1 Corintios 15:1-11
15:1 Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis;15:2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
15:3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
15:4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
15:5 y que apareció a Cefas, y después a los doce.
15:6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.
15:7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles;
15:8 y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.
15:9 Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.
15:10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.
15:11 Porque o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.
EL EVANGELIO DE MUERTE Y RESURRECCIÓN
Buenos días. Hoy comenzamos una serie de tres lecturas especiales en 1 Corintios 15 con motivo de la Semana Santa. La Semana Santa es muy especial para los cristianos porque es el tiempo en el que conmemoramos los acontecimientos de la pasión y muerte de Jesús, pero también es el tiempo en que celebramos su resurrección. Cuando pensamos en el evangelio, generalmente pensamos en la muerte de Jesús en la cruz, pero nos olvidamos que Jesús también resucitó para darnos vida eterna. Si Jesús no hubiese resucitado, entonces su muerte no hubiese sido más que un triste evento que le sucedió a un buen hombre, pero nada más. Pero el hecho de que Jesús ha resucitado es la garantía de que Él es lo que dijo ser, el Hijo de Dios con poder. Es la garantía de que su muerte puede perdonar nuestros pecados y su resurrección puede darnos vida eterna. ¡Gloria a Dios por la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo! ¡Aleluya!
Pero los hermanos en Corinto, influenciados por la filosofía griega, estaban dudando acerca de la resurrección de Jesús. Así que el apóstol Pablo les escribe este capítulo, que es el tratado más extenso sobre la resurrección en la Biblia. Aquí se explican tanto la resurrección de Jesucristo que se registra en los cuatro Evangelios como la resurrección de los creyentes que se promete en el evangelio. Este capítulo es la defensa del apóstol Pablo a la resurrección corporal de Jesucristo y a la esperanza de los creyentes de que seremos resucitados corporalmente también.
Este capítulo es tan importante y tan extenso que le vamos a dedicar tres mensajes. Y comenzaremos hoy con esta primera lectura titulada: “El Evangelio de Muerte y Resurrección”. Para comenzar su enseñanza sobre la resurrección, Pablo expone a los hermanos corintios las evidencias que confirman la resurrección de Jesús: Primero, el mensaje mismo del evangelio que cumple las Escrituras (vv. 1-4); segundo, la gran cantidad de testigos (vv. 5-8); y tercero, el poder de la resurrección manifestado en su vida (vv. 9-11). Hoy aprenderemos estas evidencias de la resurrección y el contenido del evangelio de muerte y resurrección.
Oro para que en esta Semana Santa el poder de la resurrección de Jesús llene y transforme nuestras vidas. Y que podamos ser poderosos testigos de la resurrección de Jesús en Panamá, en Latinoamérica y en todo el mundo. Y que el evangelio de la muerte y resurrección de Jesús transforme a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.
I.- El evangelio que cumple las Escrituras (1-4)
Miren el v.1. El apóstol Pablo escribe esta carta de 1 Corintios a la iglesia que estaba en la ciudad de Corinto. Es decir, él está dirigiendo este mensaje a los hermanos que habían creído y recibido el evangelio en esta ciudad. Así que les recuerda en estos primeros versículos el contenido del evangelio que ellos habían recibido y en el cual perseveraban. Perseverar significa que ellos se mantenían firmes en la proclamación de este evangelio y en el estilo de vida que esta buena noticia demandaba. Al comer Pan Diario durante esta semana, nos hemos dado cuenta de que estos hermanos en Corinto tenían muchos problemas de división, conflictos y pecados; sin embargo, el hecho de que continuasen congregándose y discutiendo acerca del evangelio, muestra que ellos estaban luchando para mantenerse firmes en el evangelio. Aunque, sin duda podemos notar que les faltaba luchar mucho más espiritualmente y esto viene porque les faltaba conocer a Jesús resucitado.
Miren el v.2. Aquí el apóstol Pablo les recuerda a los hermanos corintios, y a nosotros que ahora hemos recibido esta carta también, que la salvación no se trata de recibir con alegría el mensaje del evangelio, confesar a Jesús como nuestro Señor y Salvador y continuar con la vida que llevábamos. La salvación se trata de retener la palabra que nos ha sido predicada, es decir, vivir conforme al evangelio que hemos recibido. No puedo confesar a Jesús como mi Señor y Salvador y seguir viviendo en pecado. Esto sería una falsa confesión y por lo tanto no es una confesión efectiva para mi salvación. Soy salvo si Jesús es realmente el Señor de mi vida y si es notorio en mi vida que estoy siendo perfeccionado por el Espíritu Santo para alcanzar el reino de Dios. Si no estoy viviendo de esta manera, entonces mi confesión de fe es vana o nula, y por lo tanto no soy salvo.
