Lucas 17:1-10

17:1 Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen!
17:2 Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.
17:3 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
17:4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.
17:5 Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
17:6 Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.
17:7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?
17:8 ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?
17:9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.
17:10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

SI SE ARREPIENTE, PERDÓNALO


SI SE ARREPIENTE, PERDÓNALO


Palabra: San Lucas 17:1-10

V, Clave 17:4 “Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo.”


 Bajo la pandemia actual, se hace pensar que, si fuera controlado el virus apenas al inicio, sería muy diferente la vida humana hoy a la actualidad de pandemia. Es cierto que es importante controlar la fuente de daño al inicio.  


En la palabra de hoy Jesús toca el tema muy similar; cómo tratamos a los que nos ofenden al principio. O sea ¿Cómo estamos reaccionando generalmente con quienes pecan contra nosotros? Nuestra reacción al respecto demuestra quienes somos y qué consecuencia hemos de llevar. Oro que Dios nos ayude a crecer espiritualmente mediante la palabra de hoy.    


 Primero, si se arrepiente, perdónalo (1-3). Vamos a leer el v1. “Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; pero ¡ay de aquel por quien vienen!”. Jesús está dirigiendo esta palabra a sus discípulos. Jesús dice que hay ‘tropiezos’. Aquí ‘tropiezo’ es ‘skandala: σκάνδαλον’ en griego que significa alguna vara o piedra que hace caer a uno. El Tropiezo trae un daño grave a la víctima. Jesús da la gran advertencia en el v2, diciendo “¡Ay aquel por quien vienen! /mejor le fuera que la ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojan al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos”. Respecto a la gravedad de estos tropiezos, Jesús dice que mejor le fuera que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar. 


Si se le ata al cuello una piedra de molino a uno y lo arrojan al mar, esta persona no tiene posibilidad escapatoria del mar. Una piedra de molino de mano más liviano pesaba aproximadamente 20kg y el molino de asno pesaba hasta 1500kg. Sea Cualquiera que sea, si se le ata al cuello esta piedra a uno y lo arrojan al mar, esta persona no se va a salvar y es un hecho tan terrible para aquello. Sin embargo, Jesús dice que el hacer tropezar a un hermano fuera más grave que el castigo del molino.  


 Entonces, ¿De qué tipo de tropiezo, Jesús está hablando? Vamos a leer el v3-4. “¡Mirad por vosotros mismos! Si tu hermano peca contra ti, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. 4 Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo” Según esta palabra, el tropiezo es el no perdonar. El castigo de molino es terrible, pero su dolor es momentáneo y físico. En cambio, el castigo de no perdonar da un dolor constante y permanente y afecta a su alma y cuerpo. Quien no halla el perdón debe probar el dolor del infierno. 


En v3-4, Jesús dice que si nuestro hermano peca contra nosotros, tenemos que reprenderlo. ‘reprensión’ es diferente al enojo. La raíz de reprensión es el amor y la reprensión del amor produce el arrepentimiento genuino. El amor verdadero no es el callar al pecado, sino el reprenderlo para que se arrepienta delante de Dios. Y si se arrepiente, tenemos que perdonarlo. ‘Perdónalo’ esta palabra no es una exhortación, ni recomendación, sino es una orden. ‘Perdonar’ es el deber absoluto de los creyentes con los arrepentidos.  


Si no perdonamos, este acto es peor que el castigo del molino. La condenación hace sufrir el ahogo espiritual para tal persona y lo hace probar el dolor insoportable continuamente. El castigo del molino es momentáneo y daña su vida física nada más. Pero la condenación castiga continuamente con el molino espiritual de peso grave y lo hace probar el dolor del infierno en esta tierra. 


Jesús dice en la enseñanza de oración que las ofensas son las deudas. San Mateo 6:12 dice “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” ¿Cómo es el corazón de los que tienen deuda? Hasta pagar todo, su alma nunca podrá descansar en paz. Además ¿si fuera la suma de esta deuda es fuera de su capacidad, su corazón estará presionado terriblemente todo el día. De vez en cuando oigo las noticias de que una persona endeudada por el quiebre del negocio se suicida por no haber podido soportar la presión mental. 


