Eclesiastés 12:9-14
12:9 Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios.12:10 Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad.
12:11 Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor.
12:12 Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne.
12:13 El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.
12:14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.
TEME A DIOS Y GUARDA SUS MANDAMIENTOS
Buenos días. Hoy finalizamos este emocionante viaje a través del libro de Eclesiastés. ¡Cuánta sabiduría hemos aprendido a través de este libro! Dios me ha hablado muy preciosamente a través de cada mensaje y es mi oración que Dios también les haya hablado a ustedes, y que atesoren en su corazón y apliquen cada día toda la sabiduría que hemos aprendido.
El pasaje bíblico de hoy es la conclusión del libro. Al principio de este viaje, les había dicho que el libro de Eclesiastés era la tesis filosofal de Salomón para responder a la pregunta: ¿Cuál es el significado y propósito de la vida del hombre en la Tierra? Después de presentar su hipótesis en el 1:2: “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.”; Su introducción en 1:3-11; de hacer sus observaciones y experimentos desde en 1:12 – 5:20; de hacer el análisis de resultados en 6:1 – 10:20; de dar recomendaciones en 11:1 – 12:8; en este pasaje bíblico de hoy Salomón da sus conclusiones que responden a la pregunta problema: ¿Cuál es el significado y propósito de la vida del hombre en la Tierra? Y la respuesta es el título del mensaje de hoy: “Teme a Dios y guarda sus mandamientos”.
Hoy, entonces, aprenderemos en qué sentido temer a Dios y guardar sus mandamientos es el propósito de la vida del hombre en este mundo. Yo oro para que cada uno de nosotros tema a Dios con todo su corazón y guarde cada día sus mandamientos para que cumplamos el propósito con el que fuimos creados, vivamos plenamente en esta Tierra y alcancemos la vida eterna. Amén.
I.- La labor del predicador (9-12)
Leamos juntos los vv. 9-10 por favor. Salomón pasó la mayor parte de su juventud buscando la sabiduría de este mundo. Estudió mucho, investigó mucho, disertó mucho. Según él mismo dice en 1:17: “Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu.” Él descubrió que la verdadera sabiduría no se encontraba en el mucho estudio ni en la mucha investigación, sino en el temor de Jehová como él mismo lo expresa en sus proverbios: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Pro. 1:7). Entonces, Salomón dedicó su vejez a adquirir más de la sabiduría divina y a enseñarla al pueblo. La declaró a sus oídos y la puso por escrito aquí en Eclesiastés, en Proverbios, en los Salmos y en el Cantar de los Cantares. Así, Salomón estimulaba al pueblo para que aprendiese la sabiduría divina.
Los esfuerzos de Salomón se abocaron a buscar las palabras adecuadas para que el pueblo pudiese entender y vivir la sabiduría divina. Eso es lo que dice el v.10 según podemos leer en la NVI: “Procuró también hallar las palabras más adecuadas y escribirlas con honradez y veracidad.” Así como Salomón, a medida que crecemos en sabiduría, nos esforzaremos también por enseñar la sabiduría a otros. Mientras más Palabra de Dios vamos a aprendiendo, crecerá en nosotros el deseo de enseñar esa Palabra a otros. A medida que crecemos como discípulos de Jesús, también va creciendo nuestro deseo de compartir la Palabra de Dios con otros.
A veces pensamos que no tenemos suficiente conocimiento bíblico para enseñar la Palabra a otros, pero si recibimos un estudio bíblico ya podemos transmitir a otros lo que hemos aprendido allí. Aunque quizás pueda ser un estudio bíblico muy deficiente al principio, con el pasar del tiempo, a medida que crezcamos en sabiduría, encontraremos las palabras adecuadas para enseñar con claridad lo que Dios nos dice en Su Palabra. No debemos desanimarnos por no entender toda la Biblia completa, sino que debemos animarnos a compartir con otros lo que hemos aprendido hasta ahora, sea poco o sea mucho. Vaya e invite a alguien a estudiar la Biblia y ore a Dios para que le dé las palabras adecuadas para transmitir lo que el Espíritu Santo quiere sembrar en ese corazón. ¡Crezcamos cada día en sabiduría amando la Palabra de Dios y escudriñándola fervientemente cada día, y procuremos enseñarla también a otros!
