Lucas 12:13-21

12:13 Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia.
12:14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?
12:15 Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
12:16 También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho.
12:17 Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos?
12:18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes;
12:19 y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.
12:20 Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?
12:21 Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

EL RICO INSENSATO


Una de las noticias más escuchadas durante esta época de pandemia, ha sido el surgimiento económico de algunas empresas, y por ende, el enriquecimiento acelerado de los respectivos dueños. El caso más famoso es el de ► Jeff Bezos, el fundador y director ejecutivo de Amazon, quien vio aumentar su riqueza en US$24.000 millones el año pasado, lo que lo posiciona actualmente como el hombre más rico del mundo. Otro caso bastante nombrado es el del argentino ► Marcos Galperin, el fundador de Mercado Libre, su empresa se triplicó en el 2020, su valor actualmente es del doble de las reservas del país; eso lo acredita como el argentino más rico y quien mueve el 20% del PIB de la nación. Y así como ellos dos, varios otros empresarios se han hecho ricos, o han aumentado significativamente sus riquezas, en esta pandemia, como ► Elon Musk (de Tesla), Mark Zuckerberg (de Facebook), Jack Ma (de Alibaba) o Steve Ballmer (ex-CEO de Microsoft)

Otro fenómeno que se ha acentuado en esta pandemia, es una gran movida en pro de hacerse rico, más que nada a través de negocios digitales y redes multinivel. Hay un surgimiento impresionante de negocios de este tipo, y en los varios que he escuchado, la promesa siempre es: hacerte millonario o billonario. Y la verdad es que a todos nos gustaría ser ricos. Aún aquellos que dicen que “ser rico es malo”, anhelan y aman tener millones en sus cuentas. Pero ¿qué dice la biblia acerca de esto? ¿es bueno ser rico? ¿quién es verdaderamente rico? ¿cuál debe ser mi actitud ante las riquezas? Estas son algunas de los temas que abordaremos hoy por medio de una parábola dada por Jesús: “La parábola del rico insensato”. Jesús nos enseñó, todo esto y más, y te animo a estar atento para que respondiendo estas preguntas puedas vivir como Dios quiere. Oro que con lo que aprendamos hoy todos luchemos por ser, como dice el título del mensaje, ser ricos para con Dios. ¡Amén!

MIRAD Y GUARDAOS DE TODA AVARICIA

Leamos el v.13 “Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia.” Hace dos semanas vimos que Jesús se dirigió a los fariseos, y los regañó por enfocare en los rituales religiosos y olvidar dar los frutos de la justicia y el amor de Dios. La semana pasada, por otra parte, vimos que el Señor enseñaba a sus discípulos que debían tener cuidado de la hipocresía y no tenerle miedo a los hombres, sino tener temor reverencial a Dios. Pero en esta ocasión, como acabamos de leer, la enseñanza estaba dirigida a alguien de la multitud. Es bueno recordar que, como vemos en el v.12:1, esta procesión de personas se juntó mientras Jesús estaba en la casa de un fariseo que le invitó a comer, y que era una gran cantidad de gente (de miles de personas), tanto que se atropellaban unos a otros para acercársele al Señor. Obviamente, entre tanta gente era prácticamente una hazaña hablar con Cristo, pero alguien lo logró, y aprovechó para hacerle una solicitud: “Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo”. En aquel tiempo, según la ley, el hijo mayor era el principal beneficiario en la repartición de la herencia dejada por algún difunto. En Deuteronomio 21:17 dice que al primogénito se le daba una doble porción de lo que recibía cada hijo. Sin embargo, muchas veces, los hermanos mayores, haciendo uso de su derecho, abusaban, y se llegaban a quedar con toda la herencia. Y parece que este era el caso de la historia, probablemente el hombre que hablaba con Jesús era un hermano menor y su hermano más grande no quería darle nada de lo que le correspondía. Por eso este joven se acerca a Jesús.

Ahora veamos qué le respondió Jesús. Leamos los vv.14,15 “Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” En esencia Jesús le dijo dos cosas al hombre. Primero le preguntó: ¿quién me ha puesto por juez o repartidor de herencias entre ustedes? Porque normalmente este tipo de problemas, no se le llevaban a cualquiera, sino que los resolvía el rabino, y como esa no era la posición de Jesús, él decidió no emitir juicio. Podemos ver que Jesús respetaba el orden social y espiritual, y aunque él era muy capaz de resolver esta situación se lo dejó al que le correspondía. Respetar el orden establecido en nuestro entorno es importante, y sobre todo respetar a las autoridades, aún más, porque la biblia dice que en eso glorificamos a Dios. Como lo dice Romanos 13:1,2 “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.” Esta enseñanza es aplicable en cada área de nuestra vida, desde nuestras casas, hasta nuestros trabajos, estudios, y como en el caso de Jesús, también en nuestro país y en la iglesia. El único motivo válido para desobedecer o ignorar a la autoridad, es que esta no pida ir en contra de la voluntad de Dios. Tal como lo hizo Daniel cuando el rey firmó un decreto que le impedía orar.

