Efesios 5:22-33
5:22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;5:23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
5:24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
5:26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
5:27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
5:28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
5:29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,
5:30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
5:31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.
5:32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.
5:33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.
AMOR Y RESPETO EN EL MATRIMONIO
Buenos días. La semana pasada aprendimos la exhortación del apóstol Pablo a someternos unos a otros en el temor de Dios. Aprendimos que esto es una evidencia de estar lleno del Espíritu Santo. Por lo tanto, todo cristiano que esté lleno del Espíritu Santo será manso y humilde de corazón como nuestro Señor Jesucristo y se someterá a su hermano, estimándolo como superior a sí mismo y colocando sus necesidades por encima de las propias. Oro para que cada uno de nosotros pueda estar lleno del Espíritu y humildemente nos sometamos unos a otros en el temor de Dios, llegando a ser una verdadera comunidad de amor que glorifica a Dios. Amén.
La semana pasada también aprendimos que Pablo nos daría tres ejemplos concretos de sumisión en el resto del pasaje bíblico: la sujeción de las mujeres, de los hijos y de los esclavos. Esta sujeción es un reconocimiento de la autoridad que Dios le confirió a algunos seres humanos por la posición o rol que les da en la sociedad. Así que someterse es una expresión de reverencia a Dios Quien confirió esta autoridad. Hoy aprenderemos la sumisión de la mujer a la autoridad de su marido, pero también aprenderemos que el marido debe amar a su mujer como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella. Esto es una sujeción mutua también.
Oro para que a través del mensaje de hoy podamos aprender el modelo de una verdadera familia en Cristo, una Iglesia Hogareña, y que los casados podamos aplicarlos en nuestros matrimonios y ser verdaderas iglesias hogareñas que glorifican el nombre de Dios, y los solteros puedan orar para establecer también su Iglesia Hogareña. Que en UBF Panamá se levanten muchas iglesias hogareñas que sean un ejemplo de amor, respeto y servicio para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.
I.- Casadas estén sujetas a sus propios maridos (22-24)
Miren el v.22. La semana pasada aprendimos que este versículo no tiene verbo en el griego original, sino que es una continuación del v.21 donde aparece el verbo “someterse”. Así que quizás la mejor traducción aquí sería como lo hace la NVI:
“Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor.” Las esposas deben someterse a sus propios esposos porque los cristianos debemos someternos los unos a los otros en el temor de Dios. Pero Pablo nos da otra razón más en este ejemplo concreto, y tiene que ver con la autoridad que Dios le ha dado al esposo como cabeza del hogar.
Entonces, en este pasaje bíblico la autoridad del esposo se establece como un hecho y se la convierte en base de la sumisión de la esposa. Pero aquí no se explica detalladamente el origen de esa autoridad. Para poder tener un entendimiento más amplio del argumento de Pablo necesitaríamos recurrir a otras cartas suyas, especialmente 1Co. 11:3–12 y 1Tim. 2:11–13. Pero por temas de tiempo y de enfoque en nuestro pasaje bíblico, no los vamos a leer. Sin embargo, les puedo decir que en ambos pasajes el apóstol se refiere a Gén. 2 y señala que la mujer fue hecha después del varón, a partir del hombre y para el hombre. Añadiendo también que el varón nace de la mujer, de manera que varón y mujer son dependientes el uno del otro. Sin embargo, su énfasis recae en el orden, el modo y el propósito de la creación de Eva. Y debido a que es principalmente sobre estos hechos de la creación que Pablo basa su argumento sobre la autoridad del varón, su argumento tiene validez permanente y universal, y no debe dejarse de lado como una limitación cultural, como algunos hacen hoy en día.
Los elementos culturales de su enseñanza deben buscarse en las aplicaciones de este principio, como en la ordenanza del uso del velo y creo que también en el requerimiento del silencio de la mujer en la congregación. En cambio la autoridad del varón (y especialmente del esposo) no es una aplicación cultural de un principio; es el principio primordial. La nueva creación en Cristo nos libera de la distorsión de las relaciones entre los sexos causada por la caída, como se puede ver, por ejemplo, en
Gén. 3:16, pero confirma la intención original de la creación. Fue a este comienzo que Jesús mismo se remitió (por ejemplo en Mt. 19:4–6) y confirmó la enseñanza de Génesis 1 y 2. También debemos hacerlo nosotros. Lo que la creación ha establecido, no se puede reemplazar o destruir por nuestra cultura.
