Eclesiastés 11:7 - 12:8
11:7 Suave ciertamente es la luz, y agradable a los ojos ver el sol;11:8 pero aunque un hombre viva muchos años, y en todos ellos tenga gozo, acuérdese sin embargo que los días de las tinieblas serán muchos. Todo cuanto viene es vanidad.
11:9 Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios.
11:10 Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad.
12:1 Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento;
12:2 antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia;
12:3 cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas;
12:4 y las puertas de afuera se cerrarán, por lo bajo del ruido de la muela; cuando se levantará a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán abatidas;
12:5 cuando también temerán de lo que es alto, y habrá terrores en el camino; y florecerá el almendro, y la langosta será una carga, y se perderá el apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y los endechadores andarán alrededor por las calles;
12:6 antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo;
12:7 y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.
12:8 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad.
ACUÉRDATE DE TU CREADOR
Buenos días. Cuando somos jóvenes pensamos que la vida en esta Tierra es muy larga y que todavía tenemos toda la vida por delante. Victoria tiene 11 años y seguro piensa que todavía falta muchísimo para llegar a los 40. Parece algo demasiado lejano. Yo pensaba lo mismo cuando tenía 11 años, y ahora los 40 están a la vuelta de la esquina. No puedo creer que ya tengo 15 años casado y una hija que es ya una preadolescente. La vida se va volando. Y cuando nos damos cuenta de eso, suele ser muy tarde.
Pero en el pasaje bíblico de hoy, el anciano Salomón escribe su consejo a los jóvenes y les dice que la adolescencia y la juventud son vanidad, son pasajeras, se esfuman como la niebla. Y en el momento menos pensado, la juventud se ha ido y llegamos a la vejez, los años en que no tenemos contentamiento. Los años en que es muy poco lo que podemos hacer. La vejez suele ser la edad de los arrepentimientos. Nos arrepentimos de haber desperdiciado el tiempo, nos arrepentimos de las cosas malas que hicimos, y nos arrepentimos de no haber hecho otras cosas que eran mejores, pero que ya no tenemos las fuerzas o la oportunidad para hacerlas.
Así que Salomón aconseja a los jóvenes que se acuerden de su Creador en los días de su juventud, antes de que llegue la vejez. Salomón les aconseja a los jóvenes que tengan en cuenta a Dios y Su Palabra mientras viven a plenitud su juventud. Pero, ¿para quién es este consejo? ¿Quiénes son los jóvenes? La vida de una persona se divide en tres partes principales: la infancia, la juventud y la vejez. La juventud es la etapa más de todas. Abarca desde la adolescencia, alrededor de los doce años, hasta la vejez, alrededor de los sesenta años. Así que hay jóvenes de 20 años y jóvenes de 50 años. Pero obviamente, los jóvenes de 20 años y los jóvenes de 50 años no tienen la misma madurez, ni las mismas fuerzas. Sin embargo, este consejo y este mensaje de hoy va dirigido a todos estos jóvenes: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”. Busca a Dios y a Su Palabra ahora. Ten en cuenta a Dios en lo que haces, ahora.
Yo oro para que cada uno de nosotros pueda acordarse de Dios cada día de su vida, reconociendo Su soberanía sobre nuestras vidas y aprendiendo y obedeciendo Su voluntad revelada en Su Palabra. Y que podamos disfrutar a plenitud nuestra juventud amando a Dios con todo nuestro corazón y sirviéndole con todas nuestras fuerzas. Amén.