Miren ahora el v.3a. El evangelio que Pablo les había enseñado a los corintios no había sido un invento suyo, sino lo que él mismo había recibido. Ahora, en el caso particular de Pablo, él no lo recibió de ningún hombre, sino de Jesucristo mismo, según el propio Pablo afirma en Gál. 1:11-12: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.” Esta revelación especial de Jesucristo probablemente hace referencia al encuentro de Pablo con Jesús en Hch. 9 en el cual se convierte y pasa de ser perseguidor de la iglesia, a su más ferviente defensor. De todas maneras, es el mismo evangelio que los apóstoles habían predicado como lo dice el v.11: “Porque o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.” Así que Pablo no les está predicando un evangelio nuevo y diferente sino la misma buena noticia que anunció nuestro Señor Jesucristo y que predicaban también todos los apóstoles. Veamos a continuación el mensaje de este evangelio.
Miren los vv.3b-4. La buena noticia es que Jesús murió por nuestros pecados cumpliendo las Escrituras, fue sepultado y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. La muerte, sepultura y resurrección de Jesús cumplen con lo que había sido profetizado en el Antiguo Testamento. Estos eventos fueron revelados por Dios a lo largo de todo el Antiguo Testamento, sin embargo hay pasajes bíblicos icónicos donde podemos encontrarlos como el Salmo 16, el Salmo 22 e Isaías 53. Pero esta buena noticia de la muerte, sepultura y resurrección de Jesús viene antecedida por una mala noticia.
La Biblia nos narra la triste historia de la humanidad. Dios creó al hombre conforme a su imagen y semejanza y lo puso en un hermoso jardín que plantó para que viviese feliz por siempre glorificando el nombre de su Creador. Pero el hombre desobedeció comiendo del árbol que Dios le ordenó que no comiese, entonces el pecado entró a la humanidad. Rom. 3:23 dice “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”, el pecado nos destituyó de la gloria de Dios, nos apartó de Él y nos hizo perder su imagen y semejanza. Al ser apartados de Dios, morimos espiritualmente. Pero el pecado también trajo la muerte física. Rom. 6:23a dice “Porque la paga del pecado es muerte”. Es la noticia más triste para la humanidad. Envejecemos, nos enfermamos y morimos, por causa del pecado. Pero además de la muerte física el pecado trajo la muerte eterna. El pecador, después de esta vida, será condenado a estar eternamente apartado de Dios, sufriendo en el lago de fuego y azufre.
Pero, la buena noticia es que Jesús murió por nuestros pecados. Él ya pagó el precio de nuestros pecados ante Dios Padre. La muerte que sufrió Jesús fue suficiente para que Dios pudiese perdonar todos nuestros pecados. No tenemos que cargar más con nuestros pecados, ya Jesús los clavó en la cruz junto con su cuerpo. ¿No es ésta una maravillosa noticia? Sin embargo, no termina allí. La buena noticia continúa. El v.4 dice: “y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día”. Jesús no sólo murió por nuestros pecados. Él no quedó colgado en la cruz como lo vemos en algunas iglesias. Él fue sepultado y resucitó al tercer día. ¡Jesús venció a la muerte! Venció al enemigo que nadie sobre este planeta puede vencer. Jesús siendo Dios no puede ser derrotado por la muerte, así que, aunque entregó su cuerpo como sacrificio para perdonar todos nuestros pecados, no podía quedar muerto para siempre y después de tres días resucitó, tal y como ya se lo había dicho a sus discípulos mientras estuvo vivo. ¡Jesús ha resucitado! ¡Gloria a Dios!
Pero, ¿Cómo podemos estar tan seguros de que Jesús resucitó? ¿No puede ser acaso un invento de los discípulos que se robaron el cuerpo de Jesús como algunos por allí dicen? A continuación veremos la evidencia que el apóstol Pablo mismo da acerca de la realidad de la resurrección de Jesús.