Leamos ahora juntos el v.11. Este versículo contrasta con la forma de la traducción de la RVR60 en el v.10. Allí la RVR60 dice que Salomón buscó palabras agradables, pero acá en el v.11 dice que las palabras de los sabios son como aguijones y clavos. Los aguijones y clavos no tienen nada de agradables. Si nos tropezamos con estos objetos punzocortantes nos haremos daño. Sin embargo, ya aclaramos que en el v.10 se refiere a las palabras adecuadas, correctas o indicadas para ciertas ocasiones, no palabras agradables o suaves al oído.
Las enseñanzas de los sabios son como instrumentos afilados y puntiagudos, claros, directos y convincentes. El autor de Hebreos nos dice que “la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Heb. 4:12). Las palabras de los sabios y la Palabra de Dios penetran en nuestra vida llegando a incomodarnos en ocasiones. Pero, son incomodidades necesarias para que aprendamos y crezcamos.
En su primer discurso, en el día de Pentecostés, el apóstol Pedro, lleno del Espíritu Santo, reprendió fuertemente a los judíos diciéndoles: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” (Hch. 2:36). Y ellos respondieron de la siguiente manera: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hch. 2:37). Las palabras de Pedro fueron como aguijones que se clavaron en el corazón de los judíos, por lo cual ellos se compungieron, les pesó esto en su corazón, y se arrepintieron y se convirtieron.
Ahora, he hablado acerca de la interpretación a la que uno puede llegar al leer aquí “aguijones” y “clavos” como objetos afilados. Sin embargo, si meditamos en sus funciones entenderíamos mejor lo que Salomón quiere decir aquí. Los aguijones de los que se habla aquí no son como los de los escorpiones o abejas, sino que son aguijadas o ganchos que se utilizaban para mantener juntas las yuntas de los bueyes. Así mismo, los clavos se utilizan para fijar juntos dos objetos. De esta manera, las palabras de los sabios nos dan la firmeza para andar en el camino correcto, dándonos el sostén necesario. Aunque esas palabras pueden resultar dolorosas cuando nos llaman al arrepentimiento, en realidad nos están ayudando para mantenernos en el camino correcto y hacer lo que Dios quiere que hagamos.
¿Qué deberíamos hacer entonces ante las palabras de los sabios? Leamos juntos el v.12a. Debemos ser amonestados. Es decir, debemos recibir la amonestación que traigan las palabras de los sabios. Escuchemos las palabras sabias de nuestros pastores aunque no nos gusten. Meditemos en ellas con sabiduría, humildad y arrepentimiento. Y que nuestro Pastor Celestial pueda guiarnos a Su voluntad a través de estas palabras. Amén.
Leamos ahora el v.12b. Salomón nos dice aquí que la sabiduría humana genera solo fatiga. Podemos escribir muchos libros con el conocimiento que hemos adquirido. Piensen, ¿cuántos libros han leído durante su vida? ¿Cuántos libros habrá en una biblioteca pública? ¿Cuánto tiempo demoraríamos tratando de leerlos todos? Según Google hay 129 millones de libros en todo el mundo. Por otro lado, BBC Mundo publicó un artículo en 2009, de una señora escocesa que había tomado prestado 25,000 libros de dos bibliotecas públicas de Escocia durante 63 años. Según ellos, la biblioteca de la que ahora es miembro tiene una colección de 300 mil libros, por lo que la señora necesitaría doce vidas más para leer todos los títulos de esa biblioteca solamente, que no tiene todos los libros del mundo. No hay fin en escribir y leer libros, y tampoco esto ayuda a adquirir la verdadera sabiduría. Así que no pensemos que el propósito de nuestras vidas está en adquirir o producir conocimiento, pero escuchemos la conclusión de Salomón a continuación acerca del propósito de la vida del hombre.
II.- El fin de todo el discurso oído (13-14)
Leamos juntos nuevamente el v.13. Salomón concluye diciendo: “El fin de todo el discurso oído es este”, esto significa: “en resumen”, “en conclusión”, “lo que he querido explicar a lo largo de todo el libro es”. Todo el libro de Eclesiastés se puede resumir en lo que Salomón dice a continuación: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.” Después de haber investigado diligentemente, de haber experimentado todo lo que la vida tiene para ofrecer, la conclusión de Salomón es que el propósito de la vida del hombre en esta Tierra está en temer a Dios y guardar Sus mandamientos. No hay nada más que podamos hacer para sentirnos verdaderamente plenos en este mundo.
