Efesios 6:18-20
6:18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;6:19 y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,
6:20 por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.
ORANDO EN TODO TIEMPO
Buenos días. La semana pasada aprendimos que debemos vestirnos con toda la armadura de Dios: Ceñirnos con el cinto de la verdad, vestirnos con la coraza de justicia, calzarnos con el apresto del evangelio, tomar el escudo de la fe, colocarnos el yelmo de la salvación y tomar la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Así nos fortaleceremos en el Señor y en el poder de Su fuerza. Yo oro para que cada uno de nosotros tenga bien puestas cada una de las piezas de esta armadura y que podamos resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Amén.
Hoy aprenderemos cómo Pablo añade la oración a la armadura de Dios. Vestirnos con la armadura de Dios no es una operación mecánica, es una expresión de nuestra dependencia de Dios, en otras palabras, implica oración. Hoy veremos la importancia capital de la oración para la batalla espiritual que estamos librando. Yo oro para que cada uno de nosotros se mantenga orando en todo tiempo, con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos. Y que de esta forma, estemos completamente preparados para la batalla espiritual, fortalecidos en el Señor y en el poder de Su fuerza. Amén.
I.- La oración abarcadora: en todo tiempo, con toda oración, con toda perseverancia, por todos los santos (18)
Miren el v.18. El apóstol Pablo añade la oración a la armadura de Dios. Pero podemos ver que no la identifica con una pieza de la armadura, aunque algunos comentaristas piensan que la oración impregna toda la armadura, o es lo que mantiene unida la armadura, así que en este sentido sería parte de ella. Otros, interpretan que la oración es la forma de ponerse la armadura, pues sin oración no podemos tener bien ceñida la verdad de Dios en nuestras vidas, la justicia de Dios en nuestros corazones, la salvación en nuestras mentes, la fe delante de nosotros como escudo, la prontitud en predicar el evangelio en nuestros pies, ni la espada de la Palabra de Dios para defendernos y atacar. Y otros, en cambio, interpretan la oración como la estrategia para la batalla espiritual.
Francamente creo que la oración es todo esto y más. La oración es la forma de vestirnos la armadura de Dios. La oración es la forma de reforzar nuestra armadura porque, por medio de la oración, podemos entender y apropiarnos de la verdad de Dios, y podemos ser más honestos y sinceros con Dios y con nuestros hermanos; podemos entender y apropiarnos mejor de la justicia de Dios en Cristo Jesús, y podemos ser más íntegros en nuestra vida cristiana; podemos tener mayor disposición y prontitud para predicar el evangelio; puede crecer y fortalecerse nuestra fe; podemos estar cada vez más seguros de nuestra salvación y tener más esperanza en llegar al Reino de Dios; y podemos aferrarnos más a la Palabra de Dios para defendernos de los ataques de Satanás, y para usarla más efectivamente para rescatar a las almas. Así que la oración nos viste, nos ciñe, refuerza y repara nuestra armadura para la batalla espiritual. Pero, un poco más adelante veremos que la oración también es la estrategia para pelear esta batalla espiritual. Por ahora, veamos cómo debe ser esa oración.
Como puede ver en el título de esta sección, la oración debe ser abarcadora. Y esto se manifiesta por los cuatro “todos” que utiliza el apóstol Pablo en el v.18. Miren nuevamente el v.18. La oración debe ser en todo tiempo, con toda oración y súplica, con toda perseverancia, y por todos los santos. Vamos a ver esto con un poco más de detalle.
Primero, orando en todo tiempo. Miren el v.18a. ¿Cómo podría un cristiano orar en todo tiempo? Esto no quiere decir que vamos a pasar todo el día de rodillas, sino que debemos tener una actitud de oración todo el tiempo. Una de las maneras es mediante oraciones breves a lo largo del día. La oración debe ser la respuesta habitual para cada situación que enfrentemos cotidianamente. Cuando se nos tire un carro en la calle, orar por ese desgraciado para que el Señor tenga misericordia de él. Cuando suceda algo bueno o logremos algo, dar gracias a Dios por ello brevemente, un: “Gracias, Señor” podría ser suficiente. Cuando tengamos algún mal pensamiento, o seamos tentados de alguna manera, pedir perdón a Dios rápidamente: “Perdóname, Señor”. Estas oraciones breves manifiestan una actitud de oración continua en nosotros.
Otra forma de hacerlo es ordenar nuestras vidas alrededor de los deseos de Dios y de sus enseñanzas, al punto de que toda nuestra vida viene a ser una oración. No necesitamos aislarnos de otras personas ni de las actividades diarias para orar sin cesar. Podemos convertir la oración en nuestra forma de vida mientras hacemos nuestras actividades diarias.
