Efesios 6:1-4
6:1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.6:2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;
6:3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.
6:4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.
OBEDIENCIA Y CRIANZA EN EL SEÑOR
Buenos días. Después de nuestra breve pausa la semana pasada para celebrar el 60 aniversario de nuestro ministerio a nivel mundial con el hermoso Reporte de la Misión Mundial 2021, esta semana retomamos las lecturas en Efesios. Hoy vamos a empezar la tercera sección del pasaje bíblico que comenzamos en Ef. 5:21 y que nos muestra cómo debemos someternos unos a otros en el temor del Señor. En el primer mensaje aprendimos que como cristianos debemos ser mansos y humildes de corazón como Jesús y estimar a los demás como superiores a nosotros mismos, anteponiendo sus necesidades a las nuestras, sometiéndonos unos a otros en el temor del Señor.
En el segundo mensaje aprendimos el primer ejemplo práctico de sujeción mutua con la relación del esposo y la esposa y cómo el matrimonio es un reflejo de la relación entre Cristo y la Iglesia. La esposa debe someterse a su esposo y al liderazgo que Dios le ha dado de la familia, y el esposo debe amar a la esposa y tener un liderazgo de servicio como el que tuvo Jesús, entregándose a sí mismo hasta la muerte por su esposa, la Iglesia. Oro para que este tipo de relación sea manifiesta en las Iglesias Hogareñas de nuestro ministerio y que podamos formar muchas Iglesias Hogareñas en Panamá que puedan ser ejemplo a los jóvenes panameños y que puedan ayudar a convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.
Hoy vamos a aprender el segundo ejemplo práctico que el apóstol Pablo usa para el hogar: La obediencia de los hijos a los padres, y la forma en que los padres deben criar a los hijos. Yo oro para que Dios alumbre los ojos de nuestro entendimiento y nos permita ver la importancia de la obediencia y la crianza en el hogar, y que Dios nos ayude a formar muchas Iglesias Hogareñas que sean ejemplo de crianza para nuestra sociedad y que la nueva generación se levante como siervos de Dios en Panamá. Amén.
I.- Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor (1-3)
Miren el v.1. Hasta ahora no habíamos establecido el hecho de que esta carta a los efesios sería recibida por los hermanos y leída, analizada y comentada durante las reuniones de la iglesia. Un hermano se levantaría y en voz alta leería lo que Pablo les escribió y todos los hermanos congregados, sean hombres, mujeres, niños, amos o esclavos, escucharían lo que Pablo tenía que decir. Pablo sabía esto y dirigió algunas partes de la carta a grupos de personas en particular.
Ya vimos que en Ef. 5:22 comenzó a hablar a las casadas que escuchaban la carta. Luego, en el v.25, habla a los maridos en particular. Ahora vemos que el capítulo 6 inicia hablando a los hijos: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres”. Pablo está dando los ejemplos prácticos de cómo debemos aplicar la sumisión mutua en relaciones de autoridad en el hogar. Primero, habla a la relación de los cónyuges y ahora habla acerca de las relaciones filiales, padres e hijos. Y otra vez comienza primero con el que está bajo autoridad. En 5:22 empezó con las esposas y acá en 6:1 comienza con los hijos, exhortándoles a obedecer en el Señor a sus padres.
Fíjense que la palabra de exhortación ha cambiado. A las casadas se les exhortaba a sujetarse a sus propios maridos, así como a todos los cristianos se les exhorta a someterse unos a otros en el temor del Señor. Sin embargo, ya dijimos que en el caso de las casadas hay una sumisión a la autoridad delegada por Dios al marido como cabeza de la familia. Pero aquí se les exhorta a los hijos a obedecer a sus padres. La palabra cambia a una más obligante: “obedecer”. ¿Por qué? Porque ahora sí hay una relación de autoridad más evidente entre hijos y padres. Así que los hijos deben obediencia a los padres, quieran o no quieran. Es decir, ya no es voluntario como el sumisión mutua del v.21 o la sumisión de la esposa en el v.22, sino que es un deber. Aunque igualmente en los vv. 21-22 presentan la sumisión como un deber, y aunque también los hijos pueden elegir no obedecer a los padres. Pero el principio es que la obediencia de los hijos a los padres tiene un carácter obligatorio, mientras que la sumisión tiene un carácter voluntario.
