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Juan 4:27-42
4:27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?4:28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
4:29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?
4:30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
4:31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
4:32 El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
4:33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?
4:34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
4:35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
4:36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.
4:37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
4:38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
4:39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
4:40 Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
4:41 Y creyeron muchos más por la palabra de él,
4:42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
ALZAD VUESTROS OJOS
ALZAD VUESTROS OJOS Y MIRAD LOS CAMPOS
Palabra: San Juan 27-42
V, Clave: 4:35 “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.”
Gracias a Dios por estar reunidos nuevamente aquí para adorarle en espíritu y verdad. A veces, al encontrar que nuestra iglesia no ha crecido en su número durante esta pandemia, humanamente mi corazón anda desanimado. Pero al mirar las caras alegres de los colaboradores, Dios me da un profundo agradecimiento y aliento para levantarme, porque me doy en cuenta que Dios ha hecho una obra preciosa en cada uno durante más de 2 años de pandemia. Y pienso de cómo ve Dios su obra en nosotros.
Depende de la visión, nuestro ánimo puede cambiarse. Necesitamos una visión correcta y verdadera. Hemos sido influenciados por la cosmovisión secular durante mucho tiempo desde niñez y hasta la actualidad. La palabra de hoy nos enseña de la visión global de Jesús. Tener su visión es tan importante, ya que su visión es la visión del creador. Oro que Dios nos enseñe a tener la en toda claridad mediante la palabra de hoy.
- ¿No será este el Cristo? (27-30)
Mientras Jesús hablaba con la mujer samaritana, vinieron sus discípulos. Y se maravillaban de que hablaba con una mujer. Según la ética de los judíos, se prohibía hablar un varón con una mujer en la calle, ni siguiera con su esposa. En este contexto cultural, hablar Jesús con una mujer samaritana al pozo era muy insólito y revolucionario.
Sin embargo, ninguno de sus discípulos dijo algo a Jesús. La cara de asombro y gozo de la mujer samaritana explicaba lo que estaba ocurriendo allí. En gran gozo, ella dejó su cántaro, y fue a la ciudad. El cántaro era un símbolo que ella necesitaba; el agua del pozo y el amor humano. Pero ahora se olvidó de aquello y lo dejó atrás. Ya no lo necesitaba más por el gozo de encontrar el agua viva en su corazón mediante el Cristo.
Y dijo a los hombres. “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?” su predicación era muy sencillo ‘Venid, ved’, pero era potente. ‘ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho’. Su testimonio no se basaba en su sentimiento, sino en una verdad de ‘me ha dicho todo cuanto he hecho’.
Por la gracia de Jesús, ella fue encontrada en el Cristo. Cuando ella encontró al Cristo personalmente, ya no tenía la vergüenza de sus pasados, ni oscuridad, más bien ella estaba muy emocionada de gozo y alegría. Ya no pretendió a encubrir su pasado, sino puso de manifestó sin vergüenza sus pasados de errores y pecados. Cuando ella encontró al Cristo, ya no necesitaba su cántaro de agua, ya que ganó en su corazón una fuente de agua que salta para vida eterna. (14)
El cambio de ella era el testimonio mismo. Ella era una mujer muy solitaria y aislada, pero ahora se hizo una mujer sin temor al público y sacó su talento de predicar. Por esta predicación, los hombres salieron de la ciudad convencidos y vinieron a él.
II. Blancos para la Siega (31-42)
Entre tanto, los discípulos le rogaban que comiera. Jesús les dijo que tiene una comida que comer que ellos no saben. Vamos a leer el verso 34. “Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.” Los discípulos entendieron comida física, ya que Jesús iba comiendo junto con sus discípulos.
Pero aquí Jesús menciona de otra comida que es sin duda ‘comida espiritual’. Una comida le da a una persona la nutrición, energía, gozo y vitalidad. Sin comer, ninguno puede obtener su energía necesaria. Aunque Jesús físicamente estaba agotado, espiritualmente estaba lleno de vida y contentamiento. Haciendo la voluntad de Dios, Jesús estaba lleno en su vitalidad. ‘Hacer la voluntad de Dios y acabar su obra’ era la comida de Jesús.
Humanamente el ánimo es más importante que ganas físicas. Cuando uno se entristece por una noticia triste, pierde todo su apetito y no come alimentos. Y una gran noticia de gozo nos hace olvidar nuestra hambre y da gran fuerza para andar. Jesús, haciendo la voluntad de Dios, superó su hambre física y estaba muy fortalecido en su ser.
Pues, ¿Cuál es la voluntad de Dios que dice Jesús? Según la palabra de Jesús (San Juan 3:16), en el sentido amplio o universal la voluntad de Dios es que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna. Y también dijo en San Juan 10:10b. “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” En este sentido, salvar a una mujer pecadora era hacer la voluntad de Dios.
Jesús conocía muy bien de la voluntad de Dios hacia con su vida. Pero Jesús dice que su comida no es ‘conocer’ la voluntad de Dios, sino ‘hacerla’. Jesús se hizo fortalecido y glorificado, haciendo su voluntad. Para Jesús la voluntad de Dios era cargar el pecado del mundo y morir en la cruz como el Cordero de Dios. Jesús hacia esta voluntad y la acabó en la cruz y fue glorificado. Sirviendo así a una mujer samaritana que buscaba adorar a Dios, Jesús pudo estar satisfecho espiritualmente y el hambre física se le quedó olvidado.