A lo largo de la Biblia entera, podemos encontrar que el corazón que no tiene el perdón en su corazón sufre el dolor insoportable. Caín quien mató a su hermano Abel confesó su dolor insoportable ante Dios. “Entonces Caín respondió a Jehová: —Grande es mi culpa para ser soportada.” (Genesis 4:13) David quien pecó el adulterio y el asesinato confesó, diciendo “Nada hay sano en mi carne a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos a causa de mi pecado, / porque mis maldades se acumulan sobre mi cabeza; como carga pesada me abruman.” (salmos 38:3-4) Imaginemos cómo será nuestra vida, cuando no recibimos el perdón de Dios. ¿Si Dios no nos perdona, qué esperanza y qué clase de vida tendremos actualmente? Si fuera así, Yo viviría una vida muy miserable, envejeciéndome muy pronto. Por esta causa, Jesús ordena, diciendo “si se arrepiente, perdónalo”. 


Segundo, Perdónalo siete veces al día (4-6). Creo que no será muy difícil perdonar unas veces a nuestro ofensor y podemos hacerlo con nuestra fuerza y con un corazón generoso. Pero el problema viene en lo siguiente. Vamos a leer el v4 juntos. “Si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo ‘Me arrepiento’, perdónalo.” Siete veces significa ‘infinitamente’ según el contexto cultural de los judíos. Jesús dice que, si peca contra nosotros siete veces al día y siete veces al día se arrepiente, nos lo perdonemos. ¿Cómo podemos perdonar a los que ofenden repetidamente? Más bien ¿No sentiremos burlados por tal persona? 


A este perdonazo de Jesús, todos los apóstoles dijeron “Auméntanos la fe” en el verso 5. A todos les parecía muy difícil perdonar siete veces al día al ver la cara de otro compañero defectuoso entre sí.  


Por lo tanto, Jesús les dice. Leamos el v6. “Entonces el Señor dijo: —Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: “Desarráigate y plántate en el mar”, y os obedecería.” ‘un grano de mostaza’ es muy pequeño, pero tiene la vida completa. Lo importante no es el tamaño de grano, sino la vitalidad que Dios puso en el grano. De igual manera no importa el tamaño de fe, sino a quien se pone nuestra fe. 


Jesús compara nuestro corazón tan débil, estrecho y duro con sicómoro. ‘sicómoro’ es un árbol que puede medir hasta 20 m de altura y 6 metros de anchura con una copa bastante espesa. Es muy difícil desarraigarlo con nuestras fuerzas. Además, es imposible plantarse en el mar saladoPero estas cosas se hacen posibles cuando ponemos nuestra fe en Dios quien puede hacerlo. Cuando recibimos el perdón de Dios, automáticamente llegamos a desarraigar nuestro sicómoro que no puede perdonar a otros y trasladarlo lejos. No solamente el tema de perdón, sino todos los obstáculos que están en nuestra vida, pueden ser movidos completamente por el excavador poderoso de Dios. 


Cuando Jesús les dice ‘perdónalo’, esto muestra cómo es el corazón de nuestro Dios hacia los pecadores arrepentidos. La misericordia de nuestro Dios es tan grande que no hay ningún pecado que no pueda ser perdonado si se arrepienta de aquello genuinamente. De hecho, Jesús como el Cordero de Dios, perdonó todos nuestros pecados antes que nos arrepintiéramos. San Lucas 23: 34ª dice “34 Jesús decía: —Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” También romanos 5:8 dice “Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” ¡Jesús murió por nosotros, aun estando en pecados sin arrepentimiento! ¡cuán grande es el amor del perdón de Dios hacia nosotros que pecamos innumerablemente cada día!  Hasta obedecer al orden de Jesús ‘perdónalo’, nadie podrá decir que cree en Jesús y lo conozca. Oro que los sicómoros de nuestro corazón tan duro puedan rendirse completamente ante la orden de Jesús ‘perdónalo’ activamente, siendo sumergido en el poder de su gran amor de perdón.   


