Lucas 22:39-48

22:39 Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron.
22:40 Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.
22:41 Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,
22:42 diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
22:43 Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.
22:44 Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.
22:45 Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza;
22:46 y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.
22:47 Mientras él aún hablaba, se presentó una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó hasta Jesús para besarle.
22:48 Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?

SE HAGA TU VOLUNTAD


SE HAGA TU VOLUNTAD


San Lucas 22: 39-48

V, Clave 22:42 “diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”


Con la palabra de hoy terminaremos nuestro aprendizaje con el libro de San Lucas. Al observar bien el libro, podemos encontrar que Jesús comenzó su ministerio mesiánico con oración de 40 días y lo terminó también con oración en el monte de los Olivos. Hoy vemos cómo Jesús enfrenta su última tentación en su oración tan intensiva.  


En oración, se pregunta frecuentemente de cuál es la voluntad de Dios. ¿Cuál es la respuesta que tienen ustedes en su mente sobre la voluntad de Dios? Puede decirse que en esquema grande la voluntad de Dios es salvar y dar la vida. Y su voluntad pertinente a cada asunto individual se revela mediante su palabra en el Espíritu Santo. 


Lo importante es que antes de cumplirse esta voluntad debe preceder la lucha de oración. Jesús nos dejó un ejemplo único y fundamental para todos los creyentes que buscan la voluntad de Dios y obedecerla. Oro que Dios nos haga aprender y apropiarnos de la oración de Jesús en el monte de los Olivos para poder llegar a ese triunfo de él mediante la palabra de hoy.   


I. ORAD PARA QUE NO ENTRÉIS EN TENTACIÓN (39-40)


Jesús comió la última pascua terrenal con sus discípulos. Y les enseñó del nuevo pacto en su sangre y muchas otras cosas en su gran afecto y amor. (Lc. 22:7-38. Jn.13-17) Allí terminando sus últimas enseñanzas, Jesús salió del lugar del Cena pascual. 


Vamos a leer el v39. “Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron” (39) Jesús salió y se fue al monte de los Olivos. El monte de los Olivos se llamaba así, porque había muchas matas de los olivos allí. Este monte estaba ubicado al este de Jerusalén a 1 km de distancia (20 minutos en caminos). 


 La palabra dice que ‘como solía’ se fue allí. Ese lugar era el lugar donde oraba muchas veces y había reunido con sus discípulos. Por lo tanto, Judas Iscariote conocía bien de ese lugar. “Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos” (Jn. 18:2) Jesús ya sabía que Judas Iscariote se había ido a los líderes religiosos a entregarles a él e venía con una turba a ese lugar. Si Jesús hubiera ido a algún otro lugar, Judas no habría podido encontrar a Jesús jamás en la oscuridad de la noche. Pero Jesús ‘como solía’ se fue al monte de los Olivos. Esto significa que Jesús quiso esperar a Judas y la turba allí en oración voluntariamente. 


Vamos a leer el v40. “Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.” Jesús pidió la oración a sus discípulos, diciendo ‘Orad que no entréis en tentación’. En San Mateo 26:38b, Jesús dijo a Pedro, Juan y Jacobo “Velad conmigo”. En este momento tan crucial, Jesús quiso orar junto con sus discípulos, para que ellos participaran en su batalla de oración y prepararan sus corazones ante la tentación venidera. Jesús supo que solo la fuerza de Dios pudiera hacerle a cargar la cruz y hacer a enfrentar las tentaciones a sus discípulos.  


 Según el verso 46, Jesús también repitió la misma palabra a sus discípulos dormidos. “y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación” Debemos saber que nuestro enemigo siempre está listo a tentarnos. Los que no oran llegan a entrar en tentaciones sin ninguna excepción.


II. SE HAGA TU VOLUNTAD (41-46)


Primero, Pasa de mi esta copa. Ahora Vamos a ver cómo oró Jesús. Vamos a leer el v41-42. “Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, / diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Jesús se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra y puesto de rodillas oró. La postura de Jesús demostró su rendición total ante el Padre Dios. La biblia no describe mucho en qué forma oraba Jesús. Pero aquí la palabra nos revela que Jesús oró puesto de rodillas. Aun siendo el Hijo de Dios, Jesús tenía que rendirse totalmente ante el Padre Dios. 