II.- Los testigos de la resurrección (5-8)
La resurrección había sido puesta en tela de juicio por los hermanos en Corinto. Y una parte importante en todo juicio son los testigos. Así que Pablo llama aquí a sus testigos para demostrar que la resurrección corporal de Jesús es cierta. Miren el v.5. Pablo no pretende ser exhaustivo ni refiere los testigos en una forma estrictamente cronológica. Él los menciona en orden más o menos cronológico, pero respetando la importancia que tienen estos testigos para la iglesia. Primero menciona a Cefas, el sobrenombre arameo de Simón Pedro. En los evangelios no podemos encontrar esta aparición de Jesús a Cefas, pero los dos discípulos que se encontraron con Jesús en el camino a Emaús (y que no aparecen mencionados en esta lista de testigos) dijeron:
“Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.” (Lc. 24:34).
Luego, dice que se les apareció a los doce. Los doce es el nombre genérico con que se designa a los apóstoles. Aunque para el momento de la resurrección eran solo once, porque Judas Iscariote había traicionado a Jesús y se había suicidado, ellos seguían designando al grupo como los doce. Luego el número sería restaurado con la elección de Matías como sustituto de Judas (Hch. 1:25-26). Así que el punto de Pablo en este v.5 es que Jesús se apareció primero al miembro más prominente de la iglesia, Pedro, y después a todos los apóstoles que fueron los precursores del testimonio de Jesús.
Miren ahora el v.6. Según Pablo, Jesús se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo. La referencia a esta aparición tampoco está completamente clara en las narraciones evangélicas. Pero algunos opinan que pudo haber tenido lugar en Galilea, cerca del mar de Galilea, porque Jesús dijo que se encontraría con los discípulos en Galilea (Mt. 28:7). Considerando que los viajes se hacían en grandes caravanas, muchos se habrán unido a los apóstoles para ir a Galilea, especialmente quienes habían seguido a Jesús. Así que Jesús pudo haberse aparecido delante de todos ellos. También, pudo haber sucedido en cualquier momento durante los cuarenta días que Jesús resucitado continuó apareciéndose (Hch. 1:3).
El caso es que Pablo dice que hubo más de quinientos testigos oculares de Jesús resucitado. Esta una evidencia abrumadora. Si algún abogado pudiese contar con quinientos testigos en un juicio, de seguro ganaría muy fácilmente. Además, muchos de ellos todavía vivían, así que se les podía interrogar para el momento en el que Pablo escribe esta carta. Ya habían pasado más de 25 años de ese acontecimiento, pero a pesar del peligro que corrían por la persecución judía y romana, ellos todavía continuaban testificando que Jesús había resucitado.
Miren ahora el v.7. Jacobo era hermano de Jesús, hijo de José y María (Mt. 13:55). Esta aparición no está referida en ningún otro lugar del Nuevo Testamento, pero resulta bastante conmovedora ya que los hermanos de Jesús no creían en Él (Jn. 7:5). Así que la aparición de Jesús resucitado habría transformado la vida de su hermano Jacobo, tanto que se convirtió en uno de los apóstoles y líder de la iglesia en Jerusalén (Hch. 1:14; Hch. 12:17; Gál. 2:9). Además escribió la epístola que lleva el nombre de Santiago. Este es el poder transformador de la resurrección de Jesús del que hablaremos más adelante.
También dice que apareció a todos los apóstoles. Esto parece incluir a un grupo mayor que a los doce. Ya les acabo de dar el ejemplo de Jacobo que era contado con los apóstoles aunque no era parte de los doce. Igualmente podríamos hablar de Bernabé y otros que parecen ser llamados apóstoles en el Nuevo Testamento. Quizás esto se refiera a todos los que fueron comisionados por Jesús antes de su ascensión en Hch. 1. Lo cierto es que había una gran nube de testigos oculares que podían afirmar la realidad de la resurrección corporal de Jesús. Y entre ellos se cuenta el propio apóstol Pablo.
Miren el v.8. Pablo dice que Jesús se le apareció a él como a un abortivo. En realidad la palabra griega que aparece aquí se refiere a uno “nacido fuera de tiempo”. Esta palabra se usaba para designar a un bebé que se queda mucho más tiempo en el vientre de la madre y, generalmente, nacía muerto. Pablo fue salvo muy tarde como para haber sido uno de los apóstoles mencionados. Cristo ya había ascendido antes de su conversión, así que él ya no podía haber sido apóstol porque no había visto al Señor vivo ni resucitado. Sin embargo, Jesús resucitado se le apareció a Pablo tiempo después. Jesús resucitado vino nuevamente a la Tierra para designar a Pablo como uno de sus apóstoles para una muy importante misión, él sería el apóstol a los gentiles y sería un instrumento escogido para llevar el nombre del Señor “en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” (Hch. 9:15).
