- INICIO
|- MENSAJES
|- CHILE
|- SANTIAGO
|- JOSUE CHUN
Juan 4:43-54
4:43 Dos días después, salió de allí y fue a Galilea.4:44 Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su propia tierra.
4:45 Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.
4:46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
4:47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir.
4:48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis.
4:49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
4:50 Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.
4:51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
4:52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre.
4:53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa.
4:54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea.
VE, TU HIJO VIVE
VE, TU HIJO VIVE
Palabra: San Lucas 4:43-54
V, Clave: 4:50 “Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.”
Estamos viviendo en un mundo que ponen mucha importancia en las partes audiovisuales. Les importa ‘cómo se ve’ que ‘contenido’ a la gente. Si no es bonito, esa cosa pierde la atención de la gente. Esta tendencia de apariencia sucede en las vidas espirituales. La gente busca algún señal y milagro visible antes que la palabra invisible.
En la palabra de hoy Jesús desafía esta tendencia del mundo de apariencia. Y quiere regalarnos esa fe que pueda agradar a Dios y brinda la salvación completa. Oro que el Espíritu Santo nos ayude a vivir esa clase de fe que Jesús quiere que tengamos.
- DESCIENDA Y SANE A MI HIJO (43-49)
Por la petición de los samaritanos, Jesús se quedó allí dos días y creyeron muchos más por la palabra de Jesús (40-41). Allí Jesús no ha hecho algunos milagros, sino según dice la Biblia, ellos creyeron muchos más ‘por la palabra de Jesús’. Los samaritanos eran sedientos de la palabra de verdad que salía de la boca del Cristo. Por esta fe, ellos pudieron gozarse la salvación de Dios.
Y Jesús salió de allí y fue a Galilea. Los galileos eran diferentes a los samaritanos. le recibieron no por la palabra de Jesús, sino por haber visto todas las cosas que Jesús había hecho en Jerusalén (2:23). A los galileos no les interesaba mucho Jesús mismo, sino sus hechos y milagros. Ellos no tenían la fe verdadera en Jesús, sino una curiosidad humana solamente.
Jesús otra vez vino a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Los servidores que habían obedecido a Jesús y experimentado su poder se habrían gozado por verle nuevamente. A Jesús le gusta andar por donde hay los creyentes verdaderos. Sin embargo, Jesús vino a Caná de Galilea con un propósito.
Vamos a el verso 47. A este lugar un hombre vino a Jesús. Él era un oficial del rey en Capernaum. Él era un hombre de estatus social muy alto. Era un tipo de gente que ordenaba a otros. Pero él vino a Jesús desde Capernaum. Capernaum y Caná de Galilea se distanciaban de 40 km. Era un día de camino. ¿Por qué él vino hasta dónde estaba Jesús con tanto caminar? Porque su hijo estaba muriendo por una enfermedad. Aunque él era oficial del rey, el poder de su puesto político no sirvió nada ante la enfermedad de su hijo amado. Lo único que pudo hacer para su hijo era mirarlo con tanta tristeza y dolor.
Afortunadamente él oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea. Él habría oído que Jesús había sanado a muchos enfermos en todas las ciudades y aldeas. La luz entró en su alma. Él vino a Jesús y le rogó que descendiese y sanase a su hijo que estaba a punto de morir. No le importó verse humillado ante un hombre común y corriente humanamente.
Él rogó que descendiese y sanase a su hijo. Él quiso que Jesús llegara a dónde estaba su hijo y pusiera su mano y lo sanara. Quiso ver un tacto palpable y un señal y prodigio con su hijo mediante Jesús.
Pero ¿Qué le dijo Jesús? “Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis.” Jesús aquí rechazó el ruego de este oficial que buscaba señales y prodigios con su hijo. Jesús regaño la incredulidad de este hombre que no tenía interés a Jesús, sino a su hijo enfermo. Jesús considera que creer por señales y prodigios no es la fe genuina o sea que dijo ‘no creeréis’. A pesar de esta palabra, el oficial del rey le rogó que descendiera antes que su hijo muriera. Su corazón estaba muy quebrantado y apremiante.
II. VE, TU HIJO VIVE (50-54)
Pero ¿Qué dice Jesús? Vamos a leer el verso 50. “Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.” Jesús, en vez de descender con él, le dio una palabra ‘ve, tu hijo vive’. Jesús no hizo como él le había rogado.
Cuando Jesús dijo “ve, tu hijo vive”, este oficial del rey no tenía una prueba de esta palabra. No vio, ni oyó si su hijo habría sido sanado o no. Él no tenía algún medio de comunicación como nuestro tiempo de tecnología. La palabra de Jesús era un muy gran desafío para este padre.
