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Lucas 17:11-19
17:11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.17:12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos
17:13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!
17:14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.
17:15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,
17:16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.
17:17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?
17:18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?
17:19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
VOLVIÓ GLORIFICANDO A DIOS A GRAN VOZ
VOLVIÓ GLORIFICANDO A DIOS A GRAN VOZ
San Lucas 17:11-19
V, C: 17:15 “Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz,”
Buenos Días. Sin lugar a duda estamos pasando una época muy extraña y anormal con esta pandemia. Muchas quejas y reclamos por la situación se llenan en las noticias diariamente. Irónicamente esta situación está enseñándonos a agradecer por las cosas pensadas pequeñas o triviales que habíamos dado por sentadas; poder respirar el aire, andar en la calle con libertad, poder adorar al Señor presencialmente, la importancia de la familia, etc. De esta manera reencontramos la importancia de las pequeñas cosas y recuperamos nuestro agradecimiento por aquellas.
Sin embargo, se aprende el agradecimiento desde la palabra de Dios de la manera mejor y directa. La palabra de hoy nos enseña del agradecimiento de un leproso sanado. Oro que Dios nos ayude a examinar cómo es nuestra gratitud a él y crecer en la persona que le agrada.
PRIMERO, SE PARARON DE LEJOS (11-13)
Vamos a leer el V11. Jesús iba a Jerusalén. En el camino Jesús pasaba entre Samaria y Galilea. Samaria era una región despreciada por los judíos por su impureza sanguínea. 2 reyes 17:24 dice así “El rey de Asiria llevó gente de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y la puso en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel. Así ocuparon Samaria y habitaron en sus ciudades.” Por esta causa, los judíos despreciaban a los samaritanos y no se trataban entre sí (Jn 4:9). Pero Jesús, siendo judío humanamente, pasaba entre Samaria y Galilea. Esto mostró que Jesús es el Cristo de todos los pueblos, sea judío samaritano, sea respetado o menospreciado.
Jesús entró en una aldea. En este momento le salieron al encuentro diez hombres leprosos (12a). Este grupo de los leprosos consistía de los judíos y un samaritano al menos (16,18). La Lepra es una enfermedad infecciosa crónica que ocasiona principalmente, lesiones en la piel y daños en los nervios. Y los leprosos eran impuros delante de Dios según la ley “El leproso que tenga llagas llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y con el rostro semicubierto gritará: “¡Impuro! ¡Impuro!” / Todo el tiempo que tenga las llagas, será impuro. Estará impuro y habitará solo; fuera del campamento vivirá. (Levítico 13:45-46)” Una vez que esté contagiado, esa persona no pudo vivir dentro de la sociedad, sino fuera de ella. Los leprosos de Galilea y los de Samaria vivían juntos en la frontera de estas dos regiones, porque entre los leprosos no se consideraban los judíos ni los samaritanos, sino solo los impíos. Para ellos el paso de Jesús por ese sector era una buena noticia de esperanza.
Vamos a leer el v12b-13. “los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo: —¡Jesús, Maestro, ¡ten misericordia de nosotros!” Ellos se pararon de lejos. Ellos reconocieron que eran impíos. Su identidad de ser leprosos les hizo pararse de lejos. De lejos, alzaron la voz. “Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros”. ‘Maestro’ (ἐπιστάτης ; epistata) significa ‘supervisor’ o ‘profeta’ literalmente. Ellos llamaron a ‘Maestro’, reconociendo que Jesús es el varón de Dios y disponiéndose a obedecer a su palabra. Ellos alzaron la voz ‘ten misericordia de nosotros’ en lugar de decir ‘sananos’. Ellos, siendo impíos, no pudieron sino suplicar la sanación solo la misericordia de varón de Dios.
Los leprosos que gritaban parados de lejos representan a los hombres quienes se sienten impíos y llevan una vida condenada. La lepra en la Biblia representa el pecado. Como la lepra, el pecado daña, destruye la imagen hermosa de Dios en una persona y finalmente le trae la muerte eterna. Cuando sufría la culpabilidad por mi rebeldía, me sentí indigno de acercarme a Dios y a la iglesia. Mi corazón se permanecía parado de lejos de la presencia de Dios. Recuerdo que el pecado me hizo perder la dignidad de mi vida. Los que sufren la culpabilidad y condenación necesitan solo la misericordia de Dios. Jesús es el Señor misericordioso. Sus clamores ‘ten misericordia de nosotros’ tocaron directamente el carácter importante de Jesús quien es grande en misericordia.