Segundo, orando con toda oración y súplica en el Espíritu. Miren nuevamente el v.18a. ¿Qué tipos de oración debemos orar? Ya les mencioné antes que no necesitamos pasar todo el día de rodillas para orar en todo tiempo. Esto es porque existen diferentes tipos de oración y algunas oraciones no necesariamente se hacen de rodillas, como los ejemplos que les puse antes, pero otras sí. El propio apóstol Pablo escribe a Timoteo: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres” (1Tim. 2:1). Aquí presenta diferentes tipos de oración. De hecho, ya en el v.18 de nuestro pasaje bíblico, hay dos tipos diferentes de oración, oración y súplica, que se corresponden con los dos primeros tipos de oración en 1Tim. 2:1.
La oración, en griego proseuque, es la oración integral cuyo modelo nos enseñó nuestro Señor Jesucristo con la Oración del Señor o Padre Nuestro: “Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.” (Lc. 11:2-4). Esta es la oración que deberíamos hacer de rodillas y abarca todos los elementos y tipos de oración: Alabanza y exaltación de Dios (“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”); Reconocimiento de la soberanía de Dios como rey de nuestras vidas y pedir para que esa soberanía sea completamente establecida sobre la Tierra (“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”); Peticiones de oración (“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”); Arrepentimiento y perdón (“Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben”); Pedir la protección y la fortaleza de Dios (“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”). Esta es la oración integral. Quizás faltaría mencionar allí, la acción de gracias que también debe ser parte de nuestras oraciones integrales.
Luego están las súplicas, o como se traduce en 1Tim 2:1: “rogativas”. Estas son súplicas o ruegos que se hacen en situaciones desesperadas. Como cuando Pedro caminaba sobre las aguas hacia Jesús y por el miedo, comenzó a hundirse, entonces suplicó: “¡Señor, sálvame!” (Mt. 14:30). Si Pedro hubiese empezado a hacer una oración integral allí, se hubiese ahogado antes de llegar a las peticiones. Por eso, hay momentos en los que necesitamos hacer solo súplicas o rogativas.
1 Tim. 2:1 continúa con peticiones, esto es, intercesiones. Significa orar por otros. Esta es la oración que hacemos generalmente en la iglesia. Oramos los unos por las peticiones de los otros. Esto nos muestra que la oración es una estrategia para la batalla espiritual. Recuerda a los legionarios romanos que tenían formaciones defensivas de batalla donde se protegían entre todos con sus escudos. Cuando oramos los unos por los otros, usamos nuestro escudo de la fe para proteger a nuestros hermanos de los dardos de fuego del enemigo y mientras tanto, otro hermano también está orando por nosotros y protegiéndonos con su escudo. ¡Intercedamos con amor los unos por los otros!
Por último, las acciones de gracias. Estas son oraciones nada más para dar gracias a Dios, alabarle y glorificar Su Nombre. Pueden ser agradecimientos espontáneos a lo largo del día, o una oración en la que nos dispongamos a recordar las cosas maravillosas que Dios ha hecho por nosotros y darle gracias y exaltar su nombre como algunos salmos de David (Sal.9; 18; 105; etc.).
Habiendo tantas cosas por orar, tantas peticiones para hacer a nuestro Dios por nosotros mismos y por otros, y tantas cosas por agradecer, es lógico que estemos orando en todo tiempo. Sin embargo, por nuestro orgullo y por nuestro corazón pecaminoso, no vivimos en oración como debiéramos. De hecho, algunos ni siquiera oramos, sino solo por los alimentos y cuando tenemos estudio bíblico. Nuestra naturaleza pecaminosa nos impide orar. Es por eso que Pablo nos dice que nuestra oración y súplica es en el Espíritu. Es el Espíritu Santo el que nos ayuda a orar, como el propio Pablo nos revela en Ro. 8:26-27: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.” ¡Que el Espíritu Santo nos ayude en nuestra debilidad, pereza y orgullo espiritual, y nos ayude a orar en todo tiempo! Amén.
Tercero, orando con toda perseverancia. Miren el v.18b. Velar en ello quiere decir mantenernos atentos o vigilantes en la oración. Aquí, el apóstol Pablo continúa con la metáfora militar. El soldado que está en batalla no puede dormir mientras está peleando. Tiene que estar atento alrededor porque no sabe de dónde saltará un enemigo o de dónde vendrá una flecha. Así es en nuestra vida espiritual. No sabemos por dónde nos atacará Satanás, así que debemos estar atentos siempre en todos los flancos. Jesús les dijo esto mismo a los discípulos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” (Mt. 26:41). Quizás estemos dispuestos en nuestros espíritus a obedecer a Dios, pero nuestra carne es débil y por eso debemos perseverar en la oración en todo tiempo y estar vigilantes.