Ahora, todos nosotros somos hijos, aunque quizás algunos padres ya no viven, o quizás nunca estuvieron a nuestro lado, sin embargo, somos hijos. Entonces, ¿debemos todavía obedecer a nuestros padres? ¿O esta exhortación aplica hasta cierta edad? Bueno, efectivamente creo que esta exhortación va dirigida a los hijos que viven bajo el techo de sus padres, es decir, que todavía dependen de ellos económicamente y que no han formado su propia familia. Así que esta exhortación de obedecer a los padres en el Señor va dirigida hoy a Victoria, María Celeste, y a cualquier otro joven que todavía viva con sus padres y dependa de ellos. Deben obedecer a sus padres en el Señor.
Pero, ¿qué significa “obedecer en el Señor”? Esto tiene dos aristas. Primero, debemos obedecer a nuestros padres siempre y cuando lo que ellos nos manden esté de acuerdo con la Palabra y la voluntad de Dios. Si nuestros padres nos piden matar a alguien o robar algo, entonces no estamos en la obligación de obedecerles porque nuestra primera lealtad está con el Señor, así que podemos desobedecer en este caso sin desagradar a nuestro Dios. Yo crecí en una barriada muy peligrosa, y los muchachos más grandes molestaban a los más pequeños y los golpeaban, pero mi mamá me aconsejó que si no podía con algún muchacho que me buscara pelea, agarrara un palo o una botella y que le diera con eso, pero que no me dejara. Así que en una ocasión un joven mayor que yo me molestó y golpeó, así que lo perseguí con una botella hasta su casa y se la arrojé con todas mis fuerzas. Gracias a Dios no le atiné porque pudo haber sido muy grave. Mi madre no conocía los valores bíblicos de crianza de los niños e intentaba evitar que me hicieran daño, pero yo no debí haber obedecido eso porque pude haberle desgraciado la vida a ese pobre muchacho o incluso la mía.
Segundo, debemos obedecer a nuestros padres porque el Señor les ha dado la autoridad sobre nosotros. Debemos entender que Dios nos ha dado a nuestros padres. Nos gusten o no nos gusten. Hayan sido responsables o no. Dios nos puso bajo su cuidado y ellos tendrán que responder delante de Dios por lo que han hecho. Así que nosotros le debemos nuestra obediencia, a menos que lo que nos manden a hacer esté en contra de la Palabra y la voluntad de Dios. Y de hecho, la razón que esgrime Pablo con respecto a por qué debemos hacerlo nos habla precisamente de esto.
Miren nuevamente el v.1b. La palabra que se traduce como justo aquí, quiere decir que es lo correcto (como traduce la NTV). O como traduce la BLPH: “Ustedes, los hijos, obedezcan a sus padres como procede que lo hagan los creyentes.” Así deben actuar los cristianos, obedeciendo a sus padres. Es el orden que Dios ha establecido. Obviamente, Pablo está hablando aquí a los creyentes, así que podemos decir que esta Palabra se dirige a los hijos de los creyentes. Sin embargo, eso no quiere decir que los hijos de los no creyentes no están en la obligación de obedecer a sus padres, igualmente deben hacerlo con la salvedad que les he mencionado antes: siempre y cuando lo que les pidan no haga que desobedezcan a Dios. Oramos por nuestros hijos para que puedan ser obedientes en el Señor y puedan crecer como buenos hijos obedientes al Padre Celestial también. Amén.