Pasando de la revelación bíblica a la experiencia contemporánea, los cristianos estarán de acuerdo en que nuestra sexualidad es parte innegable de nuestra humanidad. La masculinidad y la feminidad representan una distinción profunda que es tanto psicológica como fisiológica. Por supuesto que los sexos son iguales ante Dios, pero esto no significa que sean idénticos. En Gén. 1:27 dice que Dios creó al ser humano a su imagen, “varón y hembra los creó”. Así que ambos llevan su imagen, pero cada uno también complementa al otro. La perspectiva bíblica nos indica que debemos sostener simultáneamente la igualdad y complementariedad de los sexos. “Compañerismo” podría ser una buena palabra para definir esta relación, siempre y cuando se recuerde que la contribución que cada uno aporta no es idéntica, sino distintiva. Así, un varón se encuentra a sí mismo siendo varón, y una mujer se encuentra a sí misma siendo mujer. No conseguimos el autodescubrimiento ni la plenitud genuina esforzándonos por ser algún otro o por tomar el rol del sexo opuesto.
¿Cuáles son entonces las distinciones complementarias entre los dos sexos? La enseñanza bíblica es que Dios le ha dado al varón, y especialmente al esposo en la relación matrimonial, una cierta autoridad, y que la esposa se encontrará a sí misma y descubrirá su verdadero lugar dado por Dios, en la sumisión voluntaria y gozosa a su esposo como al Señor. Pero la palabra bíblica “sumisión” se explica a menudo como un sinónimo de “sujeción”, “subordinación” y hasta “sojuzgamiento”. Todas estas palabras tienen asociaciones emotivas. Tenemos que tratar de despojar la palabra “sumisión” de esas asociaciones y penetrar en su significado bíblico esencial. Pero, no lo descubriremos buscando los significados modernos ni tampoco a partir de su etimología, sino primariamente de la manera en que se la utiliza en su contexto aquí en Ef. 5.
Hay pocas dudas respecto a lo que “sumisión” significaba en el mundo antiguo, donde el desdén por las mujeres era casi universal. William Barclay lo resume así: “Los judíos tenían un bajo concepto de las mujeres. En la forma judía de la oración matutina había una frase en la que el judío cada mañana agradecía a Dios que no lo hubiera hecho “un pagano, un esclavo o una mujer…” Según la ley judía, una mujer no era una persona, sino una cosa. Carecía totalmente de derechos legales, era posesión absoluta del marido que podía disponer de ella a gusto… La situación era peor en el mundo helénico… Todo el tenor de vida griego hacía del compañerismo entre el varón y la mujer algo casi imposible. El griego esperaba que su mujer manejara su casa y cuidara de sus hijos legítimos; el placer y la compañía los encontraba en alguna otra parte… En Grecia el hogar y la vida familiar estaban próximos a extinguirse, y la fidelidad era absolutamente inexistente… En los días de Pablo la situación en Roma era aún peor… La degeneración de Roma era trágica… No es exagerado afirmar que toda la atmósfera del mundo antiguo respiraba adulterio… El lazo matrimonial estaba en camino a su completa bancarrota.” Y creo que podemos percibir el paralelismo con nuestra sociedad actual, gracias al decaimiento del concepto cristiano del matrimonio.
Markus Barth trata de equilibrar el cuadro del mundo antiguo explicando: “También había movimientos contrarios que promovían derechos iguales para las mujeres”, y “diferentes períodos y áreas geográficas produjeron visiones diferentes de la mujer.” En cuanto a Éfeso y su medio ambiente, dice: “el culto de la Gran Madre y el templo de Artemisa marcaron a esta ciudad más que a otras como un bastión y baluarte de los derechos de las mujeres”. Sin embargo, prevalecía en el mundo antiguo la opresión de las mujeres, y su emancipación apenas había comenzado y se buscaba de forma equivocada. Nuevamente podemos ver el paralelismo con la liberación femenina de nuestros tiempos. Es en contra de este oscuro trasfondo del mundo antiguo que la enseñanza de Pablo brilla con una luz radiante y esa luz todavía puede alumbrar en nuestros días.