SEGUNDO, MIENTRAS IBAN, QUEDARON LIMPIOS (14)
¿Cómo respondió Jesús a estos 10 leprosos? Leamos el V14. “Cuando él lo vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes”. Jesús los vio con atención. Jesús comprendió toda la condición de ellos a una sola mirada. En San Marcos 1:41, Jesús había sanado a un leproso, extendiendo su mano y tocándolo. Tal vez estos 10 leprosos pudieran suponer algún gesto similar de Jesús a aquello. Pero esta vez Jesús no se les acercó, ni los sanó su enfermedad de inmediato, sino les dijo sencillamente “Id, Mostraos a los sacerdotes”. ‘El mostrar a los sacerdotes’ es un manifiesto público de su sanación completa de lepra. Si se muestran a los sacerdotes sin ser sanados, los leprosos pudieran ser condenados de violación de la ley y ser apedreados. Sin embargo, Jesús les dijo “Id, Mostraos a los sacerdotes”. Jesús lo dijo como ellos ya hubieran sido sanados.
Era un momento de la prueba de fe y obediencia a ellos. Les era necesario confiar que la misericordia de Dios viene de su manera y a su tiempo, no de nuestra manea y a nuestro tiempo. Para poder ir a los sacerdotes, ellos tenían que creer que fueran sanos, aunque actualmente no estaban sanos. ¿Cómo reaccionaron ellos? Vean el V14b. Sencillamente los diez leprosos le obedecieron.
Mientras iban, les sucedió algo. “Y aconteció que, mientras iban, quedaron limpios.” Ellos se quedaron limpios. Como vemos en la palabra ‘Mientras iban’, Dios hace su obra en el transcurso de obediencia. En el capítulo 5 del libro de 2 reyes, aparece Naamán quien era el general del ejército de Siria. Pero él era leproso, aunque era un hombre valeroso. Él oyó del profeta Eliseo de Israel y llegó a la casa de Eliseo para ser sanado de su lepra. Él esperaba que Eliseo lo recibiera con el gran respeto. Pero Eliseo ni siquiera se asomó por la puerta, sino envió un criado, diciéndole “Ve y lávate siete veces en el Jordán, tu carne se restaurará y serás limpio.” Naamán se molestó y se enojó mucho del trato del profeta. A pesar de todo esto, finalmente él obedeció a la palabra de Eliseo, dejando todo su propio respeto y se lavó en el río Jordán siete veces tal como el profeta Eliseo le había dicho. ‘Mientras lavaba’, su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.
En las bodas de Gana de Galilea (Jn 2:7-8), a la falta del vino Jesús ordena a los servidores llenar las tinajas de agua y presentarlo al encargado del banquete. Era difícil de obedecerle, ya que la necesidad no era el agua, sino vino. A pesar de que no pudieron entender a Jesús, los servidores le obedecieron. ‘Mientras llevaban’ el agua al encargado del banquete, el agua se convirtió en mejor vino. En muchas partes a lo largo de la Biblia encontramos que Dios trabaja mientras obedece uno.
Mientras obedecemos, él comienza a trabajar. Cuando yo mudaba de México a Chile para servir el ministerio acá, todo estaba en incertidumbre; autofinanciamiento, dónde vivir, educación de los niños, etc. Todo era un gran desafío para mí. Pero mientras obedecía a su palabra, él solucionaba cada problema que enfrentaba. Mientras cargaba las cruces dada por Dios, siempre él me daba la capacidad de poder cargarlas. Sin embargo, esta palabra me desafía por el ministerio. Me parece que Jesús me dice “Id y preséntate a mis ovejas”. Mi corazón sigue arrojando una reclamación “Según mi experiencia……, tantas veces intentaba….., por la pandemia… etc” Mi corazón estaba pidiendo alguna respuesta visible para poder seguir obedeciendo. Pero la palabra me enseña con la frase “Mientras iban”. Los leprosos obedecieron y quedaron limpios. Mientras voy obedeciendo, él hará una obra grande por su promesa para los jóvenes chilenos. Amen. Mientras obedecemos, él cambia nuestro corazón y nos eleva a la clase de personas que él quiere que seamos. Oro que Dios nos haga confiar más a su palabra que nuestra experiencia y nuestra condición actual.