I.- Alégrate en tu juventud, pero te juzgará Dios (11:7-10)
Leamos juntos los vv.7-8 por favor. La mayoría de los eruditos bíblicos concuerda en que Salomón empieza su consejo a los jóvenes desde el 11:1, sin embargo, en el pasaje bíblico de hoy es que podemos ver que se dirige directamente a ellos. Los vv. 7-8 hacen una analogía entre las luz y las tinieblas y la juventud y la vejez. Cuando somos jóvenes, la luz del sol es agradable. Nos encanta ir a la playa y disfrutar del sol y del color que da a nuestra piel. Sin embargo, al envejecer, el sol comienza a ser molesto para los ojos y para la piel. También, podemos comparar los días buenos de nuestras vidas con días luminosos y soleados, y los días tristes con días oscuros y lluviosos. Y aunque vivamos muchos años, y tengamos muchos días de gozo, debemos recordar que los días de adversidad y tinieblas serán muchos también.
Uno podría llegar a pensar que la gente rica y famosa pasa la mayor parte de su vida feliz y que no tienen problemas. Sus días son siempre luminosos y soleados. Sin embargo, ellos también tienen muchos días de tinieblas por la insatisfacción de sus corazones. Y podemos verlo en las noticias. Por ejemplo, Lindsay Lohan. Una bella joven que desde muy temprano está en el mundo de la actuación y que tenía riqueza y fama, cayó en el mundo de las drogas, tuvo que lidiar con el divorcio de sus padres y ha pasado por varias relaciones sentimentales infructuosas. Así que la gente rica y famosa no está exenta de los muchos días de tinieblas en sus vidas también.
Aun podríamos llegar a pensar que cuando entregamos nuestras vidas a Jesús, todos nuestros días serán buenos, como días soleados, sin embargo, esto tampoco es así. También tendremos días oscuros de adversidad aunque seamos cristianos. Uno de los mayores ejemplos de esto es el apóstol Pablo. Él sufrió muchísimo sirviendo a Jesús, fueron muchos los días de tinieblas en su vida. Él estuvo “en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos” (2Co. 6:4-5). Y uno podría pensar que estando en esta situación, Él podía sentirse desanimado y con deseos de abandonar la vida de fe. No obstante, él mismo dice cómo se veía a sí mismo a pesar de esas situaciones adversas en los siguientes versículos: “como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.” (2Co. 6:9-10). Él sabía que al tener a Cristo en su corazón ya lo tenía todo, y se gozaba en la salvación y la herencia que tenía en los cielos. Nosotros también debemos recordar que vendrán días oscuros, pero debemos mantener el gozo del Señor en nuestros corazones, sabiendo que al tener la salvación de nuestras almas lo tenemos todo, y, que a pesar de las circunstancias que estemos pasando, Dios es bueno, y nos ama, y a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien (Rom. 8:28).
Leamos ahora juntos el v.9. Salomón cierra el v.8 diciendo que todo cuanto viene es vanidad, esto quiere decir que el futuro es enigmático, incierto. No podemos saber qué traerá el día de mañana. Por lo tanto, les aconseja a los jóvenes aquí en el v.9 que se alegren en su juventud, esto es, que disfruten al máximo de los días de su juventud. Hay un refrán que dice: “juventud, divino tesoro”, que proviene, muy probablemente, del poema “Canción de Otoño en Primavera” del poeta nicaragüense Rubén Darío. Este refrán lo usan sobre todo los adultos y ancianos con añoranza y melancolía por los años de juventud, como dice el propio poema de Rubén Darío: “Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!” Los días de la juventud pasan volando y no vuelven, así que disfrutemos al máximo esos días.
Sin embargo, muchos piensan que disfrutar de la juventud se refiere a andar de fiesta todo lo posible, a tener muchas novias o novios, a beber mucho alcohol, a probar drogas, a pasar el día de ociosos jugando videojuegos o viendo series y/o películas. Pero, esas son las formas en que las personas desperdician su juventud y después viven con remordimientos. Sí, podemos aprovechar las energías que tenemos en la juventud para jugar, para pasar tiempo con nuestros amigos, aun desvelándonos para divertirnos sanamente. Pero, debemos aprovechar nuestro cerebro joven para estudiar y nuestro cuerpo joven y con muchas fuerzas para trabajar. Debemos sacar el máximo provecho de nuestra juventud disfrutando con nuestras familias y amigos y preparándonos para el futuro.