Jesús llamó al Dios ‘Padre’. Esto, en San Mateo 26:39 se dice ‘Padre mío’ y en San Marcos 14:36 ‘Abba, Padre’. ‘Abba’ significa ‘papá’ o ‘papito’. Antes de Jesús, ningún hombre había llamado a Dios de esta manera. Ni siquiera Moisés quien habló con Dios cara a cara pudo llamar así, sino como ‘Jehová’ (Ex. 32:11). Pero Jesús llamó a Dios como ‘Padre’. Así Jesús mostró su intimidad con Dios. Jesús se acercó al Dios como un niño se acercara a su propio padre. 


‘Pasa de mi esta copa’. Jesús, si es posible, quiso evitar esta copa de dolor. Jesús, desde el comienzo de su vida mesiánica, conoció del destino de su vida y lo había manifestado ante sus discípulos tres veces abiertamente. Sin embargo, cuando llegó justo a ese momento, el tomar la copa no era cosa fácil para él. 

 

Algunos dicen que esta parte ‘pasa de mi esta copa’ demuestra de debilidad y fracaso de Jesús. Tales personas reclaman que aún el Hijo de Dios se fracasó en su mente. Pero tales personas son los que no saben del peso que Jesús tenía que cargar. La cruz que Jesús tenía que cargar no era la cruz de los pecados de un hombre, sino de toda la humanidad desde hace la creación del mundo. Un hombre ni siquiera soporta el dolor y el peso que le da su propio pecado. Pero la copa de Jesús no era el castigo de su propio pecado, sino de otros. Y ni siquiera de uno, sino de los hombres innumerables. ¡Cuán pesado serían los pecados de toda la humanidad historia tras historia! 


Concretamente el castigo físico que Jesús tenía que padecer era insoportable para un hombre normal. Desde escupidos, bofetadas, golpes, latigazos mortales, clavados, travesía por la lanza, sed extremo, humillación, burla, insultos, soledad, abandono aún por el Dios y muchas otras cosas más. Ninguno de entre nosotros podrá soportar uno de estos castigos. ¿Quién ha podido padecer más dolor que lo de Jesús físicamente en la historia humana? Su copa era demasiado dolorosa para el Hijo de Dios santo y puro. Y Jesús dice “Padre, si quieres, pasa de mi esta copa” Hebreos 5:7 dice “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.” Este derrame del corazón no era para huir de su copa, sino para tomar esa copa de cualquier manera. 


 Durante 20 años de vida misionera, he venido sirviendo los mensajes cada domingo. He servido tanto tiempo, pero todavía el mensaje es una cruz para mí cada semana. Confieso que sin oración no podría cargar jamás esta pequeña cruz. La palabra de Dios me demanda el arrepentimiento genuino, la negación de todo pensamiento humano, la diligencia y la rendición total ante Dios el Padre si quisiera cargarlo bien. El dolor más grande que me da esta cruz es cuando no comprendo del significado de la palabra. En ese momento no pudo hacer nada sino derramar mi dolor ante Dios como un niño. 


Ahora entiendo la muy mínima parte, aunque ni siquiera alcanza a 1% a aquello, del dolor que Jesús tenía aquel momento en el monte de los Olivos. Cuando derramamos nuestro corazón ante Dios, él escucha nuestra oración y comienza a fortalecernos a cargar la cruz que él nos da.       


Segundo, Se haga tu voluntad. Vamos a leer el v42 otra vez. “diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” Jesús sabía que, si el Padre quiere, puede cambiar todo su proyecto en relación a la salvación humana. Si Dios quiere, puede hacer que su Hijo Jesús no sufra la dolorosa muerte, juzgar al mundo pecador y destruirlo y crear el universo de nuevo. Pero Jesús no oró de esa manera, sino negó a sí mismo y se rindió a la voluntad de Dios. ‘No se haga mi voluntad, sino la tuya’. 


 Sin duda, la voluntad de Dios era el cargar la cruz. Aunque Jesús comenzó a orar de esta manera por su boca, se necesitaba un cierto tiempo de lucha intensivamente hasta que fuera fortalecido su cuerpo, mente y corazón. Según el verso 44, se dice que estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Su sudor y lágrimas se hicieron como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Algunos médicos explican que nuestra concentración intensa puede provocar que la sangre salga junto con sudor.  


