Eclesiastés 1:12-18

1:12 Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén.
1:13 Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él.
1:14 Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.
1:15 Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse.
1:16 Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia.
1:17 Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu.
1:18 Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.

LA VANIDAD DE LA SABIDURÍA HUMANA


Buenos días. La semana pasada aprendimos acerca de la vanidad de la monotonía de la vida. Salomón observó la vida del hombre y la Tierra misma en la que vivimos y concluyó que todo era cíclico y monótono. Nuestra vida en esta Tierra es temporal, muy breve; y la Tierra misma, aunque parece eterna con respecto a la vida del hombre, también tendrá su fin. Así que todo lo que hay en este mundo y todo lo que podamos hacer aquí es vanidad. Nunca podremos hallar el significado y propósito de nuestras vidas en este mundo, porque todo aquí es temporal. Sólo podemos hallar el significado y propósito de nuestras vidas en Dios, en Su Palabra y Su Reino que son eternos. Oro para que quitemos nuestra esperanza de esta vida temporal y monótona, y la pongamos en Dios, en Su Palabra y en Su Reino que permanecen para siempre. Amén.

Hoy aprenderemos acerca de la vanidad de la sabiduría humana. El ser humano se ha volcado a buscar el significado y propósito de la vida en la sabiduría, el conocimiento y el avance de la ciencia. El propósito de la ciencia es dar significado y sentido a esta vida y ayudar a mejorar las condiciones en las que vivimos en este mundo. Y aunque la ciencia en sí misma no es mala, lo que está mal es tratar de conseguir el significado y propósito de nuestras vidas en ella, especialmente sacando a Dios de la ecuación. El conocimiento humano es limitado y temporal, y sin importar cuánto conocimiento y sabiduría acumulemos en este mundo, no podremos responder satisfactoriamente las preguntas cruciales de la vida del hombre: ¿Quién soy yo? Y, ¿para qué estoy aquí en la Tierra? 

De hecho, en la época del Renacimiento, al salir del Oscurantismo, la promesa de la Ilustración era que conseguiríamos las respuestas a estas preguntas en el avance de la ciencia y el conocimiento humano, fuera de Dios. Sin embargo, esta fue una de las grandes mentiras de la modernidad. A pesar de que la ciencia y el conocimiento humano han avanzado mucho, esto no nos trajo el bienestar, la felicidad y el propósito prometidos. Aunque tenemos mayores comodidades en el mundo, aunque podemos vivir mejor y por más tiempo; la modernidad con su industrialización, trajo contaminación, bombas nucleares, armas biológicas, aborto, y declaró a través de 
Friedrich Nietsche: “Dios Está Muerto”. La sabiduría humana aunque puede traer algún bienestar consigo también trae sufrimiento, dolor y envanecimiento. Y nos ha llevado a dudar de la existencia de Dios.

Ya Salomón había concluido hace más de tres mil años que la búsqueda del significado de la vida y del propósito del hombre en este mundo a través de la sabiduría humana era vanidad y aflicción de espíritu. Yo oro para que a través de este mensaje podamos comprender bien esto y que busquemos el significado y propósito de nuestras vidas en Dios y en Su sabiduría. El Señor nos dé sabiduría de lo alto para vivir en este mundo conforme a su propósito. Amén.   

I.- El penoso trabajo que Dios dio al hombre  (12-15)

Miren el v.12. El autor de Eclesiastés nos recuerda aquí su identidad. El filósofo autor de este libro era nada más y nada menos que Salomón, rey sobre Israel en Jerusalén. Salomón tuvo una posición única en este mundo para reflexionar acerca del significado de la vida. Si bien ha habido muchos grandes filósofos en la historia de humanidad, ninguno ha tenido la sabiduría de Salomón como lo declaró el propio Dios al darle este don: “he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.” (1R. 3:12). Tampoco otro filósofo ha dispuesto de las riquezas y gloria de las que Salomón disponía como declara 1R. 10:23: “Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.” Y de hecho, todos los grandes de la Tierra de su época venían a Salomón con regalos para escuchar su sabiduría: “Toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón. Y todos le llevaban cada año sus presentes: alhajas de oro y de plata, vestidos, armas, especias aromáticas, caballos y mulos.” (1R. 10:24-25). 

