Juan 10:11-18

10:11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.
10:12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.
10:13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.
10:14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,
10:15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.
10:16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.
10:17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
10:18 Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

YO SOY EL BUEN PASTOR


YO SOY EL BUEN PASTOR


Palabra: San Juan 10:11-18

V, Clave 10:11 “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” 


‘Buen Pastor’ es un nombre deseado y amado por todos los creyentes. Cuando llevaba a mis hijos a sus clases, pasaba y miraba frecuentemente un letrero que se decía ‘Colegio, el Buen Pastor’. Este letrero siempre me hacía meditar del buen pastor. Es un anhelo tener un buen pastor en la vida a todos. 


En la palabra de hoy, Jesús dice y declara ‘Yo soy el buen pastor’. Antes esta palabra, surgen unas preguntas. ‘¿Por qué Jesús es el buen pastor?’, ‘¿Qué tiene que ver esto conmigo?’ Jesús lo manifiesta con toda claridad en la palabra de hoy. Oro que Dios nos enseñe de ese buen pastor mediante esta palabra. 


Primero, El buen pastor da su vida por las ovejas (11-13). 


La palabra de hoy es la continuación de la palabra anterior. Jesús les había enseñado a los judíos que él es la puerta de las ovejas. Jesús es la única puerta para la salvación y la vida en abundancia. 


Ahora Jesús se manifiesta con una declaración maravillosa. Vamos a leer el verso 11. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” 


 Aquí, tenemos que notar que Jesús se ha manifestado constantemente con un término afirmante ‘Yo soy’. ‘Yo soy el Cristo’ (4:26), ‘Yo soy el pan de vida’ (6:35,48,51), ‘Yo soy la luz del mundo’ (8:12), ‘Yo soy la Puerta’ (10:7,9), ahora Jesús dice ‘Yo soy el buen pastor’. Es una declaración de verdad respecto a sí mismo y su esencia. Cuando una declaración sea de verdad, ella debe ser comprobada por su vida misma y evaluación de otros. Ninguno de entre los hombres en toda la historia humana ha podido manifestarse sobre la esencia de sí mismo como Jesús. Cuando Jesús declaraba ‘Yo soy’, él demostraba de por qué él es tal tanto por palabra como por sus vidas. Y Cunado creemos y luchamos a experimentar su declaración ‘Yo soy’, con gusto él se manifiesta en nuestros asuntos concretos en la actualidad.


Aquí en el verso 11, Jesús declara de sí mismo, no solo como ‘un pastor’, sino ‘el buen pastor’. Eso significa que Jesús es el único pastor esperado por el rebaño de Dios (Núm. 27:16-17). Como Jesús dice, el buen pastor es quien da su vida por las ovejas. Así Moisés intercedió por su pueblo y dio su vida por ello al igual que otros siervos de Dios. 


 Para ayudar la buena comprensión de los oyentes, en los versos 12-13 Jesús compara entre el buen pastor y el asalariado. En el tiempo normal los asalariados se ven como buen pastor. La diferencia entre ellos se evidencia frente el peligro. Cuando ve venir al lobo, el asalariado deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. No le importa las ovejas, ya que no son suyas. En cambio, el buen pastor da su vida por las ovejas, arriesgando su vida a la muerte. Pelean y rescatan a sus ovejas de las garras y bocas de las fieras salvajes. 

En el antiguo testamente hay un buen ejemplo del buen pastor de las ovejas. David era el pastor de las ovejas antes de que Dios lo llamara a ser el pastor de todo su pueblo. David dio un testimonio como pastor ante el rey Saúl. 


1 Sam. 17:34-35 “David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, / salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba.


David era no como cualquier pastor, sino era buen pastor de las ovejas. Cuando él era un buen pastor de las ovejas, él pudo ser un buen pastor de su propio pueblo.


Jesús es el buen pastor, porque él da su vida por sus ovejas. “el buen pastor su vida da por las ovejas” (11), “y pongo mi vida por las ovejas” (15b), “por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida”"(17) Jesús, siendo el Dios glorioso, se despojó a sí mismo y se hizo semejante a los hombres (Fil.2:7). Jesús daba su vida para enseñar la palabra de Dios a todos los sedientos de ella. Jesús, sabiendo la hostilidad muy agresiva, sanaba a los sufridos en el día de reposo. Finalmente, Jesús dio su vida en la cruz como un Cordero de Dios. 


 Fuimos las ovejas descarriadas y perdidas. Algunos piensan que son fuertes aún ante el poder del pecado y el diablo. Piensan que pueden controlar a sí mismo perfectamente. Pero somos tan débiles que fácilmente caemos en una mínima tentación cada día. Aun David quien fue un buen pastor de sus ovejas, cayó en la tentación tan débilmente y su consecuencia era grave y devastador. Nuestro enemigo burla de nosotros y conoce muy bien nuestros puntos débiles. Si nuestro pastor no nos cuida, seremos ovejas devastadas cruelmente por los lobos. 