Cuarto, orando por todos los santos. Miren nuevamente el v.18b. La oración no debe ser sólo por nosotros mismos, sino por todos los santos. Esto es, por todos nuestros hermanos de la iglesia, o por todos nuestros compañeros de milicia. De hecho, debemos orar por todas las personas como leímos en 1Tim. 2:1. Pero, aquí Pablo continúa con su metáfora militar e invita a que nos protejamos los unos a los otros en la batalla espiritual. Que seamos como esos soldados legionarios romanos que juntos eran prácticamente invencibles. Eso fue lo que hizo que Roma conquistara casi todo el mundo conocido. Si nos mantenemos orando los unos por los otros, seremos todos fortalecidos en la batalla espiritual y el evangelio podrá expandirse por todo el mundo. Amén.
La tragedia del cristianismo de hoy en día, es que la mayoría de los cristianos ora algunas veces, con algunas oraciones, con algún grado de perseverancia, y sólo por algunos hermanos. Reemplazar esos “algunos” por los “todos” que hemos aprendido el día de hoy sería introducirnos a una nueva dimensión de la oración. No seamos los cristianos que oran algunas veces, seamos los cristianos que oran en todo tiempo. No seamos los cristianos que oran con algunas oraciones, seamos los cristianos que oran con toda oración y súplica en el Espíritu. No seamos los cristianos que oran con algún grado de perseverancia, seamos los cristianos que velamos en ello con toda perseverancia. No seamos los cristianos que oran por algunos hermanos, sino los que oran por todos los santos, aún por nuestros hermanos de UBF en África, en la CEI y en la India. Amén.
II.- Oren también por mí (19-20)
Miren el v.19a. Después de exhortar a los hermanos efesios a orar por todos los santos alrededor del mundo, el apóstol Pablo les pide que lo incluyan también a él en sus oraciones. Aquí podemos ver la humildad y sabiduría de Pablo para reconocer su necesidad de ser fortalecido también por las oraciones de los hermanos. Hay hermanos que son muy orgullos espiritualmente, y piensan que no necesitan las oraciones de otros. Piensan que ellos están bien y pueden solos con sus luchas espirituales delante del Señor. Piensan: “Yo no necesito que oren por mí. Yo estoy bien. Dime tus tópicos y yo oro por ti más bien”. Otros que tiene una falsa humildad y dicen: “No, no, no… vamos a orar por otros que lo necesitan más. Dios conoce mis tópicos. Yo no pido nada para mí. Yo pido por otros que sí necesitan.” Estos pensamientos están completamente errados y vienen de un corazón ignorante y pecaminoso. Los que piensan así deben arrepentirse y aprender de la humildad y sabiduría de Pablo y compartir sus tópicos de oración también para que otros puedan apoyarles en su batalla espiritual.
También vemos aquí que Pablo estima aún la oración de los hermanos más pequeños espiritualmente. Todos tenemos el mismo acceso a Dios. Jesús nos ha abierto a todos el mismo camino hacia el Padre. Así que todos y cada uno de nosotros puede venir delante de Dios y pedir, y será escuchado por Dios gracias a Jesucristo. Por lo tanto, Pablo no piensa en pedir la oración solo a ciertos hermanos de élite espiritual, a los apóstoles, por ejemplo, sino que él sabe que cuantos más hermanos estén orando por él, mejor. Hay hermanos que piensan que Dios oye más al pastor, y quieren que el pastor ore por ellos, y no cualquier otro hermano. Incluso, hay iglesias que cobran una ofrenda para que los pastores oren por ellos, y lo peor es que hay gente que da la ofrenda pensando que esa oración vale más que la de cualquier otro hermano de la iglesia. No caigamos en ese error. Todas las oraciones de nuestros hermanos son muy valiosas. Stg. 5:16 dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”
¿Cuál era el tópico de oración específico de Pablo? Miren los vv. 19b-20. Les pedía a los hermanos que orasen por él para que el Espíritu Santo le diera las palabras correctas para que la gente pudiese entender el mensaje del evangelio. Es decir, él quería que el Espíritu Santo le diese las palabras exactas que cada persona necesitaba para entender y aceptar que Jesús murió por sus pecados y resucitó para darle vida eterna. Que cada persona que escuchara la predicación de Pablo pudiese aceptar a Jesús como su Salvador.