Pero aún tenemos que preguntarnos en forma precisa qué significa tener “sumisión” y que el hombre sea “cabeza”. Para comenzar, estas palabras no establecen por sí mismas estereotipos de conducta masculina y femenina. Culturas diferentes asignan tareas diferentes a varones y mujeres, esposos y esposas. En Occidente, por ejemplo, ha sido convencional durante mucho tiempo que la esposa haga las compras, cocine y limpie, junto con atender la alimentación y el cuidado de los niños. En muchos lugares de África y Asia las mujeres también trabajan en el campo y llevan cargas pesadas sobre sus cabezas. En nuestros días, sin embargo, y correctamente, estas convenciones se reconocen como culturales y, por lo tanto, están siendo desafiadas y en algunos casos cambiadas. Muchas parejas están aprendiendo a compartir las tareas del hogar, también por la necesidad que ambos tienen de trabajar para poder subsistir.
Para entender la naturaleza del gobierno del esposo en la nueva sociedad que Dios ha inaugurado, necesitamos mirar a Jesucristo. Porque Jesucristo es el contexto en el cual Pablo utiliza y desarrolla las palabras “cabeza” y “sumisión”. Y hacia allá nos lleva el apóstol Pablo en los siguientes versículos. Miren los vv. 23-24. Aunque Pablo basa la autoridad del esposo en la creación, la define en la relación donde Cristo, el Redentor, es cabeza: “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.” Es a partir de Cristo como cabeza que el cuerpo tiene salud y crece hacia la madurez. Su autoridad expresa cuidado más que control, responsabilidad más que gobierno. Esta verdad se ve apoyada por la adición sorprendente de las palabras “y él es su Salvador”. La cabeza es el salvador del cuerpo: la característica de su autoridad no es tanto el señorío sino la salvación.
Si el hecho de que el esposo sea la cabeza de la mujer se asemeja a que Cristo lo sea de su iglesia, entonces la sumisión de la esposa se asemejará a la de la Iglesia: “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.” No hay nada que la vuelva inferior, porque la sumisión no es una obediencia ciega a un sistema de reglas sino una aceptación agradecida de su cuidado. Para citar nuevamente a Markus Barth: “La sumisión y el respeto que se exhorta a la esposa a tener por el esposo… no es de manera alguna la sumisión de un gatito, o la de un perro temeroso… [Pablo] está pensando en un vínculo voluntario, libre, gozoso, como lo muestra la analogía de la relación de la iglesia con Cristo.” A medida que la autoridad del esposo refleje la autoridad de Cristo, entonces la sumisión de la esposa a su protección y a su amor, lejos de disminuir su feminidad, la enriquecerá positivamente.
Entonces, Dios ha hecho al hombre cabeza de la familia. Esto significa que Dios le ha dado la responsabilidad al hombre del liderazgo espiritual de su familia. El hombre tiene que orar y buscar la dirección de Dios acerca de la misión de su Iglesia Hogareña. El hombre tiene que alimentar espiritualmente a su familia dándoles la Palabra de Dios. La mujer debe someterse al hombre orando para que Dios le dé sabiduría acerca de esto y escuchando la voz de Dios a través de su esposo. Y mientras el esposo sirve a la obra de Dios, la esposa debe servir al esposo, éste es su servicio para la obra de Dios también. Mientras yo estoy preparando el mensaje dominical, mi esposa me sirve cuidando de las niñas, preparando los alimentos y orando por mí para que Dios me dé sabiduría. Mientras estoy entregando este mensaje, mi esposa está cuidando de las niñas y está pendiente de todo lo necesario para que yo pueda predicar. Igualmente cuando estoy dando o preparando los estudios bíblicos.
Pero el liderazgo del hombre en su familia tiene que ser un liderazgo de servicio como el de nuestro Señor Jesucristo. Debemos servir con la Palabra de Dios y con oración. Y también, cuando sea necesario, debemos servir a nuestras esposas. Esto no implica que dejemos de ser la cabeza de la familia. Cuando mi esposa necesita concentrarse para trabajar, o cuando está ocupada limpiando o haciendo algo en la casa, entonces yo cuido a las niñas o colaboro con algún oficio. Esto muestra mi liderazgo y mi amor por mi esposa. Y eso es de lo que el apóstol Pablo va a hablar a continuación. Así que aquí debemos pasar ahora a la exhortación del apóstol Pablo a los esposos que muestra la belleza de esta relación.
