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Juan 12:9-19
12:9 Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí, y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos.12:10 Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro,
12:11 porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús.
12:12 El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén,
12:13 tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna!¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!
12:14 Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito:
12:15 No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna.
12:16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho.
12:17 Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos.
12:18 Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal.
12:19 Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él.
JESÚS, EL REY HUMILDE
JESÚS, EL REY HUMILDE
La palabra: San Juan 12:9-19
V, Clave: 12:13 “Tomaron ramas de palmera y salieron a recibirlo, y clamaban: ¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!”
¡¡Gracias a Dios por haber bendecido tanto a nuestro Encuentro Bíblico de Invierno titulado “NI YO TE CONDENO”!! Oro que más y más podamos entrar en el mundo de su gracia en nuestro diario vivir.
La palabra de hoy es de ‘la entrada triunfal de Jesús’. Es tan famosa y conocida a nosotros creyentes. Esta entrada triunfal sigue vigente aún en nuestra vida. En la palabra de hoy aprenderemos dos cosas; lo primero es quien es Jesús que entró en Jerusalén, montado sobre un asnillo. Lo segundo es cómo le recibimos. Oro que Dios nos ayude a conocer de este Jesús manifestado por esta entrada triunfal.
Primero, ¡Hosana! (9-13). Gran multitud de los judíos oyeron que Jesús había resucitado a Lázaro y lo vieron con sus propios ojos (9). Las multitudes decían de Jesús como ‘Juna el Bautista’ o ‘Elías’ o ‘algún profeta’ (Lc.9:19). Pero cuando ellos oyeron que Jesús había resucitado a Lázaro y lo vio con sus propios ojos, ellos creyeron que Jesús es el Mesías.
Vamos a leer el verso 12-13. “El siguiente día, grandes multitudes que habían ido a la fiesta, Al oír que Jesús llegaba a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirlo, y clamaban: —¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!”
Grandes multitudes de otras ciudades y aldeas vinieron y recibieron a Jesús. Ellos tomaron ramas de palmera. Y en otro evangelio se dice que ellos tendían sus mantos al paso de Jesús (Lc. 19:36).
‘Ramas de palmera’ eran símbolo de ‘victoria y gloria’. Estas se usaban cuando un rey entraba a su ciudad como el rey investido o con un triunfo de la guerra. Grandes multitudes recibieron a Jesús como el Rey. Ellos clamaban “—¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!” ‘Hosana’ significa ‘sálvanos’ (‘Salva’). ‘el que viene en el nombre del Señor’ se refiere al Mesías.
Este grito de multitud se basa en salmos 118:25-26. “Jehová, sálvanos ahora, te ruego; te ruego, Jehová, que ahora nos hagas prosperar. / ¡Bendito el que viene en el nombre de Jehová! Desde la casa de Jehová os bendecimos.” (Sal. 118:25-26). Así ellos reconocieron que Jesús fuera el Rey y el Cristo prometido por Dios.
Segundo, Jesús montó sobre un asnillo (14-19) Ante estos júbilos y clamores de grandes multitudes, ¿Cómo les reaccionó Jesús? Vamos a leer los versos 14-15. “Halló Jesús un asnillo y montó sobre él, como está escrito: / «No temas, hija de Sión; tu Rey viene, montado sobre un pollino de asna”
Jesús admitió los júbilos y gritos de multitudes. Jesús reconoció que él es el rey y el Mesías del pueblo de Israel. Pero la entrada de Jesús a la ciudad era diferente a lo de los reyes seculares. En vez de montar sobre caballo blanco, Jesús se montó sobre un asnillo. El verso 15 dice ‘pollino de asna(burra)’. Este animal asna o asno tradicionalmente se había usado como animal de carga. Su valor era mucho más barato que un caballo (mínimo 3 veces para arriba). Jesús ni siquiera se montó sobre una asna, sino un asnillo.
De esta entrada de Jesús a Jerusalén, podemos aprender claramente los siguientes puntos.
Primero, Jesús es el Rey prometido por Dios. Jesús no es el Rey autoproclamado por sí mismo. la aclamación de gritos del pueblo era basada en la palabra de Dios. Jesús es el Mesías prometido tanto en Salmos como en Zacarías. “¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, pero humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” (Zac. 9:9). Montando sobre un asnillo, Jesús manifestó que él era el rey de Israel.
Jesús es el Rey y el Mesías prometido en todo antiguo testamente. El cumplimiento final y completa de la palabra de Dios es Jesús. Toda promesa se ha cumplido en él. Por lo tanto, podemos poner nuestra confianza en Jesús como ese rey prometido por Dios.
Segundo, Jesús es el Rey salvador. Vamos a leer el verso 13 nuevamente. “Tomaron ramas de palmera y salieron a recibirlo, y clamaban: ¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!” “Hosana” (sálvanos) Lo que se necesitaba al pueblo de Israel era su salvación. Ellos anhelaban una salvación de toda opresión política, pobreza, enfermedad y su miseria. Sobre todo, necesitaban la salvación del poder del pecado y de la muerte. Desde Adán toda humanidad ha esperado a su rey salvador.
