Lucas 18:15-30

18:15 Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron.
18:16 Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.
18:17 De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
18:18 Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
18:19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.
18:20 Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.
18:21 El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.
18:22 Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
18:23 Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
18:24 Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
18:25 Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
18:26 Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?
18:27 El les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.
18:28 Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido.
18:29 Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios,
18:30 que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.

DE LOS TALES ES EL REINO


¡Dios les bendiga amados hermanos! Que gusto saludarles. La semana pasada tuvimos una lectura especial en el marco de el Reporte de Misión Mundial de nuestro ministerio. El M. Moses Yoon, Director General de la iglesia, nos compartió un mensaje basado en Hechos 28 titulado “Pablo en su casa alquilada”, y en el cual aprendimos que así como el Apóstol, quien estaba preso en aquel entonces, debemos servir a Dios y predicar su evangelio en los momentos de dificultad, con la esperanza que el Señor va a usar preciosamente esa obra para su gloria y que a su tiempo nos puede dar mucho fruto.

Y hoy día estamos en una dura dificultad de público conocimiento, por lo tanto, obedeciendo esta dirección de la palabra de Dios estamos acá. Así como lo hizo Pablo en aquel entonces, hoy compartiré con ustedes el mensaje del reino de Dios y acerca de nuestro Señor Jesucristo (Hechos 28:31). Hoy vamos a aprender que el reino de Dios es de aquellos que lo reciben con el carácter de un niño, y de aquellos que no teniendo al dinero como ídolo, obedecen la palabra de Jesús y lo siguen ¿Quieres aprender más de esto? Presta mucha atención a la palabra de hoy. Oro que no solo podamos aprenderla, sino también ser humildes para aplicarla. Amén

I. JESÚS BENDICE A LOS NIÑOS

Leamos el v.15 “Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron.” En la antigüedad, se acostumbraba llevar a los niños ante los rabinos para que estos los bendijeran; y aunque Jesús no tenía tal cargo, debido a que venía dando muchas enseñanzas, la gente lo consideraba como un maestro y las madres presentaron a sus hijos para que les impusiera las manos y los bendijera. Si embargo, como hemos leído, cuando los doce discípulos vieron esto, no estuvieron contentos, y reprendieron a los chicos. Ellos consideraban que los niños no eran tan importantes como para que Jesús invirtiera su tiempo en bendecirles y quizá querían evitar que hubiese interrupciones en el discurso que hasta ahora venía dando. Y es que, aunque ciertamente los chicos pueden ser un poco ruidosos en ocasiones, había otra razón cultural por la que los discípulos se interpusieron entre Jesús y los niños; básicamente porque en la cultura judía los niños eran subestimados y no se les contaba en los censos, además que, recién a los doce años era que ellos podían estar en el grupo de los hombres en las caravanas que iban a Jerusalén, antes de esa edad los niños debían ir con las mujeres al frente. La actitud que vemos de los discípulos no era rara, más bien era lo común, pero veamos qué dijo Jesús: 

Primero, “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis” (v.16). Aunque en aquella cultura y contexto parecía lógico alejar a los chicos del Maestro, Jesús pidió lo contrario y dijo expeditamente que se dejara que los niños fueran a él y que no se lo impidieran. Aunque ciertamente esta era una orden directa para los doce, debemos aplicarla cabalmente todos los adultos. 

Muchas veces voluntaria o inconscientemente, nosotros impedimos que los niños conozcan a Cristo. Algunos padres no se preocupan en que sus hijos reciban la palabra de Dios, bien sea porque subestiman su capacidad de comprensión o porque están tan ocupados en sus propios asuntos que postergan la educación espiritual de los chicos. Sin embargo, es necesario que la educación bíblica de los niños comience en el hogar, cada padre debe hacer el esfuerzo en enseñar la biblia a su hijo, enseñarlo a orar e inculcarle principios que están en la palabra de Dios y que todo cristiano debe guardar. Desde niño se debe enseñar que el domingo es el día del Señor y que ese es el momento especialmente reservado para ir a la iglesia a alabar a Dios y descansar en él. Desde niño debemos inculcar la oración diaria y cuando ya aprendan a leer, la lectura diaria de la palabra, existen biblias para niños con dibujitos. Así como nosotros, los niños también experimentan el poder de la oración y he recibido testimonios hermosos de niños que al ver su oración cumplida creen más firmemente en Jesús. Pero todo esto no solo debe ser enseñado teóricamente (de la boca para afuera), porque está demostrado que aunque el niño aprende de lo que los padres (tíos, hermanos, abuelos, y demás familiares.) le dicen, principalmente ellos aprenden de lo que observan. Es decir que los adultos debemos cuidar nuestra conducta, pues la misma también puede ser un impedimento para que los más jóvenes se acerquen a Jesús y tenemos un buen testimonio, más bien podemos acercarlos a él.