II.- Maridos amad a vuestras mujeres (25-33)
Miren el v.25. Si la palabra que caracteriza el deber de la esposa es “sumisión”, la palabra que caracteriza el deber del esposo es “amor”. Podríamos pensar que los esposos deberían amar a sus esposas de forma natural, pero muchas culturas, tanto antiguas como modernas, prueban lo contrario. Por supuesto que hay un cierto lazo de afecto y deseo que mantiene unida a toda pareja casada, y los contemporáneos estoicos de Pablo enseñaban a los esposos a “amar”. Pero el verbo que ellos utilizaban era el concepto débil del amor phileo; fue la enseñanza cristiana la que introdujo el amor agapē, un amor fuerte, sacrificial, en el matrimonio. Pablo utiliza dos analogías para ilustrar el cuidado tierno que debe implicar el amor de un esposo por una esposa.
La primera es que el esposo debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia como leemos aquí en el v.25. Ya en el Antiguo Testamento, el pacto de gracia que Dios había hecho con su pueblo Israel se menciona muchas veces como un pacto matrimonial. Jesús retomó esta enseñanza y se refirió claramente a sí mismo como el “esposo” (Mt. 9:15 y paralelos). Lo que llama la atención del desarrollo que Pablo hace del tema es el sacrificio del pacto de amor del esposo celestial hacia su esposa. Es esto lo que deben imitar los esposos: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”.
Observemos que Pablo utiliza cinco verbos para indicar los pasos consecutivos del compromiso de Cristo con su esposa, la Iglesia. Miren los vv. 25-27. “La amó”, “se entregó por ella”, “para santificarla”, “la purificó” (sin mancha ni arruga) para “presentársela a sí mismo”. La afirmación es tan completa y abarcadora que algunos eruditos piensan que pudo haber sido una cita de una primitiva confesión, liturgia o himno cristiano. Parece trazar el cuidado de Cristo por su Iglesia desde la eternidad pasada a la futura. Las palabras “Cristo amó a la iglesia”, ubicadas antes de la mención de su sacrificio por ella, parecen mirar atrás a su preexistencia eterna, cuando por amor a los suyos se propuso venir a salvarlos. Así que, habiendo amado a la Iglesia, “se entregó por ella” en la cruz.
Pero ¿por qué lo hizo Jesús? ¿Cuál fue el propósito de su sacrificio? Fue para santificarla. Él la purificó. Esto parece referirse a la purificación o lavamiento inicial del pecado y la culpa, que recibimos cuando nos arrepentimos y creemos en Jesús. Esta acción se lleva a cabo lavándola con agua mediante la Palabra (v.26b). Esto se refiere al arrepentimiento de nuestros pecados al escuchar la Palabra de Dios. Esta santificación y purificación son para presentársela a sí mismo cuando Cristo vuelva para tomar a Su Iglesia para sí. Así que el proceso de santificación es un proceso continuo de la Iglesia hasta que Cristo vuelva. Se la presentará a sí mismo “gloriosa” (gr. endoxon). La palabra puede aludir al hermoso vestido de la novia, porque se utiliza para la ropa. Pero significa más que esto. “Gloria” (gr. doxa) es el resplandor de Dios, la fuerza brillante y la manifestación de su ser de otro modo oculto. Así también se hará patente la verdadera naturaleza de la iglesia. Sobre la tierra, la novia a menudo está cubierta con harapos, manchada y fea, despreciada y perseguida. Pero un día se la verá como es, nada menos que la novia de Cristo, santa y sin mancha (v.27).
Fíjense que la Iglesia no se hace a sí misma presentable; es Cristo que trabaja para hermosearla a fin de presentársela a sí mismo. Su amor y autosacrificio por ella, su purificación y santificación, están diseñados para su liberación y perfección, cuando al fin se la presente a sí mismo en la gloria completa. De la misma manera, un esposo nunca debería usar su autoridad para aplastar o anular a su esposa. Su amor por ella lo llevará al camino opuesto. Se dará a sí mismo por ella, a fin de que pueda desarrollar su potencial completo ante Dios y así llegar a ser lo que Dios quiere para ella. El amor y cuidado del esposo harán que la esposa llegue a cumplir su propósito en Dios.