TERCERO, VOLVIÓ GLORIFICANDO A DIOS A GRAN VOZ (15-19)
Uno, 10% de agradecimiento. Cuando ellos quedaron limpios, ¿Qué hicieron? Leamos el V15,16. “Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz, / y se postró rostro en tierra a sus pies dándole gracias. Este era samaritano.” Cuando fue sanado de la lepra, solo uno volvió a Jesús. No sabemos por qué no volvieron otros nueve. Tal vez ellos ya no habrían querido estar junto con el samaritano, el extranjero. Tal vez pudieran pensar “Es suficiente agradecer con el corazón, no hasta expresarlo.” Sea cual sea su motivo, ellos no vinieron a agradecer a Jesús. Pero, uno de ellos volvió glorificando a Dios a gran voz.
El verso V17 dice. “Jesús le preguntó ¿No son diez los que han quedado limpios? Y los nueve, ¿dónde están? / ¿No hubo quien volviera y dieran gloria a Dios sino este extranjero?” Jesús se entristeció por los que no vinieron a agradecer. Jesús se lamentó y se enojó por el corazón que no sabe agradecer. Humanamente podríamos no tomar en serio de esta reacción de Jesús. Pero la reacción de Jesús nos enseña que no agradecer es el pecado que entristece a Dios.
Aquí 10% de los beneficiados agradeció al que los sanó. 10% es muy baja proporción del total. Sin embargo, nuestra realidad es similar. Cuando invitamos a las ovejas y les servimos, aproximadamente uno de cada diez reacciona y agradece. Esta no es la cifra general. Poca cantidad de proporción llega a agradecer a Dios. Talvez nosotros también agradecemos no con nuestro 100%, sino 10%. Recibimos tanta bendición de Dios diariamente, pero olvidamos 90% y damos gracias solo por 10% de aquellas bendiciones. ¡Qué triste es nuestra realidad!
Adán y Eva cometieron el pecado cuando no agradecieron a Dios por toda bendición brindada por él. Romanos 1:21 dice “ya que, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias. Al contrario, se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido.” ‘El no agradecer’ es ‘una lepra espiritual’ que destruye la imagen de Dios que está en nosotros crucialmente. Los hombres se esfuerzan mucho a obedecer a Jesús hasta recibir la bendición de Jesús. Pero no se esfuerzan a agradecer después de lograrlo. Cuando no damos la gracia, Jesús se entristece, se lamenta y aún se enoja de nuestro corazón duro. Oro que Dios nos ayude a volver a agradecer como este leproso con mayor agradecimiento ante él.
Dos, el agradecimiento del samaritano. Vamos a leer otra vez el v15-16. “Leamos el V15,16. “Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz, / y se postró rostro en tierra a sus pies dándole gracias. Este era samaritano.” El agradecimiento de samaritano nos enseña cual es el agradecer en seriedad. Este samaritano, por ser extranjero, no tenía el conocimiento de la ley y cómo adorar a Dios. Sin embargo, él dio su agradecimiento genuino. ‘a gran voz’, ‘se postró’, ‘rostro en tierra a sus pies’ estas actitudes muestran que él con todo su corazón, alma y fuerza agradeció a Jesús. Su actitud era la entrega, la adoración y la disposición total ante quien lo sanó. Él expresó de corazón profundo que es el siervo salvado por Jesús. El agradecimiento debe expresarse a gran voz, sea alta o baja. Y debe haber la entrega total ante el Cristo. En este sentido el samaritano enseñó a todos los judíos y nos enseña cómo agradecer. Oro que podamos expresar nuestro agradecimiento como este hombre a gran voz y con la entrega total.
Tres, Jesús da la salvación a los que agradecen. Cuando agradeció un leproso samaritano, ¿Qué le dijo Jesús? Leamos el V19. “Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. Jesús bendijo al leproso samaritano y le dio la salvación en su alma. ‘ha salvado’ en griego es ‘sesōken: σῴζω’ que significa ‘sanar o salvar no solamente su cuerpo, sino también el alma’ Este samaritano sanado le expresó solo su profunda gratitud, pero Jesús lo bendijo con la salvación de su alma. ‘tu fe te ha salvado’. Cuando alabamos, Dios nos bendice con mayor bendición que es la salvación. La vida eterna es el conocer de Jesús personalmente (Jn 17:3).
Conclusión, fuimos pecadores que gritaban parados de lejos. Pero Jesús nos hizo acercar a sus pies con la gratitud tan grande por su sacrificio. Los que saben agradecer a Jesús llegan a obtener paz y salvación en su alma. Oro que seamos obedientes a su palabra y llevar una vida abundante de nuestra gratitud ante Jesús.
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