Entonces, Salomón, el filósofo autor de este libro, tuvo una posición única en este mundo para reflexionar acerca del significado y propósito de la vida del hombre, siendo el hombre más sabio que existirá jamás, y teniendo riquezas y fama increíbles, además de disponer de mucho tiempo para reflexionar en ello. Así que Salomón tuvo la sabiduría y recursos que nadie en este mundo jamás tendrá para reflexionar y concluir con autoridad cuál es el significado de la vida del hombre y cuál es su propósito en este mundo. Veamos a continuación qué hizo con esta sabiduría y recursos que tenía a su disposición. 

Miren el v.13. Salomón se dedicó con toda diligencia a buscar cuál es el significado de la vida del hombre y el propósito por el cual está en este mundo. Estas son preguntas difíciles que todos nos hemos hecho en algún momento, consciente o inconscientemente. Y muchos pasan toda su vida buscando la respuesta. Incluso Salomón dedicó mucho tiempo de su vida a intentar entender esto. Resultando ser un trabajo “penoso”, pues en esa búsqueda de significado muchas veces nos sentimos confundidos, perdidos, y experimentamos muchos sufrimientos y frustración. Y así precisamente lo describe Salomón. 

Miren el v.14. Él estuvo observando y reflexionando acerca de todas las cosas que podemos hacer en este mundo para encontrar el significado de la vida y el propósito que tenemos aquí en la Tierra. Entre sus contemporáneos veía que algunos se convertían en soldados para luchar por su reino. Otros eran artesanos que con sus manos hacían lo que otros necesitaban para realizar sus actividades diarias. Otros eran agricultores y pastores que con el fruto de sus manos alimentaban a su familia y a otros. Había maestros que enseñaban a la siguiente generación. Había médicos que ayudaban a salvar vidas. Y así observó todo aquello en lo que uno puede dedicar su vida para tratar de buscar su significado y propósito en este mundo. Pero, se dio cuenta que nada de esto daba verdadero significado y propósito a la vida del hombre. Así que concluyó que “todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.”

Aquí la palabra vanidad tiene el significado de “sin provecho” o “sin propósito”, “fútil”. Nada de lo que hagamos en este mundo podrá darnos el significado de la vida y el propósito por el cual estamos en este mundo. Aunque nos convirtamos en prominentes médicos y salvemos muchas vidas, ese no es el significado ni el propósito real de nuestras vidas. Aunque seamos grandes científicos que hacen algún descubrimiento que cambie el curso de la humanidad, ese no es el significado y propósito de la vida. Aunque seamos artistas inspirados como Shakespeare o Miguel De Cervantes, y creemos obras literarias que aún entretienen e inspiran a la humanidad, este tampoco es el significado y propósito de la vida. No estamos en la Tierra para ayudar a otros a vivir mejor su vida efímera en este mundo, o para que la puedan alargar unos años. No estamos aquí para inspirarlos o entretenerlos. Aunque todo esto es bueno y necesario. La humanidad necesita doctores prominentes que salven vidas. La humanidad necesita científicos destacados que hagan grandes aportes en el mundo. La humanidad necesita gente que los inspire y entretenga. Sin embargo, en nada de eso hay provecho real. Ese no es el verdadero propósito de nuestras vidas en este mundo. Todo esto es vanidad. 