¡Cómo extraño mis días de universidad en los que mi única responsabilidad era estudiar y no tenía que preocuparme por la comida, por las deudas, por pagar los servicios, porque mi mamá se encargaba de todo eso! Solo me preocupaba por salir bien en las materias y tenía tiempo para ir a pescar y para estudiar mucho la Biblia y orar. Podía ir en la noche a una vigilia y después trabajar al día siguiente sin problemas. Podía comer todo lo que quisiera y nunca me sentía mal del estómago. ¡Cuán buenos son los días de la juventud en los que podemos memorizar muchas cosas, comer muchas cosas y hacer muchas cosas sin cansarnos tanto! ¡Disfrutemos al máximo de los días de nuestra juventud!
Pero Salomón pone un límite al disfrute en el v.9b. Leámoslo juntos nuevamente por favor. Podemos hacer lo que queramos para disfrutar la vida, pero debemos estar conscientes de que Dios nos juzgará por todas aquellas cosas. Si desperdiciamos nuestra juventud en vicios, entonces sufriremos las consecuencias de ello, tanto físicas como espirituales. Físicamente, nuestro cuerpo va a resentir todos los excesos. Si comemos en exceso o fuera de tiempo, nuestro estómago, páncreas y/o vesícula lo van a resentir. Si consumimos mucho alcohol en nuestra juventud, nuestro hígado nos pasará la factura. Si no tomamos suficiente agua o si tomamos mucha soda, nuestros riñones van a sufrir. Espiritualmente, si vivimos en el pecado, estaremos muertos espiritualmente y no alcanzaremos la vida eterna con Dios.
Por lo tanto, jóvenes, disfrutemos al máximo la vida. Hagamos todo lo posible por disfrutar el tiempo de nuestra juventud, pero recuerden que Dios nos juzgará por lo que hayamos hecho en este mundo y si vivimos en pecado y no nos arrepentimos y le aceptamos como nuestro Señor y Salvador, estaremos en el castigo eterno, lejos de Él. Si le aceptamos, pero no le servimos, no estaremos acumulando tesoros en el Cielo y en el momento de su venida estaremos avergonzados ante el Tribunal de Cristo. Así que disfrutemos al máximo conociéndole a Él y sirviéndole a Él, y preparándonos para el reino de Dios. Amén.
Leamos ahora juntos el v.10. Aquí hay dos consejos prácticos de Salomón para los jóvenes: “Quita de tu corazón el enojo” y “aparta de tu carne el mal”. Los jóvenes son rebeldes naturalmente, y cuando se enojan quieren hacer exactamente lo contrario de lo que deberían. Y el enojo los lleva a cometer locuras. Algunos matan a otros por enojo, otros se matan a sí mismos. El enojo también los lleva a hacer y a decir cosas que no convienen. Como dice el apóstol Santiago: “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” (Stg. 1:20). Cuando nos enojamos solemos hacer lo que a Dios no le agrada. Así que es mejor quitar de nuestro corazón el enojo y trata de seguir la paz y el amor con todos.
Además, debemos apartar de nuestra carne el mal, esto quiere decir que debemos alejarnos de cualquier cosa que nos lleve a hacer mal o como dice el apóstol Pablo en
2Co. 7:1: “limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” Hay cosas que no parecen pecaminosas en sí mismas, por ejemplo, ¿qué tiene de malo ir a una discoteca un día? La discoteca en sí no es lo malo, sino lo que vas a hacer allí o al salir de allí. Generalmente, allí los jóvenes entran en contacto con el alcohol y las drogas, y también son puntos de encuentro para relaciones sexuales casuales. Y aunque nosotros no vayamos a ese lugar a hacer esas cosas, entonces, ¿para qué vamos? Es mejor alejar nuestra carne del mal y no ir. Otro ejemplo es, ¿qué tiene de malo ver una de las series o películas que está de moda? Yo le salto las escenas fuertes. ¿De verdad? ¿Se las saltas? ¿Para qué exponerse viendo ese tipo de programas cuyo propósito es despertar las pasiones juveniles? Es mejor no contaminarnos con ello y guardar nuestra carne del mal, como aconseja Pablo a Timoteo: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.” (2Ti. 2:22). Procuremos alejarnos de toda actividad, lugar o persona que sea ocasión de contaminación para nosotros y guardemos nuestra santidad para Dios.
