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Lucas 20:1-19
20:1 Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos,20:2 y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad?
20:3 Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme:
20:4 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?
20:5 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
20:6 Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta.
20:7 Y respondieron que no sabían de dónde fuese.
20:8 Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.
20:9 Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo.
20:10 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las manos vacías.
20:11 Volvió a enviar otro siervo; mas ellos a éste también, golpeado y afrentado, le enviaron con las manos vacías.
20:12 Volvió a enviar un tercer siervo; mas ellos también a éste echaron fuera, herido.
20:13 Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto.
20:14 Mas los labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra.
20:15 Y le echaron fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña?
20:16 Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre!
20:17 Pero él, mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo?
20:18 Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará.
20:19 Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo.
ENVIARÉ A MI HIJO AMADO
ENVIARÉ A MI HIJO AMADO
San Lucas 20:1-19
V, Clave 20:13 “Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto.”
¡Buenos días! Desde la palabra de hoy son las palabras de esa misma semana donde Jesús padeció en la cruz. De aquellas podemos aprender cómo Jesús mostró su paciencia y amor aún a todos los que se le oponían. Muchas veces sin darnos cuenta nos oponemos o nos quedamos ingratos a la gracia tan grande de Dios hacia nuestra vida. Oro que Dios nos ayude a conocer la grandeza de su amor y paciencia con nosotros mediante la palabra de hoy.
I. YO TAMPOCO OS DIRÉ (1-8)
Después de la entrada triunfal, Jesús había echado fuera a todos los vendedores ambulantes y los cambistas del Templo. Por esta causa Jesús tenía que afrontar a la autoridad religiosa del Templo con conflictos. Esta misma semana Jesús tenía que padecer y morir en la cruz. Pero, ¿Qué estaba haciendo Jesús en este tiempo? Vamos a leer el v1a. “Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio” ‘Enseñar y anunciar el evangelio’ era la labor constante de Jesús antes de morir.
En el v2, ellos hablaron a Jesús diciendo, “Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad?” Los líderes religiosos institucionalmente eran la autoridad en el Templo. Pero ellos abusaron su autoridad, ejerciéndola políticamente en vez de tener la autoridad de servicio al pueblo. Ellos tenían la autoridad religiosa del Templo, pero ellos no conocían que Jesús era la autoridad final.
Jesús, en vez de darles la respuesta directa, les hizo una pregunta. “Os haré yo también una pregunta; respondedme: El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?” Juan era quien preparó el camino del Cristo. Él daba el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo e incluso a Jesús (Mt. 3:13-17; Mc. 1:9-11; Lc. 3:21-22). Todo el pueblo, los fariseos y los saduceos, los publicanos y aún los soldados fueron bautizados con el arrepentimiento. La obra tan grande del arrepentimiento demostraba que el bautismo de Juan era del cielo y todo el pueblo estaba persuadido de aquello.
Pero los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos respondieron que no sabían de dónde fuese el bautismo de Juan (7). Con su respuesta irresponsable ellos demostraron su incredulidad a la autoridad de cielo. Esta hipocresía de incredulidad era el pecado más grave, ya que intencionalmente rechazaban la verdad de Dios. Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas. (8)
Aquí debemos detenernos a pensar de la autoridad del cielo. El enseñar la palabra de Dios era el cargo de los escribas habitualmente. Ellos eran autoritativos en vez de tener la autoridad del cielo. San Mateo 7:28-29 “Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; / porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” En enseñar y anunciar el evangelio lo importante es la autoridad del cielo, ya que solo el Espíritu Santo puede iluminar nuestro corazón y entendimiento, revelando su significado. La voz grande, la lógica intelectual, cualquier actitud prepotente no tienen que ver nada con la autoridad del cielo. Esta autoridad de Jesús se adquiere, solo y cuando vivamos la palabra de Dios con obediencia. Esta autoridad se adquiere cuando Jesús y su palabra gobierna nuestro corazón y pensamiento. “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho (Jn. 15:7). Ella se adquiere cuando uno sirve a otro con el amor genuino. La autoridad del cielo proviene solo de Dios nuestro Padre celestial mediante Jesús. Oro que seamos creyentes y siervos de autoridad, viviendo siempre bajo la autoridad del Cristo Jesús.
II. ENVIARÉ A MI HIJO AMADO (9-19)
Jesús no les había respondido a los líderes religiosos con qué autoridad hace todo. Pero les dio una respuesta más reflexiva y penetrante con una parábola. Vamos a leer el v9 juntos. “Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo.” Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo. El dueño de la viña se ausentó por mucho tiempo sin querer molestar a los labradores con frecuencia. Así, les dio una libertad abundante para poder llevar suficientes frutos.
Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña. El dueño habría esperado los frutos correspondientes. Pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. Ellos eran ingratos al favor del dueño tan generoso de la viña. Este dueño tenía que quitar su viña a los labradores ingratos de la manera inmediata. Pero el dueño era muy paciente. Él consideró que su primer siervo habría podido comportarse mal ante ellos. Y volvió a enviar otro siervo más disciplinado y educado. pero ellos a éste también, no solo golpeado, sino aún afrentado, le enviaron con las manos vacías. Entonces, el dueño volvió a enviar un tercer siervo aún más humilde. Mas ellos a éste echaron fuera, herido. La agresividad de los labradores iba aumentándose. Pero, el señor de la viña dijo: Vamos a leer el v13 juntos. “Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto.”
¿Qué hicieron los labradores con el hijo? Al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra. Y le echaron fuera de la viña, y le mataron. Ellos pagaron mal por bien. Ellos se equivocaron con su violento actuar. Pensaron que el señor de la viña no tiene el poder y por eso sigue enviando a sus siervos y aún a su hijo. Ellos ignoraron la gracia y la paciencia del señor de la viña. Jesús dice que el señor de la viña viene y destruye a estos labradores y dará su viña a otros fieles y agradecidos.
En esta parábola, ‘el señor de la viña’ es ‘el Dios Padre’, ‘la viña’ significa ‘el pueblo de Israel’. ‘los labradores’ ‘los líderes religiosos’ en el sentido estrecho según el contexto (Lc. 20:1-8; Mt. 23:13-36). La parábola de viña fue referida por el profeta Isaías en relación a todo Israel. Isaías 5:1b-2 dice “Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. 2 La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres.” Cuando Jesús dijo esta parábola, el pueblo de Israel habría estado muy familiares a su significado.
Dios sacó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto no por algún merito suyo, sino por su gracia. El pueblo de Israel era pequeño y débil en comparación a los países vecinos. Sin embargo, Dios les hizo conquistar la tierra de Canaán y poseerla. Dios había dado la salvación, la tierra de Canaán y su ley al pueblo de Israel. Y la mejor bendición de Dios era su compañía con ellos mediante su santa ley. Pudieron servir y alabar a Dios y recibir el perdón del pecado de Dios. Esto era a que el pueblo de Israel se hiciera un reino de sacerdotes y gente santa (éxodo 19:5-6).
Pero ellos comenzaron a corromperse, sirviendo a los ídolos de Canaán. Ellos comenzaron a perseguir a los profetas y siervos de Dios que fueron enviados reiteradamente por Dios. Desde Abel hasta Zacarias fueron martirizados como Jesús les había dicho (Mt. 23:35). Sin embargo, Dios tuvo misericordia de ellos y les envío finalmente a su Hijo amado Jesús para que lo respetara y volviera a Dios quien es el Señor de viña. Pero ellos lo rechazaron y lo crucificaron.
De esta parábola, ¿Qué podemos aprender nosotros?
Primero, Dios nos dio una viña hermosa. Dios nos dio una viña hermosa. ¿Qué viña nos dio para que lo cuidemos? Dios nos dio nuestra vida. Durante toda nuestra vida, podemos llevar muchos frutos deseables y hermosos para la gloria de Dios. Dios nos dio nuestro hogar con los seres queridos; hermanos, padres, hijos, esposo y esposa. Dios nos dio nuestra iglesia en donde podemos compartir su gracia celestial con el genuino amor. Es una tremenda bendición que jamás podemos encontrar en el mundo corrupto. Dios nos dio los campus universitarios como el campo de misión. Esta viña es tan hermosa, ya que esta viña nos hace vivir la juventud junto con los jóvenes. Sobre todo, Dios nos dio la salvación, la nueva vida mediante el Cristo. En él, podemos llevar una vida nueva de los frutos del espíritu Santo.
Dios nos regala estas viñas no para explotarnos del impuesto. Él es el Señor de toda riqueza y no necesita añadir más bienes. Lo que él quiere de nosotros es que llevemos una vida agradecida en reconocer que él es el dueño de toda nuestra vida. Al pensar la hermosa viña de Dios, nuestro corazón ha de llenarse de gratitud abundantemente. Cuando cuidamos bien nuestra viña y seamos aprobados como labradores fieles, él nos entrega otra viña mayor como una bendición. Gracias al Señor por la viña hermosa que ha sido dada a nosotros que no merecemos. Oro que seamos gratos y agradecidos a él siempre por lo que recibimos cada día.
Segundo, Dios es paciente con los malos labradores. A veces nos equivocamos, pensando que somos buenos labradores. Pensamos que ‘con mis esfuerzos’ hemos logrado todo lo que poseemos. y Nos quedamos malagradecidos con todos los que han sacrificado su vida por nosotros. No agradecemos a nuestros padres, a nuestros hijos, al cónyuge, a otros que nos ayudaron incondicionalmente. Los golpeamos, afrentamos y aún herimos física o verbalmente. ¿No somos así?
