- INICIO
|- MENSAJES
|- CHILE
|- SANTIAGO
|- JOSUE CHUN
Juan 12:27-50
12:27 Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.12:28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.
12:29 Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado.
12:30 Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros.
12:31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.
12:32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.
12:33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir.
12:34 Le respondió la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre?
12:35 Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va.
12:36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.
12:37 Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él;
12:38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?
12:39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías:
12:40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, Y se conviertan y yo los sane.
12:41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él.
12:42 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga.
12:43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.
12:44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;
12:45 y el que me ve, ve al que me envió.
12:46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.
12:47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
12:48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.
12:49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.
12:50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.
PADRE, GLORIFICA TU NOMBRE
PADRE, GLORIFICA TU NOMBRE
La palabra: San Juan 12:27-50
V, Clave: 12:28 “Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez”
La palabra de hoy es una comunicación entre el Padre Dios y su Hijo Jesús en la hora turbada. Allí vemos el anhelo del Hijo y amor del Padre hacia su hijo. A través de la palabra de hoy podemos aprender cuál era el anhelo de Jesús en su morir y cómo se le responde a tal Jesús del Padre Dios. Oro que Dios nos ayude a anhelar lo que debemos anhelar en nuestra vida.
- PADRE, GLORIFICA TU NOMBRE (27-33)
Poco antes, cuando llegaron los griegos a ver a Jesús, se dio la palabra del principio del grano de trigo. Así se les enseñó a todos que Jesús vino a este mundo como un grano según la voluntad de Dios para su obra. Y se puso en marcha hacia su hora.
¿Cómo estaría su corazón en este momento? Vamos a leer el verso 27. “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.” El alma de Jesús estaba ‘turbada’. Esta turbación de alma testifica la lucha grande interior de Jesús. Jesús sabía muy bien el dolor que tenía que enfrentar. Siendo yo pecador, ni siquiera soporto el peso del dolor de mis pecados. Pero Jesús tenía que cargar todo peso de los pecados tan horribles de todos los pecadores. Jesús tenía el cuerpo débil como un ser humano. Si Jesús no quisiera pasar este dolor o pasarlo a media, el alma de Jesús no estaría turbada. Pero Jesús quiso pasar y recibir todo peso y dolor de nuestros pecados hasta turbarse su alma constantemente.
Además, Jesús es un varón sin pecado. Si aún un alma manchado y corrupto percibe la carga de su propio pecado y sufre, ¿Cuánto más estuviera turbada un alma inocente, pura e santa ante el peso y dolor por todos los pecados horribles de toda humanidad? El alma de Jesús se luchaba por nuestra salvación y estaba turbada en la gran soledad hasta llegar a un clamor ‘Padre, sálvame de esta hora (27b)’
Pero ¿Qué pronuncia Jesús ante su hora turbada? En el final del verso 27 dice “Mas para esto he llegado a esta hora” Jesús reafirmó el propósito de su llegada. Jesús fue enviado en esta tierra a dar su vida en sacrificio. Jesús no quiso perder la dirección de su vida y su pista. Vamos a leer el verso 28ª. “Padre, glorifica tu nombre” Jesús ora ‘Padre, glorifica tu nombre’ en vez de decir ‘Padre, sálvame de esta hora’. Este clamor es la oración de Jesús. ‘Padre, ayúdame a morir como un grano de trigo para llevar frutos’.
‘Glorificar el nombre del Padre’ es un resumen final de la vida de Jesús. Jesús había enseñado a orar a sus discípulos. “Padre nuestro que está en los cielos, santificado sea tu nombre” (Mt. 6:9) Ante la muerte de Lázaro, Jesús declara. “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.” (Jn.11:4) Ahora ante su muerte dolorosa por la humanidad, Jesús manifiesta su gran anhelo, diciendo “Padre, glorifica tu nombre”
Entonces, a esta obediencia de Jesús, se oyó inmediatamente desde el cielo. “Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.” (28b). Tal como Jesús oraba, Dios el Padre venía glorificando su nombre en su vida. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Jn. 1:14) Mediante las obras que Jesús hacía, Dios había manifestado su gloria evidentemente. Ahora mediante su muerte, Dios va a manifestar su gloria otra vez.
Vamos a leer los versos 31-32. “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. / Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” Dios se glorifica en el juicio de este mundo. Satanás que gobernaba el mundo por el poder del pecado y muerte, quedó derrotado y expulsado de su puesto del príncipe. Y Jesús toma ese lugar y atrae a todos a sí mismo para la gloria del Padre.
En oración y la respuesta de Dios, aprendemos los siguientes puntos importante.