También dice Salomón que todo ello es aflicción de espíritu. La frase hebrea que aparece aquí también podría traducirse como: “Correr detrás del viento (para alcanzarlo)” o “golpear el viento”. Esto quiere decir algún vano y frustrante. Tratar de conseguir el significado y el propósito de la vida en la sabiduría humana o en una profesión en este mundo termina siendo frustrante. Sobre todo si ponemos todo nuestro empeño en ello, esperando obtener este resultado. En la universidad, yo estudiaba cada día y me esforzaba con mucho trabajo y desvelos porque quería la satisfacción de obtener mi título. Y mi carrera me costó mucho. Demoré ocho años en graduarme. Pasé muchos días sin dormir. El día de mi graduación estaba muy emocionado. Fue una gran alegría. Pero, ¿de qué sirvió todo eso? La alegría terminó muy rápido, y por ahí está mi título de Profesor de Química de la República Bolivariana de Venezuela guardado en el closet.

No quiero que me malinterpreten. Es necesario estudiar en la universidad. Es necesario esforzarnos en lo que hacemos y hacerlo bien. Pero no debemos poner todas nuestras esperanzas en ello. No debemos intentar conseguir el significado y el propósito de nuestras vidas en ello. No sabemos cuál sea la voluntad y el propósito de Dios para nosotros. Mi esposa también se esforzó mucho para obtener su título de Actuario. Ella también sacrificó bastante. Ella también se emocionó bastante el día de su graduación. Y todavía está usando su título y lo que aprendió en su carrera para su trabajo. Pero también sabe que vivir solo para esto es aflicción de espíritu.

Nuestra carrera universitaria es el medio para obtener un buen trabajo que nos permita vivir sin tantos sufrimientos en esta vida. Pero no debemos pensar nunca que ese es el propósito de nuestras vidas. Estudiemos mucho. Trabajemos duro. Pero no olvidemos el verdadero significado y el propósito de la vida porque si no, terminaremos frustrados. Pues, las cosas que hacemos en esta vida no tienen un impacto real y duradero. No pueden cambiar lo que Dios ha hecho. Como dice Salomón a continuación. 

Miren el v.15. Aquí Salomón está hablando de la capacidad que tiene la sabiduría humana para resolver las cuestiones de la vida. A pesar de todos los esfuerzos del hombre, la sabiduría humana tiene limitaciones. Tenemos un refrán que dice: “Árbol que nace torcido, nunca su tronco endereza”. Eso es lo que está diciendo aquí Salomón con su primer refrán. Lo que ha nacido torcido, nosotros no podemos enderezarlo. Si un árbol creció torcido, aún con toda la ciencia que tenemos en la actualidad, no podemos enderezarlo. Podremos corregir su curso, y hacer que sea derecho de ahora en adelante. Pero lo que está torcido se queda torcido. Si tratamos de enderezarlo, lo más que podríamos hacer sería romperlo. 

El segundo refrán de Salomón es más difícil de traducir y entender. Podríamos traducirlo como: “lo deficiente no puede contarse.” Pensando, quizás, en la forma de medida. El ser humano mide con respecto a patrones. En la actualidad usamos como patrón de medición de masa el kilogramo, y lo tenemos bien subdividido de forma tal que podemos medir cualquier cantidad de masa, así sean microgramos o toneladas, siempre que tengamos el instrumento con la calibración adecuada. Pero en la época de Salomón los patrones de medida eran más limitados. Y si el material a medir no alcanzaba al patrón, no podía medirse o contarse. Otra forma de interpretar este refrán, es como la hace la NVI y la mayoría de las traducciones modernas: “…ni se puede contar lo que falta”. Aún con toda nuestra sabiduría no podemos contar lo que falta porque no sabemos cuánto falta. Nadie puede contar los días que le restan de su vida porque no sabe cuántos serán. Nadie puede contar lo que nos falta por gastar o ganar porque no sabemos lo que depara el futuro. Así que la sabiduría humana tiene serias limitaciones en cuanto a lo que puede lograr. No podemos confiar en ella para encontrar el significado y el propósito de la vida, esto es vanidad y aflicción de espíritu.

