Juan 3:1-15

3:1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
3:2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
3:4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
3:5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
3:7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
3:8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
3:9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?
3:10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?
3:11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
3:12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?
3:13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.
3:14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
3:15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

NACER DE NUEVO


NACER DE NUEVO


Palabra: San Juan 3:1-15

V, Clave 3:3 “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.


Buenos Días. Estos días la mirada de todo el mundo está puesta en la guerra en Ucrania. El pueblo ucraniano está luchando para defender a su país con una agonía muy grande por la ofensiva tan brutal de otro país enemigo encima del dolor de pandemia. Todo el mundo espera que se termine esta guerra cuanto antes y la justicia triunfe. 


En la palabra de hoy se presenta un hombre noble que estaba sufriendo una agonía grande en su propia lucha. Con su agonía e inquietud personal, vino a Jesús en la noche. Él representa a todo hombre que busca el reino de Dios en los logros del mundo. Y Jesús responde a tales hombres cómo uno puede ver el reino de Dios. La palabra de hoy consiste en tres partes; cómo ver el reino de Dios (1-3), Cómo poder nacer de nuevo (4-8), Quién hace posible este renacer (9-15). Oro que Dios nos enseñe cómo poder ver el reino de Dios.   


  1. PARA VER EL REINO DE DIOS (1-3)


Miren el verso 1. Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. El nombre ‘Nicodemo’ significa ‘Conquistador’. Como su nombre, se ve que él había conquistado un estatus alto social, política y religiosa. 


Según el verso 1ª, primero él era fariseo. Como todos los fariseos, él era un hombre estrictamente disciplinado conforme la ley de Dios. Religiosamente él era un conquistador. Y él era un principal entre los judíos. (1b) Era un miembro de concilio de los judíos ‘Sanhedrin’ que era una institución de máxima autoridad judicial en Israel, compuesto de 71 miembros. Políticamente él conquistó un estatus muy alto. Además, según San Juan 19:39, él debería ser muy rico. Económicamente él había logrado algo significativo. Y además, Nicodemo era considerado como Maestro de Israel. (10) Supuestamente él habría tenido una buena edad según el verso 4ª. En resumen, él ha sido un conquistador de toda área de vida humana que todo el mundo quería lograr. 


Pero este vino a Jesús de noche. No sabemos por qué él vino de noche. Puede que él buscaba tener un tiempo más tranquilo y personal con Jesús o puede que quisiera que nadie sepa su venida a Jesús por su puesto alto social. O podemos suponer que el corazón de Nicodemo era oscuro como la noche a pesar de todos sus logros humanos y religiosos, ya que San Juan usaba este término ‘noche’, cuando uno andaba en la oscuridad del corazón. (13:30)


Nicodemo dijo a Jesús “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” ‘Rabí’ significa ‘Maestro’. Nicodemo, siendo reconocido como Rabí por su pueblo, dijo a Jesús como a ‘Rabí’. Nicodemo reconoció que Jesús merecía ser llamado ‘Rabí’ por las señales que Jesús hacía. él pudo ver una luz en Jesús para su corazón oscuro, viendo las señales manifestadas por Jesús. De tu palabra, no podemos saber exactamente por qué motivo él vino a Jesús. Lo cierto era que las señales de Jesús le hicieron venir a Nicodemo a este lugar donde estaba Jesús.       


¿Cómo responde Jesús a este Nicodemo? Vamos a leer el verso 3 con mucha atención. “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Según la palabra de Jesús, podemos entender que en el corazón de Nicodemo no había el reino de Dios y él vino a Jesús en busca del reino de Dios sin saberlo aún si mismo. Lo que nos llama atención era que a pesar de que él era un fariseo y maestro de Israel, él no tenía el reino de Dios en su corazón. 


¿Qué quiere decir ‘ver el reino de Dios’? ‘Ver el reino de Dios’ se expresó como ‘entrar en el reino de Dios’ en el verso 5. ‘Ver el reino de Dios’ puede expresarse como ‘experimentar el reino de Dios O como ‘conocer a Jesús personalmente y entrar en su reino’. (1:39) 

 

Si uno no tiene el reino de Dios en su vida, nadie puede llevar una vida de satisfacción verdadera, porque solo el reino de Dios puede dar la paz y seguridad verdadera en el corazón de uno. Y nos enseña que el reino de Dios no tiene que ver nada con el poder, la riqueza, la religiosidad y el honor del mundo. Para poder ver el reino de Dios, solo debe nacer de nuevo como Jesús dijo ‘el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.’ 