Pero gracias a Dios, porque él ha sido paciente con nosotros. Nuestra naturaleza caída se tiende a olvidarse de la gracia de Dios y actuamos como el dueño de nuestra vida. Dios nos envía a sus siervos una y otra vez. Y repetidamente nos envía a sus siervos para que nos arrepintamos y demos los frutos correspondientes al dueño de nuestra vida. Los siervos de Dios no necesariamente deben ser los hombres, sino pueden ser como adversidades o enfermedades o problemas interpersonales o algún dolor indecible personal, etc.
Nuestro Dios es paciente con los pecadores. Su paciencia es tan grande que envió a su Hijo amado. “Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto.” ¿Quién puede meter a su hijo amado al peligro evidente? Si lo hace, esa persona es un loco o tiene un afecto extraordinario al objeto. Humanamente enviar a su hijo amado es un demasiado sacrificio. Nuestro Dios quiere tanto a los pecadores y quiere que se arrepientan. Dios lo había anunciado desde Génesis y en todo antiguo testamento. Al leer la palabra en buena observación, podemos darnos cuenta que desde la creación del mundo, Dios amó tanto a los pecadores.
Dios ha sido muy paciente conmigo. No he sido buen labrador. He perdido la salud de corazón por no haber administrado el hábito de comer. Muchas veces yo no cumplo mi deber y no hago lo que hablo. Aparentando que amo a Dios, yo dedico mucho más tiempo en leer los periódicos que la Biblia. Y soy negligente a orar. Merezco la descalificación de ser buen labrador. Pero, Dios no me ha abandonado, sino ha tenido mucha paciencia conmigo hasta el día de hoy. Dios quiere que sea un labrador arrepentido. Dios me envió a su hijo amado para llegar al arrepentimiento genuino y ser un buen labrador. Gracias a mi Dios por su paciencia tan grande. Oro que yo pueda ser un labrador arrepentido ante él y ser paciente también con las ovejas de Dios hasta que ellas pudieran convertirse en los labradores arrepentidos.
Tercero, Jesús vendrá a juzgar a los no arrepentidos. Aunque Dios es paciente, su paciencia no es infinita. Dios no se hace burlado. Jesús pregunta ‘¿Qué, pues, les hará el señor de la viña?’ (15). Cuando llega su tiempo, todos los que abusan su paciencia van a recibir su justo pago y consecuencia correspondiente. Apóstol Pablo dijo: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? / Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,” (Rom. 2:4-5) Jesús quien padeció en la cruz, va a volver a juzgar a todos los no arrepentidos. En su primera venida, Jesús vino a este mundo con la forma del siervo y sirvió a todos los pecadores con el amor de Dios el padre. Pero en su segunda venida, él va a venir como el Señor de la gloria para juzgar a todos labradores conforme a sus hechos.
El juicio del Señor de viña es personal. Dios puede dar la viña dada a nuestra vida a otros, si no la cuidamos bien. Cuando el pueblo de Israel no cuidó bien el evangelio, la viña fue trasladada a otros pueblos. Si América Latina cuida bien esta viña dada, será el pueblo santo para todo el mundo. Su juicio es no solamente destruir a los no arrepentidos, sino también dar la recompensa grande a los buenos labradores conforme a sus hechos.
Vamos a ver el 16b-18. Cuando los líderes religiosos oyeron esto, dijeron: “¡Dios nos libre!”. Ellos pensaron que siempre Dios iba a estar con ellos y los guardara, aunque ellos cometieran cualquier pecado. Ellos no se dieron cuenta que ese mismo Dios estaba delante de ellos. Por lo tanto, Jesús, mirándolos, dijo.
Vamos a leer el v17-18 juntos. “Pero él, mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito: ¿La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo? Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará.” Jesús citó la palabra de Salmos 118:22. ‘la piedra desechada por los edificadores’ es Jesús. Los líderes religiosos no quisieron arrepentirse de su hipocresía y pecado y entregaron a Jesús en la muerte, pero Jesús venció la muerte y resucitó y se hizo cabeza del ángulo de la iglesia. Él que caiga sobre esta piedra se quiebra. Los enemigos, la muerte y el diablo fueron quebrantados y vencidos por esta piedra. Pero esto no es el fin. Cuando esta piedra que se hizo cabeza del ángulo viene a juzgar, él destruirá completamente a todos los enemigos y los desmenuzará a gran ruina. ¡Qué temible es el juicio de Jesús que fue la piedra desechada! Oro que seamos sensatos, arreglando nuestra vida conforme a la voluntad del señor de viña.
Conclusión, Jesús dijo ‘¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado’. El Señor nos dio la hermosa viña y aún nos dio a su Hijo amado a nosotros quienes somos labradores inmerecidos. Oro que seamos los labradores arrepentidos y agradecidos cada día para poder dar buenos frutos al Señor de la viña.
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