Éxodo 17:8-16

17:8 Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim.
17:9 Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano.
17:10 E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado.
17:11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.
17:12 Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.
17:13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
17:14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.
17:15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová- nisi;
17:16 y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.

ASÍ ISRAEL TUVO LA VICTORIA


¡Buen día hermanos! ¡Bienvenidos al Servicio Dominical de hoy domingo 08 de agosto!  En esta ocasión tendremos una lectura especial basada en Éxodo 17. 

En mayor o menor medida, todos nosotros estamos atravesando una situación difícil y estamos enfrentando batallas en todos los sentidos. Tenemos batallas en lo personal pero también en lo colectivo. Estamos pasando batallas físicas y también espirituales. Hay un enemigo en nuestra contra, que nos quiere destruir, en especial a aquellos que hemos confesado a Jesús como nuestro Señor y Salvador. Y aunque seguramente ya te has dado cuenta de esto, quizá no estás luchando de la forma más idónea, bien sea porque no sabes o porque has olvidado cómo hacerlo. Por eso es importante que prestes mucha atención al pasaje de hoy. 

En la palabra de hoy veremos cómo luchó el pueblo de Israel frente a sus enemigos en el desierto, y aprenderemos “¿cómo Israel tuvo la victoria?”. Les pido que no pierdan de vista esta pregunta y los animo a que en el trascurso del mensaje vayan anotando lo que ustedes piensen que es la respuesta. Lo más importante no es solo que hallemos la respuesta, sino que también vayamos revisando nuestra vida tratemos de entender en qué estamos fallando y estemos dispuestos a corregirlo. Oro que en este proceso todos contemos con la guía del Espíritu Santo ¡Amen! 

  1. ISRAEL EN EL DESIERTO

Leamos el v.8 “Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim” Durante 400 años el pueblo de Israel fue esclavo en Egipto. Pero debido a que ellos eran el pueblo escogido de Dios, el Señor intercedió y los liberó por medio de muchos milagros. No solo fueron las 10 plagas que Dios envió antes, para que Faraón los dejara ir, sino que luego de su salida, Dios fue haciendo otros milagros que le permitieron la libertad, por ejemplo, dividió y les ayudó a cruzar entre el Mar Rojo cuando sus enemigos los tenían acorralados. La idea era que Israel saliera de Egipto y fuera a la tierra prometida, que era Canaán, y para que los guiara en este proceso, Dios Levantó a Moisés como su líder.

El viaje desde Egipto a Canaán podía hacerse en 15 días, sin embargo, a este Israel le tomó 40 años. En 40 años pasaron muchas cosas, y este libro, el libro de Éxodo, nos relata gran parte de lo sucedido. Hasta este capítulo (Éxodo 17) podemos ver que Dios no desamparó a Israel en su viaje, más bien los acompaño en todo momento, de día se manifestaba como una columna de nube, que no solo los guiaba, sino que les daba sombra ante el inclemente sol del desierto. Mientras que de noche Dios se mostraba como una columna de fuego que los calentaba de las frías noches del desierto. El Señor también los alimentaba y para ello les dio el maná, que era un “pan” que caía del cielo cada día y que sin necesidad de sembrar podían recoger cada mañana para su sustento. Sin embargo, el pueblo no era agradecido, al contrario, ante cualquier problema se quejaba de Dios e iban contra su líder Moisés. Ejemplo de esto es lo que podemos leer en la primera parte de este capítulo. Allí ellos se quejaron porque tuvieron sed, y en esa ocasión Dios también los sustentó, dándoles agua de una piedra que estaba en Horeb.

Sé que te estás preguntando por qué Israel se tardó tanto en un viaje que técnicamente era tan corto. Créeme que no sos el único. Cada persona que conoce la historia de este pueblo se hace la misma pregunta. Y la respuesta no es tan corta, tiene varias aristas, y la razón práctica es que se encontró muchos obstáculos en el camino, principalmente los enemigos que le hicieron guerra. Como lo vemos en el v.8, en esta ocasión caso fueron los amalecitas los que le hicieron la guerra. Y antes de aprender cómo Israel tuvo la victoria frente a este enemigo, quiero decirte que esto no solo se trata de la historia de un pueblo, sino que lo vivido por Israel es un reflejo de lo que pasamos, como pueblo de Dios. 