II.- Acuérdate de tu Creador en tu juventud (12:1-8)
Leamos juntos el v.12:1. Todos los consejos de Salomón en el capítulo 11 se pueden resumir como aparece aquí en el v. 12:1a: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”. Lo más importante que debe hacer un joven es acordarse de su Creador en los días de su juventud. Esto no quiere decir que se acuerde: “Ah sí… Allá arriba hay un Dios que para abajo ve, aunque sea para escupir”. ¡No! Es tener en cuenta a Dios cada día de sus vidas. Es pensar: “Esto que estoy haciendo o que estoy a punto de hacer, ¿le agradará a Dios?” “¿Será Dios glorificado en esto que estoy viendo, diciendo o escuchando?” Lo que Salomón quiere decir aquí es que debemos buscar y servir a Dios en nuestra juventud.
Hay mucha gente que piensa que está joven y que debe disfrutar la vida, y después, cuando ya sea mayor, entonces se meterá en las cosas de Dios. Pero, el error allí es que piensa que la vida se disfruta fuera de Dios, lo cual es totalmente falso. El verdadero deleite de la vida está en Dios porque para eso fuimos creados. Por eso debes acordarte de tu creador. Si tratas de disfrutar tu auto colocándole aditivos impropios o haciendo cosas que el fabricante te aconseja no hacer con él, entonces lo fuerzas y se dañará. De la misma manera, si haces con tu cuerpo, corazón y mente lo que el Creador te aconseja no hacer, sufrirás y eventualmente te destruirás. Hay mayor deleite y provecho en pasar una hora en oración con Dios, que en pasar una hora con una persona desconocida. Hay mayor provecho y deleite en pasar una noche en una vigilia, que en una noche en una discoteca. Hay mayor deleite en pasar unas horas aprendiendo de Dios y Su Palabra, y experimentando su gran amor en nuestros corazones, que en pasar esas horas jugando videojuegos o viendo series o películas.
Yo tuve la gracia maravillosa de Dios de aceptar a Jesús como mi Salvador a los 17 años. Aun a esa corta edad ya había llevado una vida bastante pecaminosa. Ya había experimentado muchos de los vicios de la juventud y había sufrido mucho también por la vida pecaminosa que llevaba. Y puedo decir que lo mejor que existe en la vida es conocer a Dios, amarle y servirle desde la juventud. Cuando empecé a asistir a la iglesia, ni siquiera había entrado a estudiar en la universidad, ni estaba trabajando, ni nada, así que tenía mucho tiempo libre que dediqué a estudiar bastante la Biblia, a leer varios libros cristianos y a ir a todas las reuniones que se hacían en la iglesia a la que asistía, ¡iba hasta al culto de damas! Y conocí mucho a Dios y aprendí muchísimo de Él y de Su Palabra en ese tiempo. Ese fue un tiempo maravilloso que no podría tener si hubiese aceptado a Jesús como mi Salvador, trabajando, casado y con hijos. No digo que las personas mayores no deben aceptar a Jesús porque es muy tarde ya. ¡Para nada! Lo que quiero decir es que es mucho mejor conocer a Dios, amarle y servirle desde nuestra juventud. Cuanto más jóvenes, mejor.