Ahora bien, también en la iglesia debemos prestar atención a orden de Jesús “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis”. Muchas veces cometemos el error de solo enfocarnos en la visión específica que tenemos como iglesia, pero nos olvidamos de los niños y no preparamos programas especialmente para ellos. Este es un error que muchas veces cometemos con conciencia, otras veces sin querer o por falta de experiencia. Una de las cosas que he aprendido en medio de esta pandemia es que los niños son muy vulnerables y necesitan que nosotros les llevemos ante Jesús. Yo quiero dar las gracias a Dios por el servicio de la M. Josverlyn y la H. Iliana, quienes han estado dirigiendo respectivamente programas en línea de educación bíblica para nuestros niños y adolescentes. Y también quiero agradecer a los padres, demás familiares y hermanos que han colaborado en las actividades. 

Es nuestro deber dejar que los niños se acerquen a Cristo, y aunque “dejar” es un verbo pasivo, ya hemos visto que también implica una posición activa. Para que un niño se acerque a Jesús, deben combinarse dos actitudes, la actitud de las madres, que llevaron sus hijos ante el Señor, y la de los discípulos que no lo impidan. Por eso, si a su alrededor hay algún niño (hijo, sobrino, amiguito, vecino, nieto, etc) quiero animarlo a meditar como quién está siendo usted ¿cómo las madres o como los doce discípulos? oro a Dios que todos contribuyamos al bienestar y sanidad espiritual de nuestros niños y que dejemos que se acerquen a Jesús. Amén

Segundo, “el reino de Dios es de personas que sean como ellos”. Leamos los vv.16b,17 “porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” Quizá los discípulos se podrían cuestionar la petición de Jesús, porque, insisto, era un poco extraña en aquel contexto, por eso Jesús junto con la orden les dio la respuesta del “por qué”, que básicamente es el título del mensaje de hoy “de los tales es el reino de Dios”. Aunque parezca que los niños no nos pueden enseñar muchas cosas, más bien, parte de su forma de ser nos enseña cuál es el carácter que debemos tener los cristianos que iremos al reino del Señor. Y yo quiero remarcar cinco aspectos que me parecen esenciales: 

(1) los niños dependen completamente de sus padres. Aunque un niño sea excepcional, él depende de sus padres o representantes para vivir, pues por sus propias fuerzas no puede resolver muchos de sus asuntos. La mayoría de los niños requieren del sustento económico de sus padres, también del alimento y la vestimenta que ellos le dan, y esta dependencia es mayor cuando están enfermos. De igual manera, los cristianos debemos depender plenamente de nuestro Padre Dios. Nuestra dependencia debe ser completa: en lo material y en lo espiritual; y debe ser mayor en los momentos de angustia. Ciertamente al ser adultos, nosotros podemos resolver muchos de nuestros asuntos, pero el reino de los cielos es de aquellos que dependen plenamente de Dios y solo confían en sus habilidades, talento, dinero, etc.

(2) los niños son sencillos. Una de las cosas que me asombra de los niños es que son felices con muy poco. Aunque lo que usted le dé sea muy poco, con frecuencia el niño va a estar alegre y será agradecido. Esta es la sencillez que los cristianos debemos imitar de los niños; pero lastimosamente, por el pecado, a medida que vamos creciendo dejamos de ser sencillos y ahora nos enfocamos en marcas, lujos y en alcanzar cosas que no son precisamente esenciales; y muchas veces dejamos de ser agradecidos y de estar alegres por lo que Dios nos da. Este es el famoso dilema del vaso medio lleno o medio vacío. Yo oro a Dios que nosotros podamos imitar a los niños, porque de los tales es el reino de los cielos.

(3) los niños son humildes. La humildad de los niños está presente en todos los aspectos que estamos hablando, pero en especial se manifestada cuando se sujetan a sus padres o cuando piden ayuda. A los adultos orgullosos nos cuesta sujetarnos a la autoridad, esto pasa en la familia, en la iglesia, en el trabajo, en la escuela y Universidad, pero los cristianos herederos del reino de Dios debemos ser humildes ante el Señor, sujetándonos a él en todo, pero también a las autoridades que él nos ha puesto. Los adultos también debemos ser humildes para reconocer que como humanos tenemos límites y aceptar la ayuda de Dios y de los demás que quieran/puedan ayudarnos. Más que nada los cristianos debemos ser humildes ante la palabra de Dios, humildes para aceptarla y poder practicarla. De los humildes como los niños es el reino de Dios. Amén 

(4) los niños son muy inocentes. Aunque los niños nacen siendo pecadores, porque heredan el pecado de Adán, ellos tienen una inocencia muy superior a los adultos, misma que se va corrompiendo a medida que viven en este mundo caído. Así como los niños están lejos de la maldad debemos estarlo nosotros, por ello debemos arrepentirnos de nuestros pecados para ser lavados por la sangre de Jesús y luego alejarnos del pecado lo más posible. Debemos sacar de nuestras mentes los pensamientos de doble sentido. Sacar de nuestras bocas las malas palabras. Y así sucesivamente, ser lo más inocentes posibles. De los tales es el reino de Dios. 