II.- La molestia y el dolor de la sabiduría humana (16-18)

Miren el v.16. ¿Cómo terminó Salomón buscando el significado y propósito de la vida en las cosas de este mundo, habiéndole dado Dios el don de la mayor sabiduría que ha existido? Esta pregunta se responde en este versículo. Aunque Dios le dio a Salomón una sabiduría sin igual, éste se envaneció y se ensoberbeció pensando que tenía la sabiduría suficiente para entender este mundo fuera de Dios. Así que se dedicó a buscar y a experimentar todo lo que este mundo tenía para ofrecer, esperando encontrar el significado de la vida del hombre y su propósito en este mundo como nos dice en el siguiente versículo.

Miren el v.17. En lugar de usar la sabiduría que Dios le había dado para analizar profundamente las Escrituras y enseñarlas al pueblo, Salomón decidió usar este don divino para analizar todo el mundo a su alrededor y escuchar toda clase de locuras y desvaríos que hablaban los paganos acerca del significado de la vida. Él empezó a escuchar que algunos decían que el propósito del hombre estaba en la naturaleza, y empezó a estudiar con detenimiento la naturaleza y la encontró cíclica y monótona. Escuchó de otros que el propósito del hombre en este mundo era encontrar la sabiduría y adquirir todo el conocimiento, y esto también lo intentó, como podemos ver aquí. Escuchó de otros que el verdadero propósito era el placer, y se fue tras ello, como aprenderemos la próxima semana. Él intentó todo lo que escuchaba, hasta las mayores locuras, y de esas experiencias de vida escribió este libro. 

Aunque la gracia de Dios usó las experiencias de Salomón para dejarnos este precioso libro de la Biblia, él malversó el don que Dios le había dado. Nosotros no debemos hacer así con los dones que Dios nos ha dado. Hay gente que Dios les ha dado el don para la música, y en lugar de usarlo para alabar a Dios y guiar a otros a la alabanza a Dios, lo usan para cantar cosas que no convienen o incluso para lo satánico. A otros les ha dado Dios el don de gran inteligencia y sabiduría, pero lo usan para tratar de demostrar que Dios no existe. A otros, Dios les ha dado el don de la enseñanza, y en lugar de usarlo para enseñar la Palabra de Dios a otros, lo usan para enseñar cualquier otra cosa. Sea cual sea el don que Dios nos ha dado, debemos usarlo para Él y para su obra como nos aconseja el apóstol Pedro: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (1 P. 4:10-11)

¿Cuál fue la conclusión de Salomón al malversar el don de Dios y usarlo para buscar el significado y el propósito de su vida en la sabiduría? Miren el v.18. En la sabiduría humana no se halla satisfacción ni contentamiento, sino molestia y dolor. Cuanto más sabemos de este mundo, más sufrimos. Antes la gente no se enteraba de las atrocidades que pasaban la gente que estaba en guerra, o los que estaban sufriendo en países extremistas; ahora, hasta videos tenemos de cómo son torturadas y asesinadas las personas. Gracias al internet y a las redes sociales nos enteramos de todo lo que está pasando en el mundo, y sufrimos. 

Aunque no lo crean, la gente ignorante es más feliz. Pueden ver la felicidad de los niños, por ejemplo. Ellos no saben mucho acerca del mundo y de la vida, y de todos los sufrimientos y preocupaciones que nosotros pasamos. Ellos pueden jugar muy tranquilos con agua junto a la corriente eléctrica porque no conocen la capacidad conductora de corriente del agua y lo que duele aquello. Un niño puede salir corriendo tranquilamente con un cuchillo, porque no sabe el riesgo que eso representa. ¿Y los padres? Andan sufriendo y angustiados detrás de sus hijos tratando de apartarlos del peligro. El conocimiento trae consigo angustia y dolor.