II. NACER DE AGUA Y DEL ESPÍRITU (4-8)


Pero, Nicodemo no le entendió a Jesús y dijo. “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” él estaba recibiendo la palabra de Jesús carnalmente. Él hubiera preguntado el significado de nacer de nuevo. Pero él no intentó a entender espiritualmente la palabra de Jesús. Él no recibió su palabra, ni la creyó. (11-12) De todas maneras, Jesús le dijo claramente que uno debe nacer de nuevo para ver el reino de Dios. 


Jesús respondió a Nicodemo tardo para entender su palabra. Vamos a leer el verso 5 juntos. “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” Aquí Jesús enseña cómo uno puede nacer de nuevo. Hay que nacer ‘de agua y del Espíritu’ Según la ley, ‘el agua’ se usaba ‘para lavarse de su inmundicia’. (Lev.15) Pero aquí ‘agua’ no puede significarse ‘un rito religioso’, sino ‘el arrepentimiento genuino de sus pecados’. Juan el Bautista también daba el Bautismo solo y cuando el pueblo se arrepentía de sus pecados genuinamente. Jesús también dijo en el comienzo de su ministerio. San Marcos 1:15 “diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” Por lo tanto, podemos decir que uno nace de nuevo mediante el arrepentimiento y el Espíritu Santo. 


Sin embargo, nuestro arrepentimiento mismo no puede hacer renacer a uno. En el sentido verdadero, el nacimiento nuevo es la obra del Espíritu Santo absolutamente. Él da a uno el corazón contrito para arrepentirse, le regenera y transforma el corazón nuevamente para poder ver el reino de Dios, dándole el gozo del perdón, paz y amor de Dios. Es decir, el nacimiento nuevo es la obra del Espíritu Santo total. Por lo tanto, Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. (6) sin embargo, Jesús dijo ‘nacer de agua y de Espíritu’ para enfatizar la importancia del arrepentimiento genuino. 


Además, Jesús explica del nacimiento nuevo en comparación del viento para que fuera entendido con mayor evidencia. “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” El viento no se ve. Pero nadie dice que el viento no existe, sino se siente y se cree su existencia. Y a todos le gusta esa brisa tan fresca que alienta sus ánimos. Pero nadie puede saber de dónde viene ese viento, ni a dónde va. Su saber pertenece solo a la soberanía de Dios. 


De hecho ‘viento’ y ‘espíritu’ usa el mismo término ‘πνεῦμα; pneuma’(viento) ‘πνεύματος; pneumatos’(espíritu). Los hombres no pueden saber de dónde viene y cómo trabaja el Espíritu Santo. No pueden explicar su obra tan maravillosa y contundente en lenguaje humano. Pero a nosotros está permitido sentir y experimentar su obra en nuestra vida misma.  


Antes de conocer al Cristo, yo no tenía el sentido de mi vida. Lo único que sabía era que nací de entre mis padres y crecí para agradar a mis padres y lograr los éxitos del mundo tal como honor, fortuna y tranquilidad. Pero mi corazón andaba vacío y lo sufría. Era oscuro como la noche mi interior. Pero cuando acepté a Jesús como mi Señor y salvador mediante San Juan 11: 25ª “Yo soy la resurrección y la vida” con el arrepentimiento profundo, el Espíritu Santo cambió mi vida totalmente. Dios me dio la paz que nunca tenía antes en mi corazón oscuro, al igual que el perdón, el propósito y sentido de vida. Cada día al pensar mi vida misionera aquí en chile, no puedo explicarlo sino confesar que es la obra del Espíritu Santo en absoluto. El cambio de mi vida no lo sé cómo sucedió, pero sé que pude sentir esa paz y el gran amor de Dios que está en mi corazón y vida en Cristo. Y reconozco que nací de nuevo del agua y del Espíritu. 


III. EL HIJO DEL HOMBRE SEA LEVANTADO (9-15)


A pesar de la explicación tan simple de Jesús, Nicodemo no recibió, ni entendió su palabra y arrojó otra duda. “¿Cómo puede hacerse esto?” Nicodemo siguió buscando las señales visibles a su manera. El problema no era el grado de la dificultad de palabra, sino era la dureza e incredulidad de su corazón ante la palabra. 


Jesús le reprendió, diciendo “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?” La obra del viento es lo que uno puede saber y ver. Y la obra del Espíritu Santo es también evidente en el sentido similar. Pero Nicodemo no recibió el testimonio de Jesús y fue regañado por Jesús. “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?”. Así, la personalidad de Nicodemo demostró que el renacer depende no de su titularidad religiosa, sino por fe. 