(5) los niños son alegres y no guardan rencores. Aunque sé que algunas circunstancias pueden afectarlo, creo que los niños por lo general son alegres. A ellos les es fácil sonreír, aún en el momento más difícil.  Los niños también perdonan muy rápido, ellos no suelen guardar rencores. Este es el último aspecto que mencionaré acerca de los niños en este mensaje, pero quiero aclarar que quizá hay más, y que debemos esforzarnos por aprender cuáles son e imitarlos. Les animo a meditar profundamente mientras escriben sus reflexiones bíblicas y en sus compartir con las fraternidades.

II. EL JOVEN RICO

Hasta ahora hemos aprendido qué es lo que debemos hacer los que hemos de heredar el reino de Dios, a través de meditar en el carácter de los niños. Ahora aprenderemos que es lo que no debemos hacer. 

Según Marcos 10:17 sucedió que cuando Jesús salió de donde estaba para seguir su camino a Jerusalén un hombre llegó corriendo e hincándose de rodillas y le dijo “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” (v.18). Este hombre era un joven, que era muy rico y principal entre los judíos. Era una persona que sabía muy bien los mandamientos de Dios y luchaba por guardarlos desde chico. Pero vamos a ver qué le dijo Jesús y cómo reaccionó él. Leamos los vv.22,23 “Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico” Les pido que presten atención a esa frase que subrayé “aún te falta una cosa”. Aunque este joven luchaba por vivir correctamente en la palabra, tenía un fuerte apego a los bienes materiales y la invitación de Jesús fue precisamente a desprenderse de ese ídolo a través de hacer actos de caridad, pero él en lugar de alegrarse y obedecer, se entristeció. En Lucas 16:13 nosotros aprendimos que “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” De manera que, aunque nosotros tengamos un corazón como niños, tal como lo aprendimos en la primera parte de este pasaje, pero tenemos al dios “dinero” en nuestro corazón, aun así no podremos heredar el reino de Dios. Por eso el Señor dijo “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (vv.24,25)

El problema con el dinero es que todos lo necesitamos para resolver nuestras necesidades básicas, por eso todos debemos buscarlo día a día. Pero el asunto es que el dinero es altamente adictivo, porque a nosotros los seres humanos nos gusta el poder y con dinero nos sentimos poderosos porque podemos hacer muchas cosas. Por eso debemos estar atentos y luchar para no tomarle amor al dinero sobre Dios. A veces creemos que los ídolos solo pueden ser esas estatuas a las que muchos adoran, pero el dinero es el mayor potencial ídolo para todos nosotros. Acá Jesús nos deja un secreto para no aferrarnos al dinero, y es ayudar a otros con los bienes que recibimos. Dar limosnas y hacer caridad es sano para nuestra vida espiritual, pero no hacerlo por vanagloria como hoy día está de moda, sino hacerlo para la gloria de Dios y para cuidar nuestro corazón del amor al dinero.

Las propiedades del rico de esta historia representan estrictamente el dinero y bienes materiales, pero también puede ser otros aspectos que debemos “vender” (abandonar) porque estorban nuestra vida de fe. Cada uno de nosotros debe hallar en Dios que es esa “cosa que nos falta”. Puede que sea un hábito, una relación, algún pecado, un trabajo, etc. Puede ser algo bueno, pero también algo malo. Pero tengamos presentes que nada de lo que podamos abandonar en esta tierra se compara con lo que recibiremos en el reino de los cielos y que Jesús nos ha dado una preciosa promesa que está en los vv.29,30 “Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.”

Pero quiero concluir, invitándolos a ver un aspecto importante en los vv.22,23. Y es que Jesús no solo le dijo al rico que vendiera todo y lo diera a los pobres, sino que también le dijo “y sígueme”. Por lo cual, más allá de todo que hemos aprendido hoy, es importante que recordemos, que el llamado de Cristo no es únicamente a llevar una vida moralmente correcta, sino que nos invita a vivir aprendiendo de Él e imitar su vida. Esta la misma invitación que Jesús le hizo, por ejemplo, a Pedro, Leví y todos los doce discípulos. Oro a Dios que todos nosotros tengamos el corazón como niños y que a su vez no seamos como el joven rico de esta historia, sino que seamos como los apóstoles de Cristo que lo dejaron todo y vivieron siguiendo a Jesús como sus discípulos. ¡Amén!

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