalidad, malos hábitos y pensamientos, emociones enfermas, etc. Mediante su palabra o alguna experiencia dolorosa lo hace. 


Personalmente yo tenía mal hábito de comer. Me gustaba comer las carnes grasosas y las comía aún a la hora muy noche, pensado que Dios me protege. Pero el Padre no pudo protegerme, si mal ministraba mi salud con el mal hábito. Dios realizó una limpieza en mi vida con una operación de arteria coronaria en tres ocasiones. Me hizo parar todo trabajo durante un año completo. Era un momento doloroso, pero esto me salvó de la muerte a la edad temprana. Y me ha dado una limpieza en varias ocasiones en otras áreas de mi vida. Su labor me limpia y hace una persona más espiritual y esforzado. Gracias a Dios por su gran labor de amor en mí.  Oro que Dios nos ayude a amar su palabra y obedecerla para que seamos un pámpano hermoso que lleva mucho y mejor fruto ante él. 

  

Segundo, Permaneced en mí (4-11). ¿Cuál es el rol de los pámpanos? Vamos a leer los versos 4-5. “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. / Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Como Jesús dice, el rol de los pámpanos es ‘permanecer en la vid’. Sin duda, por sí mismo, ningún pámpano puede llevar 


Literalmente ‘permanecer’ significa ‘quedarse sin cambios’. Pero ¿Qué significa ‘permanecer en él’? Vamos a leer el verso 4a. “Permaneced en mí, y yo en vosotros.” Jesús dice que permanecieran sus discípulos en él y él en ellos. Esto es una unión mutual e integral. Y en el verso 7 dice ‘permanecer en su palabra’ (7). Cuando uno ama y obedece las palabras de Jesús, sus palabras llegan a permanecer en él.


Y también ‘permanecer en él’ es ‘unirse a la vid en oración’ (7). En oración los pámpanos pueden permanecer bien unidos a la vid firmemente y a medida que reciben la respuesta de la oración, esta unión se hace más firme. La oración no solamente es pedir algo a Dios, sino es una comunicación para la unión más íntima entre la vid y los pámpanos. Así que toda oración será oída cuando nosotros permanecemos en sus palabras y ellas en nosotros.     


Vamos a leer el verso 5. “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Sin duda, cuando los pámpanos permanecen en la vid, estos llevan mucho fruto automáticamente. Y separados de Jesús nada puede hacer. ‘nada’ quiere decir ‘nada para llevar frutos de parte de la vid’ Precisamente, separado de Jesús, ninguno puede orar a Dios. Ninguno puede llegar a la salvación que da el Padre. Separados de Jesús ninguno puede llevar fruto de vida. 


En cambio, el que permanece en Jesús, en su palabra y oración, automáticamente lleva mucho fruto. Ellos llegan a permanecer en su amor y gozo que son los primeros frutos que da el Padre (9,11). Y otras cosas del mundo les siguen como añadidura. 


Tercero, Yo os elegí a vosotros (12-17). Los que permanecen en sus mandamientos, llegan a permanecer en su amor. Su mandamiento nuevo es amarse unos a otros como Jesús los ha amado (12,17). A los que permanecen en su mandamiento, Jesús los llaman como ‘sus amigos’. Vamos a leer el verso 15. “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.” Ellos eran pecadores sin esperanza tanto espiritual como humanamente. Pero Jesús no los llama ‘siervos’, sino ‘amigos’. Y pone su vida por ellos. ¡Cuán grande es este privilegio! 


 Los hombres quieren ser amigos de alguien muy influyente y poderoso. Hace varios años atrás la solicitud de mi visa (permanencia definitiva) en chile fue rechazada. En ese momento, me preguntó el misionero Pablo oh quien fue el diplomático en la embajada de corea en chile, cómo iba el asunto de visa. Y me preguntó si quisiera yo la ayuda de él. Lo rechacé, diciendo que no necesito la ayuda humana. Pero después le pedí su ayuda si pudiera hacer algo a mi favor. Y por su ayuda logré sacar la Visa de permanencia definitiva. Eso fue posible ya que el jefe del departamento de extranjería era el amigo de misionero Pablo oh. 


Ser amigo de Jesús es incomparable a ningún hombre influyen del mundo. No tememos mucho a Jesús, pero todos los demonios temen de Jesús. No obedecemos con fidelidad a la palabra de Jesús en muchas ocasiones, pero toda naturaleza le obedece a su palabra. Y las enfermedades también le obedecen. Jesús es realmente alguien que jamás podemos ser su amigo por nuestro merito humano. Pero Jesús se hizo el amigo nuestro. Jesús nos da a conocer el plan y todo secreto de salvación mediante el Espíritu Santo. 


Todo esto nos llegó por gracia. No es porque los discípulos escogieron a Jesús, sino porque Jesús los escogió por su misericordia. Si Jesús no hubiera venida a esta tierra, Si Jesús no hubiera dado su vida en la cruz, si Jesús no nos hubiera llamado, no habría pasado ninguna cosa en nuestra vida.  


Fuimos los pámpanos cortados de la vid por el pecado de desobediencia. Nuestro destino era el arder en el fuego en el juicio de Dios. Nuestra vida terrenal iba llevando los frutos vergonzosos y amargados por nuestros pecados. Pero ahora por Jesús quien es la vid estamos limpiados y unidas a su vida solo por gracia. Jesús quien es la vid verdadera nos da muchos frutos para glorificar a Dios. Sea nuestra confesión siempre así ‘Sea toda la gloria a Dios quien nos eligió en su gracia’ 


Conclusión, Jesús es la vid verdadera. Solo Jesús puede dar la vida y hacernos llevar frutos que permanecen eternamente. Como pámpanos, lo que podemos hacer es permanecer en él y en sus palabras. Oro que Dios nos haga amar a Jesús y sus palabras, para que podamos llevar muchos frutos que el Padre quiere darnos para su gloria. Amén

 



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