 Pero Jesús dio su vida por nosotros. Si buscamos y clamamos por la ayuda del buen pastor, él echa su mano hacia nosotros y nos toma y rescata del poder del pecado y de la muerte. Su sangre de sacrificio nos cubre y guarda. A cada paso él nos guía por la dirección correcta. Si Jesús no diera su vida por nosotros, ¿Por dónde estaría nuestra vida? Sencillamente habríamos sido las comidas de las fieras de tantos lobos crueles y así están los que viven fuera de ese pastor. Pero en Jesús, llegamos a la salvación y la vida, solo porque él dio su vida en nuestro lugar. Es un precio muy alto pagado. Cuando lo experimentamos cada momento y cada día, nuestra boca llega a confesar naturalmente: “Jesús, Tú eres mi buen pastor. Gracias”. 


Segundo, Jesús es el buen pastor, porque él conoce sus ovejas (14-15).


Vamos a leer el verso 14-15a. “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, / así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre” Hemos aprendido en 10:3 que el pastor llama a sus ovejas por nombre. El pastor conoce de sus ovejas. Así como Jesús es el buen pastor, ya que conoce muy bien sus ovejas y ellas también le conocen. Según Jesús dice, él nos conoce como el Padre le conoce y él conoce al Padre. ¡Wau, Qué nivel de conocer esto!


 Jesús dice “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:30) “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.” (Jn.14:11) este conocimiento es el nivel de perfección y plenitud. Este conocimiento es un conocimiento no solo intelectual, más bien vivencial. Los cónyuges se conocen mejor uno a otro a medida que llegan a vivir más tiempo, más años. Ya tengo 20 años de casamiento con misionera Ana. Ahora le conozco mucho mejor que 20 años antes. 


Jesús se manifiesta en nuestra vida de que él nos conoce bien. Él conoce de nuestro pensamiento, necesidad y anhelo. Por lo tanto, él nos proporciona justo lo que necesitábamos, aunque muchas veces no lo oramos. conociéndonos, él nos manda nuestro cónyuge, la ayuda idónea en nuestra vida. En cada momento nos trae la palabra acertada a nuestra condición. Cuando lo vivimos, automáticamente confesamos: “Verdaderamente Señor, Tú eres mi buen pastor”     


Tercero, Jesús es el buen pastor, ya que él es el pastor de todo rebaño (16). 


Leamos el verso 16. “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (16) Durante la vida terrenal Jesús servía al redil del pueblo de Israel. Algunos judíos pensaron que el Cristo vino para dar libertad a su propio pueblo (Hch.1:6). Pero Jesús dijo “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hch.1:8) 


Jesús dice “también tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y 

y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” Otras ovejas son todas las ovejas no judías (Rom. 1:14). O sea, son todas las ovejas de otro mundo y de otra generación. Jesús busca todas ovejas suyas y quiere ser su pastor. 


Especialmente al ver a los bebes que nacen recién, humanamente suelo a pensar ‘¿Con cuanto sufrimiento ellos podrán atravesar la vida de este mundo tan turbulento?’ Pero esta preocupación pierde sentido, cuando creemos que Jesús es el buen pastor de la siguiente generación que son ‘otras ovejas’. 


 Jesús nos llama a ser los pastores semejantes a él que ama a su rebaño. Jesús quiere trabajar con nosotros para que seamos coparticipes en su gloria. Cuando seguimos a este buen pastor, él nos hará también buenos pastores a ‘esas otras ovejas’ que necesitan entrar en el redil de Jesús quien es el buen pastor.   


Cuarto, Jesús es el buen pastor, ya que él es un pastor eterno (17-18)


Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. / Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” (17-18) Jesús tiene el poder para poner la vida y para volverla a tomar. Jesús es el dador de vida. Pongamos atención en esta palabra. ‘Nadie puede quitar la vida de Jesús’. Jesús murió en la cruz no por su debilidad, sino voluntariamente entregó su vida por los pecadores. 


Jesús dijo ‘tengo poder para volverla a tomar’. Tal como esta palabra, Jesús resucitó de entre los muertos y venció el poder de la muerte. De esta manera Jesús manifestó que es la verdad su palabra ‘Nadie puede quitar la vida de sus manos’. 


‘Nadie’, ni ángeles, ni la muerte puede quitarla de sus manos en futuro. Solo él puede ponerla y volverla a tomar. “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, / ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Rom.8:38-39) De esta manera, Jesús está ante nosotros como nuestro pastor eterno. En su reino veremos cara a cara de nuestro buen pastor y estaremos bajo su cuidado amoroso eternamente. 


Conclusión, Jesús es el buen pastor. Solo él me conoce, conoce sus ovejas y dio su vida por mí para la eternidad. Fuimos las ovejas descarriadas y perdidas totalmente por nuestros propios pecados y rebeldía. Pero por Jesús llegamos en su rebaño. Oro que podamos conocer y seguirle hasta alcanzar su imagen del buen pastor para que seamos también buenos pastores de sus ovejas que le buscan. Amén.  

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