También les pido que oren por mí con este tópico de oración. Por favor oren para que Dios me dé sabiduría para escribir y predicar los mensajes dominicales de forma tal que cada uno de ustedes escuche la voz de Dios hablándole directamente a sus corazones. Que yo pueda preparar y dar los estudios bíblicos de forma tal que los participantes puedan establecer una relación cada vez más íntima con Jesús. Y para que cuando invite a otros para estudiar la Biblia o para participar en el Culto Dominical, puedan aceptar la invitación, puedan escuchar la voz de Dios llamándoles, y acepten el llamado de Dios. Amén. Yo oraré continuamente por ustedes con estos tópicos también.
Por otro lado, debemos recordar que Pablo escribió esta carta desde su prisión en una casa alquilada en Roma como aprendimos en Hch. 28 durante el Reporte de la Misión Mundial. Así que por eso Pablo dice aquí que es “embajador en cadenas”, es decir era representante del reino de Dios para otorgar a otros la ciudadanía, pero estaba encadenado. Así que su tópico de oración principal lo vemos repetido en los vv. 19-20: “dar a conocer con denuedo” y “con denuedo hable de él”. En realidad la palabra griega que se usa aquí denotaba originalmente la democrática libertad de expresión que disfrutaban todos los ciudadanos griegos. Luego se transformó en “firmeza, franqueza, simpleza en el habla, que no encubre nada y no pasa nada por alto”, junto con “coraje, confianza, osadía, intrepidez, especialmente delante de personas de alto rango”. Y este es precisamente el tópico de oración de Pablo. Lo que desea es libertad, no para salir del confinamiento, sino libertad para predicar el evangelio.
En el v.19 parece referirse a la claridad de su comunicación y en el v.20 a la valentía. Está ansioso de no oscurecer nada por un lenguaje confuso y de no esconder nada por compromiso o temor. La claridad y la valentía siguen siendo dos de las características más cruciales de la predicación cristiana auténtica hoy en día. Se relacionan con el contenido del mensaje predicado y con el estilo de la presentación. Algunos predicadores tienen el don de la enseñanza clara, pero sus sermones carecen de un contenido sólido; la sustancia ha sido diluida por el temor. No predican del arrepentimiento. No denuncian el pecado. Otros son audaces como leones. No temen a nadie y no omiten nada. Pero lo que dicen es confuso y confunde. La claridad sin valentía es como el sol en el desierto: mucha luz pero nada que valga la pena mirar. La valentía sin claridad es como un paisaje hermoso en la noche: mucho para ver, pero sin luz para disfrutarlo. Lo que se necesita en los púlpitos hoy es una combinación de claridad y valentía, de fluidez y de coraje. Pablo pidió a los efesios que oraran para que ambas cosas le fueran dadas, porque las reconocía como dones de Dios. También les pido que oren por mí con este tópico de oración. Que hable toda la Palabra de Dios sin quitar nada y que lo hable con toda claridad. Amén.
Tengo mucho pesar al confesar que este mensaje me lleva a un arrepentimiento muy profundo. Aunque puedo pensar que tengo una actitud de oración la mayor parte del tiempo, no me arrodillo mucho delante de Dios. Tengo muchas excusas para ello, pero ninguna es realmente válida. Necesito más oración para fortalecerme en el Señor y en el poder de su fuerza para la batalla espiritual. Les pido que oren por mí para que pueda presentarme con mayor frecuencia delante de Dios y que tenga un corazón sacerdotal por todos ustedes y por los estudiantes de la Universidad de Panamá que es nuestro campo de misión. El Señor tenga misericordia de mí y el Espíritu Santo me ayude en mi debilidad. Amén.
En conclusión, aunque la oración no es una pieza de la armadura de Dios, vemos que tiene una gran importancia para la batalla espiritual y por eso Pablo la incluye aquí. La oración nos ayuda a vestirnos la armadura de Dios. La oración nos ayuda a reforzar, pulir y reparar nuestras armaduras durante la batalla. Y la oración es también la estrategia militar de Dios con la que podemos vencer, orando los unos por los otros, apoyándonos los unos a los otros. Así que debemos tener la oración abarcadora como estrategia militar espiritual: orando en todo tiempo, con toda oración y súplica en el Espíritu, con toda perseverancia y por todos los santos. Que UBF Panamá sea un cuartel de guerreros de oración para la misión en Panamá y para la Misión Mundial. Amén.
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P. David Leal (MX)
( 19 de febrero de 2021 )
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