Para ser el Rey salvador debe tener el poder. Si no tiene el poder, no puede ser el Rey verdadero. Jesús es el Rey de reyes. Apocalipsis 1:5 dice “y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libertó de nuestros pecados con su sangre,” 1 Timoteo 6:15 también dice. “la cual manifestará a su debido tiempo el bienaventurado y único Soberano, el Rey de reyes y Señor de señores” Jesús, resucitando a Lázaro muerto, se había manifestado como el Rey poderoso y salvador sobre la muerte. Y finalmente con la resurrección de entre los muertos, Jesús aplastó y mató la muerte y triunfó como el rey salvador en gloria definitivamente.
Jesús es el Rey de Israel. Es el Rey del pueblo de Dios. Jesús es el Rey salvador de toda humanidad y todos nosotros que espera la salvación del pecado y la muerte. ¿Quién puede responder con el poder a nuestro grito “Hosana”? ¿Cuántas veces venimos gritando así y cuántas veces Jesús nos ha salvado? Él no falla en salvarnos. Primero del pecado y de la muerte, después de toda miseria en donde nos encontramos. Oro que gritemos y cantamos, diciendo “Hosana” y así, Jesús sea el Rey salvador en nuestro diario vivir.
Tercero, Jesús es el Rey humilde. Jesús se montó sobre ni siquiera un asno, sino un asnillo, una cría de una asna. Jesús es el Rey salvador poderoso, pero Jesús no es como un rey que ejerce y gobierna a su pueblo solo con fuerza militar. Jesús es el rey humilde. Leamos el verso 15. “No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna.”
Jesús es el rey humilde. Jesús, en su carácter mismo, es humilde. “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mt. 11:29) y también Jesús es el rey en humildad. Él da un ejemplo cómo puede ser humilde uno ante Dios.
‘un asnillo’ es un animal de carga, pero es un animal amigable y simpático. Si Jesús viniera sobre un corcel hermoso, no todas las personas pudieran acercarse a él. Pero montado sobre un asnillo, Jesús se hizo el amigo de todos los hombres. La humildad de Jesús no se encuentra en un animal mismo, sino en su obediencia a Dios. Jesús, montándose sobre un asnillo, obedeció a la profecía sobre sí mismo. Así se cumplió la palabra de Dios sobre él.
Durante toda su vida, Jesús vivió como un animal de carga. Cargó todas las cargas de los pecadores, los enfermos y todos los sufridos de diversos motivos. Y los sanaba. Finalmente, Jesús obedeció a Dios hasta bajarse a la cruz. Filipenses 2:6-8 dice. “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, / sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; / y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” De esta manera se llevó todas las cargas de nuestro pecado en sí mismo. Su vida hasta morir mostró su humildad, obedeciendo a Dios completamente. Cuando recibimos a este Jesús como nuestro Rey, podemos llevar una vida verdaderamente humilde ante Dios.
Por naturaleza, no somos humildes. Nuestra aparente humildad puede engañar a otros. Para saber si una persona es humilde o no, basta ver cómo actúa esa persona ante la palabra de Dios. Los humildes son los que se arrepienten de sus faltas y finalmente obedecen a la palabra de Dios con el corazón quebrantado. Esta humildad se adquiere solo cuando recibimos a Jesús como nuestro Rey. Solo y cuando recibimos al rey humilde, podemos llegar a vivir humildemente para servir a otros.
Aparente y humanamente me veía humilde. Pero en mi interior había mucha rebeldía contra otros incluso mis padres. Mis actos terminaban, haciendo mis deseos. A ese momento mi rebeldía se veía ‘cool’, pero después por esta rebeldía sufría mucho en mi interior por la condenación y culpabilidad. Cuando llegué a conocer a Dios y su palabra, me di cuenta de que no soy una persona humilde, sino muy orgulloso y pecaminoso. Aún, siendo misionero, me cuesta ser humilde verdaderamente. Pero cuando miro a ese Jesús quien se montó sobre un asnillo y se entregó su vida en la cruz por mí, su humildad ante Dios me introduce a la vida humilde delante de Dios. Por su ayuda estoy creciendo poco a poco. Oro que pueda ser una persona humilde en mi rey humilde. Amén
Conclusión, Jesús es el rey prometido y el rey salvador. Jesús es el rey humilde. Cuando recibimos su gobernar en nuestra vida, podemos llevar una vida verdaderamente humilde y valiosa ante Dios. Oro que recibamos a Jesús como nuestro rey, clamando con todo júbilo así “Hosana, mi rey Jesús”
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M. Marcos Kim (AR)
( 20 de noviembre de 2020 )
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