Pero, aunque todo esto suena muy hermoso, es bastante idílico, por lo que el apóstol Pablo baja nuevamente a un nivel más práctico de amor. Miren los vv. 28-29. Los esposos encuentran que no es fácil aplicar el nivel de amor de Cristo a la Iglesia a las realidades de la vida familiar. Por eso Pablo retoma el amor matrimonial como la experiencia de todos los días, como nos amamos a nosotros mismos. Aquí aplica la utilidad práctica de la “regla de oro” que Jesús enunció, de que tratáramos a los otros como nos gustaría ser tratados. (Mt. 7:12) Porque todos hacemos esto instintivamente. Pues nadie aborreció jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida (v. 29a). Es decir que el esposo alimenta y cuida a su esposa como lo hace con su propio cuerpo. Esta exhortación contiene también una coherencia interna debido a que el esposo y la esposa han llegado a ser en realidad “una carne”. Dios espera que la relación sexual no sólo sea una unión de cuerpos, sino que simbolice y exprese la unión de personalidades. Cuando un esposo y su esposa llegan a unirse profundamente uno con el otro, entonces será verdad que el que ama a su esposa se ama a sí mismo.
Esto lleva al apóstol a volver mentalmente a Cristo y de esa manera llega al clímax de su argumento. Hasta aquí ha utilizado dos analogías para el amor de un esposo por su esposa: el sacrificio amoroso de Cristo por la Iglesia, y el cuidado amoroso del esposo por su propio cuerpo. Ahora fusiona ambas. La novia de Cristo y el cuerpo de Cristo son lo mismo. Miren los vv. 29b-30. Cristo nos ha incorporado a sí mismo, nos ha hecho parte de Él mismo en una unión profunda e indisoluble. Esto lleva a Pablo a citar Gén. 2:24 y revelar un gran misterio aquí. Miren los vv. 31-32. No hay razones para dudar que en primera instancia se está refiriendo a las profundidades misteriosas y sagradas de la unión sexual en el v.31. Pero entonces, inmediatamente, continúa con su simbolismo aún más profundo en el v.32: “mas yo digo esto respecto de Cristo y de la Iglesia.” Él revela aquí la relación marital como un hermoso modelo de la unión de la Iglesia en y con Cristo. Los tres cuadros de la Iglesia que Pablo desarrolla en Efesios —el cuerpo, el edificio y la esposa—, todos enfatizan la realidad de su unidad debido a su unión con Cristo.
Miren ahora el v.33. Este es un breve resumen de la enseñanza completa que Pablo ha estado impartiendo a esposos y esposas, y por eso es el versículo clave. Pero, ya todo lo hemos desarrollado a lo largo del mensaje. Sin embargo, hay una palabra importante que cambia aquí. El v.33 dice que “la mujer respete a su marido”, y no que se someta a su marido como en el v.22. Eso es porque acá se usa la palabra griega
fobeo que podría traducirse al español como “respete” en su acepción más débil. Sin embargo, esta palabra significa literalmente “temer”, pudiendo expresar la emoción del temor en todas sus formas y grados, desde el simple respeto, la reverencia, hasta la adoración, según su objeto. Así que podríamos decir que la mujer debe tener respeto a su esposo como al Señor, siguiendo su guía y cuidado como cabeza de familia.
Entonces, el apóstol Pablo comenzó con una pareja: “amor” y “sumisión” y termina con otra: “amor” y “respeto”. Hemos visto que el amor que pide al esposo se sacrifica y la sirve con la visión de hermosear a su esposa para que llegue a ser lo que Dios quiere de ella. Así que la “sumisión” y el “respeto” que pide de la esposa expresa su respuesta a ese amor y su deseo de que él también llegue a ser lo que Dios quiere que sea en su liderazgo. Esta es la hermosa sumisión mutua en el matrimonio.
Yo oro para que en UBF Panamá podamos establecer muchas iglesias hogareñas que muestren este modelo bíblico de familia, un esposo que ama sacrificialmente a su esposa, y una esposa que respeta reverencialmente a su esposo. Y que estas familias de fe puedan ser un ejemplo para nuestra sociedad pecaminosa y colaboren en la obra de convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[23.May.2021]_Dominical-UBF-Panamá_(EFE_5..22-33)-Mensaje.pdf
|
|
[17.May.2021]_Dominical-UBF-Panamá_(EFE_5..22-33)-Cuestionario.pdf
|
¿Desea ver el cuestionario asociado a este mensaje?
Ver CuestionarioFOROS UBF ESPAÑOL
-
P. Hugo Hurtado (VE)
( 20 de noviembre de 2020 )
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...