Primero, el anhelo de Jesús. Jesús oró, diciendo “Padre, glorifica tu nombre”. Esta palabra fue dicha al momento de su muerte. Por nacer, vivir y morir Jesús buscó glorificar el nombre del Padre. Aposto Pablo quien perseguía la iglesia, confesó de su anhelo después de su conversión. “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” (1 Co. 10:31) “Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.” (Rom. 14:8)
¿Cuál es nuestro anhelo en los momentos turbados? Tal vez oramos ‘Padre, sálvame de esta ahora’. Y buscamos la gloria del mundo (43). El anhelo será nuestro destino final. Cuando hagamos algo, debemos decir tal como Jesús clamó ‘Padre, glorifica tu nombre’. Anhelemos así repetidamente en todas las cosas, sobre todo en los momentos turbados, sea en conflicto interpersonal, en malentendidos, o en momentos cargados, etc. Lo importante no es el éxito en cada cosa, sino si glorificamos el nombre del Padre o no. Oro que Dios nos ayude a orar como Jesús. “Padre, glorifica tu nombre”
Segundo, Dios glorifica su nombre. En el verso 28 dice “Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez”. Era la respuesta del Padre. Debemos saber que finalmente el nombre de Dios se glorificará. “Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.” (Is.42:8) Dios creó los cielos y la tierra para su gloria y finalmente será glorificado universalmente mediante el Cristo.
La gloria del mundo es envanecedora. Los patriotas buscan la gloria de su patria y son valiosas sus vidas. Pero, aun así, tal gloria se va a desaparecer. La gloria eterna y verdadera es la gloria de Dios. Por la eterna y verdadera debemos correr sabiamente. Si vivimos así, sin duda veremos su gloria eternamente según su promesa. “lo glorificaré otra vez”.
Tercero, Dios glorifica a los que glorifican su nombre. Dios glorifica a los que glorifican su nombre. ‘Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez’. Tal como Dios glorifica su nombre mediante Jesús, Dios va a glorificar su nombre entre los que glorifican su nombre. Cuando Jesús murió en la cruz en obediencia, Dios lo resucitó y puso en la diestra de su trono. Dios va atrayendo a todos al nombre de Jesús. Así como Dios ha glorificado a todos los que vivieron por su gloria a lo largo de la historia; a los discípulos de Jesús, a los creyentes y a sus familias, a los pueblos y las naciones que glorificaban su nombre. Si vivimos glorificando su nombre, primero seremos hijos de luz (36) y seremos glorificados en gran manera. Oro que Dios manifieste su gloria en nuestro vivir y morir, haciéndonos ver su gloria maravillosa mediante nuestra vida.
II. INCREDULIDAD DE LOS JUDIOS Y LA PALABRA LA JUZGA (34-50)
Cuando Jesús les mencionó de su muerte venidero y glorificación, le respondió la gente: “Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre?” como ellos dicen, la ley declara que el Cristo permanece para siempre (Sal. 110:4; Is. 9:6-7; Ez. 27:25; Dan. 7:13-14).
“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. / Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” (Dan. 7:13-14) Este hijo de hombre era Jesús. Tal como la ley señalaba, hubo las señales en la vida de Jesús. Pero ellos no creyeron, diciendo “¿Quién es este Hijo del Hombre?”
Esta pregunta habría añadido más tristeza y dolor al alma de Jesús. Pero Jesús les da aún la exhortación con paciencia en los versos 35-36a. “Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. / Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.” La vida y la palabra de Jesús era la luz al mundo y a los pecadores. Si aún con tantas señales no creen, los incrédulos jamás pueden conocer de la luz de Jesús. Pero los que creen en la luz, se hace hijos de luz por la luz que hay en Jesús. Y Jesús manifestó así en el verso 46. “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas”
Pero los judíos no creyeron en Jesús. Aún los que creían no lo confesaban por amar más la gloria de los hombres que la gloria de Dios (42-43) A pesar de la incredulidad de los judíos, Jesús clama y exhorta a creer en él. Jesús no juzga a los incrédulos. Pues, ¿Quién los juzgará? Vamos a leer el verso 48. “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.” La palabra de Jesús es el mandamiento de Dios que es vida eterna. Por lo tanto, ningún incrédulo puede evitar el juicio de Dios sin creer la palabra de Jesús. En este mundo, únicamente la palabra de Jesús nos juzga y hace arrepentirnos de nuestras faltas y pecados a llegar a sus pies en salvación.
Conclusión, Jesús buscó glorificar el nombre del Padre por vivir y morir. Por lo tanto, Dios le glorificó en gran manera por la resurrección y glorificación. Así el Padre Dios hará con nuestra vida si buscamos glorificar su nombre por nuestro vivir y morir. Oro que seamos los hombres que glorifican su nombre por cada cosa que hacemos en nuestra vida. Amén.
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[21.Ago.2022]_Dominical-UBF-Chile_(JUA_12..27-50)-Mensaje.pdf
|
|
Q, Juan 12.27-50.doc
|
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...