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Juan 12:1-8
12:1 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos.12:2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.
12:3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.
12:4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar:
12:5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?
12:6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella.
12:7 Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto.
12:8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.
PERFUME DE NARDO PURO DE MARÍA
PERFUME DE NARDO PURO DE MARIA
Palabra: San Juan 12:1-8
V, Clave 12:3 “Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.”
La palabra de hoy es de un hecho en Betania en esa misma semana del sufrimiento de Jesús. Allí un acto sorprendente de una mujer sacudió e inquietó a todos los que estaban allí. Y nos llama aún más atención la reacción de Jesús ante el suceso. Mediante de la palabra de hoy, aprenderemos qué significaba el derrame de perfume de esta mujer y cómo Jesús lo valoró en gran manera. Oro que Dios nos ayude a tener donde derramar nuestro perfume de vida.
- PERFUME DE NARDO PURO (1-2)
Era seis días antes de la pascua. Para poder entender bien la palabra de hoy, tenemos que considerar del tiempo donde Jesús andaba. A Jesús le quedaba seis días para consumar su obra mesiánica en la cruz dolorosa. Jesús estaba dirigiéndose paso a paso hacia ese sufrimiento tan agónico voluntariamente. Al ver el verso 57 de capítulo anterior, los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen. Por la resurrección de Lázaro, los lideres religiosos procuraban matar a Jesús aún más.
¿Cómo fuera el corazón de Jesús en estos momentos? Sin césar, Jesús tuviera esa batalla interna para tomar su cruz. Nadie lo comprendía, ni siquiera querían preguntarle sus discípulos. (Mc.9:30-32) Una soledad profunda, agonía y tristeza habría perseguido a Jesús más y más. A pesar de todo, Jesús tenía que servir a toda la gente que se le acercaban. Esta Pascua era la pascua de Jesús.
Antes de entrar Jerusalén, Jesús visitó a Betania. Betania era una ciudad donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos (1b). Le hicieron allí una cena. Tal vez la familia de Lázaro lo prepararon por su gran gratitud. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Lázaro había estado muerto, pero por Jesús, resucitado estaba sentado a la mesa con él. Lázaro es un representante de todos los creyentes genuinos quien van a resucitar en Jesús y estarán a la mesa de Jesús glorioso en su reino.
En este ambiente tan alegre, sucedió algo inesperado. Vamos a leer el verso 3. “Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.”
El perfume de ‘Nardo’ era el perfume obtenido de los tallos de una planta proveniente de la India. Estos nardos crecen entre los 3.000 y los 5.000 metros de altitud en el Himalaya del Nepal, así como al norte de la India y en China. De sus tallos subterráneos (rizomas) se extrae un aceite rojizo perfumado y caro. Los hindús lo usaban en perfumería y medicina.
En la antigüedad, los perfumes de gran valor solían conservarse en frascos sellados de alabastro, que solo se destapaban rompiéndolos (Mc. 14:3) en ocasiones muy especiales como boda y otras. Sin duda habría el nardo diluido y el puro. Lo traído por María era el nardo puro de mucho precio. Según el cálculo de Judas Iscariote, este nardo puro valía más de 300 denarios (casi el sueldo anual de un obrero). Así, probablemente María derramó sobre Cristo todos sus ahorros.
Ungió los pies de Jesús. Ungir los pies de los invitados prestigiados era una costumbre en Israel. Pero María los ungió no solo unas gotas de perfumes diluidos, sino todo de su perfume de nardo puro de mucho precio. Y también los enjugó con sus cabellos. Los cabellos representan la gloria de la mujer. Enjugando los pies con sus cabellos, María se mostró su amor y respeto tan grande hacia Jesús.
En este acto de María podemos saber del nivel de gratitud y amor de María hacia Jesús.
Primero, vemos la gratitud tan gran de María con Jesús. Cuando su hermano Lázaro murió, María ni siquiera salió de su casa a recibir a Jesús por su tristeza. Ella había estado llorando aún ante Jesús (11:33). Todo lo que tenía María no pudo salvar a su hermano. Pero cuando Jesús resucitó a su hermano, su llanto se cambió en lagrimas de gozo. Y sin escatimar su perfume, ella pudo derramarlo sobre Jesús.
Segundo, vemos el amor de María en su perfume de nardo puro. Este perfume no era un perfume de nardo diluido o mezclado, sino puro. Su amor hacia Jesús era puro y completo. María habría tenido mucha necesidad de dinero en su vida por ser huérfana. Habría tenido que preparar ahorro para su matrimonio en futuro o cuidar a su hermano único en su salud, etc. Pero María no guardó su ahorro para tales cosas, sino ella sin reserva vertió todo su ahorro sobre Jesús. Su amor hacia Jesús era el amor puro como nardo puro.
Tercero, vemos la adoración de María en su acto. María no solo derramó su perfume sobre los pies de Jesús, sino los enjugó con sus cabellos. María le mostró su corazón de alabar y adorar mediante este acto de amor. Ya sabemos que María era una mujer que amaba la palabra de Jesús. (Lc.10:39) Por la resurrección de su hermano, María habría creído que Jesús es ese Mesías prometido por Dios. En resumen, María consideró que Jesús es digno de recibir todo su amor y respeto para ofrecerle su perfume de nardo puro. De esta manera, el olor de perfume llenó la casa donde Jesús estaba.
II. ES PARA EL DÍA DE SU SEPULTURA (4-8)
¿Cómo era la reacción de la gente que estaba allí? Judas Iscariote quien era uno de los discípulos de Jesús, estaba muy indignado por el acto de María y dijo. “¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?” sus dichos parecen que él era una persona que se cuidara de los pobres. Pero la Biblia dice que él era ladrón y sustraía y lo que se echaba en la bolsa de ofrenda. Él reaccionó así con María por su avaricia y no por el amor por los pobres.