David L. Goodstein comienza su libro titulado “Estados de la Materia” de la siguiente forma: “Ludwig Boltzman, quien pasó gran parte de su vida estudiando mecánica estadística, murió en 1906 por su propia mano. Paul Ehrenfest, que continuaba con el trabajo, murió de manera similar en 1933. Ahora es nuestro turno de estudiar la mecánica estadística. Quizás sea prudente abordar el tema con cautela.” Aunque escribió esto a manera de broma, pueden ver que dos prominentes científicos se suicidaron. El mucho conocimiento trae dolor y sufrimiento. Y así hay muchos otros casos de gente que ha sido exitosa en su carrera, Robin Williams, por ejemplo, cuyo suicidio tomó a todos por sorpresa. ¿Por qué se suicida esta gente? Entre otras causas, porque no encuentran el significado y propósito de la vida en lo que están haciendo. Aunque han triunfado en ello, solo hallan insatisfacción y frustración.   

Nada de lo que hagamos en este mundo nos va a ayudar a encontrar el significado y el propósito de la vida, ni siquiera la mucha sabiduría humana y el conocimiento. Si Salomón con toda su sabiduría y capacidad para entender este mundo, no pudo hallar sino molestia y dolor en esto, ¿cuánto más nosotros con nuestra capacidades limitadas?

 La única sabiduría que puede ayudarnos a encontrar el significado y el propósito de la vida, es la sabiduría de Dios. Como dice el propio Salomón en Pr. 9:10: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.” Conocer a Dios íntimamente y respetar el orden que Él ha establecido en este mundo son los principios para adquirir la verdadera sabiduría para vivir en esta Tierra, para encontrar el significado de la vida y el propósito por el cual estamos en este mundo. También dice el salmista: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su loor permanece para siempre.” (Sal. 111:10). La verdadera sabiduría viene al obedecer la Palabra de Dios. Así que para poder hallar el significado y el propósito de nuestras vidas debemos buscar la sabiduría divina teniendo una relación personal con Dios y obedeciendo su Palabra cada día de nuestras vidas.

Yo estudié mi pregrado, me gradué de la universidad en Venezuela como profesor, y trabajé durante unos 10 años en esa profesión. Cuando vine a Panamá dejé la docencia y he trabajado durante 10 años en una oficina. Hice una maestría para entender mejor el negocio en el que estoy trabajando. Y aunque he estudiado y trabajado mucho, estoy claro que ese no es el significado de mi vida ni mi propósito en este mundo. Esos solo son los medios para poder ganarme el pan para mí y para mi familia. El verdadero propósito de mi vida lo encontré aún antes de entrar en la universidad cuando acepté a Jesucristo como mi Señor y Salvador. Él ha ido dando sentido y propósito a mi vida. La verdadera razón por la que estoy en este mundo es para tener una relación personal con Dios, para conocerle cada vez más íntimamente y para darle a conocer también a otros. Y para eso me llamó Dios también a UBF. Para ser pastor de las ovejas universitarias. También me reveló su propósito específico para mi vida al llamarme como misionero a Panamá para llevar el mensaje del evangelio a los jóvenes universitarios panameños.

Esto es lo que debió haber hecho Salomón. Estudiar la Biblia profundamente, ponerla en práctica en su vida y enseñarla a otros. Y aunque yo no tengo la sabiduría de Salomón, oro para que Dios me pueda dar la sabiduría para recordar cuál es Su propósito para mí en este mundo, al pasar tiempo con Él en oración y a través de leer las Escrituras. Y también que me recuerde cada día que debo vivir y predicar el reino de Dios con toda diligencia. Yo oro también para que cada uno de nosotros abandone cualquier esperanza de hallar el significado y el propósito de la vida en la sabiduría de este mundo, y que pongamos todo nuestro empeño en hallarlos en Dios y en Su Palabra. Que el Señor revele Su propósito en cada uno de nosotros mientras trabajamos juntos para el propósito de Dios de convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.

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