Ha sido una gran ventaja y privilegio haber conocido a Jesús desde tan joven. ¡Imagínense! Llevo 21 años, más de la mitad de mi vida, estudiando la Biblia y teniendo una relación de amistad con Dios. Además, que acordarme de Dios tan temprano en la vida me ha librado de muchas cosas que muchos otros jóvenes experimentan y lamentan después como: embarazos no deseados, abortos, drogas, alcoholismo, enfermedades de transmisión sexual, etc. Victoria y María Celeste tienen una gran ventaja en la vida al aprender las Escrituras desde su niñez, ya que eso las puede hacer sabias para la salvación que es en Cristo Jesús (2Ti. 3:15).
Así que, jóvenes, no hay mejor cosa que acordarse de su Creador en los días de su juventud cuando tienen mayor lucidez y capacidad mental para entender y memorizar las Escrituras; cuando tienen mayor tiempo disponible y energías para conocerle y servirle. Pues, cuando se conoce a Dios en la vejez, aunque uno quisiera ya no puede servirle con las mismas fuerzas y libertad de un joven. Así que aprovechen al máximo su juventud para conocer y servir a Dios antes de que lleguen los días malos en los cuales digan: “No tengo que en ellos contentamiento”, que son los días de la vejez. Y a continuación Salomón va a explicar los efectos de la vejez que hacen que ya uno no tenga contentamiento en esos días fuera de Dios.
Leamos juntos los vv. 12:2-8, Salomón muestra los efectos de la vejez de forma poética. En el v.2 hace una relación con la naturaleza; en los vv. 3-4 imagina el cuerpo como una ciudad; en el v.5 toma nuevamente elementos de la naturaleza para asociarlos con el proceso del envejecimiento; y en el v.6 asocia partes del cuerpo y sus funciones con utensilios hechos de minerales que finalmente se rompen; para cerrar con el final de todos los hombres en el v.7 y la conclusión de todo esto en el v.8.
En el v.2 describe de forma poética la pérdida de la visión en la vejez y las tristezas que les vienen a las personas mayores por la nostalgia y por la frustración de no poder realizar las actividades cotidianas. En el v.3 se describen los temblores de las manos en la vejez, el encorvamiento del cuerpo, la caída de los dientes, y las cataratas. En el v.4, la pérdida del apetito por la dificultad para masticar; el despertarse temprano, al canto del gallo, por la pérdida del sueño que trae la vejez; y la pérdida de la audición y el deterioro de las cuerdas vocales. En el v.5, el incremento de los temores, especialmente por el temor a la muerte o a la soledad; la salida de las canas que florecen como el almendro; la dificultad para cargar cualquier tipo de peso, hasta el objeto más liviano puede ser una carga muy pesada para llevar; y la pérdida del apetito sexual que viene por la disminución en la producción de hormonas. En el v.6 se describen: la debilidad de la columna vertebral, la disminución de las capacidades mentales por el deterioro del cerebro, la incontinencia como consecuencia de la pérdida del control de esfínteres, y, finalmente, los ataques al corazón. Todo esto viene porque el hombre ya va a su morada eterna (v.12:5b), esto es la muerte. El polvo volverá a la tierra y el espíritu a Dios que lo dio (v.12:7).
Así que, antes de que nos lleguen todas estas cosas, es mejor acordarse de Dios en nuestra juventud para conocerle mejor y disfrutar de Su presencia. Para aprender más de Él en Su Palabra y vivir en este mundo con el propósito con que hemos sido creados. Pues, como dice el v.12:8, esta vida es vana, temporal. No duraremos aquí mucho tiempo. Por ende, tenemos poco tiempo para prepararnos para nuestra morada eterna y para acumular riquezas en el reino de Dios. Así que, hermanos míos amados, jóvenes aún, dediquemos nuestra juventud a Dios y a su obra, viviendo en santidad como Él quiere que vivamos y trabajando juntos para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Que nuestra juventud y vigor podamos disfrutarlas a plenitud bajo la voluntad de Dios. Amén.
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M. Josué Bae (MX)
( 19 de febrero de 2021 )
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