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Juan 9:13-41
9:13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.9:14 Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos.
9:15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.
9:16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.
9:17 Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.
9:18 Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista,
9:19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?
9:20 Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego;
9:21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo.
9:22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga.
9:23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.
9:24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador.
9:25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
9:26 Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
9:27 El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oir; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?
9:28 Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos.
9:29 Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea.
9:30 Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos.
9:31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye.
9:32 Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego.
9:33 Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.
9:34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.
9:35 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?
9:36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?
9:37 Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.
9:38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.
9:39 Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.
9:40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos?
9:41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.
UNA COSA SÉ
UNA COSA SÉ
Palabra: San Juan 9:13-41
V, Clave: San Juan 9:25 “Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.”
Es importante saber una cosa bien en nuestra vida. Hay un dicho que ‘saber toda cosa’ es ‘saber ninguna cosa’. En el área profesional de actualidad, uno no puede saber toda área tan especializada. Pero si sabe un área bien, ese puede mantener su vida conectada con toda cosa.
En la palabra de hoy el hombre que había sido ciego, da su testimonio, diciendo ‘una cosa sé’ (25, 30-33). Su saber una cosa le dejó conectado al Cristo. Y veremos la reacción de los judíos, de sus padres y de Jesús hacia con este hombre que dio su testimonio. Oro que a través de la palabra de hoy Dios nos bendiga a tener un testimonio de una cosa en toda circunstancia que nos lleva al Cristo.
- INCREDULIDAD DE LOS JUDIOS (13-23)
Jesús, por abrir los ojos del hombre ciego de nacimiento, se manifestó que era Siloé verdadero (enviado). Pero Jesús lo hizo en el día de reposo. De esta manera Jesús les enseñó que el día del reposo no es un día de reposo físico, sino un día de adorar y glorificar a Dios activamente que les da un reposo verdadero en comunión con Dios. En este sentido Jesús, siendo el Hijo de Dios, sanó a un hombre ciego de nacimiento para agradar a Dios y manifestar su gloria plenamente, dándole un reposo verdadero.
Pero los fariseos estaban condenando el acto de Jesús por hacerlo el día de reposo. Y preguntaron al hombre sanado cómo él había podido recibir la vista. El hombre que había sido ciego les testificó: Vamos a leer el verso 15b. “Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé y veo”. Su testimonio era bien sencillo, pero era una verdad contundente. Para él no necesitaba dar a conocer con una explicación, sino decir lo hecho por Jesús en su vida sencillamente.
Pero los fariseos afirmaron que Jesús no procede de Dios, porque no guardó el día de reposo. Ellos, en vez de glorificar a Dios por la obra de Jesús, le condenaron. Ellos no sabían el espíritu de la ley respecto al día de reposo, ni querían conocer la obra de Dios al respecto. Por su legalismo cayeron en la ceguera espiritual.
Siendo el pueblo de Dios, debemos conocer bien el espíritu de la palabra de Dios. Cuando nos hacemos legalista y cuando tenemos conocimiento de la ley y no la vivimos, llegamos a condenar a otros hermanos, ignorando la obra de Dios. La naturaleza caída de los hombres tiende a caer en este legalismo sin darse cuenta. Es un pecado grave ante Dios. Oro que Dios nos ayude a tener el corazón de Dios y el espíritu de su palabra para que podamos glorificar a Dios por su obra en nuestra vida.
Mientras los fariseos condenaron a Jesús como un pecador, otros decían “¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales?” (16) y el hombre que había sido ciego también confesó que Jesús fuera Profeta(17). El conocimiento de este hombre sobre Jesús no era suficiente. Sin embargo, él reconoció que Jesús fuera un Profeta como Elías y Elíseo quienes pudieron sanar a los enfermos, siendo los siervos piadosos de Dios.
Entonces, los judíos no creían que él había sido ciego. Y llamaron a sus padres y le preguntaron: “¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?” Sus padres reconocieron que su hijo nació ciego. Pero por el miedo de ser expulsados por los judíos de la sinagoga, no quisieron confesar que Jesús lo sanó. Y dijeron “Edad tiene, preguntadle a él” Los padres habrían regocijado tanto por haber recibido la vista su hijo que nació ciego. Ellos tendrían que agradecido a Jesús y glorificado a Dios. Pero ellos no tenían el valor de fe. Por lo tanto, no pudieron llegar a la fe de salvación.