Así como Israel, nosotros antiguamente también éramos esclavos, no de Egipto, sino de nuestro pecado que nos tenía presos, también de alguna relación nociva, del rencor que llevábamos en nuestro corazón, de alguna herida que nos hicieron, etc. Cada uno de nosotros tiene su propia historia, pero lo común es que éramos esclavos y Dios, en su infinita misericordia, así como a Israel, también a nosotros nos ha sacado de nuestra esclavitud. Sin embargo, hermanos, aunque Dios también nos ha prometido un lugar (y esto no solo significa el cielo, sino que también puede ser una promesa en esta tierra) en cierto sentido, antes de llegar allí, también tenemos que pasar un desierto en que hay muchos obstáculos que nos impiden avanzar. El enemigo nos está haciendo la guerra. Lastimosamente, muchas veces nos comportamos como Israel, y nos quejamos por nuestra situación. En lugar de estar agradecidos por cómo Dios nos ha estado ayudando. Muchas veces nos enfocamos en ver el problema y en quejarnos por eso, pero no hacemos ni el mínimo esfuerzo en darle las gracias a Dios por sacarnos de nuestro lugar de sufrimiento, por guiarnos con su palabra, por protegernos del mal y por alimentarnos día a día. Por eso, antes de aprender cómo puedes tener la victoria en la guerra, lo primero que todos nosotros debemos corregir es nuestra actitud en el desierto. Cambia el desánimo por fe. Cambia la queja por agradecimiento. Sácate esa mentalidad de esclavo, deja de estar anhelando ese pasado y vive como hombre (o mujer) libre, con la esperanza puesta en la promesa de Dios. No le cuestiones a Dios el tiempo que te deje en el desierto, déjalo que él haga su trabajo, confía que lo permite por tu bien ¡Amén!

  1. ISRAEL VENCE A AMALEC

Leamos los vv.9,10 “Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado.” Como les dije al principio, Moisés era el líder de Israel, pero él no estaba solo, sino que tenía colaboradores. Su principal colaborador era Josué. De manera que, cuando los amalecitas vinieron a hacerle guerra a Israel, Moisés como líder trazó un plan y Josué como su colaborador lo siguió en obediencia. El plan de Moisés consistía en que cada uno de ellos tomaría un frente de batalla, por un lado Josué iría al campo de batalla con el ejército, pero por otra parte, Moisés subiría a la montaña a orar a Dios.

Es así como aprendemos los dos primeros aspectos de cómo vencer en nuestras batallas: por una parte, es necesario que nos colaboremos los unos a los otros, cada uno tomando su función, pero todos con el mismo objetivo: que es tener la victoria. Es un error creer que podemos ganarle al enemigo si peleamos solos, al contrario, solos somos una presa fácil. Fíjese que cuando un depredador ataca a una manada ¿a quién escoge para morder? ¡Al que está solo! Porque ese es el más vulnerable. Por algo Dios nos reunió a todos los cristianos bajo un mismo techo. Dios no creó la iglesia como la unión de muchas personas para que nos estuviéramos peleando, como muchas veces pasa, una de las razones por las que Dios nos puso juntos es para que estemos más seguros ante el enemigo, para que nos apoyemos unos a otros. Por eso la biblia dice en Eclesiastés 4:10 “¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante”. Lo otro que aprendemos en esta parte de la palabra, es que nuestras batallas tienen varios frentes y debemos pelear en cada uno de ellos. Por una parte, debemos actuar como Josué y por otro lado debemos orar a Dios como Moisés. Muchas veces nosotros trabajamos en uno solo de los frentes y esto es un error que prácticamente nos condena a la derrota. No podemos actuar sin orar, tampoco podemos orar sin actuar. Debemos hacer ambas cosas en equilibrio. Pero de esto vamos a aprender más a continuación.

         Leamos los vv. 11,12 “Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.” En la batalla contra los amalecitas hubo momentos en que estaba ganando Israel y en otras ocasiones ganaba Amalec ¿de qué dependía esto? Si Moisés alzaba los brazos o no. No es que haya algo místico en levantar los brazos, esto lo que representa es el momento de la oración. Pero lo que significa es que si nosotros en nuestras batallas dejamos de orar, el enemigo (Satanás) va a prevalecer, quizá no lo veas inmediatamente, o no lo veas físicamente, pero tarde o temprano Satanás va a ganar. Pero por otro lado vemos que, si nosotros oramos a Dios en medio de una batalla y es su voluntad vamos a ganar. No quiero decirte que solo orar es una garantía de victoria, pues no es cierto, para que efectivamente ganemos además de orar esa debe ser la voluntad de Dios. Pero el punto acá es que es nuestro deber orar y dejar que Dios haga el resto. Repito: es nuestro deber orar… El detalle es que la oración requiere un esfuerzo y como nosotros somos débiles, nos cansamos. Moisés se cansaba de tener los brazos arriba y por eso los quería bajar, y es allí donde es importantísima la labor de Aarón y Hur, también colaboradores de Moisés. Ellos le ayudaron para que no bajara los brazos ¿qué hicieron? le colocaron una piedra abajo para que se sentara y sostuvieron sus manos. Fíjense bien en la labor de Aarón y Hur, con sus propias fuerzas ellos sostuvieron a Moisés cuando el no podía, pero bajo ningún concepto le permitieron dejar de clamar a Dios. 