III.- El poder transformador de Jesús resucitado (9-11)
Miren los vv. 9-10. Aquí Pablo narra cómo el encuentro con Jesús resucitado cambió su vida. Él era un acérrimo perseguidor de la iglesia, pero su encuentro con Jesús resucitado lo convirtió en un apóstol, en uno de los más fieles testigos de la resurrección de Jesús. El encuentro con Jesús resucitado y la gracia que había recibido por él, lo llevaron a trabajar muy arduamente en la predicación del evangelio y la iglesia de Corinto era una evidencia de ello. Pablo puso los cimientos de esa iglesia, luego Apolos y Cefas también colaboraron en su edificación. Pero los propios corintios eran evidencia de su apostolado y del poder de Jesús resucitado para cambiar las vidas.
Cuando nos encontramos con Jesús resucitado podemos experimentar el poder transformador de Jesús. Si bien Él murió en la cruz para perdonar nuestros pecados, es el poder de su resurrección el que cambia nuestras vidas. Si miramos a la cruz de Jesús podemos ver su amor y su gracia, y si miramos a Jesús resucitado podemos ser llenos del poder necesario para convertirnos en testigos de su resurrección.
Jesús resucitado cambió a un temeroso Pedro, que había negado conocer a Jesús durante la noche de su juicio por miedo a ser apresado él también, y lo convirtió en un poderoso predicador del evangelio y en un testigo de la resurrección de Jesús. También, transformó a su incrédulo hermano Jacobo en uno de los más prominentes testigos de su resurrección y líder de su iglesia. Además, convirtió a Pablo de un acérrimo perseguidor al más vehemente testigo de su muerte y resurrección.
Muchos cristianos viven solamente conociendo el evangelio de la cruz de Cristo, pero no han llegado a experimentar el poder de Jesús resucitado. Aunque yo acepté a Jesús como mi Señor y Salvador en el año 2000, y me congregaba en una iglesia, no tenía el poder para vencer mi pecado todavía. Eso hizo que abandonara la iglesia en el 2004 y me fuera a continuar disfrutando mi pecado. En realidad yo no había conocido bien la gracia de Dios todavía, ni mucho menos el poder de Jesús resucitado. Pero, ese mismo año experimenté profundamente la gracia de Dios en la Convivencia de Verano de UBF Caracas de 2004: “En Jesús Hay Esperanza”. Sin embargo, todavía no había llegado a experimentar verdaderamente el poder de Jesús Resucitado en mi vida.
Durante muchos años estuve luchando espiritualmente con la gracia que había recibido, pero continuamente pecaba y le fallaba a mi Dios. Además, muchas veces resultaba difícil hacer la obra de Dios porque perdía el ánimo y las fuerzas por mi pecado y por las responsabilidades de la vida diaria. Pero en el año 2008 en la Convivencia de Pascua de Venezuela me correspondió predicar la segunda parte de este mensaje que escucharemos el próximo viernes: “El Poder de la Resurrección”. Allí pude conocer profundamente el poder de la resurrección en mi vida y eso me fortaleció para servirle mejor y para escuchar el llamado misionero de Dios en el año 2011.
A veces me he desanimado y he sido derrotado por mi pecado. Pero esto es porque olvido mi encuentro con Jesús resucitado y el poder de su resurrección que ha transformado mi vida. El encuentro con Jesús resucitado puede cambiar completamente nuestras vidas como lo hizo con Pedro, Jacobo y Pablo. El evangelio de Jesús no es solo el evangelio de la muerte en la cruz, sino también el evangelio de su resurrección. Yo oro para que en esta Semana Santa cada uno de ustedes pueda tener su encuentro personal con Jesús resucitado y se conviertan en poderosos predicadores del evangelio y testigos de la resurrección. Amén.
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[28.Mar.2021]_Especial-UBF-Panamá_(1CO_15..1-11)-Mensaje.pdf
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[22.Mar.2021]_Especial-UBF-Panamá_(1CO_15..1-11)-Cuestionario.pdf
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