Tercero, Siervos inútiles somos (7-10). Cuando hayamos perdonado a los ofensores o cuando hayamos servido la obra de Dios, puede sentirnos que somos útiles y buenos siervos de Dios. Así nos envanecemos, esperando alguna recompensa desde nuestro Dios u otros siervos seniors. Y Jesús nos enseña qué postura debemos tener después de poder obedecer a su orden.   


Vamos a leer los versos 7-10. “7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: “Pasa, siéntate a la mesa”? 8 ¿No le dice más bien: “Prepárame la cena, cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido. Después de esto, come y bebe tú”? 9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. 10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.” ” El dueño no da gracias a los siervos por sus servicios, porque son suyos. Los siervos son los comprados por su dueño. Ellos tienen dónde descansar y comer por él. Si el dueño no los acoge, ellos deben llevar una vida desesperanzada. En este sentido, el servicio al dueño y la disposición a todo orden de su dueño es el deber nada más a sus siervos, no es las cosas de alabanza de su dueño. En este sentido, los siervos son los siervos inútiles, o sea inmerecidos para la alabanza como Jesús dice.  


De igual manera, el perdonar a nuestro hermano no es un trabajo de alabanza, sino nuestro deber, ya que somos perdonados en gran manera y comprados como su posesión. Servir a las ovejas de Dios y a la iglesia, perdonar a los hermanos pueden ser un duro trabajo a veces. Pero no debemos sentirnos que merecemos la alabanza o regalo por nuestro servicio, porque es un deber. Acabando nuestro servicio a Dios y nuestro perdonar a los que nos ofenden, debemos confesar ante nuestro dueño del alma “somos tus siervos inútiles y no merecemos a nada de tu alabanza.”  


¿Quién me veo que soy? Soy quien no condena a los ofensores, ni los perdona. Soy un tipo complicado. Me llevo ese sicómoro del corazón duro sin perdonar a mi ofensor durante varios días que pueda. Pero algún momento que me siento la ira de Dios sobre mí, apenas me rindo a la voluntad de Dios, diciendo “Ok, Ok, Señor, lo voy a perdonar. Me rendiré a su orden ya.” Así me comporto, porque a la verdad yo conozco bien cuan grande es su perdón hacia mi vida. 


Los que adquieren una fábrica de mascarilla regalaría fácilmente una mascarilla al que lo necesita. A los que reciben el río de agua viva como un regalo no será difícil ofrecer un vaso de agua al que lo busca por su sed. Jesús es más que un río de agua viva y más que una fábrica de perdonar. Infinitamente Jesús nos ofrece el perdón que necesita nuestra alma al arrepentirnos con el corazón quebrantado. Solamente este Jesús puede mover nuestro sicómoro del corazón duro que no perdona y plantarlo en el mar. Jesús nos hace ser perdonado y perdonar a otros siete veces al día gustosamente. De esta manera Jesús nos regala el reino de Dios en abundancia en nuestro corazón y nos hace probar todos los días el gozo de su reino. Su amor tan grande de perdón nos hace confesar finalmente ‘soy tu siervo inútil’. Oro que podamos ser perdonadores que Jesús quiere que seamos. 


Conclusión, Jesús nos ordena “Si se arrepiente, perdónalo”. Jesús lo ordena, porque él mismo lo hizo con nosotros siete veces al día.  El poder perdonar es un misterio que nos hace entrar y probar el gozo del reino de Dios en este mundo lleno de pecado. Oro que Dios nos ayude a creer en él verdaderamente y poder llevar una vida de perdonar a otros activamente. Amén. 

ARCHIVOS PARA DESCARGAR



FOROS UBF ESPAÑOL

SUGERIMOS LEER

MÚSICA QUE EDIFICA

SÍGUENOS EN LAS REDES SOCIALES

ACERCA DE UBF

La Fraternidad Bíblica Universitaria (UBF) es una organización cristiana evangélica internacional sin fines de lucro, enfocada a levantar discípulos de Jesucristo que prediquen el evangelio a los estudiantes universitarios.

UBF MUNDIAL

Puede visitar el sitio de UBF en el mundo haciendo clic en el siguiente enlace (en inglés):

SUSCRIPCIÓN BOLETÍN

Ingrese su dirección e-mail para recibir noticias
e invitaciones a nuestras actividades