¿Qué era la reacción de Jesús ante esta indignación de Judas? Vamos a leer el verso 7. “Entonces, Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto” Jesús defendió el acto de María y más bien la aprobó como una ofrenda hermosa para el día de su sepultura.
El corazón de Jesús estaba ya decidido a morir y quedarse en su sepultura bajo el poder de la muerte. El corazón de Jesús estaba saturado del dolor que le iba a venir en Jerusalén. Jesús iba a entregar su vida como el Hijo de Dios. Jesús iba a entregar toda su vida que valía más que el universo por los pecados de los hombres.
En este momento, cuando María derramó todo perfume de nardo puro que tenía, su ofrenda habría dado una gran consolación a Jesús que iba por el camino de extrema soledad del Mesías. Humanamente el acto de María puede verse un desperdicio, pero ante Jesús era una ofrenda de olor fragante. Aquí podemos rescatar un aprendizaje sobre Jesús.
Primero, Jesús recibe nuestro amor en toda forma sin despreciar. Cada uno tiene diferente forma de amar a uno. Yo expreso mi amor y cariño a otra persona de la manera indirecta. Pero misionero Luis expresa su cariño hacia mí de la manera muy activa, con un abrazo muy apretado y voz grande. A veces, a mí me da incomodidad a ese tipo de cariño.
Pero Jesús recibe cualquier forma de expresar nuestro amor. “Déjala”. Jesús recibió una expresión tan impactante del amor de María abiertamente. Jesús no ve la forma, sino el corazón. Cuando una anciana pobre metió dos blancas en la casa de ofrenda, la elogió por su amor hacia Dios (Mc. 12:42-44). Así Jesús recibe nuestro amor de la manera que le traemos. Siempre seremos recibidos por Jesús cuando le mostramos nuestro amor.
Segundo, Jesús enseñó que su amor es más puro que nardo puro. El amor de María hacia Jesús era tan grande que la gente que estaba allí se quedaba sorprendida. Pero Jesús lo interpretó para con su sepultura. “para el día de mi sepultura ha guardado esto”. No sabemos que María estaba consciente de esto, pero Jesús lo aprobó para el día de su sepultura. Aunque el amor de María era tan grande hasta derramar su perfume de nardo puro, el amor de Jesús hacia María era mucho mayor. La sepultura de Jesús explica todo aquello.
Jesús dio no solo su amor y sanación a esa familia, sino su vida misma. La vida de Jesús es sin duda de mucho precio. ¿Cuánto es su precio? El precio del creador. No tiene precio por su valor infinito. El amor de Jesús es mucho más puro que nardo pudo de María. Los que conocen y reciben este amor, automáticamente llegan a derramar su perfume de nardo puro sobre Jesús. Solo Jesús es digno de recibir nuestro perfume. Solo Jesús nos da la salvación y la vida.
Tercero, Jesús hace memoria nuestra vida vertida sobre él. A veces, puede verse nuestra ofrenda de tiempo, pasión y material como desperdicio en el punto de vista del mundo. Dar el tiempo para adorar a Dios, diezmar, servir sus ovejas se ven un gran desperdicio. Algunos de muy amigos paisanos en chile me dicen “¡No te entendemos, qué desperdicio es tu vida aquí!” Ciertamente muchos de ustedes habrían oído palabra semejante cuando viven por la fe.
Pero escuchamos la palabra de Jesús. “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto” Jesús recibe y aprueba nuestra vida de ofrenda para su sacrificio. Y Jesús la bendice con su autoridad. Todas las cosas de este mundo pasan y se borran de memoria de la gente. La gloria, la vida de lujo de este mundo, todos los placeres de esta vida se desvanecen como nada. “Toda carne es como hierba, Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; / Mas la palabra del Señor permanece para siempre.” (1 Pe. 1:24b-25) Solo lo que invertimos y derramamos sobre Jesús se permanece para la eternidad y será recordado en gloria.
He llevado una vida de fe desde el momento de conocer al Cristo. Mi vida era como la de Lázaro quien había muerto. No tenía sentido, sin propósito. Era casi muerto. Pero la cruz de Jesús me resucitó y me dio esta vida que tengo ahora. Su gracia tan abundante de la cruz me dio un sentido de vida y ha impulsado a continuar a llevar una vida de fe. Su gracia y amor día a día se profundiza y agranda más y más en mi corazón.
Esta gracia de Jesús me hace derramar mi perfume de nardo puro sobre los pies de Jesús. Y esta vida nunca se hace perdida tanto espiritualmente como humanamente. Hasta ahora he disfrutado su paz y amor inefable que jamás puede darme el mundo. Al probar su gloria en su palabra, ninguna cosa de este mundo podía ser comparada a ella. La vida que disfruto ahora es una garantía más segura para ese día de comer en la mesa de Jesús. Estoy orando para que Dios me ayude a traer mi perfume de nardo puro de otros años de 50´s, quebrarlo y derramar sobre los pies de Jesús sin escatimar.
¿Cuál es su perfume que tiene en sus manos? ¿A dónde está derramando su perfume de nardo puro? Sepamos que solo Jesús es digno de recibir nuestro perfume de nardo puro y solo lo que derramamos sobre él permanece para siempre.
Conclusión, El amor de María se mostró en el derrame del perfume de nardo puro. Pero el amor de Jesús es mucho más puro y mucho más valioso que aquello. Jesús lo manifestó en su sacrificio y sepultura. Él es el único digno de recibir todos nuestros ahorros de amor. “Déjalo; para el día de mi sepultura ha guardado esto” Oro que Dios nos dé el corazón de María para que nuestra vida sea vertida sobre Jesús como un perfume de nardo puro.
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