Si uno no cree esta obra del viento, menos puede creer lo que va a suceder por Jesús o sea cosas celestiales tal como la salvación y heredar el reino de Dios. Solo por el Hijo del Hombre puede entrar en el reino de Dios. Vamos a leer el verso 14. “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, / para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”   


Cuando el pueblo de Israel hablaba contra Dios y Moisés en el desierto y menospreciaba Maná, la comida celestial proporcionada por Dios mismo, él envió serpientes ardientes entre el pueblo y morían muchos de ellos mordidos por ellos. Pero quien miraba a la serpiente de bronce levantada en una asta, este vivía, aunque fuera mordido por serpiente. Lo importante no era que fuera mordido o no, sino que mirara la serpiente bronce o no. Números 21:9 “Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.”


Esta serpiente es el símbolo del Cristo. Quienquiera que mira a él, no se pierda, mas tiene vida eterna sin importar cuán pecaminoso es. Para la obra de renacimiento, Jesús vino a morir en nuestro lugar. Ahora quienquiera que se arrepiente de sus pecados y entrega su vida al Cristo, el Espíritu Santo obra, haciendo nacer de nuevo a tal hombre y ver el reino de Dios.


De la palabra de hoy los siguientes puntos quedan resaltados. 


Primero, Solo los renacidos pueden ver el reino de Dios. Los hombres corren y se esfuerzan a lograr su felicidad y bienestar tanto humana y espiritualmente. Pero los logros del mundo no tienen que ver con el reino de Dios. Donde no hay el reino de Dios, la aparente felicidad del mundo es una ilusión. Aunque tenga toda riqueza del mundo y una vida cómoda, si no nace de nuevo, este jamás puede ver el reino de Dios. De la palabra de Jesús aprendemos que solo los renacidos de agua y de Espíritu pueden ver el reino de Dios. 


Gracias a Dios porque él tuvo misericordia de nosotros y nos hizo renacer en Jesús. Se ha hecho manifiesta su obra maravillosa entre nosotros y sigue continuando. Alrededor de nosotros, sea familiares o amigos, hay tantos que no han renacido. Ellos están fuera del reino de Dios y tenemos que orar por ellos anhelosamente con el corazón quebrantado para que puedan ver el reino de Dios tal como nosotros ahora.  


Segundo, La obra del Espíritu Santo sigue entre los que creen. El renacimiento para la salvación sucede solo una vez en toda nuestra vida. Pero su obra que hace renacer en el sentido de crecimiento sigue entra nosotros. El Espíritu ve nuestro corazón y trabaja según nuestro anhelo y deseo. Él jamás trabaja más allá de lo que deseamos en Cristo. El Espíritu santo ayuda a entrar en el reino de Dios más y más en abundancia a medida que amamos su palabra y la practicamos en toda área de nuestra vida. Él es quien hace expandir el reino de Dios en nuestra vida y en nuestro alrededor. Si no está lleno su reino en nuestro corazón, el mundo nos lleva y gobierna a pecar y nos deja sin experimentar su reino plenamente. Es una cosa muy triste que ocurren entre los creyentes. Oro que Dios nos haga vivir su reino día a día en plenitud, dándonos un deseo y anhelo en nuestro corazón día a día. 


Tercero, Hay que mirar al Cristo levantado. El reino de Dios, la salvación, la vida eterna son de los que miran al Cristo levantado en la cruz. 


Como sabemos los reinos en este mundo son imperfectos y transitorios. Muchos reinos e imperios se levantaron y perecieron siglo tras siglo. Los reinos que existen aquí son imperfectos. Emigraciones, Estallido social, Delincuencia, Corrupciones, la ofensiva militar brutal marcan los reinos de este mundo. Son inseguros, injustos, no eternos. 


Pero el reino de Dios no es así. Su reino es justo, perfecto y eterno, porque nuestro Dios es justo, santo y eterno. El reino de Dios proporciona una protección segura, ya que nuestro Dios es todopoderoso y los enemigos no pueden atacar, ni siquiera acercarse a él. 


Este reino grande, glorioso fue dado a los que miran al Cristo levantado. Solo el mirar al Cristo en la cruz con el corazón abierto y arrepentido genuinamente, su reino entra en nuestro corazón y gobierna nuestra vida inmediatamente. Cuando enfrentamos los problemas tanto personales como familiares, lo único que debemos y podemos hacer es mirar al Cristo levantado. Y el Cristo nos va a conducir al reino de Dios con toda certeza y seguridad. Amén


Conclusión, Los conquistadores verdaderos son los que ven y entran en el reino de Dios día a día. Debemos nacer de arriba cada día para salvación y para crecimiento. Y eso es posible solo y cuando miramos al Cristo levantado en la cruz. Oro que Dios nos haga poner nuestra mirada al Cristo para que el reino de Dios se expande en nuestro corazón y vida. Amén



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