Miren ahora los vv. 2-3. Si bien la obediencia está circunscrita a nuestra juventud, el mandamiento de honrar a los padres es un mandamiento para toda la vida. En nuestra juventud honramos a nuestros padres con nuestra obediencia, pero ahora en nuestra adultez les honramos con nuestro respeto y con nuestro apoyo físico, emocional, espiritual y económico como hemos aprendido antes en Ex. 20:12 de donde Pablo cita este mandamiento. Debemos honrar a nuestros padres mientras vivan con todas las atenciones que requieran. Este es el quinto mandamiento y es un mandamiento con promesa: “para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.” Cuando honramos a nuestros padres con nuestra obediencia en la juventud y escuchamos sus consejos, nos va a ir mejor en la vida que seguir nuestro corazón necio y nuestra voluntad visceral. Así nos aconseja el sabio rey Salomón: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre” (Pr. 1:8). Además, cuando obedecemos este mandamiento, Dios mismo nos bendice para cumplir su promesa y nos va bien en la vida y nos da larga vida sobre la tierra.
Pueden notar que la obediencia y honra a los padres no está condicionada a que ellos sean buenos padres o que sean buenos cristianos, sino que más bien, como les expliqué antes, está ordenada porque son los padres que Dios nos dio, sean buenos o sean malos. Aunque mi padre me haya abandonado y no se haya hecho cargo de mí durante mi infancia, aunque haya estado, pero me haya maltratado mucho, igualmente debo obedecerle y honrarle porque es el padre que Dios me dio. Debo obedecerle y honrarle en el Señor. Durante mi adolescencia me rebelé contra mi padre porque me había abandonado y le herí duramente con mis palabras. Pero Dios cambió mi corazón y me ayudó a perdonarlo y a respetarlo como padre a pesar de su ausencia. Oro para que Dios sane todas nuestras heridas familiares también y que podamos obedecer esta Palabra en nuestras vidas, entendiendo que cuando hacemos esto Dios es glorificado. Amén.
II.- Padres, críen a sus hijos en el Señor (4)
Miren el v.4. Ahora el apóstol Pablo habla a los padres. A ambos, a padre y madre. Y les pide que no provoquen a ira a sus hijos. En la carta paralela a esta, Colosenses, dice que “no exasperéis a vuestros hijos” (Col. 3:21). Lo que quiere decir es que los padres no deben ser muy estrictos en su disciplina ni desmedidos en el castigo. Esto hace que los hijos crezcan con ira. Por la ausencia de mi padre, mi mamá tuvo que tomar el rol de padre también y criar a dos hijos varones en una barriada peligrosa y teniendo que trabajar todo el día para mantenernos. Así que ella se vio en la necesidad de ser muy estricta en su crianza para evitar que nos fuésemos por el mal camino. Yo no podía entender eso en aquella época y crecí pensando que nadie me amaba, ni mi papá porque se fue, ni mi mamá por su severidad. Pero hoy puedo entender los intentos de mi madre y cómo ella me mostraba su amor de la forma en que yo lo necesitaba y no como yo lo quería, y le doy gracias a Dios por ello.
Miren nuevamente el v.4b. Aquí el apóstol Pablo nos da la fórmula de cómo debemos criar a los hijos. Hay dos aspectos necesarios para criar a nuestros hijos en el Señor: la disciplina y la amonestación. La disciplina se refiere al castigo. En la actualidad hay una tendencia que dice que no se debe castigar a los hijos, sino conversar con ellos. Hablan de una disciplina positiva que deje atrás el castigo físico, los gritos y el maltrato psicológico, y que dé apertura para el diálogo y la paz aún con nuestros niños pequeños. Y aunque esto parece muy razonable, en realidad ha probado ser ineficaz. Si se cría a un hijo sin la disciplina necesaria, entonces termina creciendo como un joven malcriado e incapaz de tolerar los golpes que la vida da también.
Para los que practican o apoyan este tipo de disciplina positiva, o ningún tipo de disciplina, puede sonar sorprendente, pero la Biblia dice: “La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él.” (Pr. 22:15). Y también: “No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá.” (Pr. 23:13). Además: “La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre.” (Pr. 29:15). El castigo debe ser parte de la corrección de los niños, y el castigo físico puede ser necesario en algún momento pues, una nalgada en el momento adecuado, le ayudará a enderezar su camino y evitará que sea malcriado. Sobre todo cuando es pequeño, y no puede entender los razonamientos o las directrices para abandonar sus malas actitudes, pero sí entenderá la vara de la corrección, y si se hace de forma correcta y oportuna, puede que no necesite sino una sola en toda su vida. Pero hay que tener cuidado de no ser muy severo ni de dar el castigo con nuestras emociones, sino que pueda ser una lección para que el niño pueda entender que ha hecho mal y que no puede actuar así nuevamente.
