- INICIO
|- MENSAJES
|- CHILE
|- SANTIAGO
|- JOSUE CHUN
Juan 13:21-38
13:21 Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.13:22 Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba.
13:23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús.
13:24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba.
13:25 El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es?
13:26 Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón.
13:27 Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.
13:28 Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto.
13:29 Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres.
13:30 Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche.
13:31 Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él.
13:32 Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará.
13:33 Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir.
13:34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
13:35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.
13:36 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después.
13:37 Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti.
13:38 Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.
QUE OS AMÉIS UNOS A OTROS
QUE OS AMÉIS UNOS A OTROS
San Juan 13:21-38
V, Clave 13:34 “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
La palabra de hoy se continua de la palabra anterior en donde Jesús lavó a sus discípulos los pies. El apóstol Juan reiteradamente enfatiza el amor ardiente de Jesús a sus once discípulos y a uno que iba a la perdición. Allí Jesús les da un mandamiento nuevo.
La iglesia creada por Jesús tiene un mandamiento nuevo. Solo y cuando se obedece este mandamiento nuevo, la iglesia puede reconocerse de Dios. A través de la palabra hoy aprendamos cuál es el mandamiento nuevo dado por Jesús y cómo podemos obedecer a este mandamiento.
I. JESÚS SE CONMUEVE EN ESPÍRITU POR JUDAS (21-30)
Jesús amaba a sus discípulos hasta el fin, sabiendo que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre (1). Sin embargo, continuamente iba mencionando a uno que no se encontraba en su amor. “No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. / Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy” (18-19) Aún lavó a él sus pies. Jesús quiso que él se sintiera su gran amor y se arrepintiera de su terrible pecado que jamás debía de cometer con el Señor y Maestro (13).
sin embargo, Judas Iscariote no aceptó el amor de Jesús, ni quiso arrepentirse de su intención traicionera. Jesús, finalmente manifiesta su dolor profundo por este discípulo que no se arrepiente. Vamos a leer el verso 21. “Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.” ‘Se conmovió en espíritu’. Su conmoción no era por la traición misma, sino era por un alma que dejó de arrepentirse e iba al rumbo de perdición eterna. Jesús sabía quien era, pero no mencionó su nombre hasta que él pudiera acercarse a la luz por sí mismo.
Antes esta declaración de Jesús en conmoción, los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. Un discípulo que estaba recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es? Jesús no le respondió con su nombre, pero respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquel es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. Judas Iscariote supo que Jesús ya sabía su intencionalidad. Aún así, él tomo el pan y confirmó lo que iba a hacer. Y después del bocado, Satanás entró en él. Satanás puede trabajar en el corazón de uno cuando este no se arrepienta hasta la última oportunidad.
Vamos a leer el verso 30. “Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche.” Era ya de noche. El corazón de Judas estaba en las tinieblas como la noche. Él, sin saber la gravedad de su pecado hacia su propia alma, se marchó hacia su camino de perdición eterna lamentablemente.
II. UN NUEVO MANDAMIENTO (31-38)
Cuando salió Judas, Jesús sabía lo que iba a venir en su vida. Y Jesús les dice lo que quería decir sin Judas. Vamos a leer el verso 31-32. “Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. / Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará” en estos dos versículos, Jesús reitera la palabra ‘glorificado’ y ‘glorificará’ con 5 veces. A la hora turbada, Jesús había dicho “Padre, glorifica tu nombre” (12:28). Y ahora ve su glorificación ya en la gloria de Dios mediante su muerte. El corazón de Jesús estaba lleno de la gloria. La cruz sin duda es una cosa de dolor y vergüenza. Pero para Jesús aquella cruz sobre la cual iba a morir era el camino de glorificación. Tal como Jesús dice, La cruz en Dios, y solo la cruz en Dios lleva a uno a entrar en la glorificación verdadera.
Y ahora Jesús les da un mandamiento nuevo.
Primero un mandamiento nuevo. Vamos a leer el verso 34. “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” Jesús les llamó ‘Hijitos’. Era una palabra de cariño y amor del Señor hacia sus propios hijos espirituales. Jesús les da un mandamiento nuevo. “Qué os améis unos a otros”.
Había los mandamientos antiguos como Diez mandamientos. Estos mandamientos se resumían en dos mandamientos. “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. / Este es el primero y grande mandamiento. / Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. / De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (Mt. 22:37-40) Por la venida y muerte de Jesús allí nace la comunidad nueva que es la iglesia. Para la comunidad nueva espiritual, este mandamiento es un mandamiento nuevo diferido a los anteriores.
‘Qué os améis unos a otros’. Jesús pone el énfasis en el amor fraternal como un nuevo Mandamiento. Repetidamente este mandamiento aparece en Jn 15:12. “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.” Y también en 1 Juan 3:23. “Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado.” (1 Jn. 3:23)
Cuando Jesús dio esta palabra como un mandamiento nuevo, esto significa que no es fácil amarse los unos a los otros. En realidad hasta este momento, los discípulos estaban en discusión de quien fuera el mayor entre sí. Jesús lo sabía. Por lo tanto, les dio esta palabra ‘Qué os améis unos a otros’ como un mandamiento nuevo para ser obedecido. Ante Dios, ‘el amar a otros hermanos’ no es opcional, ni de recomendación, sino es un mandamiento para la obediencia absoluta. El amor no debe dependerse de nuestra emoción, ni del estado de nuestro ánimo, sino debe ser obedecido.