Salomón lo experimentó todo: la búsqueda de la sabiduría de este mundo, la búsqueda del placer, la búsqueda de las riquezas, la búsqueda del sentido y propósito en el trabajo, etc. Pero nada de esto le hizo sentir satisfecho. Se dio cuenta de que todo esto es vanidad. Nosotros hemos pasado toda nuestra vida en la misma jornada de Salomón. Estamos buscando el sentido y propósito de nuestras vidas en los estudios, en el placer, en las riquezas, en el trabajo, etc. Con la diferencia de que no podemos experimentar estas cosas tan plenamente como lo hizo Salomón por toda la sabiduría, riquezas y poder que poseía. Ninguno de nosotros tendrá la oportunidad de entender la sabiduría como Salomón la entendió. Ninguno de nosotros llegará a experimentar las riquezas como él las experimentó. Ninguno de nosotros disfrutará de los placeres que este mundo ofrece como él los disfrutó. Y sin embargo, la conclusión de Salomón es que todo esto es vanidad, nada de esto es duradero o tiene un propósito verdadero. El único propósito de la vida del hombre, lo único que nos puede hacer verdaderamente plenos y felices es temer a Dios y guardar Sus mandamientos.
¿Qué significa temer a Dios? ¿Es acaso tenerle miedo a Dios por lo terrible que puede llegar a ser su poder? ¡No! Significa tener un respeto reverente a Dios por reconocer quién es Él y lo que puede hacer. Dios es el Creador de todas las cosas. Él nos ha creado a cada uno de nosotros y tiene el control sobre todo lo que pasa en el universo. No se cae un cabello de nuestras cabezas sin que Él lo sepa. No se cae una hoja de un árbol sin que Él lo sepa. Él estableció el orden de todas las cosas en el universo. Él nos formó y determinó nuestros rasgos físicos; nuestras aptitudes mentales; el lugar, la cultura y la familia en la que naceríamos. Él nos ha puesto en este mundo para que cumplamos un propósito específico en Su gran plan y tiene todo el poder para hacer todo lo que quiera con nosotros y con el mundo que nos rodea.
Entonces, ¿qué deberíamos hacer? Respetarlo sabiendo que Él es el Creador Todopoderoso que nos ha puesto en este mundo con un propósito y que puede hacer lo que quiera con nosotros. ¿Cómo podemos hacer esto? Buscando conocerlo cada día más y tratando de conocer y cumplir el propósito específico con el que nos puso en este mundo. Podemos comenzar por algo muy sencillo, cumplir el orden natural que Él ha puesto en nuestras vidas. En mi caso, Dios me ha creado varón, entonces, temer a Dios o respetarlo reverentemente es aceptar que soy un varón creado por Dios. Debo comportarme varonilmente, cumpliendo con los roles que Dios ha establecido para el varón. Debo casarme con una mujer. Ser el líder espiritual de mi familia. Ayudar a mi esposa a encontrar su propósito en Dios también. Procrear hijos. Guiarlos en el camino de Dios como un padre amoroso para que ellos también puedan encontrar su propósito en Dios. Etc. Debo esforzarme por conocer, entender y practicar lo que Dios ha establecido para mí como varón.
Y eso es solamente una pequeña parte de lo que implica respetar a Dios. En general, temer a Dios podría resumirse como esforzarse para conocer su voluntad y ponerla en práctica en nuestras vidas. Yo coloqué el ejemplo en cuanto a mi identidad sexual, que en nuestra época es una muestra de que no hay temor de Dios. Los varones se sienten mujeres y se acuestan con hombres. O se sienten muy machos y andan con muchas mujeres o se ponen a vivir con una sin casarse. No quieren formar familias estables o tener hijos, sino viajar por el mundo y tener mascotas. Las mujeres quieren asumir el rol de hombres en la familia. Quieren liderar la familia espiritualmente. No quieren respetar a sus maridos. Los maridos no aman a sus esposas. En fin, no hay temor de Dios.
Para llegar a temer a Dios, es decir para conocer y respetar la voluntad de Dios, debemos tener una relación personal íntima con Dios. Debemos estudiar profundamente la Palabra de Dios y pasar mucho tiempo en oración delante de Dios. Es la única forma en la que podemos conocer bien la voluntad de Dios y esforzarnos por cumplirla. Si no hacemos esto, no podremos conocer la voluntad de Dios, ni tampoco tendremos el deseo para cumplir Su voluntad, sino que haremos lo que mejor nos parezca. Y esto significa, no tener temor de Dios.