Este hombre oficial del rey habría vivido una vida de ordenar y controlar. Le habría sido difícil obedecer a la palabra de Jesús cuando él dijo, ‘ve, tu hijo vive’. Para poder volver en paz, él tenía que creer solamente en su palabra. ¿Qué era la reacción de este oficial del rey ante la palabra de Jesús? Maravillosamente él creyó la palabra de Jesús y se fue. En el camino de regreso él habría tenido que luchar contra toda incredulidad y miedo a la posible muerte de su hijo.
Pero, cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. ¡Wau, qué gran final es este hecho!
La palabra nos deja las siguientes enseñanzas muy importantes para nuestra vida de fe.
Primero, Jesús es el Señor omnipresente. En Caná de Galilea Jesús se había manifestado que era el Señor de la naturaleza por haber convertido el agua en vino. Y en el mismo lugar sanando al hijo del oficial del rey solo por su palabra, mostró que él era el Señor omnipresente.
Cuando vemos el evangelio de san marcos capítulo 5, antes de llegar Jesús a la región de los gadarenos, un hombre endemoniado ya estaba muy atormentado por el poder de su palabra. Antes de llegar allí, Jesús le había dicho al espíritu impuro “Sal de este hombre, espíritu impuro” (Mc. 5:1-8). Y el hombre se atormentaba.
Jesús tenía el cuerpo como nuestro que tiene el límite del tiempo y espacio. Pero Jesús se mostró que su palabra no se limita, sanando solo al hijo de este oficial del rey sin ir con él. Jesús pudo hacer así, porque él es el Señor omnipresente quien creó en los cielos y la tierra por su palabra.
Este Jesús vive hoy en nosotros en el Espíritu Santo. Hebreos 13:8 dice “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Jesús sigue siendo el Señor omnipresente en nuestra vida. Y él sana y salva a los que confían en él con fidelidad y les guía a la altura gloriosa de fe.
Segundo, Jesús quiere que tengamos la fe en su palabra. En general, nosotros que somos cristianos, clamamos y suplicamos por alguna necesidad urgente. Cuando clamamos tanto, en su compasión nos escucha y concede lo que pedimos. Pero si ponemos nuestra atención en señales y milagros visibles y respuestas rápidas, perderemos algo más precioso, valioso y eterno. Creer en su palabra aún y cuando la situación es adversa o oscura, es la fe que Dios quiere que tengamos.
La gente suele a buscar señales para creer. Donde hay un evento de sanación, mucha gente allí va con un propósito de ser sanado de su enfermedad milagrosamente. Pero después de lograr su objetivo, los que buscan señales, vuelven a llevar una vida lejos de la voluntad de Dios.
Para los hombres corrientes, señales y prodigios se ven cosas grandes, pero para Dios la fe sencilla y obediente en palabra es cosa grande. Hubo una ocasión en Capernaum que el siervo de un centurión estaba a punto de morir y por el ruego de los ancianos de los judíos Jesús iba a sanarlo. Pero este centurión envió a unos amigos a Jesús, diciendo “Di la palabra mi siervo será sano” (7:7b) Entonces, Jesús respondió así. “Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.” (Lc 7:9) este centurión era un extranjero por lo cual no tenía mucho conocimiento de la ley, ni del Cristo. Pero él creyó en Jesús y su poder invisible.
Hay palabra fácil de obedecer y también hay lo difícil. Hay los momentos favorables para creerla y también los momentos adversos para creer. Pero, a Jesús le agrada tener la fe en su palabra misma y confiar en él. “Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.” (Jn. 20:29) “Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan.” (Heb. 11:6) Cuando tenemos esta clase de fe en toda su palabra, llegaremos a encontrar al Dios vivo y llevaremos una vida de fe que agrada a nuestro Dios verdaderamente. Amén.
Tercero, Creer en su palabra trae la salvación a toda la casa. Si no hubiera creído en su palabra este oficial del rey, ¿Qué habría pasado a su hijo? Igualmente, Jesús lo habría sanado, ya que la palabra pronunciada de Jesús siempre se cumple sin fallar. Jesús da sanación a uno no por la creencia, sino por su misericordia básicamente.
Pero por haber creído en la palabra de Jesús, la salvación llegó a él y a toda su casa. “Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (Hechos 16:31) Cuando creemos, veremos su obra en y fuera de nosotros y llegaremos a la salvación en plenitud en todo.
Conclusión, Jesús es el Dios omnipresente. Este Jesús vive hoy en nosotros y dice ‘Ve, tu hijo vive’; ‘Crea mi palabra’. Oro que Dios nos ayude a ser a los hombres y mujeres que ponen toda confianza en su palabra, para que entremos en el gozo de plena salvación que Jesús nos da en toda área de nuestra vida. Amén
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[3.Abr.2022]_Dominical-UBF-Chile_(JUA_4..43-54)-Mensaje.pdf
|
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...