Yo fui criado con mucha severidad y tiendo a ser muy severo con mis hijas también, pero intento hacerlo en el Señor. Aunque tengo que reconocer que en más de una ocasión me dejo llevar por mis emociones y no aplico el castigo de forma correcta. Oro para que Dios me dé sabiduría para aplicar la disciplina en el Señor y para que a pesar de mis fallas como padre, mis hijas puedan crecer como jovencitas obedientes a sus padres y a la Palabra de Dios. Y oro también para que Dios le dé sabiduría a cada uno de ustedes para criar a sus hijos en el Señor. Y que la nueva generación pueda crecer llena del Espíritu Santo y con pasión para hacer la obra de Dios. Amén.
Pero, todavía falta el otro aspecto de la crianza en el Señor. Miren nuevamente el v.4b. “Amonestación del Señor”. Esto se refiere a la instrucción. No es suficiente solo con disciplinar, hay que instruir a nuestros hijos en el Camino del Señor. Hay que enseñarles la Biblia y hay que enseñarles cómo se vive de acuerdo a la Biblia. Hay que contarles las historias bíblicas y mostrarles cómo se viven esas historias a través de nuestras propias vidas. Esa es la amonestación del Señor. El apóstol Pablo sabía que las Escrituras eran necesarias para la instrucción del niño, por eso le recuerda a Timoteo: “y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim. 3:15-17). ¡Debemos enseñar las Escrituras a nuestros niños para que puedan conocerla la voluntad de Dios (enseñar), para que puedan sentir dolor por su pecado (redargüir), para que sean reprendidos por la Palabra al pecar (corregir) y para que aprendan cómo mantener una correcta relación con Dios y con otros (instruir en justicia), y que de esa manera puedan llegar a ser cristianos maduros (perfectos), enteramente preparados para toda buena obra! ¡Amén!
Y aunque ellos crecerán y tomarán sus propias decisiones, la Biblia nos dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” (Pr. 22:6). Si desde pequeños les enseñamos la Palabra de Dios, esa Palabra quedará atesorada en sus corazones y, si les hemos disciplinado y amonestado en el Señor, no se apartarán de su camino, sino que crecerán con madurez espiritual.
Esto en realidad no es nada fácil. Hay muchos libros en las librerías cristianas acerca de cómo criar a los hijos en el Señor. Y les recomiendo los libros del Dr. James Dobson: “Atrévete A Disciplinar” y “Cómo Criar A Un Niño De Voluntad Firme”. Necesitamos mucha sabiduría de Dios y mucha oración para romper con la crianza que nos dieron nuestros padres fuera de Cristo que generalmente se ubican en uno de los dos extremos: sin ninguna disciplina o con demasiada disciplina. Pero, más importante que todo, si no eran cristianos, no hubo amonestación del Señor.
En conclusión, los hijos deben honrar a sus padres, cuando están jóvenes deben obedecer a sus padres en el Señor y cuando ya son adultos, respetarlos y ayudarlos en todo lo que necesiten. No porque hayan sido buenos padres, sino porque esta es la voluntad de Dios. Y los padres deben criar a sus hijos en el Señor con disciplina y con instrucción bíblica, de esta manera los hijos crecerán en un hogar amoroso y formarán sus Iglesias Hogareñas también continuando la obra de Dios. Esta es la forma de someternos unos a otros en las relaciones filiales en el hogar. Oro para que Dios nos dé la sabiduría para criar a nuestros hijos en el Señor y que nuestros hijos crezcan como hijos de Dios obedientes que aman y sirven al Señor de todo su corazón. Y que de esta manera Panamá se convierta en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén.
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