Vamos a leer el verso 35. “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.” “Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega?” Esta palabra era un refrán entre los israelitas al indicar a una cosa prematura. Los israelitas sabían que el Cristo iba a venir a salvarlos. Aun esta mujer tenía ese mismo conocimiento respecto a la venida del Mesías. (25). Pero nadie creía que ese tiempo ya llegó.
Jesús dice a los discípulos. “Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” esta palabra es la palabra que da la visión espiritual a sus discípulos. Los ojos de Jesús vieron los campos blancos. Esto no quiere decir que todos los hombres estaban listos a aceptar al Cristo, ya que había muchos lugares que rechazaban a Jesús. Pero cuando dice ‘ya están blancos para la siega’, esto se debe al estado del corazón de los hombres, sino a la venida del Cristo por la cual comienza la siega de las almas para su salvación. Como la palabra de Jesús, todos los samaritanos de esta ciudad de la mujer que habló con Jesús creyeron en él. (41-42)
Quien siega recibe salario y recoge fruto para vida eterna. Salario no es cualquier salario, sino fruto para vida eterna. La salvación de los hombres y el galardón de Dios por esta labor de siega son frutos para vida eterna. Así Dios quiere que sus labradores participen en su gozo.
Dios ha venido sembrando las semillas del evangelio desde la caída de Adán. Dios sembró la semilla de promesa desde la caída de Adán. “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gén. 3:15) y mediante muchos profetas sembraba las semillas de sus promesas sobre la venida del Mesías. La esperanza de los israelitas iba madurando y finalmente llegó el Mesías que culmina sembrar, dejando listo para segar. A los ojos de Jesús los campos estaban blancos para segar, porque él iba a completar la obra de siembra. Como esta visión de Jesús, muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él, diciendo “sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo” (42)
Del pasaje de hoy podemos aprender las siguientes cosas.
Primero, La comida de Jesús era hacer la voluntad de Dios. La comida de Jesús era hacer la voluntad de Dios y acabar su obra. Haciendo su voluntad, Jesús se hizo fortalecido y glorificado. Debemos conocer su voluntad; su voluntad tanto para el trayecto de toda nuestra vida como de cada día. Para este objetivo, comemos cada día el pan diario y hacemos un devocional, hacemos estudio bíblico y adoración. Allí encontramos la voluntad de Dios para nuestra vida entera y también para cada día y en cada asunto.
“Estad siempre gozosos. / Orad sin cesar. / Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” (1Tesal. 5:16-18) Jesús mismo dijo “Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” (Juan 6:35) Creer en Jesús y obedecer a su palabra cada momento es nuestra comida central que nos hace fortalecidos y vitales. Cuando tengamos una vida centrada en Jesús, podemos llevar de hacer la voluntad de Dios.
Servir nuestro ministerio de los campos universitarios, servir los cargos en iglesia, en hogar y en trabajo son la voluntad de Dios especifico para nuestra vida. No debemos olvidar que seremos fortalecidos y vitalizados solo y cuando ‘hacemos su voluntad’, no en ‘conocerla’. Cuando comemos de Jesús y le obedecemos en cada asunto, seremos saciados y esforzados como él. Gracias a Dios por enviarnos a Jesús quien es nuestro pan espiritual que da a luz su voluntad. Oro que Dios nos ayude a hacer su voluntad en Jesús diariamente.
Segundo, Tenemos que ver los campos blancos para la siega. Jesús vio que los campos estaban blancos para la siega. Por la venida de Jesús los campos se hicieron blancos para la siega. Pero la realidad no es así. No hay muchos que aceptan el evangelio y viven conforme a aquello. Esta realidad y ambiente adversa nos impide a ver correctamente el mundo espiritual. Como los creyentes, debemos adquirir esos ojos de Jesús para mirar al mundo correctamente.
Solo y cuando tengamos los ojos de Jesús, los ojos de fe, podemos mirar así los campos blancos para la siega y podemos trabajar y acabar su obra. Cuanto más creemos en su palabra, tanto más podemos segar. Me arrepiento de tomar la visión incrédula y humana, no la de Jesús. Oro que pueda ver al mundo con los ojos de Jesús quien dio la vista a mis ojos para que pueda ser el obrero para la siega preciosa.
Tercero, Somos segadores que recogen fruto para vida eterna. Por su gracia llegamos a entrar para esa siega. Antes de los segadores, forzosamente anteceden los sembradores. Dios había sembrado las semillas de promesas mediante su palabra misma y sus siervos profetas. Los sembradores antes de Jesús sembraron las semillas de promesas y llevaron una vida de mucho sufrimiento; muchos de ellos padecieron la muerte dolorosa.
Pero ahora desde los discípulos de Jesús hasta nosotros entramos en la siega por su gracia. Segamos y recogemos fruto para vida eterna. Mediante nuestra labor, ya sucede la obra de salvación y entramos en la fila garantizada de gloria eterna. Gloria a Dios por este gran privilegio de entrar en la siega del Cristo. ¡¡Amén!!
Conclusión, Nuestra comida es hacer la voluntad de Dios. Jesús es quien nos alimenta cada momento, da su visión verdadera hacia el mundo y nos hace segadores que recoge fruto para vida eterna. Gracias a Jesús por habernos dado este gran privilegio. Oro que podamos alzar nuestros ojos y mirar a los campos blancos para poder entrar en su labor como buenos segadores.
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