II. TESTIMONIO DEL HOMBRE QUE HABÍA SIDO CIEGO (24-33)
Los judíos ya no pudieron negar que él había sido ciego y recibió la vista. Pero respecto a Jesús, dijeron “Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador.” De esta manera ellos no quisieron reconocer y creer que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías, sino dijeron que Jesús es pecador.
Pero ¿Cuál es el testimonio del hombre sanado? Vamos a leer el verso 25. “Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.” ‘si es pecador, no lo sé’ Esta palabra quiere decir que Jesús no puede ser pecador. Y añadió una palabra ‘una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo’. Este hombre era adulto. Durante toda su vida, él había vivido como un ciego en una oscuridad. Él nunca había visto el mundo, ni la cara de sus propios padres. Él sabía cuan desesperada era la vida del ciego de nacimiento. ‘Pero ahora veo’. La vista era una creación en su vida. Su confesión era una expresión de su profundo agradecimiento ante Jesús.
‘una cosa sé’. A pesar de que él dijo ‘una cosa’, este ‘una cosa’ significaba para él ‘toda cosa’. Su vida se cambió de tinieblas a la luz, de desesperación a la esperanza, culpabilidad a perdón, burla a alabanza y de la muerte a la salvación. La obra de Jesús le dejó su vida totalmente cambiada.
Los judíos le injuriaron a este hombre. Y dijeron que son discípulos de Moisés y no saben de donde fuera Jesús. Pero Jesús les había dicho en San Juan 5:46 “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.” Ante la injuria de los judíos, ¿Qué último testimonio les da este hombre sanado? Vamos a leer los versos 30-33. “Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. / Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ese oye. / Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. / Si este no viniera de Dios, nada podría hacer.” Este hombre se quedó maravillado por la incredulidad de los judíos. La obra de Dios con su vida era tan evidente y los testimonios sobre su vida eran muchos. Pero los judíos no quisieron creerlo.
Este hombre que había sido ciego no pudo estar callado, sino manifestó su testimonio con seriedad a peligro de la expulsión desde la sinagoga que era la comunidad religiosa. Siguió testificando que Jesús es quien teme de Dios y hace su voluntad. Dios le oyó. Abrió sus ojos. A su vez, testificó que desde la creación del mundo la obra de abrir los ojos de un ciego de nacimiento nunca había existido menos este caso con su propia vida. Por lo tanto, él asumió con convicción que Jesús vino de Dios.
Por este testimonio valiente, este hombre fue expulsado de la sinagoga. ‘ser expulsado de la sinagoga’ significaba ‘perder su vida normal en la sociedad judía’. Él ni siquiera mendigar dentro de la ciudad. Su estatus humano se hizo peor que antes. Pero él escogió dar su testimonio en vez de temer a los hombres. El vivir la verdad tiene el costo en el mundo incrédulo.
III. SEGUNDO ENCUENTRO CON JESÚS (34-41)
Cuando él fue expulsado de la sinagoga, ¿Qué sucedió en su vida? Vamos a leer el verso 35. “Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?” Jesús valoró la fe y el testimonio del hombre que había sido ciego. Jesús quiso darle un mejor regalo en su vida. Jesús le buscó y le halló. Y le dijo. “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”
Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? La vida humana de este hombre era rechazada por el grupo religioso abusivo, pero no por Jesús. Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. Este hombre que había sido ciego no solo recibió la vista, sino también vio al Mesías con sus propios ojos y ganó el reino de Dios en su vida. Aunque fue expulsado por la sociedad, fue recibido por el Cristo a heredar su reino glorioso.
Vamos a leer el verso 39. “Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.” El hombre que había sido ciego pudo ver que Jesús era el Hijo de Dios. Pero los judíos que tenían la vista física no pudieron ver que Jesús era el Hijo de Dios por su incredulidad. Algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: “Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.” Como esta palabra, los que reconocen su ceguera espiritual ante Jesús llegan a la fe y salvación, pero los que no reconocen su ceguera espiritual, su pecado permanece, ya que no creen en Jesús que vino a dar el perdón del pecado.
De la palabra de hoy quisiera resumir las siguientes lecciones importantes.
Primero, Ceguera espiritual de los judíos. A pesar de tantos testimonios, los judíos no creyeron en Jesús, ni sus obras. A estos el hombre que había sido ciego, “¿Por qué lo queréis oír otra vez? … pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos”. Ellos quisieron oír la respuesta que querían oír por sí mismos.