Sin embargo, aunque Jesús no juzgó sobre el asunto, porque no le correspondía, no era que no le importaba, de hecho, lo segundo que le dice al hombre, nos enseña que se interesó en tratar el problema de fondo de aquella situación, por eso dijo: “Mirad, y guardaos de toda avaricia”. Según el diccionario, avaricia es el “Afán de poseer muchas riquezas por el solo placer de atesorarlas sin compartirlas con nadie lo que quiere decir que el problema no radica en querer tener la riqueza, tampoco en que ya las tengamos, sino en qué hacemos o que queremos hacer con aquello que es valioso y poseemos. Si nuestra intención es poseer muchas cosas para disfrutarlas privadamente, tenemos un problema: se llama avaricia. Pero ¿por qué la avaricia es un problema? leamos Efesios 5:5 “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.”, también leamos Colosenses 3:5 “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;” como vemos ¡la avaricia es idolatría! es decir, que es igual a tener un dios distinto de Jehová Dios y por ende es pecado y tiene consecuencias: condenación eterna.

Y hay un detalle muy importante, Jesús dijo: “guárdense de toda avaricia”, o como lo dice otra versión (BLPH): “de toda clase de avaricia”. Lo que quiere decir que la avaricia no solo se manifiesta en torno al dinero o bienes materiales, sino también en torno a otro tipo de riquezas. Quizá los que estamos acá no tengamos mucha plata, pero podríamos ser avaros de nuestro conocimiento, por dar un ejemplo, ya que algunos, aunque estudian y aprenden mucho, no le enseñan lo que saben a nadie y disfrutan privadamente de esa riqueza. Esto es muy aplicable al conocimiento del evangelio de Jesús. Otra especie de avaricia podría ser del tiempo, porque como sabemos, el tiempo es oro, pero si solo lo usamos para nosotros, y no le damos a otros, para servirle o como muestra de amor, tenemos un problema. Y así sucesivamente, cada uno de nosotros podría tener algo, o alguien, que sea su tesoro (dones , talentos, la familia, etc.) y que por no compartirlo con nadie más, estamos incurriendo en este grave pecado. Siempre debemos recordar la palabra de Cristo que está en Mateo 5:8 “de gracia recibisteis, dad de gracia.” Y por otra parte, la célebre enseñanza que figura en el mismo v.15 del pasaje que estamos estudiando hoy: “…porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” Equivocadamente el hombre cree que el éxito de la vida de un ser humano e mide en función de la riquezas materiales que logra acumular en su vida, pero esto es un error, realmente la riqueza en nuestra vida es más que eso. En la próxima parte aprenderemos en qué consiste realmente.

PARÁBOLA DEL RICO NECIO

Leamos juntos los vv.16-19 “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.” El consejo (o dirección) que Jesús le dio al hombre de la multitud, no fue aislado, sino que además, a modo de ejemplo y para complementar lo enseñado, el Señor recitó una parábola. Si bien, como en toda parábola, esta es una historia ficticia, también lo aprendido se puede aplicar cabalmente en nuestro día a día, y es extrapolable a varias áreas de nuestra vida. Lo que quiero decir es que aunque tu historia o la mía no sean idénticas a esta, estate atento igualmente, porque lo que acá aprendemos es de incumbencia para todos y ampliamente aplicable.

Como leímos, esta parábola consiste en un hombre que tenía unos campos dedicados a la agricultura y que en cierto tiempo generaron una gran cosecha, una muy inusual, tanto, que el grano no cabía en los graneros que el dueño tenía en su propiedad. Por eso el hombre se vio en un dilema: ¿qué haré?, y préstale atención a esta pregunta porque muchas veces en la vida estaremos frente a ella. El hecho es que lo que se le ocurrió al propietario fue derrumbar sus graneros y construir unos nuevos pero más grandes y así poder guardar todo el grano. Para luego poderse decir: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.

¿qué les parece lo que hizo el hombre? ¿qué habrían hecho ustedes? debo decirles que lo que hizo este hombre no estuvo bien, y lo podemos ver en la conclusión de la parábola, que está en los vv.20,21 “Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” Ahora bien, seguro te debes estar preguntando en qué sentido este hombre actuó mal, porque a priori no es tan evidente. Voy a mencionar los 4 errores principales de la conducta de este hombre:

Primero, el rico no le dio gracias a Dios por la bendición recibida. Aunque obviamente la cosecha obtenida, en parte, era el producto del trabajo, de la constancia y un buen cuidado de las plantas. El motivo principal por el cual el hombre tuvo cosecha, y además, y además fue muy grande, es porque Dios lo permitió. Pues si hacemos un poco de memoria, cuando Adán pecó, su castigo fue el siguiente Génesis 17b,18a “maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá”. Siendo sinceros, con que Dios permitía una tormenta, este hombre lo perdía todo, pero como no sucedió, él pudo hacerse rico. Sin embargo, nunca agradeció a Dios, ni siquiera la menciona. Nosotros muchas veces cometemos este mismo error cuando creemos que el éxito que tenemos es por nuestro propio esfuerzo nada más, y luego nos olvidamos de darle gracias y la gloria a Dios. Todo lo que podamos alcanzar en esta tierra es solamente la gracia de Dios, porque si Dios no nos permite la vida, ni siquiera podríamos intentar nada. Pero además es un regalo de él, que cuando hagamos algo, nos salga bien. Así que démosle gracias a Dios primeramente por todo los éxitos que nos permite: por cada peso que ganamos, por cada examen que aprobamos, por cada día que mantenemos nuestro empleo, por cada oveja que podemos servir, por cada día junto a nuestra familia, por el éxito de nuestros negocios.