 ¿Entre nosotros, hay alguien que oró de la manera similar con que Jesús oró? La oración en general nos suena dulce como un himno ‘¡Oh dulce, grata oración! A quien escucha con bondad, elevas tú mi corazón, a Dios que ama con verdad…’ Es así. La oración es el momento más dulce en nuestra vida, ya que allí nos descansamos en la comunión con Dios, sea con el llanto o arrepentimiento o agradecimiento. Pero la finalidad fundamental de la oración es conocer de su voluntad y rendirnos totalmente a ella. A veces la oración hasta rendirnos a Dios totalmente dura unas horas o días o más. 


 Sabemos que rendir nuestro corazón y pensamiento a la voluntad de Dios es nada fácil. Oramos muchas veces ‘No se haga tu voluntad, sino la mía’. ‘Señor, me parece que mi idea es mejor que suya esta vez’. Y Porfiadamente insistimos y ejecutamos nuestro propio plan. Dios no nos castiga por este tipo de hechos. Pero siempre vivimos la consecuencia por nuestra decisión. El resultado nos enseña que fuera de la voluntad de Dios no puede haber la compañía de Dios, su obra, mucho menos los frutos del Espíritu Santo que es la imagen de Jesús en nuestro corazón.  


Hace más de 20 años quería salir de Corea a otro país como un misionero. Pero yo era el hijo mayor que tenía que servir a mis padres según la cultura del país. Era un momento muy doloroso para decidir a misionar en el extranjero. Tenía que orar varios días por este asunto al Señor, orando y llorando por la salvación de mis padres. Dios me fortaleció en la fe y ayudó a decidir a ser misionero a pesar de muchos llantos de mis padres. Sin la ayuda del Señor yo jamás podría ser un misionero, ni llevaría una vida como la de ahora. Dios se encargó de mis padres y les dio la salvación actualmente. La oración de Jesús me enseñó cómo orar. Pero aún estoy en el proceso de aprender la oración de Jesús cada momento y me cuesta esa oración. Oro que Dios me ayude a aprender su oración para poder experimentar el triunfo que Dios quiere dar en mi vida. Amén. 


Tercero, Un ángel del cielo lo fortaleció. Cuando Jesús oraba intensamente, sus discípulos estaban durmiendo a causa de tristeza (45). Jesús oraba solo, luchando con agonía y en mucha soledad. Pero ¿Qué sucedió cuando Jesús oraba tan anhelosamente? Vamos a leer el v43. “Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.” Dios manifestó su presencia y compañía, enviando un ángel del cielo. El ángel del cielo tiene potestad de proteger al Hijo de Dios contra cualquier peligro. Si Jesús deseara, este ángel pudiera dar la gran mortandad a todos los que venían contra Jesús. Pero este ángel del cielo no vino a ejercer su potestad para la lucha de sangre y carne, sino a fortalecer a Jesús a cargar su cruz. Esto significa que Dios no elimina la cruz, sino le dio la fortaleza para cargarla.


Dios acompaña a todos los que quieren cumplir la voluntad de Dios en todo momento. Tal como el ángel del cielo se le apareció a Jesús, el Espíritu Santo también acompaña en todo momento, cuando luchamos a cumplir la voluntad de Dios. Los que no luchan a obedecer a la voluntad de Dios jamás puede experimentar esta compañía tan extraordinaria. 


 Cuando Apóstol pablo y Sila anunciaba el camino de salvación en la ciudad de Filipo, la gente de Filipo los prendió, azotó y encarceló en el calabozo de más adentro (Fil. 16:23-24). Sin embargo, ellos oraban y cantaban himnos a Dios a medianoche y un gran terremoto sobrevino de repente y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron y después el carcelero y toda su casa recibieron el evangelio. Esto es la obra que puede ser experimentada solo sus servidores que luchan a cumplir su voluntad. Asimismo, cuando nosotros luchamos a obedecer a la voluntad de Dios, él va a manifestar su compañía tan cerca mediante el Espíritu Santo, dándonos la gran fortaleza en nuestra vida. 


Como conclusión, Jesús oró “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. En su oración, Jesús superó su humanidad y toda su debilidad y obtuvo el triunfo en su corazón. y allí se había acabado la batalla espiritual de Jesús antes de cargar su cruz físicamente. ¿Estamos haciendo esta oración como Jesús oró para combatir con todas tentaciones? Oro que Dios nos haga aprender la oración de Jesús a llevar una vida conforme a su voluntad y llegar a la victoria que Dios nos ha preparado. Amén

 




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