         Y en todo esto tenemos dos grandes perlas que aprender. Una es reconocer que a veces nos cansamos de luchar, es de humanos cansarse, pero esto no debe ser motivo para abandonar la lucha, tampoco para bajar la intensidad. La biblia dice que enemigo está corriendo tras nosotros como un león va tras su presa, buscando devorarnos; él no descansa, ojalá lo hiciera, sería genial tener al menos un día sin la obra de Satanás. Pero como él no va a tomarse un descanso, nosotros tampoco debemos hacerlo, el lema es nunca bajar los brazos. Sin embargo, como somos débiles, vamos a tener momentos en que necesitaremos apoyo. Gracias a Dios que nos ha dado a nuestros hermanos para que nos ayuden. Pero ¿qué significa que alguien nos levante los brazos? Significa que oren por nosotros, pero también con nosotros. Esto significa que de alguna manera u otra nos animen a buscar a Jesús y no nos dejen salirnos del camino de la fe. Hace un rato les decía que debemos actuar como Josué y orar como Moisés, pero ahora, adicionalmente, les animo a ser el apoyo de otros como lo hicieron Aarón y Hur. Sé que este mundo actualmente nos empuja al individualismo, pero nosotros los cristianos tenemos que ser diferentes y más que pensar solo en nosotros, debemos interesarnos por el bienestar de nuestro hermano. No es una opción, es nuestro deber ayudarle. Por lo tanto, si algún hermano abandona la lucha porque se cansó y no hubo quien le ayudara, toda la iglesia es culpable.

         Me he estado dando cuenta que muchos de nosotros estamos cansados de ciertas luchas. Muchas asociadas a la pandemia, otras no, porque son personales. Incluso confieso que a veces me cansa toda esta situación. Ha sido una lucha fuerte hacer la obra de Dios en medio de esta coyuntura. Y aunque con todas mis fuerzas levanto mis manos, a veces quiero bajarlas. No les digo esto para que se asusten, porque gracias a Dios, él con su palabra me ha sostenido y sé que me seguirá sostenendo. Solo quiero que quede claro que, empezando por mí, ninguno de nosotros está exento del cansancio, por eso necesitamos apoyarnos. Yo les pido encarecidamente su apoyo, especialmente en oración, para que Dios me guarde y yo pueda ser un buen líder para que juntos ganemos esta y muchas otras batallas. Pero también les ruego que oren por los demás líderes y les apoyen, porque ellos también se cansan y están luchando. Pero más concretamente, el mensaje es que todos nos ayudemos. No se cohíba de ser sincero en su debilidad, muchas veces queremos aparentar fortaleza para no parecer débiles, pero aún nuestro Señor Jesús nos mostró su debilidad. Si usted necesita apoyo hágalo saber, acá esta una iglesia entera que puede y quiere apoyarle ¡Amén!

         Leamos juntos el v.13 “Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.” Me encanta el verbo que se usa para referirse a la victoria de Israel: “…deshizo…” porque no solo significa que Israel ganó la batalla, sino que destruyó completamente al enemigo. Fíjese que la batalla tuvo un inicio y un final, no fue para siempre. Incluso todo el trayecto de Israel hacia la tierra prometida también tuvo inicio y fin. Lo cual nos da la esperanza que la(s) lucha(s) que estás atravesando hoy día, no son para siempre, algún día van a finalizar. Lo importante, y es a lo que vinimos hoy, es que batallemos de la manera correcta, por eso lo más idóneo es que retomemos aquella pregunta que les hice al principio: ¿cómo Israel tuvo la victoria? Algunos dirán que fue gracias al liderazgo de Moisés, otros pensarán que fue gracias a la espada de Josué y habrá quienes piensen que ocurrió gracias a Aarón y a Hur. Pero no precisamente fue así, pues el primer lugar de esta respuesta la debe ocupar Dios.

         Si usted lee el v.15, una de las cosas que hizo Moisés después de la victoria fue alabar a Dios a través de un altar y lo llamó Jehová-nisi que traducido es «el Señor es mi bandera». Esto significa que Moisés honraba a Dios como el autor de la victoria sobre los amalecitas. Por eso digo que esta es la primera razón por la cual Israel ganó y es la principal razón por la cual nosotros también tendremos victoria. Pero hay varios motivos que también se alinearon para que Israel ganara y efectivamente fueron: el liderazgo y oración de Moisés, la obediencia y la espada de Josué, y el apoyo de Aarón y Hur. E intencionalmente he dicho que se “alinearon” porque es claro que, si alguno de estos tres elementos no hubiese estado, la victoria no hubiese sido posible. 

Por lo cual el llamado hoy es muy concreto: primero, confiemos en Dios y tengámoslo como como nuestra bandera, crea firmemente que él es quien nos dará la victoria. Segundo, actúe como lo hizo Josué, métase en el campo de la batalla, haga lo que le toque hacer. Tercero, ore como Moisés, no baje nunca los brazos, aunque le duela. Cuarto, apoye a sus hermanos como Aarón y Hur, sosténgalos para que no desfallezcan. Confíe-actúe-ore-apoye ¡Amén!

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