Segundo, el rico pensó solo en sí mismo. Si nosotros vemos detalladamente los vv.16-19, notaremos que, en todo el plan del rico de la historia, solo él estuvo incluido. Por ejemplo, dijo: “Qué haré”, “mis frutos”, “derribaré”, “mis graneros”, “edificaré”, “guardaré”, “diré a mi alma”, etc. Él, en ningún momento mencionó a sus empleados, ni pensó en retribuirles su mucho trabajo. Tampoco pensó en su familia, ni sus vecinos, mucho menos en los necesitados. Este es un ejemplo muy claro de la avaricia que aprendíamos en la primera parte. Por lo tanto, los mismos problemas que aprendimos se aplican a este hombre: por su actitud avara era un idólatra pecador que acarrearía juicio para sí. La pregunta es ¿y nosotros pensamos en los demás cuando tenemos alguna victoria? Probablemente en algún sentido no, por lo tanto debemos arrepentirnos y dejar a un lado nuestra avaricia.

Tercero, el rico creyó que sus riquezas materiales darían tranquilidad y seguridad a su alma. Note las palabras del rico en función a su plan: y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Este hombre pensó, como muchos de nosotros quizá lo hemos hecho, que el dinero, o los bienes materiales serían la solución a todos sus problemas, incluyendo los espirituales. Muchas veces nosotros decimos: “si tan solo tuviese dinero sería feliz” o “cuando encuentre este trabajo se acabará mi sufrimiento” y a veces creemos que nuestra relación con Dios estará bien cuando tengamos éxito material. Pero no ¡eso no es así! ¡es un engaño! Las riquezas materiales no pueden darnos tranquilidad ni seguridad a nuestra alma, mucho menos pueden darnos salvación. Sé que la mayoría acá sabe quién fue ► Steve Jobs (fundador de Apple). Él falleció de cáncer en el año 20011. Y de despedida, se dice que escribió una carta donde figuran las siguientes frases:

He llegado a la cima del éxito en los negocios, mi vida ha sido el símbolo del éxito. Sin embargo, aparte de mi trabajo, tengo pocas alegrías. En este momento, acostado en la cama del hospital, me doy cuenta de que todos los elogios y las riquezas de las que estaba tan orgulloso, se han convertido en algo insignificante ante la muerte inminente. Podrás contratar a alguien para conducir tu coche, pero no puedes contratar a nadie para que lleve tu enfermedad. Las cosas materiales perdidas se pueden recuperar. Pero hay una cosa que nunca se puede hallar cuando se pierde: “la vida”. Sea cual sea la etapa de la vida en la que nos encontremos en este momento, al final vamos a tener que enfrentarnos al día en que caiga el telón… tu verdadera felicidad interior no proviene de las cosas materiales de este mundo.”

Creo que estas palabras no necesitan mucha explicación, y nos muestran que efectivamente las riquezas materiales no pueden darnos tranquilidad plena, ni seguridad a nuestra alma, mucho menos pueden darnos salvación

Cuarto, el rico olvidó que esta vida puede terminar en cualquier momento y nada de lo acumulado podría disfrutarlo después de morir. Esta vida (la terrenal) es un puente, en el sentido que tiene un inicio y un final y es una transición a la eternidad. Por lo cual, si bien es responsable que planifiquemos nuestro futuro, no debemos olvidar que es potestad de Dios que vivamos más días y años. Por lo cual no debemos sacarlo a él de los planes, ni debemos olvidarnos que lo que acá acumulemos, acá se queda, otras personas lo disfrutarán. Por eso, lo mejor es, como lo dice Mateo 6:19,20 “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.”

Hacer lo que hizo el rico de la parábola, nos hace merecedores de ser llamados necios (ver v.21), pero además nos garantiza un fracaso espiritual. Porque ser verdaderamente ricos implica “ser ricos para con Dios” ¿y en qué consiste esto? Lo podemos ver en 1 Timoteo 6:17-19. “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.” Para ser verdaderamente ricos, ricos para con Dios, debemos, en resumen: no ser orgullosos, no poner la esperanza en las riquezas materiales, poner nuestra esperanza en Dios, hacer el bien, hacer buenas obras, ayudar al necesitado, compartir lo que tenemos con los demás y ser generosos.

No hay problemas con ser millonarios, pero igualmente seremos pobres si no hacemos estas cosas integralmente. Esto lo digo porque muchas personas creen erróneamente que basta con las buenas obras, sin poner la esperanza en Dios. Por eso mi oración es que todos acá seamos ricos primeramente para con Dios, que es la verdadera riqueza, y si Dios así lo quiere, también seamos millonarios y billonarios materialmente. Amén.

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