Cuando amamos a otros hermanos en obediencia, podemos amarlos verdaderamente con el amor de Dios. Vamos a expresar nuestra decisión de amar con los hermanos que están a lado nuestro ahora mismo. Oro que podamos obedecer y vivir esta palabra como un mandamiento para la obediencia sin condicionar ninguna cosa humana.
Segundo, como yo os he amado. Sin embargo, como somos pecadores débiles, fracasamos en amar a otros hermanos y nos quedamos desesperados. Vamos a leer otra vez el verso 34. “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.”
El apóstol Juan, quiso describir de sí mismo ‘al cual Jesús amaba’ (23). En verdad, todos quieren ser amados por otros, aunque no pueden amar a ellos. Y decimos ‘Si él no me ama, ¿para qué yo lo amo?’ Jesús, sabiendo la dificultad de amarse unos a otros, añadió, diciendo ‘como yo os he amado’. Esto quiere decir que solo el amor de Jesús puede hacernos amarnos unos a otros.
Jesús vino a este mundo por este amor. Su amor era el único motivo de salvación a la humanidad que estaba ante la ira de Dios por sus pecados. El amor de Jesús es amar primero, incondicional, amar hasta el final y lavar a otros sus pies (faltas). Solo y cuando miramos al ejemplo de Jesús, podemos amar verdadera y correctamente a otros. Jesús es nuestra regla única y perfecta para amar a otros. ‘como yo os he amado, que también os améis unos a otros’ ¡Qué gran secreto es esta para amar unos a otros! Oro que pongamos nuestra mirada solo a Jesús para que su vida nos haga seguir su ejemplo de amar a nuestros hermanos en obediencia.
Tercero, Amarse unos a otros es carácter esencial de la iglesia. Lo que representa la iglesia no es la grandeza de un edificio, no su programa y ni decoración, sino el amor mutuo entre los hermanos. Lo que busca la gente en la iglesia es el amor genuino, sea grande o pequeño su tamaño. Muchos se convierten en creyentes cuando sienten el amor genuino en la iglesia. Amarse unos a otros es un testimonio fuerte para el mundo incrédulo.
Mi hermana sanguínea era perseguidora mía cuando apenas comencé la vida de fe en Jesús. Ella decía ‘Tu fuiste débil desde el niño, y ahora eres un enfermito con esa clase de religión. Te voy a salvar de la religión’. Ella buscó a la iglesia para perseguirme sistemáticamente en conocimiento concreto a la iglesia. Pero cuando ella asistió a la adoración de una iglesia, se sintió el amor que existía entre la gente que asistía en esa iglesia. Hasta aquel momento, mi hermana nunca había sentido tal amor que recibió en iglesia. Después de aquella experiencia, un corto plazo de tiempo después se convirtió totalmente en creyente, hablando lenguas y alabanzas a Dios. Ahora es muy creyente en el amor de Jesús. Así el amarse unos a otros puede conducir a un alma hacia la salvación del Cristo.
Cuando no se aman, dan ocasión de mucha crítica del mundo. ‘¡por la boca hablan del amor de Dios, pero por su vida lo niegan!’. Pero si hay amor genuino en la iglesia, la gente del mundo dice ‘hay algo diferente en la iglesia’ ‘quiero amar como ellos me aman’.
Hay que practicar el amarnos. No podemos amarnos automática y espontáneamente sin practicarlo. Cuando practicamos así desde pequeñas cosas, amándonos unos a otros, el nombre de Jesús y del Dios Padre se va a glorificar.
Confieso que mi amor hacia los hermanos no ha sido suficiente que Jesús demanda. No he amado a otros hermanos como un nuevo ‘Mandamiento’. Cuando falleció atropellada mi mascota ‘Maní’ ayer en la tarde, enterrándolo en mi patio, me di cuenta de que soy una persona falta del amor, porque no he dado suficiente amor a esa mascota que le merecía. A los hermanos no he dado suficiente amor. Como Jesús me dio este mandamiento, no debe perder las oportunidades y privilegios en amar a otros hermanos que necesitan ser amados. Oro que Dios me haga una persona que ama a otros hermanos y sus ovejas tal como Jesús me amó.
Conclusión, Jesús nos dio un nuevo mandamiento. “Qué os améis unos a otros”. Es un mandamiento para obedecer. Jesús dejó un ejemplo claro mediante su propia vida. Oro que podamos obedecer a este mandamiento día a día con todos nuestros corazones. Amén.
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[4.Sep.2022]_Dominical-UBF-Chile_(JUA_13..21-38)-Mensaje.pdf
|
|
Q, Juan 13.21-38.doc
|
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...