Guardar u obedecer los mandamientos de Dios es parte del temor de Dios. Aunque parece que Salomón está enumerando dos cosas distintas: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos”, en realidad guardar los mandamientos es parte del temor de Dios. Debemos estudiar la Biblia profundamente y procurar con todo nuestro corazón obedecerla. Cuando hacemos esto, conocemos la voluntad de Dios y nos esforzamos por cumplirla.
Uno podría pensar que los mandamientos que debemos guardar son los Diez Mandamientos de Exo. 20. O quizás los 613 mandamientos que los judíos identifican en toda la Ley de Moisés. Pero aquí la palabra mandamiento es sinónima con la voluntad de Dios revelada a lo largo de todas las Escrituras. Así que, los mandamientos que debemos guardar es toda la Biblia. Debemos escudriñar todas las Escrituras y poner en práctica todos los principios, mandamientos y enseñanzas que Dios nos da en ella. Si quisiésemos resumir todos los mandamientos de la Biblia, podríamos hacerlo como lo hizo Jesús en Mat. 22:37-40: “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” Debemos estudiar y aplicar todo lo que la Biblia dice para poder amar a Dios con todo nuestro corazón y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Estos son los mandamientos que debemos guardar.
¿Por qué deberíamos temer a Dios y guardar Sus mandamientos? Salomón nos da dos razones. La primera está en el v.13b. Leámoslo juntos nuevamente por favor. “porque esto es el todo del hombre.” Esto quiere decir, que este es el propósito del hombre. ¿Para qué fue creado el hombre? Para glorificar a Dios. Entonces, la forma en la que nosotros podemos cumplir nuestro propósito sobre la Tierra y glorificar a Dios, es temiendo a Dios y guardando sus mandamientos. Si no respetamos a Dios ni obedecemos Su Palabra, entonces no estamos glorificando a Dios.
La Biblia es el manual del Creador para que el hombre pueda vivir plenamente en este mundo, así como los fabricantes elaboran los manuales para enseñarnos cómo podemos hacer uso adecuado de sus productos. Es importante leer los manuales de las cosas que compramos para saber cuál es la forma óptima de uso y funcionamiento. Así mismo, es importante estudiar profundamente la Biblia para entender cómo podemos vivir de la mejor forma en este mundo y cumplir el propósito con el que Dios nos ha creado. Mucha gente está muy confundida en cuanto a esto, incluso los propios cristianos se confunden porque no estudian profundamente la Biblia. Estudiemos diligente y profundamente la Palabra de Dios, orando continuamente para que Dios nos revele Su voluntad y que podamos vivir con el propósito para el cual fuimos creados. Amén.
La segunda razón está en el v.14. Leámoslo juntos por favor. Dios es Juez Justo. Él juzgará todo lo que hayamos hecho en este mundo y Él conoce aún nuestros pensamientos más íntimos y las acciones más secretas que hayamos hecho y que nadie conoce. Él es quien decidirá nuestro destino eterno. Así que nos conviene vivir respetándole y obedeciendo Sus mandamientos para que no tengamos nada de qué avergonzarnos en el Día del Juicio. Sea como sea, todos pasaremos por el juicio de Dios. Si no has aceptado a Jesús como tu Señor y Salvador, irás al juicio ante el Gran Trono Blanco, donde será demostrado el porqué de tu condenación (Apo. 20:11-15). Si hemos aceptado a Jesús como nuestro Salvador, iremos al Tribunal de Cristo donde Dios nos dará diferentes coronas o recompensas de acuerdo a lo que hayamos hecho (2Co. 5:10). Así que temamos a Dios y guardemos sus mandamientos para que no tengamos nada de qué avergonzarnos en el Día del Juicio, sino que podamos oír de nuestro Creador: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” (Mat. 25:23)
En conclusión, el propósito y significado de la vida del hombre está en respetar a Dios y obedecer Su voluntad revelada en la Biblia. Así que debemos estudiar diligente y profundamente la Biblia, poniendo en práctica cada día lo que aprendemos en ella. Esta es la única manera en que nos sentiremos realmente satisfechos en este mundo y heredaremos la vida eterna gracias al sacrificio redentor de Jesús. Oro para que cada uno de nosotros pueda temer y amar a Dios con todo su corazón y que luchemos cada día por obedecer Su Palabra, de modo que Panamá se convierta en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén.
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P. Hugo Hurtado (VE)
( 20 de noviembre de 2020 )
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