Es tan fácil caer en esta ceguera espiritual, cuando nos conformamos al mundo sin vivir la palabra de Dios: puede ser legalismo o formalidad. Si los creyentes viven solamente una tradición o cultura de una iglesia y no viven la palabra de Dios, caen fácilmente en la misma ceguera de los fariseos. De esta manera, creemos en Dios por boca, pero negamos a Jesús por la vida. No estamos eximidos de este gran pecado. Oro que Dios nos dé el corazón arrepentido siempre ante su palabra y su testimonio, para que no caigamos en ceguera espiritual que entristece a nuestro Dios.
Segundo, Un testimonio de una cosa. El testimonio del hombre que había sido ciego nos enseña cuál es el testimonio verdadero. Vamos a leer otra vez el verso 25. “Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.” El testimonio en el sentido fundamental no es hablar de teoría, ni su propia idea, ni sentimiento, sino es saber una cosa y hablarla. Esta una cosa es toda cosa para tal persona.
“una cosa sé que habiendo yo sido ciego, ahora veo” Una cosa que podemos testificar eternamente es que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Fuimos pecador sin esperanza que íbamos a rumbo de juicio eterno de Dios. Pero Jesús puso su lodo de su carne, lavó nuestro pecado en su sangre y nos abrió nuestros ojos para ver el reino de Dios. Una cosa puede ser una palabra, o una sanidad o algún otro milagro en nuestra vida. Esencialmente una cosa es la cruz de Jesús que les da a todos los pecadores la salvación eterna.
Tenía una ocasión de testificar una cosa ante algunos pastores de iglesias locales en una entrevista para la aprobación de examen final de teología. Unos pastores comenzaron a criticar nuestra iglesia UBF con algunos puntos débiles y sensibles. Pero yo no pude defender bien mi postura, ya que no tenía suficientes datos objetivas de lo que ellos criticaban, y tampoco tenía un don de argumentar bien con críticas. Además, ellos tenían la autoridad de poder dar una reprobación a mi carrera.
Pero en ese momento Dios me dio un valor de testificar mi vida. Yo les respondí. “No sé bien si es así nuestra iglesia como sus críticas. Pero sé una cosa que llegue a conocer a la palabra de Dios y al Cristo mediante esta iglesia. Considero que es correcto seguir trabajando en mi iglesia” Cuando les di este testimonio sencillo, todos los pastores que criticaban a mí y nuestra iglesia UBF se quedaron silenciosos. Estaba preparado ante eventual reprobación, pero todos ellos me dieron aprobación en calidad.
Si amamos a Dios, él nos permite un valor de fe a dar un testimonio ante toda circunstancia; un testimonio de una cosa. Oro que Dios nos dé un testimonio de una cosa sencilla y verdadera en toda circunstancia y sin temor del mundo para que nuestro testimonio revele la gloria de Dios plenamente.
Tercero, Jesús bendice un testimonio de fe. Es impresionante que al oír Jesús que los judíos le habían expulsado, le halló y se le manifestó de que él es el Hijo de Dios. aunque este ciego sanado fue expulsado por el mundo, recibió el reino de Dios en su vida. Debemos saber que Jesús valora un testimonio de fe, viene y no falla a hallarlo.
Los que da un testimonio sincero llegan a recibir burla, discriminación, incluso persecución extrema. Así vivieron desde los discípulos de Jesús y los cristianos de la primera iglesia hasta los creyentes de la actualidad. Pero cuando sentimos ese rechazo del mundo, Jesús viene y nos halla, dándonos la gran consolación y amor.
En el libro de Daniel, los tres amigos de Daniel negaron a adorar a la estatua del rey Nabucodonosor. Dijeron “Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Dan 3:18). Por este motivo ellos fueron echados en el horno de fuego. Sin embargo, el Hijo de Dios vino y los acompaño, haciéndoles pasear en el horno de fuego. En San Juan 20:11-18, podemos ver cómo Jesús resucitado tuvo compasión a María que lloraba en su tumba y vino a ella y la dio la gran consolación y alegría personalmente.
Jesús valora nuestro testimonio en el mundo y se hace nuestro amigo más íntimo. Aunque perdamos el mundo, debemos ser hallado por el creador del mundo. Él nos hace recuperar a su reino y vivirlo desde este mundo. Oro que Dios nos hace ver al Cristo en nuestra vida para poder salir de nuestra ceguera y vencer la incredulidad del mundo.
Conclusión, cuando llegamos a conocer del amor del Cristo, Dios nos da un testimonio de una cosa: Él nos perdonó y nos salvó del pecado y de la muerte. Oro que podamos dar un testimonio de Jesús ante todos los que nos preguntan cómo fue nuestro cambio. “una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.”
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